Gracias a: Nami, Evangeline Odette, blueviolet01, Bastard Tendencies, sesshhoxcris, Lilliana1118, TIERNA ORFELINA, Raquel16SesshxRin, mayraruiztorres3 Arovi y un anon que me ha reclamado por VB y MMHI, jajajaja.

El primer capitulo tuvo buenas respuestas, gracias a los reviews, a los favoritos y a las alertas! Espero que les guste el giro que la historia va a dar y que vayan sufriendo junto con Kagome, por que yo sufrí y lloré cuando escribí esta escena u.u (hace más de un año, pero todavía me acuerdo jaja)

Espero leer sus comentarios y sus opiniones para este capitulo, besos!


2.

― ¿Dónde estabas? ―su padre habló.

―Creo que ya lo sabes. ¿O no mandaste a todo tu sequito de perros a que me vigilaran?

Kato frunció el ceño.

―Vienes ebria.

―Así es. ¡Ebria como una chica que se tomó varios tequilas en un bar de mala muerte!

Kato suspiró fuertemente.

― ¿Qué no puedes ser un poco más como tu hermana? ―Kagome rodó sus ojos―. Ya le hemos conseguido marido y pronto se comprometerán y se casaran. Rin es tu hermana menor, tú deberías de ser el ejemplo.

― ¡No me voy a casar con un desconocido, papá! Yo no soy Rin. Nunca voy a ser Rin ―habló arrastrando las palabras―. Me llamo, Kagome. KA-GO-ME. La verdad es que no es muy difícil de pronunciar. ¡Recuérdalo para la próxima! ―le gritó furiosa.

― ¡Basta! ―gritó él. Kato era un hombre intimidante; 1.85, cincuenta años, cabello negro, ojos negros, tez morena, nariz recta, mirada amenazante y tenía bastantes cicatrices por todo el cuerpo y una en el rostro que le hacía lucir tenebroso―. No tolerare que mi hija me hable así bajo mi propio techo.

Kagome lo ignoró.

―La vamos a perder, papá. La vamos a perder así como perdimos a mamá ―soltó con rabia. El rostro de Kato se ensombreció. Pocas veces Kagome sacaba a flote el tema de su madre muerta, nunca lo hacía, de hecho. Pero estaba ebria, hablaba verdades que no podían dejar de salir―. Estas metiendo a Rin a la boca del lobo, nunca no la devolverán. Y si sigues con tus matrimonios forzados, me vas a terminar perdiendo a mí también. Y te quedaras solo, ¡sol-

Kato le pegó una bofetada antes de que ella pudiera terminar una sola oración.

― ¡Fuera! ¡Largo de mi casa! ¡Largo de mi propiedad! ―le espetó molesto.

Kagome irguió la cara con un semblante serio y tranquilo. Estaba muy ebria, pero no se iba a permitir llorar frente a él. Ya había sufrido bastante dentro de ese mundo, su padre la trataba como a una muñeca, como a un trapo que no podía caminar.

― ¡De acuerdo! Me voy de tu casa ―le dijo viéndole con rabia, dolor y sin lágrimas―. Pero te juro por la madre que una vez tuve y que mataste ―Kato retuvo el aire―, que nunca volverás a saber nada más de mí.

Kato la observó dar una media vuelta. Tragando en seco, frunció el ceño como hacía mucho no lo hacía. Su hija se estaba yendo y él era demasiado orgulloso para ir tras ella y detenerla. Kagome ya le había hecho muchas de esas; me voy de la casa, papá. ¡Nunca más volverás a saber nada de mí! Y a los pocos meses, regresaba con la cola entre las patas, arrepentida, queriendo estar cerca de su padre y de su única hermanita, los necesitaba. Pero esta vez…esta vez era diferente, estaba ebria, y había jurado sobre su madre, sobre su única madre, que nunca más volvería a escuchar nada de ella.

La vio caminar en esos tacones que el odiaba, tambaleándose como una prostituta. Retuvo unas lágrimas sabiendo que tal vez Kagome estuviese diciendo la verdad y que no la vería en un largo tiempo.

LMDLM―

Maldita sea… ¿ahora a dónde carajos iba a parar? No quería saber ya nada de su familia, todos sus tíos también estaban involucrados, todo el mundo terminaba involucrado en ese negocio.

Rin… Rin terminaría metida en eso hasta los huesos, ni siquiera quería imaginar que pasaría con ella. Había conocido al hombre que le habían elegido; era el mayor del clan Taishō, era un hombre alto, de cabellos platinados, con un porte excelente y un rostro serio. Era muy guapo, siempre vestía con trajes y parecía un hombre de negocios de la ciudad, pero en realidad eran puros negociosos sucios.

El clan Taishō era conocido y reconocido por ser el mejor clan en manejar el lavado de dinero, eran expertos y los mejores. Por eso su padre quería casarlas con los hermano Taishō; se formaban alianzas, nuevos emporios, y nacían nuevos clanes, cosas de esas. Rin había sido tan tonta para ver a aquel hombre como el príncipe con el cual siempre había soñado. Aceptó porque había estado segura que ese hombre era para ella y que ella era para él, Rin y sus cosas. El otro hermano Taishō era un verdadero desastre, si a ella le preguntaban, era el menor y era con el que intentaban casarla a ella.

Ella no había aceptado, no quería comprometerse con un extraño, no a las expensas de las conveniencias de otros. Clanes de esto, clanes de aquello, bah, que se los metieran todos por el culo. Ella no quería estar involucrada en eso, no más de lo que ya lo estaba por ser hija del yakuza más importante de todo Japón.

Si tan solo mamá no hubiera muerto… ella supiera que hacer, que decirme.

Pero su madre ya no estaba ahí, y Rin tampoco.

Estaba sola.

Caminaba sin rumbo, era tarde y las calles estaban vacías. Varios maleantes ya se le habían acercado, pero al reconocerla le habían rehuido como si fuera peste. ¿Qué no podía ser una chica normal? No, claro que no, no lo era; era una chica mala, le gustaba, eso era. No podía cambiarlo, su padre no había tenido la culpa de aquello, no la muerte de su madre, no nada. Estaba en sus genes, suponía, estaba en ella desde que tenía memoria. Había sido ella la que había querido practicar con armas cuando pequeña, a la que le gustaba el color y el olor de la sangre.

Ahora estaba sola, en realidad sola. ¿Qué haría? ¿Sango? No, su padre rastrearía a su mejor amiga, sería la primera en ser interrogada.

Pero era la hija de su padre; tenía una mente siniestra que pocas veces dejaba ver. Era buena protegiéndose a sí misma, escondiendo cosas, escondiéndose, yéndose sin dejar pistas o huellas. Le gustaba ser escurridiza porque podía serlo y porque era buena siendo escurridiza. Tenía rutas de escape, gente de confianza, amigos que había hecho por pura conveniencia y también tenía una facilidad increíble para mentir y salirse de problemas. Era natural, era la hija de Kato Higurashi.

Siguió caminando por las calles de Tokio, era una ciudad muy bonita, grande, llena de gente de todos los colores y para todos los gustos, con comida exquisita. No solo era Japón, eran muchas partes de todo el mundo, había sabores y colores de todas partes del mundo.

Kagome tenía veintitrés años, era muy guapa, hablaba cuatro idiomas y era alta como una modelo con un rostro muy bonito. Nadie pensaría que esa chica bonita de rostro lindo e inocente fuese la hija de Kato Higurashi, la única que se creía ese cuento era ella misma, nadie se imaginaria que fuese hija de ese ser tan temible y tan poderoso. Ninguna de sus hijas se parecía al hombre, eran demasiado tiernas, inocentes, lindas, eran igual a su madre; Naomi Higurashi había hecho un buen trabajo como madre.

Todos adoraban a la mujer, no solamente porque fuese la esposa del jefe yakuza más importante de todo el jodido Japón, pero también porque era una mujer con una infinita bondad. Era imposible como Kato y ella habían congeniado tan bien; él era un hombre fuerte, poderoso, serio, un hombre que no sonreía y que era estricto y tenía una mirada amenazante. Ella era todo lo contrario, era una mujer dulce, sonriente, alegre, con mucha paciencia y con mucho amor a la cocina; cocinaba para todos, para todos los criminales que eran lacayos de Kato. Le sonreía a todos, hasta a los más malditos, no juzgaba a nadie, vivían en un mundo en donde juzgar era una hipocresía y en donde señalar con el dedo cobraba vidas. Y ellos eran la pareja más feliz del mundo, eran felices, eran puro amor. Después vino Kagome y le siguió Rin, dos niñas de cabello negro, con ojos cafés muy grandes y con rostros de porcelana y con aires europeos. La señora Naomi era una mujer europea, nacida y criada en Italia, había conocido a Kato en un altercado que se había dado entre la mafia italiana y la japonesa, las miradas habían sobrado, fue amor, amor a primera vista que ahora solo quedaba de recuerdo.

Pero ahora que la señora Naomi había muerto y que Kato se las apañaba el solo para criar a dos hijas que ya estaban bastante creciditas, el asunto se le había ido de las manos; no podía con Kagome. Rin por otro lado, era una chica dócil, sumisa, linda y obediente. Pero Kagome Higurashi no se dejaba mangonear, no por su padre, no por nadie. Ella era ella sola, le gustaba la vida independiente, le alegraba el corazón estar sola. Era buena estando sola, era ella y nadie más. Ahora más que nunca se quería alejar de su familia, ya no había familia. Su padre se quería deshacer de ella, haciéndola a un lado mientras la casaba con un desconocido y él seguía siendo el hombre más poderoso de Japón pretendiendo que no tenía hijas. Pues ahora le iba a dar el gusto y el placer de quedarse solo. Si tanto trataba de apartarlas, ella se iría solita. No necesitaba de su padre, no necesitaba de Rin, no necesitaba de ese hombre desconocido con el que la querían casar. Se necesitaba a ella y con eso mero bastaba.

Deja un review para que a Kagome no se la violen en la calle :(