Capitulo 2
"A ver... ¿Dónde me quedé? Ah, sí, el principio de todo, bueno... Recuerdo un par de cosas sobre ese día, Nick se había levantado temprano... Pasaron un par de meses y al fin su padre había terminado esa cosa..."
Era el día, había un hermoso festival en honor de la primavera, el sol brillaba con fuerza, las flores adornaban la plaza mayor y toda la gente se reunía a disfrutar el desfile, todo era luz y armonía.
Archivald y el pequeño Nick fueron en privado hacia el campo de tiro, donde su hijo recibiría la sorpresa. Nick estaba impaciente, saltaba de aquí para allá, le apasionaba mucho la creatividad e imaginación de su padre, algo que el mismo había heredado y cultivado, sin darse cuenta.
Archivald tomó un cajón y, con sumo cuidado de no accionar las típicas trampas de las cerraduras, lo abrió, mostrando un diseño singular de un arma de fuego. La K-32, una escopeta de rango medio con un ligero cargador para balas normales, capaz de fragmentarse en dos pistolas de cañón largo.
- Wow, esta vez te esmeraste, pa' -Lo miró, sonriente y emocionado-
- Gracias, Nick -Acariciando su cabello-
Su padre probó el rango y capacidad de la escopeta en ambos modos, la primera cargaba solo 12 tiros pero compensaba su potencia de disparo doble y hasta en arco con la munición adecuada. En cambio, en la segunda cada pistola llevaba 6 balas cada una, pero tenían un rango relativamente grande para pistolas de ese calibre. Nick también las probó, pero de a una pistola, debido a que no podía soportar bien el retroceso de la escopeta completa.
- Vamos, Nick, nos perderemos el desfile
- Entendido, voy en camino -Le bromeó, sonriente-
Nick se subió a los hombros de su padre y desde ahí fueron a ver el desfile, bajando la colina, se veía a los especialistas manejando los fuegos de artificio, ideales para la celebración de esa noche. La gente en las avenidas, mirando los ciempiés gigantes hechos de chatarra, las estatuas, las armaduras...
Era todo un espectáculo para el que quisiera aprender sobre la cultura. Poetas llenaban cada sombra de árbol y kioscos de las plazas, recitando cuentos y rimas, payasos divirtiendo al público con sus malabares y sus trucos de magia. Uno de los favoritos de Nick era uno que siempre vestía de negro, se paraba en el kiosco 4 con unos amigos y se ponía a cantar, básicamente un rap, siempre hablando sobre historias de batallas o los legendarios "Campeones y leyendas"
Eso de ser un héroe, un tema que impresionaba e interesaba mucho a Nick, había escuchado meras historias, sobre un ninja de las sombras, un oso gigante con armadura, un hombre capaz de controlar el tiempo y hasta de una mujer como una mirada más fría que el mismo hielo de su tierra.
Caía el atardecer, la gente buscaba un lugar para ver los fuegos artificiales, algunos jóvenes se subían a los árboles. El padre de Nick buscó un lugar tranquilo desde el cual podrían ver el espectáculo. Parecía ser uno de los mejores días... Lo fue, de hecho.
...
Pero fue uno de los últimos, al menos de su infancia. Se empezaron a escuchar estruendos, bombas, pero no eran de los músicos, ni de los fuegos artificiales. Era diferente, y había ex soldados que se miraron entre ellos, asustados, y al mismo tiempo, conscientes de lo que eso significaba. Era un asedio.
La gente no se daba cuenta, pero el padre de Nick inmediatamente lo notó al ver las bengalas en el cielo, era una señal de ataque, y no de cualquier ciudad estado, o tribu, o alguna otra cosa. Llevó a Nick a resguardarse a un refugio y se dirigió a dar la alarma.
No los atacaba nada más y nada menos que la bélica y hambrienta de poder bestia que tenían de vecino.
Noxus atacaba, y no estaban listos...
