Hola! Primero que nada gracias por los reviews recibidos, me ayudaron y animaron demasiado!! Aquí les dejo el segundo capítulo de mi fic, Korosazu no Rurouni. Bueno este capítulo es el que va a introducir al arco argumentativo en sí. Así que no desesperen si este capítulo no es del todo emocionante, porque a partir del próximo se verá más de las realidades en que viven los personajes y cómo se desenvuelve la historia. Poco a poco irán apareciendo más. Así que espero que me continúen leyendo, y nos vemos en el siguiente capítulo! Recuerden, el fic es un AU pero es importante que sepan que las PAREJAS en el fic son las mismas que en el anime!… ahora al fic:
-KOROSAZU NO RUROUNI-
CAPÍTULO 02
"Hate"
Ambos personajes se vieron de pronto rodeados por luces verdes las cuales emergían del río para rodearlos en su totalidad. Lo único que se escuchaba era el tranquilo fluir del agua acompañado por el sonido de las hojas de los árboles que danzaban al compás del fuerte viento que soplaba sin cesar.
- ¿¡Quién eres y qué es lo que quieres?!- gritó Kaoru mientras daba pasos hacia atrás, alejándose del hombre.
- Sessha no quiere ni pretende nada señorita. Sessha es un simple Rurouni…
- ¿Rurouni? ¿Sessha?- repitió Kaoru extrañada.
- Hai.- contestó él con una bella sonrisa pincelada en su rostro.
El hombre tenía la misma cicatriz del asesino de hace 2 años atrás. Pero era prácticamente imposible que el temido Hitokiri Battousai, la leyenda de la Era Tokugawa, pudiera transmitir tanta calidez con tan solo una sonrisa. El antes temido destajador, a quien ella tanto llegó a odiar en su pasado no podía emitir dulzura. ¿Qué pasó con el Hitokiri a quien ella conoció años atrás? ¿Qué fue del hombre que observó la sentencia de sus amigas y no hizo nada para impedirlo? ¿Qué le había pasado a la leyenda de un hombre frío y calculador?
El vagabundo que tenía en frente de sus ojos no podía ser el mismo Battousai. ¿No se suponía que él había desaparecido después de la caída del Shogunato? Era imposible que sean la misma persona; uno era temido y sanguinario, en cambio el hombre que tenía en frente no era más que un despistado Rurouni. Pero ¿por qué tenían la misma cicatriz en forma de cruz surcada en la mejilla izquierda?
Después de analizarlo por corto tiempo llegó a una angustiosa conclusión. No cabía duda alguna que él era Hitokiri Battousai; mismo color fuego en el cabello, misma cicatriz en la mejilla izquierda… ¿Pero qué había pasado con sus ojos color ámbar, que todo lo ocultaban? Había cambiado mucho en estos últimos años, de eso no cabía duda alguna. Parecía no ser la misma persona. Algo en su mirada ya no era igual. Sus ojos no eran del mismo color…
El Rurouni dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección opuesta a la de Kaoru. A paso lento, empezó a crecer la distancia que se llevaban ambos. Kaoru miraba atónita como el hombre se alejaba. No lo comprendía. ¿No había deseado en sus sueños volver a ver a Battousai para demostrarle todo lo que le detestaba? Y ahora, que ella tenía a tal temido Battousai ante sus propios ojos, se quedó quieta y sin formular palabra alguna.
- Chotto.- murmuró cabizbaja la muchacha de cabellos oscuros.
Ante el llamado de Kaoru, el ex Hitokiri se volteó pausadamente, para encontrarse con una Kaoru abstraída, quieta y con hombros encogidos. Segundos después la chica subió la mirada, encontrándose con la de él. Era una mirada inquisidora, que todo parecía añorar. Esos ojos estremecieron al Rurouni hasta lo más profundo de su ser. Aquellas joyas tan profundas como el mismísimo mar, reflejaban variedad de sensaciones como si de un espejo se tratase; emociones inquietas e insaciables que a gritos demandaban respuestas.
- ¿Pasa algo señorita?- preguntó él sin abandonar su quietud.
"- ¿Es que acaso no me reconoces Battousai?"- se preguntó ella mirando fijamente a los ojos del Rurouni.
Kaoru experimentó una mezcla de sentimientos los cuales afloraban con tan solo tener la imagen del ex Hitokiri en frente a ella. Miedo, sorpresa, pero lo que más predominaba en ella era el odio. Poco a poco éste le fue envenenando en cuerpo y alma. La joven kendoka abrió la boca para encararlo, pero las palabras no fueron emitidas. Intentó de caminar hacia el pelirrojo, pero la impresión le tenía dominada. Por más que quisiera, no lograba enfrentarse al hombre que más aborrecía.
- Sumimasen… Sessha se tiene que ir.- dijo el hombre dando media vuelta y abriéndose paso ante el camino oscuro que tenía en frete de su rostro.
- ¿A dónde vas?- susurró Kaoru con la mirada en el suelo, pero no logró que el Rurouni detuviera su paso.
Lágrimas sin consuelo se derramaron a lo largo de su rostro. No entendía porqué no pudo desafiar a Hitokiri Battousai. Gente como ése Hitokiri le hizo derramar lágrimas constantemente por las noches. Personas como él le hizo sufrir es su infancia, en aquel pasado tan doloroso. No estaba dispuesta a sufrir más. No lo iba a permitir. Secándose las lágrimas reanudó su camino. Muy determinada se prometió que si el destino disponía reencontrarse con el pelirrojo, le haría sentir que vivía en el mismísimo infierno. Estaba decidida a demostrarle su odio guardado por todo el tiempo transcurrido. Alguien iba a pagar por tanto sufrimiento… Y ése alguien, era una persona como él.
Las horas en aquella movida noche seguían pasando, y las festividades estaban acabando. El sonido de alguien corriendo hacía eco por las calles desalojadas en las afueras de Tokio. Una jovencita de no más de 16 años se abría paso en la soledad. Su cabello envuelto en una larga trenza y ojos color verde esmeralda le hacían juego con el traje tan peculiar que llevaba puesto. Cerca de ella divisó un río, el cual podía servirle como forma de escape. Bajó un pequeño montículo hasta llegar a las orillas de la vertiente. Miró hacia atrás; nadie la seguía… al menos eso creía.
Una fina hilera de sangre corría por su brazo derecho: estaba gravemente herida. Lentamente fue disminuyendo su carrera y mientras avanzaba algo le llamó la atención; un hombre se encontraba pescando tranquilamente no muy lejos de ella. Detenida y sin emitir sonido alguno, le observó minuciosamente. A cuestas suyas traía una katana. Se notaba algo despistado y soñoliento: era un blanco perfecto.
"- Esa katana me servirá. Robarle a ése debilucho no puede ser más fácil"- se convenció a si misma la muchacha herida.
Flexionó ambas piernas y se impulsó para dar un gran salto en dirección a la del hombre. Con lo que ella no contaba era que en el mismo instante en que ella despegó del suelo, el hombre que pescaba tranquilamente del río, noto su presencia. Al ver que intentaban de sorprenderlo, se hizo a un lado en cuestión de segundos. Fue un movimiento tan rápido, que la joven no pudo ver aquella hazaña realizada por el extraño. Al parecer, no le iba a ser muy fácil despojarlo de su katana.
- No debería atacar a las personas desconocidas por la espalda señorita.- dijo el hombre, quien sorprendió a la muchacha por atrás.- Y menos si está herida. El olor de su sangre pone alerta hasta el sujeto menos atento.
La chica se volteó rápidamente y se encontró con la cara del hombre ante sus ojos. Con una mano sobre su katana y la otra dentro de si gi color morado, sonreía despistado. Una extraña y singular cicatriz en forma de cruz le surcaba la mejilla izquierda. ¿Qué secretos ocultaban tal misteriosa marca? Sin duda, el hombre de cabello tan rojo como el mismísimo fuego ardiente era un personaje bastante peculiar.
- ¡Sonna (1)! ¿¡Qué tipo de persona realiza tal maniobra!?- le preguntó la joven sorprendida.
- Una persona común y corriente, se lo aseguro. Si fuera usted, me atendería con un medico la herida. Está perdiendo gran cantidad de sangre.
- Iie. No puedo ir al médico, no ahora. Necesito que me ayudes…con tu katana.- pidió la chica que respondía por el nombre de Misao. Cada tanto, la muchacha miraba en dirección del camino, cosa que le extrañó profundamente al pelirrojo.
-Gomen Nasai (2)… Sessha no puede hacer nada más que llevarla a un médico. Además mi arma no le servirá de mucho.- contestó mostrando la hoja de su katana: tenía el filo invertido.
- ¿Una Sakabatou (3)?- preguntó la chica sorprendida cayendo al piso.- ¿Qué tipo de samurai posee un arma que no mata?
- Uno que no desea hacerlo.- contestó él, apoyándose en el suelo para ayudar a Misao.
Es que esa era la verdad. El no matar había sido parte de su vida durante ya un buen tiempo. Era un Rurouni que caminada sin rumbo fijo, dispuesto a ayudar a cualquier persona que lo necesitara. Tenía que admitir que era un cambio bastante radical para él, tomando en cuenta su sanguinario pasado. Esos eran recuerdos, los cuales se mantenían nítidos en su memoria, aferrados a su conciencia y corazón. Era su cruz la cual tenía que cargar por el resto de su vida. Pero ahora él había decidido hacer el bien de una manera más pacífica. Ya no quería continuar manchando sus manos con sangre. Ya estaba cansado de eso.
- Eres bastante extraño…- comentó sonriendo la joven Onmitsu (4). Si no fuera por su respiración entrecortada, nadie notaría que la chica estaba herida. Podía estar en un gran sufrimiento, pero parecía no importarle.
- ¡MAKIMACHI!- los interrumpió una voz que provenía por detrás del pelirrojo y la Onmitsu- ¡Pequeña ladrona sinvergüenza! ¡¡Devuélvenos el dinero que nos robaste!!
En ese momento dos hombres armados aparecieron ante sus ojos. Pertenecían a la Yakuza (5) Japonesa, un grupo el cual era conocido por atacar a cualquier contrincante; ya se tratase de un hombre, mujer e incluso niños. Eran hombres despiadados los cuales acataban órdenes de su maligno jefe a toda costa. Su agitación demostraba que llevaban corriendo durante ya mucho tiempo. Estaban sudados y cansados por el exceso de rapidez al que corrían. Se encaminaron hacia la joven empuñando sus armas en forma de amenaza.
Misao se levantó con dificultad, con una mano presionando su herida. Mientras Kenshin notó de inmediato en que uno de los hombres manejaba una katana ensangrentada; él había herido a la chica.
- ¿Te crees muy astuta para robarle a la Yakuza Japonesa, y vivir para contarlo Makimachi?- preguntó el primero apuntándola con su arma.
- Pues así lo creo. Ya lo he hecho las veces pasadas y todavía sigo aquí ¿No? ¿Por qué no le preguntan a Shishio qué piensa esta vez? A ver si ahora se atreve a enfrentarse conmigo en persona, y a dar la cara de una vez por todas.- contestó la Onmitsu con ironía, pero a su vez grandes aires de confianza sobresalían de su personalidad.
- El Jefe no se rebajará a luchar contra ti. Tiene mejores cosas que hacer niña.- contestó un segundo hombre.
- ¿A sí? ¿Cómo cuales? Ser cabecilla de un grupo tan débil como ustedes no debe tomarle mucho tiempo.- le incitó la joven con la respiración cada vez más pesada.
El Rurouni observaba en silencio y atento a aquella situación. Durante sus cortos años como caminante sin rumbo había escuchado varios rumores sobre la temida mafia en Tokio. Eran hombres del inframundo, demonios fríos que no perdonaban a nadie quien se interpusiera en su camino. Le causaba gran impresión que una muchacha menuda y tan joven como Misao le robara a una organización de tal magnitud y pusiera su vida en tanto peligro. Mientras intercambiaban opiniones e insultos reparó en la actitud que cobraba Misao; poco a poco flexionaba sus piernas y escondía sus manos tras su espalda. Al parecer estaba asumiendo posición de batalla. Aunque dedujo que a causa de su herida, le iba a costar bastante enfrentarse contra tres hombres.
- Será mejor que se vayan y dejen de causar problemas.- avisó Kenshin.
- ¿Y tú quién eres? No puedo creer que Misao Makimachi, líder del grupo Onni (6)necesite la ayuda de un vagabundo pobretón para enfrentarse a nosotros.- se burló el primero.- Veamos qué tan bueno eres con tu arma. ¡Luchemos!
- Sessha no piensa desenvainar su katana contra sujetos como ustedes. Como ya les dije, será mejor que dejen a la señorita tranquila y se marchen.- comentó con ojos cerrados y con la mano sobre la empuñadura de su arma.
Haciendo caso omiso al comentario del Rurouni, el hombre se dispuso a la lucha. Desenvainó una katana y corrió en dirección del pelirrojo, quien no abandonaba su posición de seguridad. El mafioso fue quien dio el primer golpe. Trató de atacarle el brazo con un sablazo, pero el Rurouni le esquivó rápidamente. En cuestión de segundos desapareció de la vista de todos y surgió por debajo del maleante. Acto seguido le golpeó el rostro con su Saya (7), dejándolo inconciente sobre el suelo.
- ¡Kojiro!- aulló el otro, tras ver a su amigo derrotado.
El hombre de la Yakuza quedó atónito; su contrincante había derribado a su camarada con tan solo un golpe. No cabía duda que su fuerza era inigualable. El pelirrojo de rostro surcado era peligroso y tenía poderes que sobrepasaban a los corrientes. Después de todo había cumplido su palabra: nunca dejó ver la hoja de su katana. Ambos maleantes se miraron y escaparon sin pensarlo dos veces.
- ¡Eres asombroso! Te observé bien, tienes movimientos muy ágiles para ser un cualquiera. Gracias a tu destreza estoy salvada, sin ti quien sabe que me hubiera ocurrido.- dijo Misao con un rostro que reflejaba cansancio.
- Si Sessha no intervenía en el enfrentamiento, no te hubiera pasado nada. Debes ser un tipo de Onmitsu o algo por el estilo, ya que nadie normal salta esas alturas tan altas, como lo hiciste cuando intentaste despojarme de mi Sakabatou. También noté que guardas un par de armas dentro de tu vestimenta, porque durante todo el enfrentamiento mantenías tus manos cerca de tu espalda. Siempre estuviste preparada, en caso de que Sessha no aceptara el enfrentamiento. Y presumo que desde el comienzo trataste de robar mi Sakabatou para protegerte de esos hombres que te perseguían. ¿No es así señorita Makimachi?
- ¿¡Nande (8)?! ¿C-cómo supiste todo eso?- exclamó la joven ninja extrañada.
- Lo deduje tras leer tu lenguaje corporal.
La joven ninja no creyó las palabras mencionadas por el Rurouni. ¿El hombre analizó cada uno de sus movimientos? Él era una persona que hacía reflotar en Misao una curiosidad infinita e inexplicable. Era un personaje completamente enigmático y lleno de misterios. Alguien quien tras esa fachada de vagabundo despistado, ocultaba un impresionante potencial. Era sin duda alguien que valía la pena conocer en profundidad. Claro que los deseos parecieron desvanecerse en el aire, cuando gracias a su débil estado, cayó al suelo.
- Voy a llevarte a un medicó, para que vea tu herida.- le avisó el pelirrojo.
- Iie. Vamos a mi casa, allí mis compañeros te dirán qué hacer.
El ex Hitokiri asintió con la cabeza y a paso lento se abrió camino entre la oscuridad, cargando a su nueva conocida. Al andar, sintió cómo una inquietud desbordante surgía desde lo más profundo de su ser. No estaba acostumbrado a tratar mucho tiempo con personas. Siempre que tenía la oportunidad, ayudaba incondicionalmente, pero evitaba el contacto duradero con sus rescatados. No era correcto hacerlo. Al menos no lo era para una persona de su estirpe. Era un estilo de vida que había adoptado hace ya años. Lo hacía para evitar conllevar peligros o riesgos a las personas que compartían mucho tiempo con él. Después de todo, si se daba los lujos de entablar una amistad, sus compañeros podrían salir heridos.
El misterioso Rurouni era una persona atormentada por su sanguinario pasado. Huía constantemente de éste, el cual literalmente parecía perseguirle dondequiera que él se dirigiese. Por esa razón no debía mantenerse en un mismo lugar por mucho tiempo, y tampoco se permitía hacer amistades. Debía dejar a Misao resguardada y segura, para luego volver a marcharse.
- ¡Ya les dije que me retrasé por la cantidad de personas en las calles!- se excusó Kaoru cansada de decir lo mismo.
En un Dojo (9) de grandes estructuras se encontraban tres personas discutiendo. Habían asistido a las festividades, por lo que sus rostros reflejaban cansancio. Eran personajes bastante peculiares. Un hombre alto y de estructura algo musculosa escuchaba recostado en el suelo a aquella discusión. Mordía entretenido un mondadientes mientras bostezaba. Una venda roja cubría su frente y el kanji "Aku" (10) estaba grabado en la espalda de su traje. Otro chico de cabello alborotado y color oscuro maniobraba su bokken (11) con una sola mano mientras hablaba con Kaoru.
- ¡Tan solo confiesa que estabas con alguien a escondidas, Busu (12)! ¿Es esa la verdadera razón por la que llegaste tarde al Akabeko?- le reclamó Yahiko.
- ¡No me digas Busu!- agregó enfurecida Kaoru.
- Vamos Jo-chan (13), dinos la verdad y confiesa de una vez por todas. De los varios años que llevamos compartiendo el mismo techo, no puedes ocultarnos nada. Te conocemos lo bastante bien para saber exactamente cuando mientes y cunado no.- habló Sanosuke.
Los miembros que vivían en conjunto bajo el Dojo Kamiya Kasshin no compartían relaciones sanguíneas, sino de amistad. Kaoru llegó a Tokio, después de haber sufrido grandes pérdidas en su infancia. Había vagado durante semanas tratando de llegar a la ciudad que supuestamente la albergaría. Cuando al fin consiguió alcanzar su destino recibió la ayuda de un hombre. Su nombre era Gensai, un prestigioso médico de la zona. Después de meses de compartir con el hombre, sus nietas y su sobrino, Kaoru pasó a formar parte de la familia, pero descontenta al sentirse carga para el hombre, decidió vivir independientemente. Gensai le dio un descuidado Dojo. De ese modo Kaoru llegó a aprender kendo, y especializarse en su técnica propia.
El tiempo dispuso el encontrarse con cierto luchador a las afueras del Akabeko. En medio de una disputa callejera, el sentido justiciero de Kaoru los unió. Luego de escapar de la policía que seguía al luchador, él se fue a vivir con ella. Pasó mucho tiempo hasta que se encontraron con una joven ninja, la cual vivía aferrada a su pasado y no del futuro. Atormentada y empedernida en encontrar a su grupo, Kaoru le prestó su ayuda. La joven terminó viviendo en el Dojo también. Finalmente, pero no menos importante, el hijo de un samurai fallecido se unió al grupo tan colorido en personalidades. Cada uno le agregaba una especialidad al Dojo, pero secretas eran sus vidas, gracias a la opresión que causaba el gobierno Meiji. Firmes se mantuvieron juntos, en un hogar el cual les albergó después de sufrir la destrucción de sus dueños e ideales, a causa de un gobierno corrupto.
- ¡Esa es la verdad! Además no sé porqué les causa tanta impresión que haya llegado tarde. Al menos yo cumplí con mi palabra y asistí al Akabeko… no como otros.- alegó Kaoru dirigiéndose a cierto luchador.
- ¡Oi, ya me disculpé con ustedes! Les dije que no pude asistir al Akabeko por razones personales, las cuales ustedes no entenderían.- se excusó Sanosuke.
- ¿Por casualidad esa razón se llama Yumi Komagata?- se atrevió a decir Yahiko.
- ¡Dije que no hablaré al respecto, baka (14)!- se defendió Sanosuke golpeando a su interrogador en la cabeza.
Hace ya un par de meses todos los miembros que vivían en el Dojo Kamiya se habían enterado de la relación que mantenía Sanosuke con Yumi Komagata, una de las Geishas más famosas de todo Tokio. Era una mujer esbelta y un carácter el cual costaba domar. Era perfecta para Sanosuke. Claro que nadie había imaginado que su amigo podía conseguir estar con una mujer tan renombrada como Yumi. Ella y su hermana, Megumi Takani (medias hermanas en realidad, compartían madre pero tenían padres diferentes) eran conocidas como las Flores de Cerezo en la ciudad. Eran bastante agraciadas y dominaban el arte de entretener a la perfección. Aunque la segunda era tan solo una Maiko (15) y no una Geisha en su totalidad, la fama de su hermana Yumi le había hecho escalar a la fama rápidamente. Con ella, formaba una fuerte amistad. Era con su hermana Yumi, con la quien tenía una relación amorosa.
Sano la conoció por simple coincidencia en realidad; una noche en la cual había salido a beber con sus amigos, apostaron quién era capaz de ganarse a la Geisha. Siguiendo el llamado del dinero, Sanosuke accedió a la apuesta. Con el paso del tiempo comenzaron a salir, secretamente claro está, ya que una Geisha no podía mantener relaciones amorosas con un hombre en particular. A Sano no le gustaba habar del tema, y prefería que su vida privada se quedase en ese estado. Por esa razón había mantenido tanto hermetismo ante el tema.
- Mi relación con Yumi no les incumbe. Además no sé que tanto escándalo haces mocoso, si lo que comparto con ella no es tan serio. Por otro lado, Jo-chan posiblemente nos esté mintiendo y tiene a su propio "amante secreto" escondido por ahí…- le molestó Sanosuke.
- ¡Me hace gracia el tan solo pensar que una Busu tan fea como Kaoru tenga un novio!- le insultó Yahiko.
- ¿¡A quién le dices fea Yahiko?! ¡Ya verás!- dijo la chica furiosa, mientras sacaba su bokken y se disponía a batallar.- ¡Prepárate ya que te enseñaré el significado del Kamiya Kasshin Ryu (16)!
Al comenzar la lucha, Sanosuke, quien solo era un mero observador, notó un ligero cambio en el modo de lucha de Kaoru. Parecía estar canalizando toda su ira en sus ataques. Los golpes de Kaoru eran cada vez más profundos. Era como si se estuviera enfrentando a un enemigo, no contra Yahiko. El éxtasis de la pelea alimentaba el hambre de la victoria por parte de ambos contrincantes. Era una batalla llena de pasión y ataques inesperados. Yahiko dio un gran salto para esquivar una estocada por parte de Kaoru. Cayó por detrás de ella y se dispuso a golpearle sorpresivamente, pero Kaoru notó de inmediato las intenciones de su pupilo y esquivo rápidamente el ataque. Pasaron largos minutos, en donde lo único que se escuchaba eran los golpes de las armas chocando una contra la otra.
De pronto la batalla se vio interrumpida por la voz de un extraño.
- ¿Ohayou Gozaimasu (17)? ¿Hay alguien en casa?- anunció la voz de un hombre, la cual se aproximaba a ellos a paso apresurado.
Los tres amigos se miraron atónitos ante el llamado de aquella voz. Apresuradamente Kaoru y Yahiko ocultaron sus armas entre unos arbustos. El hijo de samurai sacó de sus bolsillos un simple trompo. Corrió rápidamente hacia los pasillos del Dojo y comenzó a jugar con éste. Por otra parte Kaoru se sentó cerca de Sanosuke y ambos comenzaron a beber tranquilamente té. ¿Por qué estaban actuando de esa manera?
Cuando finalmente el extraño hizo acto de aparición, causó gran impresión. Un hombre de cabellos tan rojos como la sangre, de mejilla surcada por una cicatriz y de aspecto descuidado traía consigo a su amiga Misao. Estaba herida, eso lo notaron de inmediato. Había perdido la conciencia hace ya unos minutos a causa de la hemorragia. Sanosuke y Yahiko corrieron en dirección de su amiga, para ayudarle al hombre que la sostenía. Sano la tomó entre sus brazos y la recostó sobre el suelo.
Kaoru estaba sorprendida, sí. Pero no por la misma razón que sus dos amigos. No daba crédito a lo que sus azules ojos miraban. Era el mismo Rurouni con el cual se había encontrado hace unas cuantas horas atrás. El temido y detestado ex Hitokiri Battousai se encontraba en su propia casa. ¿Era este un cruel juego del destino? Nunca se le pasó por la mente que volvería a ver al Rurouni en una misma noche. No lograba comprender tanta la coincidencia, para que el hombre a quien más despreciaba en el mundo entero, se encontrara en su propia casa. ¿Qué iba a hacer ella? ¿Sería capaz de enfrentársele finalmente?
- ¿Misao? ¡Responde Misao!- le llamó Sanosuke con preocupación. Reparó en la herida que llevaba en el brazo. Era profunda.
- Hombres pertenecientes a la Yakuza le atacaron.- dijo el desconocido pelirrojo.
- ¡Oi Busu-- es decir Oneechan (18), trae los medicamentos! ¡Hayaku!- se corrigió Yahiko al llamar a Kaoru, la cual no respondía.
Kenshin subió la mirada y se encontró con la de Kaoru mirándole fijamente. En el justo momento en que el Rurouni posó sus ojos en los de la chica, la recordó de inmediato: era ella; la joven de los ojos azules. Aquella dulce señorita, que le intrigó por completo. Aunque no habían intercambiado muchas palabras, había notado de inmediato que ella se había inquietado bastante con su presencia. Como el Rurouni no se permitía interactuar demasiado con las personas, había decidido marcharse dejando a Kaoru sola entre las sombras y festejos de la noche. Nunca imaginó que tendría la oportunidad de volver a ver a esa bella señorita, quien con tan solo un encuentro, causó en él sensaciones que no experimentaba hace ya mucho tiempo.
- ¡Jo-chan!- llamó Sano preocupado al ver la reacción de su amiga ante la presencia del Rurouni. No comprendía la manera de actuar de ambos. ¿Es que acaso se conocían?
Kaoru despertó de su trance, ante el llamado de Sanosuke. Inmediatamente se acercó a Misao para examinarla. Por supuesto ignoró por completo al pelirrojo, quien no dejaba de dedicarle miradas furtivas de tanto en tanto. Posó su mano en la frente de su joven amiga: tenía fiebre. Cogió su listón que recogía su cabello azabache y lo utilizó como una venda en el brazo de la herida.
- ¿Qué haremos Kao -- Oneechan?- se volvió a corregir Yahiko, mirando con desconfianza al nuevo aparecido.
El Rurouni había observado bastante, como para entender que algo no andaba bien en el Dojo. La actitud de aquella "familia" era bastante peculiar. Un aire de falsedad se podía percibir a metros de distancia. Sus acciones, maneras de hablar y la forma en que se dedicaban miradas de incomodidad ante su presencia. Cada vez que el pequeño se dirigía a la muchacha llamada Kaoru, se corregía de inmediato y le llamaba "Oneechan". ¿No se supone que el llamarla así, era un instinto natural y no… forzado?
- No necesitan fingir delante de Himura. Él es de confianza.- logró decir Misao en dolor, después de recobrar la conciencia.
- ¿Cómo sabemos si no pertenece a la policía Misao? No debemos confiar en nadie en los tiempos de ésta Era.- increpó desconfiado Sano, dedicándole una mirada de inseguridad al pelirrojo.
- Iie, no es un policía ni tampoco un miembro del gobierno. Himura me salvó la vida, por lo que merece que lo tratemos con respeto.- murmuró la joven con dolor.
¿El Rurouni era de confianza? ¿Le había salvado la vida a Misao? Kaoru no creía las palabras que salieron por la boca de su amiga. No era posible que un asesino despiadado haya salvado la vida de alguien, si hace 2 años atrás se dedicaba a masacrarlas. Simplemente no iba a creer en esas palabras. La joven kendoka tenía la oportunidad de vengarse por todo el sufrimiento de su pasado, ocasionado por gente como Battousai. Y ahora que él estaba en su casa, en su propio territorio, le demostraría lo mucho que podía hacer para demostrarle su odio. De eso estaba segura.
CONTINUARÁ
Glosario:
1-Sonna: ¡No puede ser!
2-Gomen Nasai: Lo siento mucho.
3-Sakabatou: espada con el fijo invertido utilizada por Kenshin, haciendo que sea más difícil para matar cuando está en combate.
4-Onmitsu: ninja.
5-Yakuza: un grupo de mafiosos y pandilleros. Existen hasta hoy y representan a la mafia Japonesa.
6-Onniwabanshu: grupo ninja/espía, que protegían al Shogunato en secreto.
7-Saya: Funda de la espada.
8-Nande: ¿¡Que?!
9-Dojo: lugar donde se entrena el arte de la espada. (En el fic me refiero a la casan en su totalidad)
10-Aku: kanji de "Malo"
11-Bokken: espada de madera que utiliza Yahiko.
12-Busu: bruja (gran insulto, y Yahiko llama a menudo de esta manera a Kaoru)
13-Jo-chan: joven señorita. (Sanosuke llama asía a Kaoru)
14-Baka: idiota.
15-Maiko: aspirantes a Geishas. Hacen la labor de una Geisha, pero como si fueran practicantes. No son Geishas en su totalidad.
16-Kamiya Kasshin Ryu: Estilo Kamiya Kasshin.
17-Ohayou Gozaimazu: Buenas noches (formal).
18-Oneechan: Hermana mayor. (pero de una forma más infantil, por el -chan)
CAPÍTULO 03
"INTRUDER"
Aparecen en escena las geishas más famosas de Tokio. Dos bellas hermanas, que tendrán un conflicto en común: Sanosuke Sagara.
Un misterioso hombre de ojos pequeños ronda por las cercanías del Dojo Kamiya, con un solo propósito: Battousai.
Misao tiene un encuentro en la noche… ¿quién es el hombre de ojos tan fríos como el hielo?
Kaoru comienza con su venganza. Decidida a demostrarle todo su odio al nuevo visitante, produce en el pelirrojo bastante frustración. Aún así ella no desistirá, ya que todo lo que tiene en mente es odiar al nuevo intruso.
