Capitulo II: Luna de miel

Se sentía tan extraña caminando de la mano de su exprofesor, era prácticamente cómico. Primero, porque él estaba presuntamente muerto. Segundo, porque la detestaba y tercero, porque… Bueno, porque simplemente no podía ser.

Hermione observó el semblante decidido de Snape, a pesar de que la llevaba de la mano no tenía ninguna dificultad para ignorarla. Pero eso no la molestaba.

También parecía manejarse muy bien en el aeropuerto, seguramente ya estaba acostumbrado a esa clase de cosas muggles, a causa de su padre, pensó ella.

Hermione iba tan enfrascada en sus pensamientos que no se fijó en que ya habían subido al avión. Esperó con ilusión que los pasajes que compro Snape fueran de asientos separados.

—El 67 es tuyo—.

Le indicó Snape, para que se sentara junto a la ventana, esperó a que Hermione se sentara para sentarse a su lado, en el asiento n° 68. Hermione dejó caer la cabeza en el asiento con expresión huraña. Serían 7 largas horas.

Las azafatas —mujeres bonitas, altas y delgadas— ya habían dado las indicaciones de seguridad en 5 idiomas distintos y Snape las miraba muy interesado. Hermione pensó que después de todo, era un hombre. Aunque le llamo la atención que, después de que habían terminado las azafatas de dar las instrucciones, Snape ponía especial atención en leer las mismas instrucciones que estaban pegadas en el asiento de enfrente.

Aburrida e incómoda por el silencio irrompible de su exprofesor, sacó un pequeño libro en alemán que había comprado en duty free. Sintió la penetrante mirada de Snape sobre ella.

—Supongo que tendremos que hablar alemán… —Le explicó—.

Snape no se molestó si quiera en responderle, se veía bastante pálido. Hermione vio como volvía a leer las instrucciones de seguridad.

Abrochen sus cinturones por favor, el avión está a punto de despegar

Decía la voz del capitán por alto parlante. Hermione abrochó tranquilamente su cinturón y esperó el molesto movimiento del despegue. Miró de reojo a Snape por curiosidad, se fijo que tenía problemas para abrochar el suyo.

—¿Le… Le ayudo? —Le preguntó dudosa—.

—¡Yo puedo solo…! Gracias —Le respondió Snape amenazante—.

—Está bien, solo quería ayudar—.

Hermione, ofendida dirigió su mirada a la ventana, aún escuchaba los intentos fallidos de su exprofesor, volvió a mirar de reojo y vio como le tiritaban las manos, se notaba muy nervioso.

—¡Deme acá! —Le dijo ella, ya sin poder aguantarse, le quitó las manos y abrochó su cinturón—.

—¡Pero que lindos! —Exclamó una mujer gordita que iba sentada al lado de Snape— …Se nota que están muy enamorados—.

La mujer les dio una sonrisa ensoñadora y Hermione no supo que le causaba más risa. Si la mirada asesina de Snape o lo absurdo que sonaba lo recién dicho por la mujer gordita.

—No tiene idea cuanto… —Le respondió él con una voz de hielo, la mujer no les volvió a dirigir la palabra en todo el viaje—.

Hermione volvió a abrir su libro, no esperaba que Snape le diera las gracias por abrocharle el cinturón. La voz del capitán llegó nuevamente.

Les rogamos a los pasajeros que guarden la calma, habrá algunas turbulencias cuando pasemos sobre Noruega, hay una pequeña tormenta, pero nada por lo que preocuparse. Disfruten del viaje…

Hermione ya tenía la experiencia de las turbulencias, no era la primera vez que viajaba en avión. Nuevamente miró de reojo a Snape, su piel pálida había tomado un tinte gris.

—¿Se encuentra bien? —Le preguntó preocupada—.

—Deje de molestarme, Granger —Snape aferraba con fuerza los pasamanos de su asiento— …Y lea su libro—.

—No sé ni para qué me molesto —Le dijo furiosa antes de enfrascarse en la lectura—.

Ya habían pasado 20 minutos y las turbulencias habían comenzado, debían de estar sobre Noruega. Hermione trató de seguir leyendo, pero los movimientos eran bastante fuertes, dejo el libro a un lado y se agarró de sus pasamanos. Se dijo que por nada del mundo miraría de nuevo a Snape.

Pero no fue necesario, cuando las turbulencias alcanzaron movimientos alarmantes —haciendo caer los equipajes de los pasajeros—. Snape aferro con tal fuerza el brazo que tenía Hermione sobre el pasamanos que fue inevitable no mirarlo. Estaba lívido, con expresión de terror. Hermione no sabía si él se daba cuenta de que le agarraba el brazo, aún así, no quiso quitárselo —a pesar de que ya casi no lo sentía— por si el tener ese contacto le infundía tranquilidad.

Hermione miró por la ventana, afuera había una tormenta horrible, se fijo en que Snape también estaba mirando. Con movimientos histéricos bajo el cortinaje de la ventana, apoyando parte de su cuerpo en Hermione. Ella le dio una mirada indignada, pero Snape estaba demasiado pendiente de las turbulencias como para molestarse en Hermione.

Snape siguió aferrado de su brazo hasta que las turbulencias hubieran cesado —casi 30 minutos— Cuando la soltó no hizo ninguna mención a lo ocurrido. Hermione entendió por qué había prestado tanta atención a las instrucciones de seguridad. Sonrió burlona, cuidando de que Snape la viera, él le devolvió una mueca horrible.

—Fue un viaje excelente, ¿No lo cree? —Le preguntó radiante a Snape luego de 7 horas de viaje—.

—Muy graciosa Granger, muy graciosa —Respondió con resentimiento—.

Las turbulencias de Noruega no fueron las únicas que tuvieron que pasar, también hubo en Estocolmo, Polonia y finalmente Berlín. Hermione las disfrutó todas, lo único malo era su brazo dolorido. Snape prácticamente se lo había triturado.

Fuera del aeropuerto era de noche y hacía un tiempo horrible, llovía a cántaros.

—No se preocupe —Le habló Snape en perfecto alemán a un jovencito que quería ayudarles con las maletas y posó sus oscuros ojos en Hermione— …A mi mujer le encanta cargar las maletas—.

Le dio una mirada maliciosa a Hermione que no había entendido del todo lo que él había dicho. Pero cayó en la cuenta de inmediato, cuando vio que Snape se sentaba tranquilamente mientras esperaba que ella subiera las maletas al auto. Snape le hizo un gesto de impaciencia, como si no tuviera toda la noche.

—Esto no se va a quedar así, Snape—.

Le dijo Hermione con rabia, mientras le goteaba el cabello. Él enarcó una ceja por la mención de su nombre. Ella sabía que era la primera vez que lo tuteaba, posiblemente le haría pagar caro su osadía. En ese momento, con frío y el pelo mojado, no le importo.

Escuchó como Snape volvía a hablar en alemán para darle las indicaciones al conductor. Nuevamente no entendió nada, juró que no pasarían más de 3 días sin saber hablar el endemoniado idioma.

Quiso preguntar a dónde irían, pero estaba demasiado enojada. Seguramente se quedarían en el motel más espantoso de la ciudad, como castigo a su burla inocente. Se llevó una gran sorpresa cuando el taxi se detuvo frente a un edificio enorme que abarcaba una manzana entera. Lujoso, era decir poco.

La ayudaron a bajar del taxi, agradeció no tener que cargar otra vez las maletas. Quiso acercarse a Snape para hablarle, pero ya se encontraba dentro junto al mesón. Cuando llegó junto a él, la esperaba con una sonrisa, no entendía que le pasaba.

—Estaba esperándote, cariño —Le dijo en tono meloso—.

Hermione lo miró con extrañeza, ¿y eso qué había sido?

—Mi esposa suele preocuparse de las tarjetas —Le dijo de muy buen humor al encargado del Hotel en inglés—.

—Bienvenida al Hotel Concorde —Le dijo el encargado en perfecto inglés—.

Hermione sentía como la ira regurgitaba en su interior. Claro que tenía tarjetas, pero quedaría en la ruina con solo pagar una noche. Trató de disimular lo que más pudo frente al encargado, sonreír era una tortura. Quería matar a Snape.

—Deme la habitación más pequeña, por favor —Pidió, dándole una media sonrisa a Snape—.

—Pero amor… —De nuevo ese tono falso y meloso— Es nuestra Luna de miel. —El tono meloso desapareció y dejó paso a su voz fría— Denos la habitación más grande y costosa —Le dijo al encargado sin dejar de mirar a Hermione con la misma risa burlona que ella le había dado en el aeropuerto—.

Cuando llegaron a la habitación, Hermione trató de esperar con toda la paciencia del mundo a que el Botones dejara las maletas y se fuera. Apenas se cerrará la puerta cometería un crímen. Su varita ya rugía un Avada Kedabra.

Pero Snape astuto y rápido, ya había previsto sus intenciones.

Silencius… Protego… —Lanzó los hechizos antes de que ella sacara la varita—.

Hermione abrió y cerro la boca con frustración. Silencio.

Todo su cuerpo convulsionaba bajo la ira, arremetió inútilmente contra la barrera invisible. Snape la miraba de forma burlona, protegido por sus hechizos.

—Me tomaré la libertad de decirle, señorita Granger, que me agrada más así. Es una lástima no haberlo hecho durante mis clases —Suspiró con aire afectado—.

Hermione dejó de luchar y de decir palabrotas aún sin voz. Se calmó y le dio a entender a Snape que ya era suficiente. Snape le devolvió la voz con lástima, el protego también había desaparecido.

Hermione no quiso volver a hacer escándalo, aunque la rabia por toda la cantidad de dinero gastado estaba fresca en su memoria, sin agregar también el insulto de Snape. Se plantó delante de su exprofesor con una postura seria, severa y grave.

—Si ya dejó de divertirse, "Profesor"… Me encantaría que me diera los detalles restantes de nuestra "misión". Se lo recuerdo, por si es que se le había olvidado—.

Estaba satisfecha, lo había logrado. La sonrisa burlona de Snape había desaparecido de su pálido rostro, la rabia ya no bullía de su interior, si no de él.

Snape hizo ademán de que se sentara en una mesa fastuosa que había en la habitación. Hermione estaba tan molesta que no había reparado en la estancia, antes de sentarse dio una mirada rápida. Decir que era divina, era quedarse corto, aunque el lujo no amilanaba la exprimidera de sus tarjetas de crédito. Se sentó frente a él.

—Sé que tengo que descifrar unas Runas, me encantaría ponerme en ello de inmediato, pero… —.

—No me obligue a utilizar el silencius otra vez… aunque a decir verdad, no me importaría —La interrumpió Snape— Guarde silencio y escuche—.

Hermione frunció los labios molesta.

—Lo que nuestro nuevo Líder de la Orden creía, —Comenzó a relatar— era que el joven Malfoy volvería a sus andanzas de Mortifago. Por eso delegó la tarea a un Auror cualificado para que lo vigilase: Yo. —Esperó unos momentos antes de continuar— …Le seguí la pista durante 5 meses, en los que no hizo nada inusual. Salvo unas visitas frecuentes a… —.

—…Caradoc Dearborn —Lo interrumpió Hermione—.

—Se lo estoy advirtiendo Granger —Hermione vio como Snape apretaba la varita, y ella cerró su boca con una sonrisa molesta, Snape continuó— …Draco le hacía visitas a un importante Coronel Alemán —Hizo una pequeña pausa en la que junto la punta de sus dedos— …Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que dicho Coronel, era Caradoc Dearborn —Hermione tuvo que hacer grandes esfuerzos por mantener la boca cerrada— y me pregunté, ¿Qué podía estar haciendo Caradoc vivo… sin decirle a nadie de la Orden? —.

—Y era imposible que fuera un suplantador —Lo volvió a interrumpir sin poder resistirlo— Porque no tendría de dónde sacar "algo" de Dearborn para la poción Multijugos, en el caso de que estuviera muerto—.

—Exacto —Le respondió Snape con voz triunfante, olvidando su interrupción— …Pero Draco lo contactaba ¿por qué? Fue entonces cuando comencé a vigilarlo más de cerca, y lo descubrí —Hermione lo miraba con total interés y Snape le hablaba como si no hubiese hablado con alguien en años—.

—Descubrió los mensajes crípticos —Lo atajó Hermione, sin poder contenerse de nuevo— …En ese momento dejaron de verse ¿me equivoco? —Snape hizo ademán en sus ojos de que estaba en lo correcto— Porque encontraron otra manera de comunicarse ¿…Qué decían las Runas —Quiso saber, totalmente enfrascada en el relato de Snape—.

Su exprofesor no pareció muy contento en contestar a la pregunta de Hermione.

—Como ya le dije, no soy muy hábil en la traducción de las Runas, pero sé que entendí lo suficiente. Era un mensaje de Caradoc para Draco, las palabras que logre descifrar eran: …—Snape se inclinó un poco en la mesa— Ejercito… venida, guerra, sucia… Inglaterra—.

Hermione terminó de escuchar a Snape, hizo unas conjeturas en su cabeza y sin poder resistirse, mostró su insatisfacción.

—Pero son suposiciones, digo, pudo haberse equivocado —Snape la fulminó con la mirada, el dialogo que tanto les había costado, se esfumó— …Usted mismo lo ha dicho, no es muy hábil en las Runas. Cualquier trazo puede cambiar el significado de una palabra, ¡…de una oración entera!—.

—Potter, al parecer, cree lo mismo. Por eso la mandó a llamar —Lo siguiente lo dijo con disgusto— …Y yo estuve de acuerdo —Se levantó de la mesa— Mañana a primera hora la espero para llevarla al lugar del mensaje. Esperemos este a la altura de las expectativas—.

Snape se despidió de Hermione inclinándose levemente, se dio la vuelta camino a acostarse y se paró en seco. En medio de la habitación había una sola cama. Ahora que Hermione miraba con más atención, se dio cuenta de lo romántica que era aquella habitación: Luces tenues cálidas, cuadros de parejas semidesnudas enlazadas en románticas posturas, champaña sobre la mesita de noche y además, la cama…

La cama tenía una colcha blanca regada con algunos pétalos, y sobre el marco había aceites —seguramente para el placer de la pareja— y debajo de la colcha se podían ver —sin dificultad— las sabanas color sangre. Si, una cama muy insinuante.

Hermione habría jurado que el pálido rostro de su exprofesor se había tornado del mismo color de las sabanas, no podía culparlo, ya que ella misma sentía un calor abrazador en la cara.

Snape hizo desaparecer la cama en un dos por tres, y en su lugar aparecieron dos. También hizo aparecer un dosel con cortinaje negro, que recorrió de punta a punta la habitación, dividiéndola en dos. Hermione se dio cuenta, con disgusto, que ella había quedado junto a la ventana, mientras que Snape al baño.

—Señor —Lo llamó antes de que desapareciera tras el cortinaje, Snape se dio la vuelta y la miró con expresión glacial, pero sin poder esconder del todo su sonrojo en sus pálidas mejillas— …Solo para que quedemos parejos… —Hermione acortó decidida la distancia entre ellos y le mantuvo la mirada unos segundos. Cuando Snape estaba a punto de preguntarle qué rayos quería, Hermione le propino una fuerte cachetada— …Buenas noches—.

No le dio tiempo a reaccionar, se dio la media vuelta y se escondió tras el cortinaje, con el corazón desbocado y unas cosquillas en las manos. Podía sentir a Snape al otro lado del cortinaje, aún pegado al suelo y con cara de consternación.

Esperó unos momentos a ver si le lanzaba algún maleficio o echaba abajo el cortinaje, pero nada, escuchó el delicado sonido de sus zapatos alejarse.

Hermione se lanzó a la cama con alivio, abrazó su almohada con nervios y ahogó una risita. Al menos esa si sería una buena noche.


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C o r Ne L ia E s c i p I ó N