Caminaba seguro, había estado en alguno que otro bar, que podía hacer? le encantaba beber y mas celebrar, y celebrar… aunque realmente no sabia que estaba celebrando, movió sus orbes color rubí hacia muchas direcciones, a pesar de haber bebido un buen poco seguía erguido, ya estaba en él beber todas las noches y ni el comprendía porque…

-será mejor dejar este mal habito.. –comentaba en voz alta, mientras caminaba por esas calles frías, oscuras de la capital germana, había algunas luces encendidas, pocas personas transitando, y bien? estaban a principio de invierno, y el frió era insoportable, era de saberlo..

Diviso un parque cercano, estaba un poco mareado, y no tenia intención alguna de volver a donde su hermano, se sentó tranquilo y suspiro, divisando el gran y majestuoso cielo negro, lleno de luces.

-..me pregunto.. ¿Que debe ser uno para poder llegar a ese lugar?…

-..De veras ser una estrella…

Abrió los ojos impresionado, acaso, Dios le había respondido? No, no, Dios no tiene una vocecita triste y quebrada…se voltio y no vio a nadie, entonces? ¿Estaba loco? ¿El alcohol surgía efecto? Cuando se preguntada todo esto sintió un sollozo muy bajito, miro hacia atrás, bajo la mirada y allí, estaba aquel muchacho de cabellos castaños, de sonrisa tonta, pero… y esa sonrisa tonta? Esa risa que por alguna razón le llamaba la atención? No le había visto por muchos meses, el siempre visitaba a su hermano... y? porque había desaparecido… y, curiosamente aparecido allí, debajo de el, llorando?

-i-ita-chan? –le llamo, el joven levanto la mirada y el peliblanco vio con asombro, aquellos ojos tan felices y expresivos ahora se teñían de.. lagrimas? Porque estaba allí, solo, en la noche, en el frió? Acaso dios le había puesto en su camino a…

-…que sucedió?...-su mirada se endureció, y aclaro su voz en demanda, el joven tembló.

-…nada, es..es solo que me perdí..-mintió el castaño, Gilbert sonrió tiernamente, ambos sabían que era una estúpida y tonta mentira.

Gilbert se levanto de en donde descansaba y se dirigió a donde se encontraba el italiano, se agacho y quedo a nivel del más joven.

-.....

-…se trata de quién creo…ya lo supiste?

-……-Feliciano abrió los ojos y le miro sorprendido, al parecer todos sabían, todos menos el… una razón mas para sentirse un inútil.

-ya veo... no sabias, no te culpo… cuando uno ya no desea nada con el otro debería decirle personalmente, claro, por cordialidad…

-era obvió no? Era muy obvió y… como siempre, siempre… fui el ultimo en enterarme…- entrecerró sus ojos con dolor, llamando nuevamente esas lagrimas tibias, pero esta vez fue diferente, esta vez sintió una suavidad un tanto tibia, las pálidas manos del germano estaban debajo de esos ojos, limpiando esas lagrimas, se sorprendió, mas sintió pena y vergüenza. Agacho su vista y por inercia abrazo al mas alto, este callo y devolvió el abrazo.

-…vamos… si te quedas aquí te resfriaras…-pronuncio con un vozarrón ronco y tranquilo.


La noche era un tanto quieta y callada.

Kiku se encontraba en la cocina, preparando el almuerzo para el día siguiente, metido en sus pensamientos, no dejada de pensar en que terminaría todo esto, no se sentía nada feliz al ver a sus 2 mejores amigos en ese estado, tampoco se sentía muy bien estando…entre ellos.. pero, el no deseaba el mal para el castaño, se sentía un tanto frustrado por estar en su posición…sin darse cuenta al voltear vio al rubio mirándolo extrañado, bajo la vista y entendió, entre sus pies estaban 2 platos rotos, pero como? Tanto pensaba que no se había dado cuenta?... era una vergüenza.

-…Kiku, ya, es muy tarde, no te esfuerces…-sonrió apenado, el nipón se sonrojo.

-p-perdón, no me di cuenta y…-se quedo en silencio al ver como el europeo se agachaba para limpiar el desorden.

-no hace falta que te disculpes…-una vez terminado, se incorporo y acaricio los cabellos del pelinegro, este se quedo quieto, observando como el otro se retiraba.

-…te debe doler mucho…porque…no soy un buen sustituto...verdad?


-Listo! no es mucho, pero al menos nos servirá para pasar la noche…-comentaba apenado Gilbert al abrir la puerta de aquel hotel al paso, sin duda, el no quería ni aparecer por su casa.

-…tan malo es regresar al hogar?...-el alto le miro extrañado, porque ya no reía como antes? Estaba quieto, el no era así, no, no le recordaba así, aquel muchacho enfrente de el…

-…creo que no entendí… al menos no me rendí fácilmente…-sonrió avergonzado, con una pizca de amargura, se sentó en la cama, mirando a un costado perdido en sus pensamientos, aquel sol ya no alumbraba mas, el mismo sol que Prusia siempre había buscado entre tanta nieve.

-…basta… deja de actuar así…-el mas bajo se voltio, mirándolo sorprendido, con algunas hileras de lagrimas.

-deja de actuar así, maldición! No puedes pasar toda tu vida lamentándote!, acaso no comprendes?!... –le grito un tanto alterado, sin duda, el necesitaba ese sol, nunca lo negó, lo necesitaba, pero ahora, era normal odiar a su propio hermano por quitarle aquello?... si… si era normal…porque aquello era de el, y solo de el.

-G-Gilbert-san…-se limpio sus lagrimas- l-lo siento…-bajo su mirada apenado, el prusiano se acerco a el y le tomo de las mejillas, un tanto brusco, no era muy bueno expresando estas cosas.

-…yo no soy quien quisieras pero…-junto débilmente sus labios con los del menor, este abrió sus ojos sorprendido, sintiendo aquel beso un tanto tímido y algo brusco, lentamente los cerro y se dejo llevar.

Gilbert no sabia que estaba haciendo, seria impetuosidad? Si, era un impetuoso, un irrespetuoso, pero eso no importaba, lo estaba haciendo.

Siguió el beso con intensidad, sintiendo la pequeña boca del italiano, recorrió cada rincón con su demandante lengua, tocándose, acariciándose, juntándose, separándose, buscándose, se separaron unos minutos después para recuperar aire, no se dijo nada, tan solo fueron miradas perdidas, miradas tiernas, con compasión, alegres, tristes, sinceras.

El peliblanco le acaricio el rostro y se acerco suavemente, lleno de éxtasis, le beso otra vez, beso labios, esquinas de estos, mejillas, cabellos castaños, entrelazo sus dedos fríos entre tibios, tomo cada rincón, cada parte de la otra nación como suya, el menor solo sentía cada sensación, no pensaba, no dudaba, solo sentía, dejándose a la merced del otro.

El mayor le tomo de las caderas, sin dejar de besarlo tiernamente, comenzó a despojarlo de toda tela que impedía el conocimiento de nuevas tierras, el menor hizo lo mismo, apoyando su frente en el pecho del prusiano comenzó a desabotonar la camisa de este, una vez que Italia se encontraba sin telas molestas se dejo caer lentamente sobre la cama, sintiendo los tiernos besos que Gilbert esparcía por sus mejillas, su frente, su cuello, hombros y manos.

Tímidamente aquellos ojos rojos se posaron sobre los cafés, se miraron atentos, sin decir nada, solo se miraron, Gilbert separo delicadamente las piernas blanquecinas de Feliciano y se acerco a el.

-…dime si duele…-susurro algo tímido, no quería dañarlo.


El rubio se encontraba sentado en su escritorio, observando la oscura noche, tan solo la luz débil de aquella lámpara de mesa le acompañaba, pensaba demasiado y era gracias a eso que se perdía entre sus propios pensamientos, estaba confuso, no sabia que hacer, el sabia perfectamente que él no se había ido a casa, que aun estaba cerca…

Perdido? Desamparado? Llorando?... si, el debía encontrarse solo, asustado, llorando… y por culpa de su poca sinceridad consigo mismo, de su mentira con el mismo…y recordó porque todo había empezado…todo era culpa de aquel viejo horrible, de las mala comunicación, de la mala coordinación…y por culpa de 2 asquerosas personas, el y…

-Ludwig?...-se acerco el asiático preocupado.

-eh? Kiku? Aun estas despierto? –le miro sacudiendo su cabeza disimuladamente y ordenando unos papeles.

-aja… esta todo bien?... bueno, yo se que no lo esta…-se sentó en una de las sillas que se encontraban frente al escritorio-…tan malo soy? Sin duda, no me lo permito…debo ser eficiente, inclusive…

-basta Kiku, no se trata de ti, eso ya lo hemos hablado antes, yo..

-no, no se trata de eso! Se trata de el, de nuestro aliado…-el rubio trago saliva-…se que no esta en nosotros decidirlo…y se perfectamente lo que planea tu superior, pero…no puedes seguir así...solo negarlo…-antes de que el japonés siguiera, el alemán se paro de su asiento y se agacho enfrente de el, el ojinegro le miro nervioso, al sentir como esas orbes celestes se encontraban acorralándolo.

-…-el más alto le sonrió tranquilamente y le beso, el nipón solo cerro los ojos con debilidad, y allí fue cuando recordó…como había llegado a amar a esa persona.