Era un día caluroso de verano, el sol iluminaba la pequeña casita del árbol que veía desde mi ventana. De pequeña me gustaba pintarla en mis cuadernos de dibujos, no sólo con pájaros sino también con hadas y seres fantásticos.

Estaba medio endormecida con la cabeza divagando en extraños pensamientos, de pronto me podía aparecer un lago, como un lápiz, como una hada y como la cara de un completo desconocido; una cosa extraña que no me disgustaba del todo. Pero todo esto se detiene cuándo desde la ventana veo algo brillar en el suelo, un objeto extraño que captiva toda mi atención.

De pronto estoy corriendo escaleras a bajo para ir a cogerlo y contemplarlo mejor, cuando al final de las escaleras veo un niño que nunca había visto, y no se si son imaginaciones mías o no, pero veo la mesa del comedor de detrás suyo a través de él.

Es tan grande la sorpresa que tropiezo con mi propio pie y acabo bajando las escaleras rodando por los peldaños.

Pero el niño sigue ahí impasible mientras lo continuo mirando cada vez más asustada. Es un niño de no más de 9 años con la vista perdida pero con determinación mirando algo que no llego a ver. Su tez es muy pálida, más todavía por el echo de ser medio transparente, pero la forma de su cara y el pelo rubio me resultan muy familiares como si a ese niño ya lo conociera.

- ¿Eres Claire?- me pregunta con una voz susurrante.

Tardo unos instantes en saber quién es quien lo ha dicho, ya que el niño no ha movido la boca.

- Si- contesto.

- Entonces tienes que marcharte de aquí ahora mismo-

- ¿Por qué?-

- Hay alguien malo ahí a fuera-

- ¿Quién?-

Mira en dirección al jardín y dice:

- Corre, escápate- antes de desaparecer.

Miro la mesa del comedor durante unos segundos más antes de darme cuenta de que vuelvo a estar sola. No sé si he enloquecido pero no me parece que haya nadie cerca, además si hubiera alguien ya lo habría oído...

Unos golpes en la ventana me hacen dar un salto y me ponen la piel de gallina, antes de que pueda girar la cabeza para mirar la ventana oigo como se abre la puerta de entrada, asustada y con las palabras del niño aún recientes, voy de cuclillas hasta la parte contraria de la casa; hasta la casa del árbol.

Se me acelera el corazón a ver sombras acercándose, intento mantener la calma y respirar tan silenciosamente posible para poder salir por la puerta del patio sin hacer ruido.

Parece que los que han entrado en casa, no saben si hay gente o no, pero una cosa tengo clara, sus intenciones no son buenas.

Entro en la cocina de espaldas, dando la cara a la sombras que me rodean. Me giro despacio para ver que la puerta de la cocina está abierta y una parte de mi se pone eufórica por salir, así que lo más rápidamente que puedo y sin hacer ruido salgo al patio de la casa del árbol y me escondo en él. Sin saber que detrás tengo las sobras.

Cuando oigo las pisadas, ya es demasiado tarde. Pero veo una cosa brillante en el suelo que intento coger. Y antes que las sobras me toquen, toco el objeto brillante y desaparezco.