Capítulo beteado por Sool Onuma, Betas FFAD. www facebook com / groups / betasffaddiction
No hay nada mejor que estar en casa luego de un extenso día de trabajo. Al salir de SWAN CO, llegué a mi oficina donde me esperaban miles de cuentas por revisar, lo intenté, juro que lo hice, sin embargo no me pude concentrar, solo pensaba en Isabella, en su fino rostro, sus preciosos ojos verdes, y su peculiar pregunta, pero ¿por qué...?
—¡Hey, Edward! —Escuché que me llamaban a lo lejos—. ¡Edward, amor! —En cuanto abrí los ojos pude ver a mi novia Angela frente a mí, quien aún tenía sus preciosas gafas y su cabello recogido—. ¡Wow! Estabas en otra galaxia, cariño.
—¡Amor! —La agarré de la cintura y di vueltas con ella—. No te imaginas cuánto te extrañé hoy. —Enterré mi cara en su cuello, aspirando su delicioso aroma a frutos rojos.
—Yo también te extrañé, bebé —me contestó, tomé su rostro y le di un suave beso en sus delgados labios—. ¿Cómo te fue en SWAN CO? —preguntó en cuanto me senté en el sofá de la sala.
—Bien, el señor Swan es un poco mandón —mentí, no quería que mi novia supiera que la persona con la cual tendría que pasar más tiempo que con ella, era una mujer.
—¿Así que es un hombre quien se esconde entre esas puertas de cristal? —inquirió mientras ponía a calentar nuestra cena en el microondas.
—Sip —acentué la p más de lo necesario.
—Y no tiene una secretaria, ¿verdad? —Volvió de la cocina y se sentó en mis piernas—. Ya sabes lo que pienso de ellas.
—No te preocupes, princesa. El señor Swan es demasiado machista y en su piso solo hay hombres. —Dejé un beso en la punta de su pequeña nariz.
—¿Será que es gay? —preguntó luego de unos minutos de silencio.
—¡NO! —grité—. Digo… —aclaré mi garganta—, no creo que sea gay.
—Amor, caras vemos, corazones no sabemos —me guiñó el ojo y se fue rumbo al baño.
Seguramente Isabella no pondría en duda su sexualidad, o eso fue lo que me dio a entender cuando estuvo tan cerca de mi rostro…
Una semana después me hallaba en mi oficina terminando de ver los informes que nos habían llegado desde Sybilla, una marca que estaba imponiendo moda en el país y tanto nosotros como la empresa, estábamos felices que eso estuviera sucediendo.
—Edward, ven un segundo a la sala de reuniones —me llamó mi jefe Mike por el intercomunicador. Lo que menos quería en ese momento era dejar esos papeles sin terminar, pero si el superior llama, solo queda obedecer.
Llegué a la sala, y vi que en la puerta había un gran hombre vestido de negro y aunque estábamos en el interior del edificio, él llevaba unas gafas de sol puestas.
—Detente, hombrecito. —Puso su mano en mi pecho cuando estuve a su lado.
—Perdón, señor, pero tengo una reunión —contesté señalando la sala.
—¿Edward Cullen? —preguntó más para él que para mí, subiendo una de sus cejas.
—Sí —respondí dudoso y me dio una pequeña sonrisa.
—Pase. —En cuanto estuve detrás de él, vi como negaba con la cabeza.
—¡Edward, al fin llegas! —Mi jefe me saludó demasiado emocionado.
—Sí, es que tuve un pequeño gran problema en la puerta. —Aún seguía observando el lugar por donde había ingresado—. Dime para que soy bueno. —Giré mi cabeza y pude ver que allí se encontraba Isabella, y puedo asegurar que por mi rostro pasaron miles de emociones hasta llegar a la duda, Mike se dio cuenta, y decidió hablar para aclarar mis dudas.
—Te debes estar preguntando qué hace aquí la señora Swan.
—Sí —murmuré.
—Bueno, pues siéntate, esto tardará.
—Mike... digo, señor; no puedo —me puse nervioso—, tengo que regresar a terminar de revisar las cuentas que nos mandó Sybilla y...
—Dije que te sentaras —demandó con un tono de voz duro.
—Sí, señor —mientras hablaba tomé asiento, eso sí, muy lejos de Isabella.
—Edward. —Mike señaló la silla que estaba a la derecha de ella, y no me quedó otra, así que unos segundos después estaba a su lado aspirando ese fascinante aroma a lavanda mezclado con frutos del bosque. Exquisito.
—Señor Cullen —dijo Isabella inundándome con un fresco olor a menta proveniente de su boca.
—Señora Swan —respondí cortante con un movimiento de cabeza. No quería ni podía dejar que viera lo que provocaban en mí esas fragancias que emanaba. Estaba viendo sus ojos y observé cómo se encendían en cuanto la saludé, pero se apagaron cuando notó mi distancia.
—Edward, la señora Swan vino para hablar sobre el contrato que firmamos con Vulturi CO.
—Pero eso le corresponde a usted, no a mí —argumenté con duda.
—Lo sé, pero tú debes estar aquí —alegó mientras miraba directamente hacia ella, acomodándose su corbata, muestra de que estaba nervioso.
—¿Yo? —suspiré—. Lo siento, pero realmente no entiendo el motivo por el que deba estar presente.
—Sencillo, Cullen —habló Isabella—, usted es el jefe de relaciones ¿no?
—Sí, pero...
—Pero nada, es tan fácil que hasta un niño lo puede entender. —Cruzó sus largas y blancas piernas—. Esto es una nueva relación que forma la empresa, ¿no es así?
—Sí, señora —murmuré.
—Listo, ¿comprendió o se lo tengo que dibujar?
—No se preocupe, entendí perfectamente.
—Chico listo —comentó dándome una sensual sonrisa torcida—. Newton —lo llamó al darse cuenta que él estaba perdido mirando sus piernas—, mi rostro está aquí arriba — hizo un circulo con su mano alrededor de su perfecto rostro.
—Lo siento —susurró apenado—, bueno, ya aclaradas las dudas sobre el porqué estás aquí Edward, ahora si podremos empezar con nuestra reunión.
—Newton —replicó ella.
—Señora.
—¿Por qué diablos firmaste con Aro? —interrogó Isabella.
—Me dio unas muy buenas razones para hacerlo.
—No has aprendido, ¿verdad? —Suspiró y negó con la cabeza.
Esto se había convertido en una conversación bastante privada, así que decidí ponerme de pie y salir sin que lo notaran.
—Vamos Isabella...
—¡Newton! —le gritó.
El tono de su voz provocó que saltara golpeándome en la rodilla.
—Lo siento —respondió y se quitó la corbata—, siempre lo olvido, pero ¡vamos, eso paso hace mucho tiempo!
—Lo sé, pero yo aprendí mi lección y tú también debiste haberlo hecho. —Lanzó su cabeza hacia atrás—. Cullen, ¿a dónde cree que va?
—Señora Swan, e-s que… es que pu-es...
—Hable claro, por favor —exigió.
—Está bien —bajé mi rostro para que no notase mis nervios—, lo lamento, pero es que esta charla se había vuelto bastante personal y me sentía incómodo al estar presente.
—Cullen —murmuró ella—, míreme —demandó y lo hice sin dudar—. Tome asiento, le aseguro que no se volverá a repetir —prometió con una pequeña sonrisa en sus labios.
Y cumplió su palabra. Pasaron dos horas en las cuales ellos hablaban sobre los pros y contras de ese contrato.
—Es un hombre en el cual no se puede confiar, lo sabes muy bien, te dejó marcado de por vida. Los Vulturis no juegan limpio —ella seguía empeñada en hacerle ver a Mike que había cometido un gran error, Isabella unía cosas del pasado con esto...
—Sabes que no todos son así. —Mi jefe habló apretando los dientes.
—Que te hayas enamorado de Carmen no significa que debas confiar en ella —expresó sin darle mayor importancia.
—Emm, señora Swan —la llamé en un susurro.
—¿Qué necesita? —me miró con esas perlas verdes con las cuales sentía que me podía desnudar con solo un vistazo.
—Nos estamos yendo de nuevo por el lado personal.
—Lo sé, pero es imposible que no lo hagamos, Edward —pronunció mi nombre con su melodiosa voz—. Todo este conflicto es por experiencias personales que tuvimos hace varios años con los Vulturis, la verdad no sé siquiera porqué está usted aquí.
—¿Cómo? —aumenté mi voz— ¡Señora Swan!
—¡Cullen! Shh, baja el tono —reprendió.
—Pe-pe...pero ¡uy! ¿¡Quién la entiende, mujer!? —me levanté mandando la silla a volar—. Primero me ordena que me quede ya que, según usted, soy indispensable en este tema, y ¿ahora me pregunta qué hago aquí? —tomé mi cabello y tiré de él—. Que tengan una buena noche —dije en cuanto me calmé.
—¡Espere! —gritó Isabella—. Newton, dejemos hasta hoy esta reunión, son las 10 y ya veo que no vemos para ningún lado. —Se levantó con una elegancia digna de ella, no me había percatado muy bien de su vestimenta, que consistía en una camisa blanca pegada a sus finas curvas, una falda tubo que le llegaba hasta las rodillas y unos tacones de unos 15 cm. Estaba perdido en mis pensamientos y no sentí el momento en el que ella había llegado a mi lado y mientras reía decía—: Mike, tú nunca cambiarás.
—Todo por sacarte una sonrisa —le contestó mi jefe con un tono coqueto.
—Cullen, ¿ya se va?
—Sí.
—Ok, entonces lo acompaño. —Pasó frente a mí volviéndome a llenar con ese maravilloso aroma. Al salir, me di cuenta que allí seguía "el pequeño gran problema" con el que me había topado hace unas horas en la puerta, al ver que Isabella salía de la sala, se puso tras ella—. Emmett, ¿todo listo?
—Sí, señora —le habló con su voz fuerte—. ¿Todo bien? —Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios en cuanto estuvo a mi lado, y a no ser por sus gafas, podía jurar que me estaba mirando.
—Perfectamente.
Llegamos al ascensor y Emmett estaba detrás de nosotros hablando a través de un pequeño micrófono que se hallaba en su saco. Entramos y lo siguiente que pensé fue: "¿por qué la sala de juntas está en el piso 30?". Sería un largo viaje en este aparato.
—¿Y dónde vive? —Quiso saber Isabella rompiendo el silencio que se había formado.
—En Brooklyn.
—Es un buen barrio, sin embargo usted gana muy bien.
—Sí, pero me crié en ese barrio, además allí conocí a mi novia, es mi hogar.
—Pero podría formar su hogar en un mejor lugar.
—Con todo el respeto, señora, para mí no hay mejor lugar en el mundo que mi casa y en ese barrio —afirmé un poco cansado de la situación.
En cuanto llegamos al primer piso, nos dirigimos a la puerta principal donde había varios hombres igual o más grandes que el tal Emmett, seguramente también eran guardaespaldas de Isabella. Miré para ambos lados y me golpeé mentalmente por no haber pedido un taxi en la sala de juntas, a esta hora sería imposible tomar uno en el cual no me hagan un "paseo millonario". Hacía frío y mi abrigo no me cubría lo suficiente, sinceramente no podía tener un peor final.
—Cullen. —¿Isabella? Pensé que ya se había marchado—. ¿Cómo se irá? —Oh no, todo menos eso—. Si quiere lo puedo acercar.
—No se preocupe, puedo entrar y pedir un taxi.
—Creo que hay problema, mire. —Señaló la puerta de la empresa mientras reía muy despacio—. Acaban de cerrar, vamos, no sea terco. No tenga miedo, yo no muerdo —me dio una sonrisa a la cual había categorizado como la "sonrisa Swan". Esos labios me mostraban lo que por su mente podría estar pasando, y en esta ocasión era ¿burla? —. Vamos, no tengo toda la noche. —Y volvió a tomar su papel de mandona.
—No tiene que hacerlo —dije mientras entraba en su auto, el cual para mi suerte tenía la calefacción encendida.
—Lo sé, pero no quiero que por mi culpa corra un gran riesgo tomando cualquier taxi —enarqué una ceja, ¿su culpa?—, vamos, no me mire así, claro que es mi culpa, fui yo la que le dijo que se tenía que quedar en la reunión.
—Pero usted tenía razón, es mi obligación.
—Ok, dejémoslo así ¿quiere?
—Señora Swan. ¿A dónde nos dirigimos? —le preguntó el conductor.
—Vamos a Brooklyn, Sam. El señor Cullen te dirá su dirección.
Le indiqué e inmediatamente me arrepentí al pensar qué le explicaría a Angela cuando notara que una mujer estaba llevándome a mi casa. Estaría en problemas, en grandes problemas, sin duda alguna…
Hola chicas, bueno la publicación anterior era una introducción a la historia, así que este es el primer capitulo. ¿Cómo les pareció? ¿Se imaginaban a Edward con Angela? Bueno espero sus reviews con sus pensamientos sobre el fic, sugerencias, reclamos o solo por saludar.
Gracias a Sool por todo, eres genial, me encanta que seas mi beta :'3
