The Only Exception Capitulo #2
Se sentó en la cama algo desconcertada.
Sentía su corazón ligero y tranquilo.
La primera vez que sentía su pecho tan tibio y relajado.
La primera vez en toda su vida que se sentía feliz.
La primera vez en toda su vida que había dormido plácidamente.
Miro a su alrededor tratando de reconocer la habitación, pero por más que busco no encontró nada que le fuese conocido.
A un lado de la cama había un soporte, de el colgaba una bolsa de sangre, la intravenosa de esta iba a dar al brazo izquierdo de la jovencita.
En eso una mujer mayor entro al cuarto. Iba vestida con un hábito blanco.
Se acerco a la joven hasta quedar a un lado de la cama en donde yacía la jovencita.
-¿Cómo te sientes pequeña?-le pregunto la monja.
-b-bien-dijo algo tímida mientras bajaba la cabeza, era la primera vez que se dirigían a ella con tanto amor en una frase.
La monja se acerco a la peli rosada para tocarle le frente.
-pareces mucho mejor- le dijo la monja mientras le sonreía abiertamente.
La jovencita se sonrojo ante la acción de la monja.
La monja tenía el cabello café claro escondido bajo su sombrero característico de las monjas (¡dios! No se me el nombre de ese estilo de sombrero :S), sus ojos eran oscuros pero mostraban amor y transmitían confianza, la forma de su rostro parecía un corazón, lo que le ayudaba al aspecto de confianza y madre amorosa que tenia, ella también era chaparrita y de complexión llenita, a los ojos de la jovencita esa monja parecía una madre tierna y amorosa.
-¿Cuál es tu nombre pequeña?- le pregunto la monja a la jovencita.
-yo soy…-dudo un momento en responder. Ahora que ya no era parte de esa horrorosa familia tal vez podría cambiar su nombre y hacerse pasar por una persona totalmente diferente, tal vez de esa forma, esa familia no la encontraría de nuevo- soy…-en eso recordó que el nombre que le había dado aquel joven que la había rescatado era el mismo que esa horrorosa familia le había impuesto, por lo que desistió y decidió dejar su nombre tal como estaba- soy Tamao-le dijo tímidamente.
-qué bonito nombre- le respondió la monja, mientras le dedicaba una sonrisa hermosa.
Tamao se sentía tan llena de vida y felicidad. Ya no era parte de esa familia, tal vez ahora si podría ser feliz.
En ese momento entro otra monja a la habitación, vestía de la misma forma que la primera monja y llevaba en los brazos una bandeja con una sopa caliente y un pan recién horneado.
-Buenos días dormilona- le dijo la monja alegremente mientras se colocaba en forma paralela a su compañera, del otro lado de la cama.
-b-buenos días- volvió a decir tímidamente. Se sentía contrariada y algo extraña al recibir tantas atenciones. Tal vez se sentiría mejor si la dejaran en una esquina y nadie le dirigiese palabra ni le llevase comida.
-mira lo que te eh traído- le dijo la segunda monja- es tu desayuno, por favor cómelo tranquilamente y cuando termines de hacerlo vístete y búscanos en la iglesia- al terminar de decir esto le sonrió ampliamente y salió, junto con la otra monja de la habitación. Dejando a Tamao completamente sola.
Se relajo un momento, intentando de esta forma encontrar una razón del porque había llegado ella a un convento. Tal vez aquel joven la había dejado en ese lugar, pero, ninguna de las dos monjas le mencionó nada sobre un jovencito extremadamente guapo y con ojos del color del oro. Tal vez simplemente aquellas mujeres la habían encontrado desangrada en el bosque y la habían llevado a ese lugar. Si, tal vez esa era la razón, esta segunda opción era más razonable que la primera, por lo que la tomaría como verdadera.
Al recordar al joven subió su mano y se toco el cuello, en el lugar en el que deberían de estar las dos incisiones que los colmillos de él provocaron al perforar su piel para beber su sangre. Pero al tocar la zona no encontró ningún rastro de estas pequeñas marcas. Se toco el cuello con ambas manos, creyendo que tal vez estas se encontraban en otro lugar. Pero por más que busco no las encontró. Las marcas no estaban. La única prueba de que aquel joven existía había desaparecido.
Sintió marearse y vio todo borroso a su alrededor. No podía ser cierto, esas marcas tenían que seguir en ese lugar. Esa era la única prueba de que el existía, ella no pudo haber imaginado todo lo de la noche anterior ¿o si?, no, el tenía que ser real. El, su salvador, su único conocido, su guardián, ¡él tenía que ser real!.
Se levanto de golpe de la cama, ignorando el dolor que sintió en su brazo al salir la aguja de su piel de sopetón. Salió del cuarto corriendo, pensando que si corría sería capaz de alcanzar al muchacho. Corrió por los pasillos del convento insegura del lugar al que se dirigía. Ella solo quería estar alado de aquel joven. No había otra razón en su vida para estar viva, ya que sin el ¡Ella debería de estar muerta!
Sintió sus mejillas húmedas, estaba llorando a mares. Su respiración se había agitado de sobre manera y sus pasos fueron haciéndose cada vez más lentos e inseguros.
No tenía caso seguir buscando.
Sin pruebas,
Sin familia,
Sin amigos,
Sin amor,
….sin él…
…La vida no tenía sentido…
Sintió sus rodillas ceder y rápidamente encontró su cuerpo contra el suelo.
Quería morir, deseaba morir. ¿Cómo había sido posible que los golpes que Hao le proporciono no fueron suficientes para matarla?
Por sobre el sonido de su llanto y de su respiración, pudo escuchar el ajetreo que se daba a su alrededor. Las monjas gritaban por ayuda, mientras que otras se acercaban a ella y le preguntaban cosas acerca de su salud. Tamao fue incapaz de encontrar su voz o su vista. Para ella todo se había vuelto oscuridad y soledad, no había nada más…
Sintió como fue tomada en brazos por un hombre de complexión llenita, pero por más que intento hacer algo ante esto no pudo. Era como si una manta obscura se hubiese posado sobre ella y se negaba a dejarla ir. Le costaba respirar y su piel no sentía el frio, el calor o el dolor de la misma forma en que solía hacerlo, escuchaba las cosas como si ella se encontrase debajo del agua y las voces sobre esta, opacadas, ahogadas. Mientras que su vista se volvía cada vez más oscura, hasta que la oscuridad la cubrió por completo. Dejándola totalmente ciega.
Después de esto los días pasaron para ella demasiado rápido. No sabía en qué mes estaba, ni tampoco en qué año, ni cuánto tiempo había pasado desde que había sido "liberada" de la familia Azakura. Lo único que sabía era que él se había ido, y la había abandonado junto a los humanos.
Había salido de un infierno para entrar a otro aun mas espeso y doloroso que el anterior.
Rápidamente las monjas comenzaron a cansarse de ella, ya que no parecía progresar con el paso del tiempo, al contrario, su estado catatónico parecía empeorar a cada segundo que pasaba. Hasta que por fin las monjas desistieron y dejaron de visitarla. Simplemente se limitaban a atenderla.
Una noche alguien llamo a su puerta. No iba sola, las monjas acompañaban a esta persona. A Tamao le fue imposible escuchar lo que estas personas decían, parecían discutir y al paso de los minutos aquella persona tomo a Tamao agresivamente y se la llevo casi a rastras del convento. Tamao no sabía a dónde la llevaba, tampoco le importaba por lo que se dejo arrastrar por esa persona hasta que pareció detenerse, después la aventó a una especie de coche alejándola del convento.
La bajaron del cuche de la misma forma en que la había subido y la arrastraron hasta dejarla caer sobre una cama y fue en ese momento en que abusaron de ella por primera vez. Su cuerpo y su mente fueron incapaces de procesar esto por lo que con el paso del tiempo dejo de sentirlos. Era como si ella fuese una muñeca que podía ser manipulada al gusto del dueño, una sucia y horrible muñeca rota.
Aquel hombre la mantenía encerrada en una habitación a oscuras, esta solo contaba con una cama y un cuarto de baño.
La servidumbre del hombre se encargaba de mantenerla viva.
Pero como todas las personas, con el paso del tiempo, el hombre se fue cansando de la jovencita a tal grado de querer deshacerse de ella. Por lo que la envolvió en ropa y la aventó al bosque. Dejándola a su suerte.
Por días ella permaneció recostada en el mismo lugar en el que el hombre la había dejado. Pero el hambre y la sed se apoderaron de ella, por lo que comenzó a moverse solo para alimentarse. Procuraba esconderse de las bestias que acechaban el bosque y al mismo tiempo ella acechaba y casaba a sus presas.
Con el paso de los días aprendió a escuchar los sonidos del bosque y a moverse sigilosamente por este. No necesitaba ver, ni escuchar para saber qué era lo que la rodeaba ya que ella seguía siendo ciega y su oído no trabajaba de la misma forma que la de las demás personas.
Durante las noches de invierno ella se escondía en las cuevas y preparando una fogata, logrando mantenerse tibia, mientras que en las noches de verano descansaba sobre las ramas de estos para no ser comida por las bestias del bosque.
Se había acostumbrado tanto a la vida del bosque que había olvidado completamente su vida como humana. No recordaba ni su nombre, ni procedencia y por sobre todo, no recordaba a aquel joven.
Todo sobre ella se habia perdido en el minuto en que ese hombre la había aventado a su suerte en ese bosque.
Puede sonar loco y irrazonable, pero el dolor que ella sentía no se comparaba con cualquier otro dolor y su misma mente deseaba olvidar ese dolor, por lo que poco a poco su pequeño y silencioso sueño se hizo realidad.
Una noche de verano ella se preparaba para descansar cuando escucho a duras penas el sonido de la hierba al ser pisada por alguien más. Sus sentidos la alertaron, por lo que se movió rápidamente quedando de frente al lugar del que había provenido aquel sonido.
Intento detectar la presencia de algún animal o objeto que hubiese provocado ese sonido, ya que ella había aprendido a ver la esencia de las cosas a su alrededor y a detectar su forma sin siquiera mirar. Ella era capaz de detectar el más pequeño insecto a kilómetros de distancia, pero, por más que busco alguna energía espiritual proveniente de ese lugar no encontró nada. No había ni un bicho que hubiese provocado tal sonido.
Se mantuvo quieta otros minutos más, esperando la repetición del sonido, cuando este por fin llego.
Eran pasos, alguien se dirigía hacia ella. Pero eso era imposible ya que ella no sentía ni una presencia espiritual proveniente de ese lugar. Comenzó a dar pasos hacia atrás asustada de lo que se encontraba delante de ella.
Los pasos se hicieron cada vez más fuertes acercándose peligrosamente a ella entonces ella choco contra el tronco de un árbol. Estaba tan asustada que no se había dado cuenta de la presencia del árbol detrás de ella, por lo que al quedar con su espalda en el tronco, intento escapar y correr, pero esa cosa fue más rápida que ella y la acorralo entre el árbol y su cuerpo.
Ella forcejeo e intento con todas sus fuerzas separarse, pero le fue imposible, eso era realmente fuerte, aun así no desistió por lo que comenzó a golpearlo, pero eso tampoco tuvo ningún efecto.
Entonces escucho lo más extraño que en toda su vida fuese capaz de escuchar.
Un gruñido.
Eso estaba gruñendo sonoramente, tanto que por vez primera ella sintió como si sus oídos fuesen destapados de sopetón. Ahora era capaz de escuchar todos los sonidos a su alrededor.
Eso tomó la barbilla de ella y la alzo, como si la estuviese examinando.
Ella intento zafarse del agarre, pero el gruñido resonaba en sus oídos con tanta fuerza que le producía dolor.
Y entonces eso acerco su rostro al cuello de ella y con sus labios roso la piel de ella.
Tamao sintió como si su corazón despertase de un largo letargo, ya que este comenzó a latir desenfrenadamente. Sus pulmones se llenaron de aire y lo libero en una especie de gemido mesclado con un suspiro.
Por primera vez durante demasiado tiempo ella pudo sentir tanto como su oído, su piel y su corazón.
Por fin ella había dejado de luchar y ahora permanecía quieta ante aquello que la acorralaba contra el árbol.
Entonces eso detuvo su gruñido al escuchar el gemido-suspiro que ella había dado. Y con un movimiento rápido hundió sus colmillos en el cuello de ella bebiendo de su sangre.
Ella gimió notablemente al momento en que abría los ojos por primera vez en mucho tiempo. Fue en ese momento en que se percato de que no estaba ciega, simplemente se había negado a abrir los ojos y ver lo que la rodeaba.
Entonces eso se aferro a ella tomándola de la espalda, deseoso de sangre.
Dio el segundo trago. Ella volvió a gemir. Esta vez consiente de cada uno de sus sentidos. Pudo percatarse de que era de noche y la luna llena se asomaba por encima de las copas de los arboles alumbrándolos con su luz plateada, también pudo percatarse de que el viento que soplaba era fresco y el olor de las plantas y flores era tan fuerte que inclusive podía saborearlos, pero por sobre todo pudo percatarse de la persona que se en ese momento se aferraba a su pequeño y delgado cuerpo con fuerza. Llevaba ropas oscuras, su cabello era de color violeta oscuro. Ella podía sentir los músculos del cuerpo de él y la forma en que estos rosaban contra su propio cuerpo y también podía sentir esas frías palmas que se posaban sobre su espalda atrayéndola a él con desesperación. Fue entonces cuando recordó. Recordó todo lo que había pasado y la forma en la que había estado viviendo, todo, quién era y como había llegado a ese lugar.
Lagrimas gruesas resbalaban por sus mejillas de dolor. Su vida, su tiempo, sus esperanzas, todo le había sido arrebatado y ahora ella se encontraba en un bosque a lado de una criatura chupa sangre que probablemente fuese su único escape.
-Joven Ren…-llamo al joven en un susurro al tiempo que subía sus brazos al cuello del muchacho y lo obligaba a beber más de su sangre.
En ese momento fue consciente de que él podía matarla y esto le produjo una tremenda alegría. Ella deseaba morir, desde el mismo momento en que lo había perdido y, ahora, sabiendo que el volvería a irse no deseaba pasar de nuevo por eso, deseaba morir con todo su corazón, quería desasirse de ese sentimiento, no quería vivir…
El siguió dando tragos, bebiendo de la sangre de ella.
Ella comenzó a sentirse mareada, sus brazos perdieron fuerza y cayeron a sus costados con ocio, sus rodillas fueron incapaces de sostenerla, pero no cayó al suelo ya que él seguía sosteniéndola con fuerza y seguía bebiendo de la sangre de ella con desesperación y necesidad.
Su vista se volvió borrosa…
¡Lo sientooo !
Sé que a muchas personas (la gran mayoría) no les gusto que golpease y maltratase tanto a Tamao, pero es que tenía que hacerlo, ya saben a mí me gusta hacer sufrir a los protagonistas (y en este capítulo sí que me pase con la pobrecita de Tamao) pero eso si prometo final feliz :D
Y pues también lamento haberme tardado en subir capítulos de ambos fics, pero ya ven tocaron vacaciones de invierno y termine yéndome a pasar las fiestas con unos familiares en un lugar algo remoto en el que no llega el internet ¬¬ (¡enserio que casi me muero sin internet!, ¡es horrible! No sé cómo le hice para sobrevivir tantas semanas sin el T_T)
Pero por otra parte fue algo bueno porque me llego la inspiración y pues prácticamente ya termine de escribir esta historia y la de Encuentros Inesperados y me llego inspiración para escribir otras dos más de diferentes personajes (que ya empecé a escribir por cierto x3). Pero bueno ese no es el punto. El punto aquí es que ya termine este cap y pues aun y cuando se que me van a regañar (sigo diciendo pobrecita Tamao) lo subí y aunque salió de esta forma espero y les guste. Por lo menos se reencontró con Ren y pues no crean que es un final, porque no lo es, aun me falta unos cuantos capítulos más y pues como ya les dije habrá un final feliz de cajón asique espérenlo.
