NOTAS: Es un AU, que contiene OOC. Todos los personajes son humanos.

DISCLAIMER: Twilight le pertenece a Stephanie Meyer, a mí sólo me pertenece el trama de este fic.


II

La melodía de un piano se escuchaba a través de toda la casa. No era una pieza magistral, pero aun así era lo suficientemente buena como para captar la atención de Esme, Alice y Emmet. Desde hacían dos años, el sonido del piano no se escuchaba en la casa y eso provocó que Esme sonriera complacida y de que Alice subiera corriendo las escaleras hacia la habitación de dónde provenía la música…

…pero antes de que ella lograra entrar a la habitación, la melodía se desentonó y se perdió, dejando al final un estruendoso ruido. — ¡Mierda!— escuchó gruñir a su hermano mientras tocaba todas las teclas del piano a la vez. Alice suspiró cansada. Siempre culminaba de la misma manera.

—Edward…— la joven Cullen entró a la habitación en silencio, cerrando la puerta tras de ella. Su hermano estaba sentado frente al piano, con su cabeza recostada sobre el teclado y esto era el causante de que un incesante ruidillo fuera la melodía de fondo. —Algún día volverá, sólo debes esperar al momento adecuado. — comentó Alice, acercándose a su hermano y acariciando sus hombros con suavidad.

—Ya es un caso perdido, Alice. — fue la corta y dura respuesta de su hermano. La voz de él mostraba su profunda desilusión… él ya no era el mismo.

Edward nunca había sido el tipo de chico como su hermano mayor Emmet. Él no era de esos que se la pasaba bromeando o saliendo con chicas. De hecho, él era bastante reservado, pero aun siendo de esa forma, Edward sonreía y sus ojos brillaban con emoción. Él era considerado desde muy pequeño como un genio compositor de melodías y tocaba el piano como los ángeles. Con sólo quince años, ya había compuesto una ópera y había colaborado con la banda sinfónica de Seattle. Él tenía un futuro brillante, demasiado brillante. Todos los días, el sonido del piano podía escucharse por toda la casa, aparte de encontrarse hojas de papel sueltas con notas musicales por doquier. Pero desde hacían dos años, él había perdido su musa, su inspiración.

Nadie sabía el por qué, ni siquiera él mismo, pero la cosa era que él había perdido esa increíble habilidad para componer hermosas melodías. Por más que tratase de tocar el piano, siempre culminaba de la misma manera. Frustrado y desilusionado. Su padre conocía un psicólogo en Seattle y él, a regañadientes, había acudido a una cita. "Es algo temporal, simplemente has perdido la inspiración, pero regresará pronto" eso había dicho el psicólogo...

…y eso había sido hacía un año y medio.

—No, Edward, no pienses eso— suplicó Alice en un hilo de voz —incluso a los escritores les ocurre… es un bloqueo momentáneo. ..—

—Alice, no es un bloqueo momentáneo. Llevó dos años sin poder componer ni siquiera una mísera melodía. Esto no es un bloqueo momentáneo, tampoco es un bloqueo de escritor…—Edward suspiró y apretó con sus dedos el hueso de su nariz —he perdido mi inspiración y es muy difícil de volver a recuperarla. No tengo motivos…—

— ¡Por supuesto que tienes motivos, Edward!— chilló indignada Alice, caminando hasta detenerse frente a él. Los ojos verdes de Edward la observaban con curiosidad, mientras que una de sus cejas se arqueaba. Su cabello castaño estaba revuelto, y él lo revolcó más al llevar una de sus manos a su cabeza. —Nos tienes a nosotros. ¿Acaso no somos una motivación?— cuestionó Alice, con cierto toque de dolor en su voz.

Por supuesto que su familia era una gran fuente de motivación. Él, al comienzo, lo había hecho todo por ellos, por ver sus caras llenas de orgullo tan pronto él comenzaba a tocar una pieza en medio de un teatro, pero ahora… ahora ni siquiera imaginarse sus caras llenas de orgullo provocaban que sintiera esa emoción o deseos de tocar.

Ya nada le inspiraba.

—Alice, ustedes siempre serán los principales motivos por los cuales toco, es sólo que…— ¿qué podía decirle? ¿Qué su vida ya no tenía un sentido? ¿Qué se sentía solo? Probablemente lo catalogarían como un suicida y culminara yendo todos los días a terapia de grupo. —… es sólo que el tiempo pasa y todo cambia, Alice. Lo que antes era mi motivo de inspiración, ya no lo es. — él esperaba que ella no se sintiera mal, pero esa era la dura realidad. Ya él no era un chiquillo de diecisiete años con deseos de tocar melodías y ver los rostros de orgullo de su familia. Él ya tenía veintiocho años y ni siquiera había podido mantener una relación amorosa duradera. —Quizás ya es tiempo de que deje de esperanzarme con ello. Quizás el destino no quiere que esto continúe, ¿no crees?— Alice suspiró cansinamente, antes de sentarse a su lado y recostar su cabeza sobre su hombro.

—No lo sé, Ed, no lo sé—

xxXxXxXx

conversación con Emmet, mas sobre la vida de Edward

Emmet sonrió burlonamente en cuanto encontró a su hermano en medio del jardín. Edward tenía sus audífonos puestos y con un libro de poesía entre sus manos. Aunque ya no fuera un niño, Edward continuaba siendo el mismo.

Claro, había sus diferencias. En aquel entonces, Edward era pequeño, delgaducho y con un aspecto casi… ¿enfermizo? Sí, probablemente ese fuera el adjetivo perfecto. Su hermano siempre fue tranquilo, en la escuela se la pasaba en la biblioteca, memorizándose poemas de Pablo Neruda, leyéndose a Shakespeare o componiendo nuevas piezas musicales. Los dos eran extremadamente diferentes. Él, por su parte, había sido el chico popular de la escuela. Le gustaba salir con chicas, jugar futbol e ir a fiestas, pero aunque eran muy diferentes entre sí, Edward y él siempre habían sido muy cercanos. Edward lo ayudaba con las tareas, él lo ayudaba a espabilarse con las chicas y los chicos problemas. Eran un gran equipo.

Emmet le lanzó la pelota de futbol a Edward, pegándole en el estomago. —Mierda— se quejó Edward, recuperando el aliento debido al gran golpe que había recibido. Se encontró a Emmet, en medio del jardín, muerto de risa. —Hijo de…— se mordió la lengua. Su madre era demasiado buena como para merecer tal insulto.

—Fuera de condición, ¿ehh? ¿Y así piensas encontrar una chica?— cuestionó Emmet, con una sonrisa burlona. Edward lo fulminó con la mirada y recogió el libro de poemas que había estado leyendo.

—Si tú pudiste encontrar a Rosie, yo tengo posibilidades, ¿no?— comentó Edward, fingiendo desinterés. Emmet negó la cabeza.

—Un golpe bajo, Ed, ese fue un golpe bajo— bromeó, tomando una vez más el balón. Los dos se quedaron en silencio durante unos minutos, antes de que Emmet lo quebrantara. —Iré a escalar mañana y quiero que me acompañes. Ya mande a pedir el equipo en la tienda de los Newton. —

—Emmet, ni siquiera te dignaste en preguntarme primero. — señaló Edward. Emmet se encogió de hombros. — ¿Y si me hubiera negado?— le preguntó.

—Acabas de admitir que irás, Ed, ¿Por qué debería preocuparme por una suposición?— Emmet jamás cambiaría. Para Edward (bah, para que mentir, para todos los Cullen) Emmet no aparentaba tener treinta y dos años, él era demasiado juvenil, despreocupado, alegre… parecía un adolescente con hormonas revueltas. —Además, podrías inspirarte observando las montañas y la naturaleza, ¿no crees?— esta vez, no había rastro alguno de diversión o burla. Emmet hablaba seriamente.

A Edward le sorprendió que su hermano se sintiera tan preocupado por él. Emmet no era de esos chicos que sabían cómo hablar cuando a emociones se trataba. Él era pura fuerza bruta, aparte de ser listo y astuto, pero en cuanto a emociones se refería, él era un asco. Sólo bastaba con recordar el día en que Alice había descubierto que su perro estaba muerto. Nadie podía consolar a la dulce chica y la "genial" idea de Emmet fue decirle, a una niña de cinco años, que su perro había muerto sin dolor, por que el puma que lo había matado le había roto el cuello de un solo golpe. Alice estuvo dos semanas teniendo pesadillas al respecto. Por eso le sorprendía el que él, por su propio pensamiento, estuviera interesado en su bienestar.

Edward sabía que un viaje a las montañas a escalar no era la solución. Realmente no había solución, pero él no iba a decirle eso a Emmet, quien trataba de motivarlo. —Claro, quizás eso sea de ayuda…—

xXxXxXx

Edward arqueó una ceja cuando escuchó a Rose y Alice platicar sobre una tal "Bella Swan". Por lo que podía escuchar, la chica no era del agrado de Rosalie, y eso no le sorprendía en lo más mínimo. La esposa de Emmet siempre había sido un tanto arisca con las personas, y si lograbas caerle bien desde el comienzo, entonces debías sentirte como el ser más afortunado del planeta, porque de diez personas, probablemente uno fuera el único que le agradaría.

—Es que no entiendo cómo diablos se te ocurrió meter en esta casa a una completa extraña. — chilló indignada Rosalie, caminando de un lado a otro del salón. Edward observó a su hermana embozar una mueca, antes de negar la cabeza. Alice estaba sentada en el suelo, con todos sus dibujos de diseños de vestidos sobre la mesa. Su pequeña hermana era muy buena dibujante, además de tener un gran gusto hacia la moda. A nadie le sorprendió que ella fuera admitida como diseñadora en un atelier reconocido en Seattle.

—No me sorprende en lo más mínimo el hecho de que no te agrade. Prácticamente odias el mundo, Rosie— bromeó Alice, ganándose una mirada asesina por parte de la esposa de su hermano mayor. —De todas formas, ella no vive dentro de la casa, sino que tiene rentado el apartamento del jardín. Y son dos cosas completamente diferentes. — le explicó por undécima vez en esa noche. Cuando a Rosalie le daba con un tema… digamos que podía llegar al punto de hartar a una persona.

Rosalie era una despampanante rubia, aspirante a modelo, que se había cruzado en la vida de Emmet. ¿Cómo? Nadie lo sabía. ¿Por qué una chica como ella, inteligente y hermosa (aparte de chillona, regañona y arrogante) se había enamorado de Emmet? Ese era otro misterio para el universo. Los dos eran diferentes, pero aun en sus diferencias, eran una pareja sólida, que confiaban el uno para el otro y aunque ella no fuera la chica más amable del mundo, si hacia feliz a Emmet, pues era bienvenida a la familia.

—Es una completa extraña. No la conoces— le atajó Rose, cruzándose de brazos. Alice ya comenzaba a hartarse. ¿Acaso iba a estar toda la noche de esa forma? El único pretexto de Rosalie era: "es una extraña, no la conoces".

— ¿Y desde cuando debes ser íntimo amigo del inquilino? Que yo sepa, sólo debes conocer su nombre y por lo mucho, saber de dónde viene. — Edward sonrió de lado al escuchar el gruñido furioso de Rose, antes de que dijera algo entre dientes y se fuera de la sala de estar. Fue tanta su molestia, que ella ni siquiera se percató de que él estaba allí, por lo que siguió caminando con sus puños apretados y mascullando alguna que otra maldición entre dientes. —No sabía que tu nuevo pasatiempo era escuchar conversaciones ajenas, Edward— fue el saludo que le dio Alice tan pronto él entró a la sala de estar. Su pequeña hermana tenía una sonrisa burlona, a lo que él respondió con otra igual.

—Has molestos muchísimo a Rosalie— comentó, volteándose a ver la puerta por donde minutos antes la esposa de su hermano mayor había salido. —Probablemente no vuelva a hablarte—

—Nah, eso se le irá en cuanto le regalé un vestido de la última colección del atelier— los dos chicos rieron por lo bajo. —Emmet me dijo que irás mañana a escalar junto a él. Ya les hice el favor de traerle el equipo— comentó Alice, pintando desinteresadamente uno de sus dibujos. Edward la conocía demasiado bien como para saber en ese instante que ella estaba ocultando algo.

—Huh— murmuró, para luego sentarse en una de las sillas, en espera de que su hermana dijera algo. Alice era reconocida no sólo por ser sumamente dulce, sino por ser un tanto… chismosa. Ella no podía guardar un secreto, sentía tanta tentación de contárselo a los demás, que prácticamente tenía que hacer un esfuerzo masivo para no faltar a la confianza de las personas. Aparte de también ser conocida por su deseo de ayudar al mundo. "Nunca cambias, pequeña Alice"

Alice, como él había previsto, sólo pudo contener el silencio unos dos o tres minutos, luego dejo caer sus lápices a colores y se volteó hacia él. —Hayunanuevainquilinayes hermosa, ímida,perocreoqueesporquenonoscono ce, peroteencantara,lojuro—dijo de forma rápida y llena de entusiasmo. Edward arqueó sus cejas, tratando de descifrar el mensaje.

dijo de forma rápida y llena de entusiasmo. Edward arqueó sus cejas, tratando de descifrar el mensaje.

—Lo siento Alice, pero deberás repetir el mensaje, sólo que más despacio, ¿quieres?— lo único que había podido entender era lo de una nueva inquilina.

Alice asintió y respiró hondo, antes de comenzar de forma normal. —Hay una nueva inquilina y es hermosa, Edward. Es un tanto callada y tímida, pero creo que es porque no nos conoce, pero te encantara, lo juro— cuando se ponía nerviosa o demasiado entusiasmada, hablaba de forma rápida y nadie podía entenderle. Emmet, cruelmente, solía decirle que parecía un duende en cocaína

—Y por eso peleaba Rose, ¿cierto?— Alice asintió. — ¿Y todos aceptaron que ella viva en el apartamento del jardín excepto Rose?— una vez más Alice asintió. —Entiendo. — fue su única respuesta.

— ¿Sólo eso? ¿No quieres ir a verla?— cuestionó Alice, visiblemente preocupada.

— ¿Por qué debería verla?— preguntó Edward.

— ¡Para conocerla!— Edward entrecerró sus ojos y negó la cabeza. Alice y sus historias de amor. En más de una ocasión lo había hecho ir a citas a ciegas con chicas. Siempre terminaba de la misma manera, las chicas se aburrían de él, por ser un chico demasiado clásico.

—Alice, no comencemos, ¿quieres?— la chica colocó los ojos en blanco.

— ¿Acaso no quieres casarte algún día?

—Claro, pero resulta ser que todas las chicas que eliges para mí, se aburren y huyen. No puedo obligarlas, Alice. Y de todas formas, ya son las nueve de la noche, así que me retiro—

xXxXxXx

Ah joder. ¿Por qué diablos tenía que hacerle caso a Alice? Se suponía que él debía estar en su habitación, leyendo algún libro o escuchando a Mozart, no en medio del jardín, caminando de forma silenciosa para acercarse al apartamento del jardín.

Parecía un maldito ladrón.

Pero siempre ocurría lo mismo. Alice tenía un don para llamar la atención increíble. Por más que se dijera a sí mismo que no le haría caso a sus palabras, siempre culminaba de la misma manera. Haciéndole caso a Alice.

Bueno, técnicamente él no le estaba haciendo caso a Alice. Él no iba a saludar a la chica, él sólo curiosearía por la ventana. Como un maldito degenerado.

Se acercó lentamente a la ventana de la habitación principal del pequeño apartamento y encontró a una chica durmiendo. La cama estaba tan cerca a la ventana, que él podía ver con facilidad los rasgos de ella. Poseía una cabellera corta y castaña, tenía la piel bastante pálida y era delgada.

Bien, físicamente, era atrayente, así que Alice tenía un punto.

Ella… ¿cómo se llamaba? ¿Elle? ¿Ella? ¿Bella? ¡Ese! Bella era bonita, al menos desde donde la veía. Dormía pacíficamente y él estaba allí, como si de un pervertido se tratase, observándola atentamente.

Mientras él la observaba, ella abrió los ojos y se le quedó observando adormilada, antes de ahogar un grito y saltar de la cama. Edward se sobresaltó y salió corriendo de allí.

"Mierda, mierda, mierda…" se decía a sí mismo en cuanto cruzó el pequeño jardín del apartamento.

— ¡Oye!— la escuchó gritar. ¿Ella había salido? Oh, demonios. Probablemente lo denunciara y lo señalaran como un enfermo sexual. Dios, santo. Ahora sí que estaba jodido. No se detuvo ni siquiera por un instante. Llegó rápidamente a su habitación y cerró la puerta tras de sí. Esa había sido la experiencia más demente de su vida. Aquella chica lo había descubierto observándola… qué diablos.

Edward observó por unos instantes el piano y las hojas de papel que había sobre este. Las imágenes de esa chica durmiendo y de cómo sus ojos se abrieron suavemente para encontrarse con los de él, le provocaron una emoción nunca antes sentida.

Esa noche, ninguno de los Cullen pudo dormir. Una pieza musical había invadido la casa.


N/A: Gracias a Bellaliz por su review. {Sólo público cuando las ideas llegan a mi mente, asi que creo que será espontaneo^^}

Por favor, dejen reviews, ¡me gustaría saber que opinan de este fic!

Gracias!