Capítulo 2

Esto ardía, tenía la sensación de millones de clavos caliente atravesándome la piel. En mi cabeza igual ardía, como si alguien hubiese vaciado agua hirviendo sobre mi cabello. Ya ni sabía cuánto tiempo había pasado, el dolor era horrible e insoportable. Quería gritar, quería llorar y conservaba la esperanza de que el dolor pudiera dejarme en la inconciencia o que me matara de una buena vez, eso era más lógico, no era posible sobrevivir a algo así, pero no sucedía, seguía sintiéndolo todo.

Quería pedir ayuda, pero no podía moverme, no podía abrir la boca, ni moverme, ni respirar bien. Lo peor de todo es que escuchaba voces de personas, al principio fueron simples murmullos revueltos, no podía saber si era una sola persona o eran más, pero conforme pasaba el tiempo, pude irlas separando, pues ahora sabía que eran más de una persona, cada voz tenía una identidad. Pero ninguna parecía dispuesta a ayudarme, ¿es qué acaso no veían que me estaba quemando? ¿Qué algo me estaba matando? Quería gritarles que me ayudaran, que no fueran crueles.

Estaba segura de que en algún momento me volvería loca. Lo único que quería hacer era llorar, llorar mucho y morir, y no sabía que eso último no sucedía, necesitaba morir, tenía que morir, necesita de ese gesto piadoso, que alguien me matara ya, que alguien detuviera todo esto.

¡Maldición! Otra vez ese maldito dolor, era como si el fuego rodeara mi corazón, consumiéndolo poco a poco. Era tan extraño ese dolor, parecía que en mi estómago se había creado un volcán, un volcán que erupcionó y la lava se propagaba por todos los rincones de mi cuerpo, pero se concentraba más que nada en mi corazón, en mi pecho apenas palpitante.

Después de horas o días, tal vez, no tenía noción de tiempo, mi corazón dejó de latir y en vez de sentirme asustada por morir, me pareció un maravilloso alivio, porque eso significaba que el dolor ya no recorrería mi cuerpo, que el fuego y las agujas calientes se irían, que mi corazón ya no sufriría. Eso era genial.

El último latido fue lo peor, hizo que yo abriera la boca en busca de aire, un aire que no llegó jamás a mis pulmones ya inmóviles.

Me sentí demasiado confundida, mi corazón ya no latía, pero podía escuchar y sentir. ¿acaso estaba ya en el cielo, o al menos en esa parte que llaman limbo o purgatorio? Quizá ya descansaría en paz. Pero era extraño, a mi alrededor seguían estando esas personas que había escuchado desde hace mucho.

Podía sentir la mano de alguien tocando mi rostro y hablaba con voz dulce pidiendo que despertara, que ya todo había terminado y que era hora de despertar y conocerlos a todos. Otra persona sostenía mi mano y me pedía igualmente que despertara, que todo estaba bien, que era momento de abrir los ojos. Traté de hacerle caso a esas dos voces, y más a esa voz que se me hacía conocida.

Abrí los ojos lentamente, lo primero que vi fue el techo de color blanco y miré las sutiles líneas que surcaban esa estructura. Me incorporé poco a poco y el dueño de esa voz me ayudó, jalando de mi mano que aún seguía sosteniendo. Tiré de mi mano y la cubrí con la otra, llevándola hacia mi pecho.

Quedé sentada y observé a mi alrededor: tres personas me miraban desde la puerta, había una chica hermosa, quizá la más hermosa que había visto alguna vez, de larga cabellera rubia que estaba siendo abrazada por un enorme chico de cabello negro y rizado, también demasiado guapo. A lado de ellos se encontraba un hombre rubio, que me observaba con una sonrisa tranquila y me sentí bien mirando ese gesto, parecía algo suave y ladeé la cabeza al contemplarlo, sintiendo las ganas de sonreír igual, pero no lo hice.

Sentada en la cama, se encontraba una bella mujer de cabello color castaño que se transformaban en caramelo por los rayos del sol que entraba por la ventana y sonreía dulcemente, mirándome de una manera casi tierna. Y del otro lado se encontraba un chico hermoso, precioso diría yo, con el cabello rojizo y de ojos dorados, como todos los demás, me percaté, que me miraba con mucha intensidad. Su mirada me hizo recordar, parecía una pesadilla entre cortada, con fragmentos rotos e inconclusos.

Llevé mis manos a la cabeza desesperada, no podía recordar casi nada. Empecé a sentirme abrumada y frustrada, también sentía algo de miedo. Tan sólo pensaba en un bosque oscuro y frío, una rama en mí, enterrada en mi estómago y los ojos de aquel chico viéndome de manera preocupada y su voz diciendo que me iba a salvar. Sus brazos helados al tomarme en ellos y su boca pidiendo que no me durmiera…

No podía más, grité desespera intentado recordar algo, tan siquiera mi nombre, pero nada, en mi mente no había nada, tan sólo esa escena.

—Allison, cálmate, por favor —me pidió aquella extraña mujer sentada en la cama. Sus ojos lucieron preocupados.

No recordaba ni siquiera mi nombre, no sabía si ese era de verdad. Lo repetí en mi mente, pero, aunque me sonaba extraño, no me era de todo ajeno. Era mi nombre: Allison, Allison, Allison.

Sin saber cómo, me alejé de ella. No esperaba que fuera así de rápido, para mí simplemente había saltado de la cama, pero de repente me vi del otro de la habitación, a varios metros de la cama. Gemí asustada, pero en vez de ese sonido bajo que había hecho, de mi garganta salió un ruido extraño, como de un animal casi herido. Los miré de nuevo y ellos se pusieron a la defensiva, podía ver sus rostro preocupados y cautelosos. Me tenían algo de miedo, podía saberlo, o quizá era lástima.

Aquel chico de cabello cobrizo trató de tocarme, extendiendo una mano, y aunque hubiera sido tan fácil tomar la mano y acercarme, me alejé más. No sabía porqué, pero no quería que se me acercara, no quería a nadie cerca, nadie que me tuviera miedo o desconfianza, pues yo estaba sintiendo de eso último demasiado, desconfiaba de todo y de todos.

Aquel chico volvió acercarse, no era por miedo a él o alguno de ellos, pero lo esquivé. Corrí hacia la puerta y fui detenida por los brazos de aquel hombre rubio que me había mirado y sonreído de manera suave al principio. Podía confiar, pensé de repente, así que rodeé su torso con mis brazos y enterré la cara en su pecho.

—Tranquila, tranquila —dijo aquel hombre en voz baja, mientras sentía una de sus manos en mi cabeza—Déjenme con ella —pidió con la voz fuerte y me sentí bien que todos ellos salieran de aquí.

Todos salieron, la mujer que estaba en la cama caminó hacia la salida y su mano se levantó para tocarme, pero me giré un poco, apretándome más al hombre que abrazaba; me sentí mal al ver que su rostro se impregnaba por la tristeza, deseé disculparme, pero ya se había ido. Miré a los chicos que estaban en la puerta, espiándolos entre mi cabello y el pecho del hombre. Ellos se fueron enviándome una mirada a algo que me parecía al entendimiento y preocupación. El chico de cabello cobrizo me dedicó una mirada extraña, que podía sentir que parecía al dolor, igual que el de aquella mujer que había salido primero, aunque también parecía preocupado.

Me sentí nuevamente mal, estaba siendo tan grosera con todos. Así que, soltándome poco a poco del hombre rubio, traté de sonreírle, queriendo hacerlo sentir mejor. Él salió después de asentir.

—Tranquila, Allison, te prometo que aclarare todas tus dudas —escuché al hombre rubio hablar y levanté la cara para ver su rostro— No tengas miedo.

—No tengo tanto miedo —dije, hablando por primera vez.

Mi garganta ardió con fuerzas, pero mi voz salió tan extrañamente perfecta, como si en vez de hablar fuera a cantar, y eso me desconcertó, pues no podía creer que mi voz sonara así. Él me sonrió dulcemente y yo le devolví la sonrisa, me hizo caminar hacia la cama y me instó a sentarme.

Platicamos durante lo que me parecieron horas, y todo me sonaba a una locura. Cuando había empezado a contarme, negué con la cabeza incrédulamente y luego lo miré como si se hubiese vuelto loco, pero al mirar mis ojos en un espejo que él me había ofrecido para que confirmara lo que decía, y ver la escarlata brillando en ellos, supe que era verdad, aunque muy el fondo era demasiado para mí. Sería demasiado para cualquiera.

Ahora era una vampira recién creada y mi creador fue Edward, pues él había sido el culpable de un fatal accidente donde yo perdí la vida, pero había tomado la decisión de no dejarme morir del todo. Esto parecía de un cuento de hadas o más bien, una historia irreal de criaturas sobrenaturales. Aunque si somos realista, ahora era eso, una criatura sobrenatural, una especie de secreto que guarda la naturaleza tan sólo para los que son como ellos, somos como ellos.

—¿Quieres ir a cazar? —me preguntó él, cunado miró que no dejaba de tocar mi garganta, pero es que ésta ardía como un infierno. Lo vi de manera confundida, pues una propuesta así no dejaba de ser sorpresiva— Para alimentarnos salimos a cazar —explico él y yo lo miré horrorizada, los vampiros se alimentaban de humanos.

—¿De humanos? —pregunté realmente molesta y con miedo. Pero luego recordé sus palabras de que su familia no se alimentaba de humanos, sino de animales.

Presioné más fuerte con mis manos mi garganta esperando a que desapareciera el ardor.

—Ya te lo dije, Allison, esta familia no se alimenta de humanos, nosotros nos alimentamos de animales.

Suspiré y asentí de manera tranquila, pero aun así matar animales no era de mi agrado. De repente escuchamos unos golpes en la puerta.

—Adelante —contestó Carlisle.

—¿Podemos entrar? —preguntó la mujer de cabello color caramelo, sonriendo tan tiernamente, que no pude evitar sonreír al verla, y la chica rubia estaba a su lado.

—Claro, cariño, entra —respondió Carlisle— Ella es mi esposa Esme —la presentó y ella se acercó a darme un beso en la mejilla— Y ella es Rosalie, mi hija mayor.

Ya sabía que era su hija adoptiva, ya me había explicado que todos ellos eran vampiros y se habían unido como familia sin compartir lazos de sangre. La rubia me sonrió y se acercó a mí entregándome una bolsa llena de ropa.

—Salimos de compras, espero que te guste y sea de tu talla —dijo la rubia sentándose a mi lado.

—Gracias —murmuré, sonriendo un poco.

—Supongo que querrás ir a cazar —dijo Esme con esa voz dulce.

—Sí, mi garganta quema —les dije y ellos asintieron de manera comprensiva.

—Yo iré contigo —dijo Rosalie— Estoy segura de que Edward también vendrá.

Ellos salieron de la habitación, dándome intimidad para poder cambiarme. Me levanté de la cama y fui sacando las piezas de ropa de las bolsas. Me frustraba el no poder controlar los movimientos rápidos y fuertes, así que decir que no rompí una blusa seria mentir, no podía controlar mi fuerza. Así que en un suspiro de frustración Esme y Rosalie hicieron aparición en el cuarto para ayudar a vestirme, me sentí muy avergonzada y ellas dijeron que era normal y que con el pasar de los días lo iría dominado mejor. Asentí poco convencida y demasiado avergonzada como para decir algo.

Salimos del cuarto después de terminar de arreglarme y bajamos la escalera. Me quedé embobada observando lo grande y hermosa que era la casa, todo era precioso con sus detalles de manera, con esa sensación de sencillez y elegancia al mismo tiempo.

Llegamos a la sala y ahí esperaban el resto de la familia Cullen y Hale.

—Ella es Alice.

Carlisle me presentó a una chica un poquito más baja que yo. El cabello corto y las puntas en todas las direcciones y los ojos dorados grandes, así como todos en la familia. Parecía una de esas muñequitas que salen en calcomanías, en forma de hada, era llamativa de una manera distinta a Rosalie. Levanté mi mano para estrechársela, pero ella con una mueca disgustada, aceptó mi mano. No sabía porque razón, pero ella no me quería cerca de ellos y eso hizo que yo me sintiera cohibida ante su mirada hostil, así que, al soltar su mano, di un paso hacia atrás, acercándome más a Rosalie.

—Él es Jasper, pareja de Alice —hice el mismo saludo y él de manera cordial me apretó la mano—Supongo que recuerdas a Emmett —me señaló al enorme chico de cabello rizado.

Era en verdad muy grande, parecía un gigante a mi perspectiva, pero al ver su sonrisa de diversión, pude darme cuenta que no era esos típicos gigantes que desean intimidar a los que los rodean. Sonreí, pues él fue un poco más efusivo, me abrazó fuertemente, como si estuviera en verdad feliz de verme.

—Él es Edward —señaló Carlisle al chico de cabello cobrizo, después de que Emmett me soltara.

—Hola —saludé, intentando no parecer tímida ante la presencia del hombre que me había dado una segunda oportunidad, aunque él fue quien provocó mi muerte, pero eso ya no importaba más.

—Hola —saludó él de vuelta.

Me acerqué un poco más y lo abracé, en verdad agradecida por no haber permitido mi muerte.

—Gracias por no dejarme morir —dije, pero él no contestó nada, tan sólo negó con la cabeza.

Edward, Rose y Jasper, me acompañaron a ir de caza. Fue lo más extraño que había experimentado, y no sólo el hecho de atrapar un animal y beber de su cuello, sino todo el camino que me llevaba a eso. La velocidad era algo increíble, las cosas que veía al correr parecían sacados de alguna película, pues era como darle una esencia diferente al siempre eterno bosque, pues la vista de los arboles se volvía maravillosa.

Y cuando percibí el aroma a sangre de un animal, mi garganta pareció arder más, volviéndose más difícil de soportar y en lo único que podía pensar era en beber y beber de aquel líquido que bañaba el aire. Era una sed inexplicable, una sensación de tener arenas quemándose en la garganta. Y cuando sentí como la sangre de aquel ciervo calmaba mínimamente el ardor de mi garganta, supe que quería más y al terminar con la vida de tres animales volvimos a la casa, donde Esme nos esperaba con una sonrisa, esperando escucharme hablar sobre la primera caza.