Emoción: Negación
Dos
Como es a suponer llegó a conocer a Allen Walker, pero Tyki no lo asesinó.
En este caso tampoco había que confundir las cosas, él sí que lo había intentado. Quiso hacer su trabajo en casi todos los encuentros que tuvieron —aunque debía aceptar que la primera vez que se topó con él, siquiera tuvo intención— pero en todo intento siempre falló, aun cuando su batalla estaba prácticamente ganada, o… casi perdida.
El chiquillo era… persistente, o tal vez un suertudo acabado, pero siendo más sinceros en cada encuentro el chico no le parecía más que un niño maldito, hecho para levantarse una y otra vez para luchar por una causa perdida.
En ciertos sentidos le agradaba, le era una interesante presa; perfecto para posar sus colmillos rebosantes de veneno. En otros aspectos, le era un poco odioso; tenía un repertorio extenso de frases bonitas, donde alababa la labor exorcista, y el temple de un humano. Lo peor es que por poco le dio una bofetada con sus mismos argumentos —y una espada chula, que prácticamente salió de la nada—.
En su tercer encuentro, todos los Noah se fueron con la cabeza algo gacha. Uno de ellos había muerto, cuatro perdieron la batalla, y del cuarteto, eran tres los que se vieron a nada de las puertas de la muerte. Y de esos tres, solo fue él quien no peleó contra un exorcista enloquecido, sufrió secuelas que le duraron hasta tiempos presentes, y se vio en la necesidad de parar todo el juego de la doble vida, con los seres que algún día mataría.
Salió perdiendo, contra un niño ingenuo, que hasta lo dejó en calzoncillos en un juego de póker. No era un escenario bonito. No era nada bonito.
Pero luego se enteró de otra verdad del niñato. Una verdad interesante que echaba por tierra toda la palabrería bonita que le soltó en su última batalla a muerte. Una que… le relajaba un tanto y hacía posible que deniegue el punto hace ya tanto planteado.
Allen Walker, pese a ser un exorcista, era también un Noah. Por ende no era humano, era un monstruo con más colmillos de los necesarios, quizá.
Era algo así como el elegido, no de una deidad, sino de dos. Era lo que buscaban dos bandos, y era aquello que también era fácil de odiar para ambas facciones.
Tyki ya no tenía ningún interés en Allen tras pasar un tiempo —o al menos su interés no era realmente personal— pero… cuando lo veía, a veces sentía algo así como lástima. El niño que fue amado por dos dioses; el muñeco que tendría que soportar a dos infantes que luchaban por cuál se lo debería quedar.
La simple idea de ese destino caótico, no le causaba más que un pequeño lapsus de risa.
Esto es un desvarío puro y llano. Si hay incongruencias en el manga/anime, de verdad lo siento mucho, quería leer de todos los encuentros, pero mi manga me traicionó –está desordenado, y hay partes que no existen- y… bueno prácticamente me fregrué.
¿A alguien le gustó el episodio?
