Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a George.R. R. Martin. La historia no me pertenece, le pertenece a rainonmonday quien me dio permiso de traducir su fantastica historia.
Cap2.- Inoportuno.
La mujer era de indudable belleza, mucho más que la reina Cersei que supuestamente era una de las mujeres más bellas de los Siete Reinos. Sus ojos eran inquietantes, su cabello plateado le recordaba a la nieve bajo el sol, y su piel era tan pálida como la leche.
Robb no se quejaba de su belleza, no podía. También sabía que como el hijo de un hombre noble, legítimo heredero de Winterfell, tendría poco que decir acerca de con quien se casaría. Pero nunca esperó que su padre lo casaría con la única hija viva del Rey Loco.
Su padre creía que como niña, la Targaryen no podía ser culpada por las decisiones de su padre, ni las de su hermano. Pero todo el mundo pensaba, que como estaba en su naturaleza, la Targaryen lucharía para sentarse una vez más en el Trono de Hierro.
El señor de Winterfell no pensaba que Daenerys era débil de ninguna manera. Por el contrario, creía que tenía que ser observada y por eso le dio esa tarea al único hombre en el que podía confiar plenamente: su hijo.
Robb estaba orgulloso porque su padre lo hubiera elegido para la tarea, pero también muy triste ante la perspectiva de su futuro. Siempre había querido una familia como en la que él había nacido, pero sería difícil teniendo en cuenta el odio que debería estar sintiendo su actual esposa por él.
Contra todo lo que podían creer, él no la odiaba, no podía.
Por lo menos a caballo por el bosque le dio tiempo para pensar en lo que haría al llegar a su destino.
Mirando hacia atrás, Daenerys estaba con la cabeza en alto, mirando como la reina que no podía llegar a ser. Detrás de ella sus doncellas murmuraban en su lengua y luchaban con los vestidos que les habían dado, sus viejas ropas hubieran sido mal vistas, Robb soltó una carcajada al verlas. Cuando Daenerys lo noto, ella también miro hacia atrás y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
¿No podía sonreír más a menudo? Sonrisas como esa podían calentar su congelado corazón.
Estaban evitando el camino real apropósito, en caso de que alguien pudiera reconocer los rasgos característicos que Daenerys poseía. La sangre de Dragon era legendaria ahora, y sabiendo lo mucho que querían erradicarla, Robb temía que tendría que empuñar su espada contra un hombre desarmado.
Tenía que admitir que era una mujer valiente, no se había quejado ni una sola vez en todas las horas que habían pasado sobre los caballos, seria tal vez porque estaba acostumbrada, al ser la reina de una Khalasar.
Le molestaba mucho el no poder olvidar lo que había pasado en la mañana. Le afectaba a su mente y juicio el recordar como su cuerpo y labios se sentían contra los suyos. Sus curvas suaves y su carne caliente. Olía a flores silvestres y sabia a algo azucarado.
Esos pensamientos llenaban su mente, pero se alarmó al darse cuenta de la joven pareja que bajaba por el solitario camino. Si no hacía algo seguramente serian vistos y desde una distancia muy corta, lo suficiente como para dar una descripción detallada de ellos.
Refunfuñando entre dientes, maldiciendo su suerte, Robb desmonto del caballo y obligo a Daenerys a hacer lo mismo.
– ¿Qué es esto? – pregunto Daenerys con rabia, como si fuera su lacayo y la hubiera insultado.
La miro con fiereza – la gente en el camino, tenemos que ocultarnos – jalo a los caballos fuera del camino y tiro de su brazo para que pudiera seguirlo rápidamente.
– Para – dijo con los dientes apretados mientras el apresuraba sus pasos para atar a los caballos detrás de unos árboles que proporcionaban una cobertura suficiente – dije que basta – exclamo Daenerys y tiro de su brazo.
No por primera vez, al menos mientras estaba enojado, se sintió con un Lobo, gruñendo – yo soy tu marido – dijo como si eso significara algo, como si podría tener poder sobre ella gracias a la horrible boda.
– No hasta que me tomes en la cama – escupió de vuelta con veneno.
– ¿Prefieres tener la cabeza en una estaca? – la paciencia de Robb estaba llegando a sus límites. Era como si supiera que cuerdas jalar para hacerlo sentir inútil.
– ¿Es mejor que ser tratada como prisionera de niños?
No había tiempo para discutir, para finalmente mostrar la aversión mutua y el cómo fueron afectados por las circunstancias. No tenía tiempo para explicar sus razones, necesitaba que coopere, pero estaba furiosa, debido a su rechazo en la mañana o simplemente, el hecho de que había sido obligada a casarse con él, no lo sabía.
– Solo ocúltate – resoplo derrotado.
– No veo porque razón – respondió obstinada.
– ¿Te cuestionas todo?
– Yo no recibo ordenes – sus cejas se arquearon en un gesto desafiante. Dejaron de prestar atención cuando las doncellas caminaron delante de los caballos directo hacia la pareja.
– ¿Qué están haciendo? – dijo Robb entre dientes, dispuesto a perder su mente gracias a las obstinadas mujeres que lo acompañaban. Si tenía que arrastrarlas a un escondite.
Daenerys lo hizo callar y tiro de su brazo para que se esconda detrás de unos árboles y unos arbustos, que les permitiría ver detrás de unas ramas y hojas – silencio.
– ¿Así que yo si tengo que recibir órdenes? – sus cejas se arquearon con diversión y un poco de rabia.
Sonrió burlona – yo soy tu esposa – en ese momento sus cejas casi golpearon el nacimiento de su cabello – una mujer es más inteligente que un hombre, se sabe – añadió con humor y triunfo. Ella había ganado este pequeño juego suyo, tenía que admitirlo.
Mientras tanto en el camino, Irri, Jhiqui y Doreah distraían a la pareja. Bueno seducían al hombre, que parecía más que satisfecho con la atención recibida por parte de esas criaturas hermosas, pero la mujer, muy probablemente su esposa, parecía furiosa, por lo que rápidamente lo aparto de las tres risueñas mujeres Dothraki.
La pareja estaba demasiado enfrascada en sus problemas para notar el ataque de risa que tenían Daenerys y Robb.
– Más inteligentes ¿eh? – bromeó.
– Se sabe – respondió Dany, desempolvando su vestido para poder continuar con su viaje.
Dejó de preocuparse por el constante curioseo de Grey Wind y su fascinación por las cestas que llevaban las doncellas. Robb no tenía tiempo para investigar qué era lo que llamaba tanto la atención del Lobo Huargo, probablemente solo era el extraño olor de la tierra extranjera.
Los caballos galopaban por el bosque, pero su casa parecía estar tan lejos, Robb deseaba poder volar. De hecho acababan de pasar el Cuello y el frio era más perceptible ahora. Como la noche se acercaba sabía que tenían que encontrar un lugar para dormir.
En su caballo, Daenerys tembló pero trató de esconderlo bajo una máscara de indiferencia. Era casi risible.
Robb frenó su caballo para que se coloque a la misma altura que él. Cuando estuvo a su altura, tomó su abrigo de piel y lo coloco sobre sus hombros, sorprendiéndola cuando el peso cayó sobre ella.
– Pieles como estas no son comunes en el sur, pero muy bienvenidas en el norte – bromeo antes de señalar a sus sirvientas, cuyos dientes castañeaban, mantos como estos eran parte de su nueva vestimenta. Al parecer su madre había pensado en todo, como la mujer inteligente que era.
Tan pronto como encontró un lugar para resguardarse, no cometió el mismo error y esta vez monto guardia fuera de la habitación junto con Grey Wind.
Acaricio la cabeza del animal con fuerza y afecto, se preguntó nuevamente si podía hacer el papel de Lord de Winterfell mientras se preocupaba de una mujer que era más peligrosa que su Lobo.
¿Alguna vez sería capaz de dormir de nuevo, sabiendo que quería su cabeza en una estaca?
– ¿Tienes miedo de mí, Lobo? – preguntó Daenerys la última mañana de su viaje, mientras atravesaban la espesura del bosque.
Estaban en sus tierras ahora, pero eso no significaba que no había ningún peligro por ahí. Por lo que sabía, los traidores podían estar en cualquier parte, había aprendido a no confiar tan fácilmente desde el día en que su hermano había sido el blanco de un asesino por segunda vez.
– No – respondió, y estaba siendo honesto. No tenía miedo de ella, sino de lo que podía decirle, de lo que podía hacer con el – ¿tú me temes?
– Por supuesto que no. Soy un Dragon. Fuego y sangre ¿Por qué tendría miedo de un Lobo de invierno?
– Debido a que el viento de invierno sopla las llamas y congela la sangre, junto con el aullido de un Lobo a la distancia – la miro con seriedad, y no estaba seguro de lo que vio en sus ojos, pero parecía menos reina y más una niña – se acerca el invierno.
Fue el primer argumento en el que tuvo la última palabra.
Tal como había planeado, llegaron a Winterfell en la oscuridad de la noche. Quería pasar desapercibido, buscando refugio bajo las sombras de la noche.
Los guardias lo reconocieron de inmediato, no hicieron preguntas y Robb estaba agradecido de ello. No estaba de humor para responder preguntas de nadie. Pero, por supuesto, la suerte no lo acompañó, y no mucho después de su llegada y mientras los sirvientes aun los estaban ayudando con sus bolsas y pertenencias, llego Theon.
Robb puso los ojos antes de que su amigo pudiera abrir la boca.
– Llévala a mis aposentos – murmuro Robb a una criadas que pasaban, una de las que podía recordar desde bebe, siempre fiel a los Stark. La mujer asintió secamente y se acercó a Daenerys.
Robb no se molestaría en seguir cada uno de los pasos que su mujer daba, ahora que estaban dentro de Great Keep. Estaba a salvo detrás de esas paredes, o tan a salvo como el, por lo menos.
Robb se apresuró a entrar al castillo, y después de unos segundos oyó los pasos familiares de que alguien lo seguía.
– ¿Así que ella es la última de los Targaryen viva? – Theon hablo con una voz llena de diversión y travesura – ¿es tu prisionera? ¿Vas a mantenerla? ¿El rey la envió como un regalo para que pudieras hacerle lo que quisieras?
El tono en esa última pregunta obligo a Robb a darse la vuelta bruscamente. Miró a Theon con desdén que no duro mucho. Estaba cansado y tenía la cabeza llena de preguntas sin respuesta.
– Es mi esposa – le espeto simplemente, los ojos de Theon se ampliaron.
– Así que es para que hagas lo que quieras – dijo Theon siguiéndolo una vez más cuando Robb empezó su camino a las cámaras de Bran – pensé que era la reina de unos salvajes ahora. Ya sabes lo que decían, que la Targaryen quería reinar algo y había encontrado su lugar. Algún Lord caballo era su Rey – una risa cruel salió de los labios de Theon.
Los puños de Robb se apretaron, sintiendo el enojo propagarse por su interior. Hizo caso omiso de las palabras y la repugnante sensación en la boca del estómago.
– ¿Al menos le mostraste que la podías montar mejor que un salvaje?
Eso quebró el poco control que le quedaba. No había dormido bien en semanas, había cabalgado la mayor parte del tiempo, su vida había dado un giro completamente, su madre, su padre y sus hermanas estaban en peligro. No planeaba pedir disculpas por tomar a Theon por el cuello y empujarlo contra la pared.
– Ella es mi esposa – gruño – por mucho que te divierta, esto no es una broma. Un día ella será la señora de Winterfell, respétala como tal.
Los grandes ojos de Theon no mostraban ningún miedo, más bien mostraban cierto disgusto por las palabras de Robb.
La gente decía que los Stark eran tontos por mantener su honor. ¿De qué valía el honor en tiempos de guerra?
– Eres como mi hermano – pronuncio Robb mientras soltaba suavemente a Theon – ¿está mal por mi parte pedir tan poco? Solo tengo que mantenerla a salvo y escondida el mayor tiempo posible, son órdenes de mi padre.
Ambos sabían cuan valiosa era la opinión de Eddard Stark para Theon, y como respondiendo a los sentimientos de hermandad de Robb habló – me asegurare de que nadie abra la boca – prometió solemnemente y observo a Robb entrar en las cámaras de Bran.
Era una carga pesada él ser leal a quienes se amaba.
Después de comprobar a sus hermanos menores, asegurándose que Bran este tan cómodo como podía, teniendo en cuenta su estado actual, y Rickon era al menos el mismo alborotador que conocía, Robb se dio cuenta que se había convertido en un hombre de la noche a la mañana, sin una advertencia.
Entrando en su habitación, casi había olvidado que ya no era el único dueño.
Daenerys estaba de pie delante de la chimenea, usando solo un camisón y su cabello platinado caía en cascada por su espalda. Parecía una visión.
– Pensé que no compartirías habitación conmigo – dijo ella cuando cerró la puerta detrás de suyo.
– Eres mi esposa – respondió simplemente, antes de mirarla a los ojos – de acuerdo contigo no, pero tenemos que fingir.
– Tienes que observarme, como un guardián.
– Tal vez – respondió, sentándose en el borde de la cama y tirando de sus botas.
– Tú no eres mi dueño.
– No lo soy.
Parecía sorprendida con su respuesta, la mirada le convenía.
– Estoy cansado – exhalo – lo que piensas que siento por ti esta probablemente erróneo. Yo no te odio, ni te tengo miedo, no estoy molesto por el matrimonio. Estoy cansado porque mi mundo cambio en cuestión de semanas.
Daenerys se acercó lentamente, como si fuera un animal herido que se asusta fácilmente. Se colocó entre sus piernas y enterró sus manos en su pelo, para que la mirara a los ojos.
Sus dedos acariciaban el cuero cabelludo con dulzura, era como si lo hipnotizara.
– Eres un criatura tan extraña, Lobo – susurro – tan diferente a la mayoría de los hombres. Honesto hasta un punto al que no deberías.
– ¿No quieres que te hable con la verdad? – su voz estaba llena de sueño.
Ella se rio – solo a mi ¿Mentirías si te lo pidiera?
– No.
– Pero lo haces para tu padre.
– Para mi familia.
– Yo también soy tu familia ahora.
Suspiro – tal vez algún día.
Ella se rio – tan honesto, tan ingenuo.
Sus manos llegaron a su cara y la atrajo hacia el para que sus labios se posaran ligeramente contra su frente – tan amarga, tan fría, no vas a sobrevivir en el norte sin esperanza.
