Atrapasueños
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 1
Su corazón comenzó a latir de prisa cuando se había ocultado tras la cortina recogida. Theodora lo miraba tratando de buscar también una explicación.
—¡Wuff!—ladró en la puerta para que Terry le abriera.
La perrita salió escaleras abajo, Terry permanecía aún con el corazón acelerado, esa chica lo dejaba aturdido. Era tan hermosa, única, pensó sin aún conocerla lo suficiente. E inalcanzable, suspiró con tristeza.
—¡Wuff!—Theodora ladró en su puerta una vez más y él la abrió. Venía con su gorro en la boca.
Terry se lo puso y se asomó en la ventana una vez más, pero Candy ya no estaba, las cortinas estaban corridas.
—Awwnnn...—Theodora emitió un triste quejido y rozó su cara en la rodilla del chico.
—Terry, la cena está lista.— Dijo Eleanor en la puerta sin entrar.
Bajó, se sentó a la mesa con su madre y con pocas ganas se servía la ensalada y la pechuga de pollo. No encontraba el modo de comer, pese a que su enfermedad le había dado una buena tregua, no sabía por cuánto tiempo sería, tal vez para siempre, o tal vez volviera sin aviso así como llegó a su vida.
—Cariño, cambia esa cara, no tenemos razón para estar tristes hoy. Estás aquí, conmigo, sano...
—¡Wuff!—se acercó la perra al comedor con algo en la boca.
—¿Qué es esto, Theodora?—le sacó el objeto de la boca.
—Me parece que es un llavero...—dijo Eleanor.
En efecto, era un llavero, uno muy especial, simulaba un atrapasueños, la llave tenía una inscripción:
"Atrápalos, pero no los encierres"
En la parte posterior de la llave también había una inscripción, más bien una dirección, la de Candy. Debió haberla perdido.
—¿Sabes de quién es?—preguntó Eleanor distraída.
—Los de la casa de enfrente... debe ser de la chica White...
—Ah... ¿la conoces?
—No exactamente...—Eleanor lo miró con curiosidad.
—Cuando termines de cenar la devuelves.
...
Eran las cinco de la tarde, más o menos, Agnes aún no llegaba y Candy estaba muy aburrida. Salió hacia el frente de la casa, había un manzano y estaba repleto, se le ocurrió recoger algunas manzanas e intentar hacer un pie.
Se levantó y estiró la camiseta y en ella iba poniendo las manzanas que arrancaba, hubo una que no alcanzaba bien, se estiraba y hacía maniobras para cogerla, su pie se metió en una raíz sobresaliente en el suelo, perdió el equilibrio y cayó con todo y manzanas.
—¿Estás bien?—Terry se apresuró a ayudarla a levantar.
—¿Qué haces aquí?—preguntó ella con mal genio, pero no porque estuviera molesta con él, sino por la vergüenza de que la había visto caer.
—Iba a llamarte, pero entonces fue cuando te caíste... ¿te lastimaste?
Terry le revisó las manos y los brazos, le sacudió los residuos de hierba, hojas pequeñas y tierra que se le habían pegado a la piel.
—Sí, estoy bien... no quise ser ruda, es que... caerme en frente de alguien no es nada atractivo...—le dio una sonrisa, otra vez esa sonrisa que hacía que el corazón se le parara.
—No te preocupes... yo... vine a devolverte... esto...
—¡Oh! Llevaba casi dos días buscándolas... ¿cómo es que tú...?
—Las encontró Theodora.
—Gracias. Dile que más tarde le llevaré una Scooby-galleta.
Ella volvió a sonreir y se quedaron mirándose. Ella era hermosa para él, sencilla y hermosa. Tenía un jean corto, una camiseta azúl y zapatillas Converse, su pelo lo llevaba recogido en un moño desaliñado y juvenil debido al calor infernal, sus mejillas estaba rojitas por el sol.
Se fijó que era una chica baja, rió para sus adentros cuando luchaba por coger aquella manzana que nunca alcanzó. Él la arrancó con toda facilidad y se la dio.
—Utiliza una escalera la próxima vez. O pide ayuda.—le sonrió y le guiñó un ojo.
Fue a ella a quien se le aceleró el pulso. A pesar de que su rostro lucía un poco pálido, sus rasgos eran hermosos, sus ojos tenían un azúl tan intenso esa tarde, sus cejas eran pobladas, pero bien delineadas, sus labios eran delgados y varoniles, la nariz era recta, ligeramente perfilada, era alto, al menos bastante más que ella. El gorro que siempre llevaba le daba cierta gracia personal y autenticidad, de pronto ella recordó cuando lo vio en la ventana, calvo... ¿será que...?
—Bueno, suerte con ese pie.— le dio la espalda para marcharse.
Ella no quería que se fuera, sentía que se le apretaba el pecho. El chico siempre, bueno, las dos veces que había interactuado con él siempre había sido amable y educado, a pesar de haberla espiado cuando se vestía, ella no había sido muy amable con él y de pronto se sintió mal.
—¿No te gustaría acompañarme un rato?—Él se volvió hacia ella, tragó hondo, el corazón le latía locamente otra vez.
—¿Quieres que te acompañe?
—¿Por qué no? Bueno, a menos que ya tengas planes... o una novia celosa...
—Jajajajaja.—no pudo evitar reirse. Una novia... él había tenido una novia, ella se había mudado a otra ciudad, mantuvieron la relación a distancia, luego vino lo de su enfermedad... todo se disolvió.
—¿Por qué te hace tanta gracia? ¿A caso dije algo estúpido?—sonrió y se echó un mechón rebelde detrás de la oreja.
—No lo sé, pregúntaselo a mi novia celosa.
—Bueno, si tienes novia, olvídalo... yo sólo...
—¿Ya conoces bien la zona?—la interrumpió.
—Más o menos...
—Entonces te llevaré de paseo.
—Vale.
Candy lo siguió, pero vio que se detenían en su casa, en seguida volvió a desconfiar.
—¿Por qué nos detenemos aquí?
—A mi novia celosa no le gusta que vaya a ninguna parte sin ella.
—¿No estarás hablando en serio?—comenzaba a enojarse.
—Tranquila, le diré que eres sólo una amiga.
—¿Te crees muy cínico, no?
Terry ignoró su molestia y silbó, en seguida Theodora salió muy contenta con el collar en la boca.
—¿Te... te referías a la perra?—preguntó sintiéndose tonta y avergonzada.
—¿Tú qué creías, Pecosa?
—Yo... ¡bah!
Esa vez, Theodora no le ladró, se acercó a olerla y movía el rabo contenta, la miraba muy alegre, dando alegres ladridos y algo retozona.
—Le agradas.
—¿De verdad? Porque el otro día quería comerme...
—Eso era cuando no te conocía, pero ya te acepta. Sóbale la mollera, le gusta.
—Eh...
—No te va a morder, te lo prometo.
Con renuencia, Candy acarició la mollera del animal, comprobó que lo que decía Terry era cierto, Theodora cerró los ojos y comenzó a frotar su cara en las suaves manos de Candy, la rubia sonrió y la siguió acariciando, hasta que Theodora se paró en dos patas y le colocó las otras dos en el pecho a Candy, se le detuvo el corazón de miedo.
—¡Oh!
—Theodora, no te pases, abajo.
Cuando la perra se bajó, Candy suspiró con alivio. Había vivido segundos de terror.
—Jajajajajaja.—Terry comenzó a reirse como demente.
—¡No es gracioso!
—Lo siento... es que tu cara... Jajajajajajajaja.
Mientras más se reía, más se molestaba Candy, pero luego... al verlo reir con tantas ganas, de pura alegría y lo bella que era su risa no pudo evitar contagiarse y comenzó a reirse también.
—¡Wuff!—Theodora con el collar en la boca les recordó que tenían un paseo pendiente.
Candy seguía a Terry por el hermoso y bien conservado vecindario, iban hablando de todo un poco, pero Terry no descuidaba el agarre de Theodora, era una perra grande y fuerte, se le escapaba en ocasiones.
Pasaron la zona en que habían casas y llegaron a una parte donde sólo había árboles y terreno, la gente solía caminar, correr, yoguear por esas áreas, aunque era algo solitaria, era bastante segura, además siempre la policía patrullaba la zona para evitar los vandalismos, pues cerca había también un parque de niños y un lago.
—Me gusta esto aquí...—dijo ella, ya habían dado las seis, el sol había cedido brindando los matices de un hermoso atardecer.
—Acampamos aquí una vez. Fue hace muchos años, pero nunca lo olvido.
—¿En serio? Yo siempre he querido acampar, pero mi madre siempre lo pospuso y lo pospuso hasta que ya crecí.
Se sentaron cerca del lago, Terry le lanzaba troncos a Theodora para que los buscara.
—Yo sólo acampé una vez, tenía cinco años, es de los únicos recuerdos que tengo de mis padres juntos...—se denotó tristeza en él.
—Sé lo que es. Los míos nunca han estado juntos desde que tengo memoria. Mi madre siempre fue una madre soltera...—sobó a Theodora que se había arrellanado junto a ellos, ya le iba tomando confianza.
—¿Te llevas bien con tu papá?
—Sí. Aunque lo veo poco, pero el tiempo que paso con él es genial.
—Tienes suerte.
—¿Tú no te llevas con el tuyo?—él dio un largo suspiro.
—Él tiene otra familia y no es lo mismo. Cuando estoy con ellos, sé que no pertenezco ahí...
—¿Te tratan mal?
—No. Es diferente... ellos son una familia normal... se sientan todos a la mesa, preguntan como estuvo su día... va a los partidos de fútbol de mi hermanito y a los recitales de piano de mi hermana, hacen barbacoas los domingos...
—Eso suena muy bien.
—¡Pero yo no tengo nada que hacer ahí!—se alteró sin querer.
—Entiendo que quisieras que eso lo hubiera en tu casa, con tu mamá, pero...
—Yo soy el hijo enfermo que sólo está para opacarles su vida perfecta.
A Candy se le aguaron los ojos tras confirmar sus sospechas. Pasó su mano por la cabeza cubierta por el gorro.
—¿Cuándo fue que te enfermaste?
—Hace un año.
—Lo siento...—lo miró con los ojos aguados llenos de sinceridad, lo miraba con tanta compasión y con algo muy distinto a eso, era muy guapo.
Era una chica en una estapa de su vida confusa, muy solitaria, pero el alma de Terry la atraía, le despertaba cosas. Sus ojos fijos en ella, la tristeza que emanaba de él... no supo por qué ni en qué estaba pensando, pero se acercó un poco hacia él y ligeramente rozó sus labios.
Todo en Terry se movió. Todo su mundo se balanceó, le gustaba ella, le gustaba mucho, pero tenía los pies sobre la tierra y sabía que era inalcanzable... ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué darle alas?
—No tienes que hacer esto.—dijo con voz ronca y molesto.
—¿Hacer qué?
—¡Fingir que te gusto!
—¿Qué?—preguntó desconcertada.
—Sé que sientes lástima y es normal... pero no tienes que... no tienes por qué llegar tan lejos.—se puso de pie y Theodora hizo lo mismo.
—No fue lástima...—explicó con los ojos llorosos.
—¿Y qué fue entonces? No creo que de pronto te hayas enamorado de mí.— se quitó el gorro, menospreciándose a sí mismo.
—¡No lo sé! Sólo sentí hacerlo...
—¿Sentiste hacerlo? ¡Ja!
—No volverá a pasar. ¡Eres insoportable!—tomó el gorro de mala manera y se lo lanzó contra el pecho a la vez que emprendía la marcha de vuelta a casa.
—¿A dónde vas?
—¡Me largo!
Se iba muy dispuesta, pero a Theodora le dio por seguirla, ponérsele en medio y hacerle la vida imposible.
—Dile a tu mascota que se quite de en medio.
—Lo siento, Candy. No lo pude evitar.—se le acercó, realmente arrepentido y se puso el gorro.
Ella tenía mucho en la cabeza. Sus emociones se agolpaban. Había sido muy lanzada, no sabía por qué había hecho eso, realmente no lo había besado, sólo se había acercado y rozó sus labios con los suyos... eso estuvo mal, terriblemente mal. A penas lo conocía... ¿qué pensaría ahora de ella? Había heredado el defecto virtuoso de ser espontánea como su padre.
—Discúlpame a mí. Lo que hice estuvo totalmente fuera de lugar, tienes razón. Creo que me dejé llevar por el momento...
—Te llevo a casa.—ella asintió.
El camino de vuelta fue totalmente incómodo. Iban en absoluto silencio, con tímidas miradas furtivas y miles de frustraciones.
Ella no podía saber cuánto le gustaba, que todo su mundo temblaba cuando la veía, cuánto su corazón la anhelaba y todo lo que había sentido cuando ella se había acercado, el roce de sus labios que le había dado una descarga eléctrica. Hace un tiempo atrás no hubiera habido ningún problema. Ella no habría tenido que dar ningún paso, la hubiera conquistado y le habría devuelto el beso con creces. Pero ahora era distinto, él ya no tenía aquél encanto que hechizaba a las chicas, era un chico enfermo, sentenciado a muerte que no podría aspirar jamás a una chica como ella.
—¡Candy! ¡Por Dios! Pensé que te había pasado algo...—cuando llegaron, su madre la esperaba afuera y la abrazó como si no la hubiera visto en años.
—Mamá, estoy bien... y me estás sofocando, por favor...
—No te encontré en casa, no me contestabas las llamadas...
—Olvidé mi celular, lo siento. Mamá, él es Terry, vive en la casa de en frente...
—Mucho gusto, señora.—sonrió con timidez, sin atreverse a levantar la vista.
—Es un placer. Me alegra que Candy esté haciendo amigos.—ambos asintieron, pero no se miraron, sus mentes seguían siendo un mar de confusiones.
—Me alegro que haya encontrado a su hija... no se me ocurrió que estuvieran juntos, de haberlo sabido le habría ahorrado la preocupación...—apareció Eleanor.
—Lo importante es que están bien y que la próxima vez no se irán sin avisar, ¿verdad, Candy?—la pecosa rodó los ojos.
—¿Por qué no vienen a cenar esta noche?—ofreció Eleanor de pronto.
—Mamá...—murmuró Terry con los dientes apretados.
—Es lo menos que puedo hacer tras el susto...
—No quisiéramos molestarlos...—se excusó Agnes.
—¡Oh, tonterías! Estaremos muy contentos de que nos acompañen, ¿verdad, Terry?
Sólo se limitó a mirar a Candy, lleno de tensión.
Continuará...
¡Hola! Estoy enormemente agradecida con su apoyo, ha sido muy importante para mí. Quisiera publicar más seguido, pero mi vida está bastante complicada, hago lo que puedo y aunque no lo crean, no poder escribir tanto como quisiera me duele más a mí que a ustedes porque esto realmente lo amo, pero ando tan complicada por circunstancias en mi vida que me ocupan en cosas que no amo, pero que debo hacerlas porque son prioridad...
Gracias por sus comentarios:
wendy. 1987, Sofia Saldaa, norma Rodriguez, Rey, KriztCullen, Maride de Grandchester, Iris Adriana, MarceGrandcheste, vero, flaquita, ELI DIAZ, BRSLICO, Claus mart, Becky70, Guest, kira anima, Dali, clauseri, RAME, LizCarter, Ana, Mendes, Diana Villegas, skarllet northman, Luz rico, Dulce Lu, Luisa, thay, amo a terry
Hasta pronto!
Wendy
