Reportandose:

Creo que es muy pronto para subir el siguente capitulo, pero como dije, sera cortito y se vendra rapido para poder terminarlo antes de acabar mis vacaciones.

Espero disfrutente este cap n.n

Nota: Quiero aclarar, que estoy siendo muy cruel en este fic.

Me esoty basando en una frase del asesina Charles Manson. Es la que tengo en el summary. Solo querian que supieran porque el meollo de hacer esto tan oscuro.


Cap 2- Directo al olvido

Este cuarto siempre ha sido igual. Los días y las noches no se diferenciaban, siempre estaba oscuro. No había una ventana donde pudiera husmear en los alrededores, o ver los bonitos rayos del sol. Siempre estaba en tinieblas. Yo siempre estaba en tinieblas. Al igual que siempre tenía frio, la humedad del lugar me molestaba tanto, porque no podía tener un poco de calor, y al mismo tiempo, este frio que sentía no era lo suficiente para llevarme de esta vida.

¿Cuánto llevo en este lugar? No lo recordaba, debieron pasar más de diez años, puesto que así los sentía. Conté el tiempo en mis primeros dos meses; no sabía cuando era de día o noche, por lo que conté el tiempo en "cuando duermo y cuando despierto". Luego olvidé todo, y el tiempo ya no era relevante, porque, no importaba cuando contará, cuanto esforzará a mi memoria a recordar, nada cambiaría. Este cuarto siempre estaría lleno de color negro, estas paredes siempre estarían viscosas…Yo siempre permanecería encerrada.

Solo había un cambio que ocurría en mí: mi cabello. Me crecía con regularidad, había ocasiones en que me llegaba a los hombros. Recuerdo la primera vez que eso ocurría, me puse realmente feliz, el cabello de Cynthia volvía, no sería hermoso, puesto que ella ya no estaba para cuidarlo, pero estaría conmigo.

Y alguien llegó con unas enormes tijeras oxidadas. Me susurró, como quien susurra a una loca (lo que para ellos yo era en este lugar), y me trató de calmar, pero sus palabras me desesperaron. Empecé a gritar y dar golpes ciegos: mis ojos no se acostumbraron a la miserable luz que dejaba pasar la puerta. Fue una batalla perdida, el hombre me dio en la cara y no tenía fuerzas. Lloré, lloré días. Y la siguiente vez, solo lloré a mar abierto, sabiendo que aquí era débil, que mi voz no tenía mando. Y que mi único cambio sería removido.

Recuerdo también un día en que entre en un estado de shock. Empecé a recordar el rostro de mi familia, mí amada, añorada y traidora familia: los ojos severos pero sinceros de mi padre me observaron bajo esas cejas pobladas; la sonrisa dulce de mi madre con sus empezadas arrugas en la comisura de sus labios; y los bucles de Cynthia moviéndose al viento cuando jugábamos en jardín. Y luego estaba yo en cada escena, con mis vestidos largos y cabello recogido, y luego… ¿Cómo era yo ahora? Caí en la terrible cuenta que llevaba no se cuanto sin verme mi rostro, mis manos, mis pies…mi aspecto.

¿Cómo era? Siempre había sido cuidada para ser una señorita hermosa,…y ahora nadie cuidaba eso de mí. No se equivoquen, no me entro un ataque de navidad, sino más bien de pura ansiedad. Siempre estaba en el espejo, dándome cuenta de mis cambios, de cada detalle que cambiara en mi rostro.

¿Seguían mis mejillas con ese rubor?

¿Mis labios seguían siendo pequeños?

¿Seguía siendo joven?

¿Y quién era yo?

Toqué mi rostro, palpando desde el mentón hasta la raíz de mi cuero cabelludo…y no encontraba nada. No encontraba nada que me dijera como era, como estaba. Encerrada aquí me imaginé solo una cosa: yo era un monstruo. Un pobre monstruo pálido, de aspecto terrible, y que merecía no salir de aquí, porque haya fuera nadie me aceptaría.

Hice lo más razonable que me pareció en ese entonces, y que aun hora lo haría: me olvide de todo. Suprimí todos mis recuerdos, mis anécdotas, los rostros de las personas con las que viví. Me olvidé del tono de mi voz, de mi aspecto. Me olvidé de mí misma.

Y funcionó. Al cabo de un tiempo, yo ya no recordaba nada, más que el único detalle que nadie me dejo obligar, y que no quise olvidar, mi prueba de ser aun humana, mi nombre: Alice. Era lo único que tenía, y lo único que quería tener.

Un día (¿o sería noche?) la puerta de mi celda se abrió. Dos hombres estaban parados al marco de la puerta, viéndome en lo que parecía ser el rincón del cuarto. Pude ver los rostros de ambos por la luz de una vela que llevaban. Había alguien alto, de piel bronceada, y me vio con recelo. ¡Ah, con que así me veían todos los de aquí! Jamás me pare a pensar en eso hasta ese momento. El otro hombre, que sostenía la vela, me sorprendió. Su piel era pálida, un pálido bonito, no como el de los enfermos. Debajo de unos rojizos había unas ojeras, como las de alguien que no ha dormida en semanas. Y juro que no había visto a un anciano más hermoso que él.

Sus ojos no me vieron como los del hombre de su derecha, sino todo lo contrarío. Me vio con cierta adoración, incluso podría utilizar la palabra deseo. Un deseo más allá del carnal, más profundo.

-¿Y hasta criatura la tienes aquí? Pobrecita-Su voz no era la de alguien con lastima. Era el tono que usas cuando se te niega algo.

-Es de lo peor en este luego-casi escupió las palabras- .A cada rato grita, últimamente solo lo hace una o dos veces a las semanas. Y además, los que la dejaron aquí pagaron por que estuviera en este cuarto.

Dije unas palabras groseras, pero me ignoraron, como todos ignoraban a los locos.

-Quisiera quedarme un rato con ella, si no le importa-dijo el anciano.

-Doctor, esta ya no tiene arreglo.

-Solo quiero conversar.

El hombre rodó los ojos, murmuró un "como quiera" y salió de, lo que él llamaba, mi cuarto.

Oh, ¿con que mis paredes eran de ladrillo? Ahora comprendía porque siempre las sentía terrosas después de golpearlas. Aun bajo la mirada de aquel hermoso anciano, me fijé en mis manos. Tenían heridas. Estaba llena de marcas y moretones, y había marca de sangre vieja entre mis uñas. Aproveché para ver mis pies, y estaban negros de mugre. Fue una pena no poder verme el rostro.

-Hola, querida mía-me habló con dulzura el anciano. Claro que, decirle anciano era mucho, puesto que solo debía tener unos cincuenta años. No le conteste- ¿No piensas saludarme?

Negué con la cabeza. Hacia tanto que no tenía una conversación que me aterró la idea de escucharme la voz.

-Yo podría ayudarte, darte lo que quisieras, si me hablaras.

Voltee a verlo. Algo en mi pecho latió, y supuse que sería mi corazón, emocionado de que alguien me diera una esperanza. ¿Estaba hablando en serio? ¿Él me ayudaría?

Solo había algo que quería en ese momento, e instintivamente me lleve las manos al rostro.

-Oh, ya veo. Quieres verte ¿no es así?

De su bolsillo saco un espejo de bolsillo. Me lo estiro de donde estaba, esperando que mi mano se alzara. Vacilé un poco, mordiéndome los labios. Y me arrastre para obtenerlo.

Estaba horrible. Todo mi rostro era un espanto. Mis labios eran secos y morados, mis ojeras eran negras por mi mal estado, y mi piel estaba realmente maltratada. Pero al menos no era un monstruo.

-¿Qué edad tienes, pequeña?

Al verme al espejo, solo pude pensar que era más vieja que él. Decidí contestarle ante la amabilidad de darme un espejo.

-Cien años-mi voz era rasposa por mis gritos, patosa por el tiempo que llevaba sin utilizarla.

El se echo a reír.

-¿Qué edad tenías cuando llegaste aquí?

-Supongo que diecinueve.

-Ah, por eso eres tan joven. Y hermosa.

-¿Hermosa?

Lo volteé a ver directamente. Nadie en su sano juicio me llamaría hermosa.

-No del modo humano, claro. Es que eres tan…

Cerró sus ojos y absorbió el aire del lugar. Una sonrisa relampagueó en sus labios. Olfateé el lugar, y me pareció repugnante, solo olía a humedad.

-interesante.

-Dime porque estás aquí.

Me estruje los sesos en la respuesta a eso. Pero no recordé ía olvidado todo, al punto de no poder recordar el principal motivo por el cual me habían traído aquí.

-No lo sé…No lo recuerdo.

Alguien toco la puerta de acero y llamo al señor de mi cuarto, diciéndole que ya debía irse.

-Bueno, señorita, mi visita ha acabado.

Dio media vuelta y se dirigió para abrir la puerta. Pegué un grito y me abracé a su pie izquierdo, llorando de desesperación.

-No por favor, no quiero que este oscuro de nuevo.

Él se agacho y acarició mi cabello. Lo que hizo después me tomó desprevenida. Pasó su nariz por mi cuello, y absorbió mi aroma. ¿Cómo no le daba asco tocarme de ese modo? Yo estaba encerrada siempre, no había tomado un baño desde hace tanto tiempo, debía tener el olor más desagradable para alguien tan limpio como él. Pero no se separó, al contrario, tomó mis maltratadas manos y pasó sus labios también por ellas, hasta llegar a mis muñecas.

-No quieres estar sola, pequeña hermosa-afirmó- .Y yo me he vuelto adicto a tu excitante perfume.

Era una falta de respeto lo que estaba haciendo, coquetear con jovencitas era obsceno, y por eso mismo debía separarme, pero estaba tan falta de contacto humano que no me molesto. Al contrarió, me lleno de alegría que alguien me volviera a mostrar un poquito de cariño.

-Volveré, soporta un poco.

Y me dejó en la oscuridad, pero con algo diferente. Esperanza.

Él volvería a verme, a traer esa vela y llenar este horrible color negro con un poquito de dorado. Y volvería a tocarme para sentirme querida.

Y tuve una visión.

Ese hombre estaba en un callejón oscuro. Una mujer de vestido humilde le siguió, como cautiva por un hechizo. Y le atacó. Él hombre que había estado en mi celda se había arrojado sobre su cuello y le mordió. El cuerpo de la mujer cayó al suelo, y él solo se limpio restos de sangre de sus labios.

Me asuste, no solo por mi escena privada, si no por lo que podía ver. ¿Cómo era posible que pudiera ver cosas?

Voces lejanas vinieron a mí. Gritos desconocidos y llanto, y unos ojos temerosos. Oh, por eso estaba aquí, porque veía cosas que los demás no.

Al poco tiempo, una semana después (había vuelto a contar el tiempo desde que él llego), me vino a visitar. Volví a ver ese color dorado, y reconocí algo que la vez anterior no había notado: la luz de la vela me dio calor.

Es cierto que había visto como él ataco a una mujer, y no solo eso, si no que la ataco para beber su sangre. Pero, ¿cómo temerle a alguien que me brindaba una sonrisa bondadosa?

Él no me atacaba, y no me lastimaba. Solo me acariciaba las muñecas y me hacía plática.

Vino seguido a verme. Cada vez más constante, y siempre con esa sonrisa bondadosa, y esos ojos rojos viéndome con deseo.

No era amor. Tampoco era lujuria lo que sentía por mí. Era más allá. Tal vez deseaba mi sangre, pero no podía obtenerla, porque levantaría sospechas de que él era, un monstruo bebedor de sangre.

-¿Qué quiere de mí?-pregunté con toda intención. Quería que me lo dijera, en verdad deseaba que me respondiera "deseo tu sangre".

-Ya te lo dije, me encanta tenerte a mi lado. Eres adictiva.

Adictiva, que palabra más adecuada.

-Alice-me llamó-, ¿quisieras algo en especial? Yo podría darte lo que quisieras.

-¿Cómo qué?

Él me acarició el cabello.

-Tú libertad-temblé cuando mencionó esa palabra-. Y no solo eso. También podría darte algo que quieres aparte de eso: la belleza que has perdido. Porque supongo que debiste ser más hermosa antes, por tu forma en que se ocultan tus ojos cada vez que te llamo hermosa.

Mis manos se movieron nerviosas en mi regazo. ¿Era verdad lo que él me decía? Eran dos cosas que yo quería. Mi libertad, y volver a ser la misma de antes. No ser hermosa, pero si tener el aspecto sano de antes.

-¿Puede hacer eso?

-Si prometes seguirme hasta el final conmigo.

¡Qué fácil era prometerle eso! Si mis deseos se volvían realidad, yo sería hasta su sirvienta el resto de mis días.

-Pídemelo, Alice. Pídemelo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, me arrodille a sus pies.

-¡Sáqueme de aquí!

-Lo hare, mi Alice.

Me agarro de las muñecas y me levanto del suelo con sumo cuidado. Me sonrió, más lleno de esa bondad, y sus ojos con más deseo que antes.

-Solo dolerá un poco-me susurró al oído-¿Serás buena?

Afirmé en silencio con la cabeza.

-Ahí voy…

Sus labios llegaron a mi garganta y espere a que hiciera lo que quiera.

Y gritaron todos en el lugar.

Él se separó con agilidad de mí y me puso por detrás de su espalda.

-¿Qué está haciendo aquí? No se acerque a mí, caballero o vera lo que…

El grito de aquel hombre fue desgarrador, llenándome de un miedo incontenible.

¿Qué estaba pasando afuera?

La puerta de acero de un momento a otro tenía una mano atravesándola, y alguien la quitó del lugar donde estaba.

-James…-susurró mi protector.

-Que deliciosa presa te conseguiste, Nate. Me empecé a preguntar a donde ibas con tanta frecuencia, y de dónde venía ese aroma tan delicioso que siempre traías contigo al volver. Ya veo, que humana tan suculenta.

Sus ojos eran del mismo deseo que mi protector, pero estos llevaban más descaro. Me piel se enchino por completo.

-James, ella no es para ti. Aléjate.

-Muy tarde, anciano. No aprovechaste cuando pudiste, y ahora ella es mi presa.

-¡No estamos de caza!-gritó con ira.

-¿Qué no te lo he dicho, amigo mío? Yo siempre estoy de caza-su sonrisa fue aterradora, y también repulsiva.

Nate se quito de mí y se abalanzo contra James, estaban peleando. Yo caí al piso asustada, por los golpes tan fuertes que hasta los podía oír, y por los gruñidos animales que lanzaban unos a otros.

James iba a ganar, eso lo pude ver en cuanto el primer golpe fue dado. Pero Nate hizo algo sorprendente. Tomo a James del cuello y lo lanzo lo más lejos de nosotros.

-Alice, vamos.

Aun con todos esos golpes y sangre escurriéndole, pudo derrumbar la pared de ladrillos, y vi la terrible noche sin luna. Me jalo y llevo en su regazo, corriendo tan rápido que los árboles del bosque perdieron forma.

-Tú no te iras de este mundo, Alice.

Alguien embistió a Nate por un costado, y yo rodé hasta una piedra, dándome en la cabeza.

Ah, ¿esto era empezar a morir?

Sentí el verdadero frio. El frio de la muerte. Todo lo veía borroso, Nate volvía a pelear contra James, y ya no me podría volver a salvar, porque aunque él derrotara a James, yo moriría.

Vi el cuerpo de Nate chocar contra un árbol, y en seguida vino James a mi lado.

-Ya no estamos en el país de las maravillas, Alice-me dijo, de una forma en que un príncipe se prepara besar a la princesa. Temí al escuchar esa frase, era el terror mismo.- .Buen provecho.

-¡No lo harás!-grito Nate, apartando a James de mi lado. Escuche el romper de otro árbol a lo lejos.-Perdóname, Alice.

Y sus dientes me penetraron el cuello. Di un alarido, de mis golpes ninguno llego, no pude ni levantar una parte de mi cuerpo moribundo. Escuche mi sangre pasando por su garganta, y los sonidos que hacía de excitación.

-¡Maldito seas, Nate!

Me separo de mi atacante, arrojándome lejos de sus manos. Y todo fue negro después.


Abrí mis ojos después de que el fuego me incendiara, me maraville al ver que seguia en una pieza y no en pedazos. La luz brillante del sol me dio de lleno, y el calor que emanaba me revitalizo. Me mire mis manos, y miles de brillos aparecieron.

Se me escapó una sonrisa. Brillaba como una joya.

Y sentí mi sed. Ah, que sensación más frustrante. Quería comer.

A mi lado, encontré los residuos de romas secas, y cenizas esparcidas por doquier. ¿Qué sería?

Me vi mi ropa, y me pregunte que me había pasado. Y lo más importante: ¿quién era yo?

¿Cómo había llegado a este lugar?

Volteé a todos lados, y estaba sola en un gigantesco bosque. ¿Yo era la única aquí? No podía recordar nada. Mi mente estaba llena de tinieblas.

Entre en pánico, ¿qué era yo?

Alice. Alice...Alice.

Ese nombre bailaba en mi cabeza, y supuse que debía ser el mió. Y aunque no lo fuera, ahora lo sería.

Y vi algo.

Alguien estaba sentado en un lugar caliente, lleno del delicioso aroma de esas personas alrededor (lo que me recordó la terrible hambre que tenía). Su cabello rubio era hermoso, y esos ojos rojos me gritaban en auxilio.

Que persona tan hermosa. ¡Qué ganas de abrazarlo tenía!

"Lo siento, señorita-me decía, y se oculto bajo su sombrero. Su voz fue como campanas, y retumbaron dentro de mi silencioso corazón."

Lo quiero. Quiero a ese hombre a mi lado. Quiero tocarlo, sentir sus manos, abrazarlo, besar esos hermosos labios. Y ayudarle. Sobre todo ayudarle, se veía tan solo, tan desesperado por alguien.

-Iré por ti.

Y luego vi algo más.

"-¿Por qué mi habitación?-decía frustrado un joven de cabello bronce. Apuesto, pero no tanto como el chico de mi primera visión.

-Edward, estoy segura que no harás incomoda la llegada de Alice y Jasper-Oh, así se llamaba el joven rubio.

-No, no lo hare, Esme-decía solemnemente- ¿Pero era necesario llevar todas mis cosas al garaje?

-Edward, tienes la mejor vista de todas-esa era yo, saliendo de su habitación. El iba a protestar algo, pero me adelante-¡Gracias por no hacer un escándalo de esto!

-Lamento esto, de verdad- mi Jasper le decía a Edward, en tono de completa pena.

-Ya no importa-rodó los ojos-. Al menos no quiso el cuarto de Rosalie y Emmett. Ahí si hubiera sido un escándalo.

-No exageres, Edward-dijo un hombre más alto.

-No lo hago Carlisle, y lo sabes-el hombre llamado Carlisle le sonrió a Edward.

-Jasper, Alice-nos llamo con dulzura- .Sería bueno que esta tarde fuéramos de caza, sobre todo por ti Jasper, te ves realmente hambriento. Y si quieres formar parte de nuestra familia, desde este momento no podrás volver a probar la sangre humana. Serás un vampiro vegetariano"

Y acabo ahí. ¿Con que eso éramos? Vampiros, que bonita palabra.

¡Qué emoción tan grande! No podía esperar por encontrar a mi familia, a mi Jasper.

Me levante de mi lugar, y me preparé para mi primera caza. Tenía hambre, y si quería encontrar a Jasper y los demás debía mezclarme con los humanos. No entendía porque no querían que los dañáramos, pero si eso hacían y me permitía estar con ellos, lo haría.

Me vi la ropa, y fruncí el ceño. En mi visión tenía un traje muy bonito, no estos harapos.

Un animal paso corriendo por algunos metros lejos de mí.

Acabando iría a conseguir algo de ropa decente.

Y después, a buscar Jasper.


Notas:

Hm...tenía varias que decir, pero no las recuerdo todas...

1-Tomé las visiones de Alice de un punto de vista de que, si conocia y veía gente(fisicamente hablando) ella los podía ver; y dejo de tener las visiones porque no solo estaba sin ver gente, támbien en la oscuridad. Por eso, cuando ese hombre fué, ella volvío a tener visiones.

2-No se llama Nate, ese nombre fue dado por mi, para poder identificarlo al final.

3-Alice perdío la memoría por el ultimo golpe que le dio James. Ella de por si ya estaba debíl y con recuerdos suprimidos, osea, estaba expuesta.

4-Cierto, cambie la personalidad de Alice...de una muy oscura y cerrada, a otra alegre y optimista, pero eso por el producto de sus visiones.

5-Esas cenizas al lado de Alice eran Nate...por si tenían dudas, je.

6-Oh,támbien, principalmente quería que Nate estuviera con los Volturi, y ese anhelo de hacerla vampiro era para llevarla con ellos.

Gracias a todos por leer, solo hare un cap más, cortito, y termino.

Bye bye