Chapter 2:

La puerta se abrio de golpe, pero Harry ya estaba de pie, con la varita en alto, apuntando hacia los posibles intrusos. En el marco de la puerta se encontraba Ojoloco Moody, en posición defensiva. Detrás suyo vio a Remus Lupin y otras personas que le miraban con fascinación. No obstante, el Harry que el mundo magico conocia habia cambiado; en cuanto el licantropo le abrazo, el moreno se despego de el, causandole una gran confusion. Extrañados ante su conducta, en seguida le explicaron todo y le pidieron disculpas por haber venido tan tarde, y acto seguido, los magos volaban en dirección a Grimmauld Place numero 12.

La gran casona se alzaba frente al grupo de magos imponente y tetrica, invisible para los muggles. Entraron en ella con cuidado de que no les viera nadie. Harry se quedo parado en el inicio de un angosto pasillo, con paredes tapizadas que llegaban hasta el alto techo. Sobre el suelo de madera vieja y desgastada habia una alfombra desteñida de color gris, que parecia polvorienta. Las lamparas de gas recubiertas de telarañas remataban las paredes, dandole un ambiente tetrico al pasillo. Avanzo con cuidado, escuchando el crujir de las madera bajo sus pies, mientras intentaba localizar el foco del que provenian unas voces, que le resultaban extrañamente familiares. Giro hacia la izquierda indeciso, y sorpresivamente vio a la matriarca de los Weasley, una señora pelirroja y gorda, acercarse a el con rapidez. En seguida, la mujer le estrujo entre sus potentes brazos, mientras el chico apretaba la mandibula intentando no apartarse de ella. No es que la señora le cayese mal, pero realmente habia llegado a odiar toda señal de acercamiento a su persona, y mas si venia acompañada por el tacto de otra persona a su cuerpo.

Molly Weasley le acompaño hasta las escaleras, e indicandole que subiera a los pisos superiores por la estrecha y antigua escala, cerro la puerta de la cocina, dejandole ver unicamente la gruesa madera oscura de la entrada. Suspirando cansado, Harry empezo a examinar los cuartos, intentando encontrar a algun ser vivo por la casa, hasta que encontro el adecuado. Tan rapido como abrio la puerta, su amiga castaña, Hermione Granger, se abalanzo sobre el angustiada, abrazandolo con fuerza. Ron sin embargo, tuvo mas tacto y le estrecho la mano, sonriendole con confianza; una confianza que Harry ya habia perdido desde ese fatídico dia.

-¿Por qué no me dijisteis nada sobre esto?- pregunto el moreno, demandante. Su voz salio fria, llena de resentimiento.

-Dumbledore no nos dejaba. Dijo que estarias mejor sin tanta información.- Explico con un deje de angustia la castaña.

-Pero, ahora que estas aquí, podemos contartelo todo.- propuso Ron esperanzado. No obstante, Harry, todavía furioso, les grito:

-¡¿Cuánto tiempo llevais aquí, juntitos?!- un escalofrio recorrio la medula osea de sus amigos, impactados por la voz del moreno.

-Un…Un mes.- susurro Hermione, mirando al suelo avergonzada.

-Os olvidasteis de mi.- su voz sono neutral, aunque su mirada les perforaba, llena de un odio candente que nunca habian visto en su amigo. Era comprensible que Harry, en ese mes que llevaba encerrado en ese habitaculo, sin mas compañía que la de su lechuza, se hubiese sentido solo; al fin y al cabo, las cartas que sus amigos le mandaron le servian para desconectar, para que pensase en los dias que faltaban para verlos y no en los que le quedaban de estar en esa casa con su tio muggle. No obstante, las cartas eran vacias, no habia nada, ni siquiera una anécdota… y Harry les culpaba, porque ademas de contar las horas que quedaban para que su tio volviese a abrir la puerta de su habitación, seguramente borracho, se habia sumado la ira hacia ellos, hacia los que se hacian llamar sus amigos.

Harry Potter, sin dar opcion siquiera a que sus amigos se disculpasen, salio de la habitación, cerrando la puerta con fuerza. Camino furioso hasta las escaleras, y se sento a observar al pie de las mismas, esperando que lo que fuera que pasaba dentro de la cocina terminase. Y, media hora despues, la puerta de madera oscura se abrio, dejando paso a toda esa gente que no conocia. Vio, como se despedian, y Ojoloco se marchaba de la casona, seguido por unas cuantas personas desconocidas mas. Entre ellas pudo ver a su profesor de Pociones, o mas bien, al hombre que le hacia la vida imposible y le odiaba con toda su alma. No obstante, aparte del desprecio usual que le producia mirarle, sintio algo diferente, distinto. Era como si se identificase con el, por alguna extraña razon incomprensible para el.

Se quedo estatico, sentado al pie de la escalera en el segundo piso, viendo como el hombre se iba. Nunca antes en su vida habia considerado, ni tan siquiera imaginado, sentir algo diferente al desprecio y odio que se profesaban. Sin embargo, por un momento, su corazon congelado le dio un vuelco; una especie de empatia le habia golpeado, dejandole confuso. Habia sentido como si el hombre y el fuese iguales, aunque no sabia en que aspecto, y eso le desconcertaba.

Harry decidio no darle mas vueltas al asunto y bajar a cenar; su hambre crecia por instantes al calido y agradable olor del estofado de la señora Weasley. Hacia dias que no probaba comida tan buena como la suya. Mientras bajaba, la susodicha señora se asomo a las escaleras y grito:

-¡Venid a ayudar con la cena, chicos!- en cuanto le vio, sonrio. Una sonrisa calida que no fue correspondida por el chico impasible. Llego a la cocina, una estancia rectangular con una gran mesa en el centro, alrededor de la cual se sentaban las diferentes personas que habia en la habitación. El suelo, de madera desgastada, estaba cubierto por la misma polvorienta alfombra del pasillo, mientras las altas paredes de color oscuro portaban las lamparas de gas.

-¡Harry!- saludo Sirius Black, su padrino. Llevaba en la cara una sonrisa, y se acercaba a el con los brazos abiertos. Aunque en un pasado no muy lejano el hombre habia sido un apoyo incondicional, ahora Harry lo rechazaba. Desvio la mirada rebosante de encendida colera, mientras se apartaba del fugitivo, sentandose en una silla. Apenas quedaba una semana para volver a Hogwarts y dejar de ver a la mayoria de esas personas.-¿Te pasa algo, Harry?- pregunto el hombre preocupado.

-Nada.- respondio el aludido, mirando los nudos de la gruesa madera de la mesa. Un tenso silencio se instauro en el sitio, incomodando a la mayoria de los inquilinos. Poco despues, fue roto cuando los muchachos entraron alegres en la cocina. Sin nadie mas al que esperar, entre todos pusieron la mesa y empezaron a cenar, hablando de asuntos banales, en los que Harry no intervino, a pesar de que sus seres queridos intentaban introducirle en la conversación.

Al dia siguiente, Harry miro el profeta sin ganas. Fruncio el ceño y apreto la mandibula; en la portada salia su foto, acompañada de diversas palabras… fraude… loco… Sus manos se crisparon sobre el papel, arrugandolo con ira contenida, ante la atenta mirada de Ron y Hermione. Se tumbo en la cama a mirar el techo en completo silencio, meditando. Desde aquel verano, la idea de aliarse con Voldemort habia vuelto a su cabeza mas clara y fuerte que antes. El resentimiento que guardaba en el fondo de su corazon hacia su familia muggle y la Orden hacian que dudara sobre su decisión; cada vez que leia el periodico se daba cuenta de la verdadera realidad, el mundo magico al que debia salvar le rechazaba y trataba de demente, mientras que su adversario, por el contrario, le habia dado una oportunidad.

-Harry,- dijo Hermione, llamando su atención.- lo siento, fuimos unos idiotas, debiamos haberte dicho algo.

El chico, sin embargo, miraba el techo de la habitación, ajeno a lo que sus antiguos amigos decian.

-Harry, por favor. Lo sentimos de veras.- intento Ron en vano, con la voz baja, procurando no exasperarle como el dia anterior- Dumbledore no nos dejo decirte nada. Nos lo hizo prometer.- explico, mirandole preocupado ante la falta de reaccion. No obstante, el elegido no escucho, estaba ensimismado pensando en sus opciones. Seguramente, cuando volvieran al castillo, todos los alumnos le señalarian y susurrarian a sus espaldas, considerandolo un demente.

-Dejame en paz.- pidio al final, tras tres minutos de silencio. Los dos muchachos, impresionados por la frialdad de sus palabras, se apartaron, dejandole espacio. Harry miro por la ventana desde su posición; el dia estaba nublado, con la humedad en el ambiente pegada a sus cuerpos. Sin embargo, por la noche refrescaria, al ser la ultima semana de Agosto.

La semana paso rapida y silenciosamente para Harry, y pronto se vio en un compartimento del expresso a Hogwarts con sus enseres personales. Estaba solo, ya que Hermione y Ron, al ser prefectos, tenian que dar vueltas por el tren, vigilando que todo estuviera bien. Para el moreno, esto fue causa de alivio, ya que pudo relajarse, sin tener a esos dos muchachos encima, presionandole. No tuvo que salir del compartimento para darse cuenta de que sus pensamientos tristes y lugubres se habian hecho realidad: los alumnos le señalaban entre temerosos y burlescos, y susurraban a sus espaldas. No obstante, Harry decidio ignorarles, y tras varias horas de mirar el paisaje monotono, se decidio.

En el bando de los 'buenos' o de la luz, ya no le quedaba nada. Su familia muggle, a quienes, aunque ilógicamente, habia protegido, le habian hecho daño, demasiado daño. Albus Dumbledore y su magnifica Orden del Fénix no habian sido capaces de detener a los mortifagos, y realmente, habian sido ellos los que le habian encerrado en esa prision particular, dejando las cosas mas faciles para Vernon. Y finalmente, sus amigos, o mas bien, antiguos amigos, se habian olvidado de el a pesar de que sabian que lo pasaba mal cada verano con su familia. Y Harry estaba realmente harto de ser la marioneta de Dumbledore, la pieza que debe sacrificarse al final de la partida.

Asi que, a mitad del viaje, salio de su compartimento buscando a Draco Malfoy, ese chico rubio y altanero que era el principe de las serpientes, el icono a seguir para los slytherins. Sabia que con Malfoy, lo mejor era soltarlo directamente, porque si no, acabarian maldiciendose el uno al otro, como siempre. Quizas aun aceptase un 'si' por respuesta a la pregunta que le hizo en primero, en ese compartimento, con Hermione y Ron al lado. Abrio varios compartimentos ante las indiscretas miradas de los demas estudiantes, que cuchicheaban a sus espaldas. Hasta que dio con la acertada.

Abrio con fuerza la puerta de cristal translucido, encontrando delante de si a la pandilla de slytherin. Crabbe y Goyle, uno a cada lado de Malfoy, servian de guarda espaldas, mientras Pansy Parkinson le miraba amorosamente, pegada a el. Theodore Nott leia un libro en el asiento mas cercano a la ventana, mientras Zabinni y el rubio hablaban sobre quidditch. Al entrar Harry, se hizo un silencio incomodo en el habitaculo; podia sentir todas las miradas clavadas en su cuerpo. No obstante, no se amedrento y siguió adelante con su plan.

-¿Puedo hablar contigo, Malfoy?- pregunto mirandole sin expresión.- A solas.

Draco sonrio para si. Realmente, el verano le habia sentado bien al moreno, penso. Se veia mas cambiado, aunque sus rasgos infantiles, que tanta pureza le daban, seguian alli, presentes. Sin embargo, la mandibula se habia marcado mas, dandole un aire varonil.

-¿De que?- pregunto. Harry esbozo una diminuta sonrisa, esa pregunta no significaba otra cosa mas que que habia aceptado. No obstante, el moreno no le diria nada hasta que no estuviesen a solas.

-Es privado.

-Muy bien,- dijo el rubio.- ¿Puedes esperar a Hogwarts o es muy urgente, gafotas?- Extrañamente, Harry no se inmuto ante el insulto y, aceptando con la cabeza, dijo antes de marcharse:

-Espero.

Ron y Hermione le esperaban en el compartimento preocupados. Le habian observado entrar en el sitio de los slytherins, y eso para un gryffindor, era un mal presagio. Por otra parte, a ellos, sus amigos, no les hablaba para nada, parecian invisibles a sus ojos. Sin embargo, según les habia contado Remus, su antiguo profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, habian encontrado a Harry en perfectas condiciones, solo un poco delgado pero nada mas. Cuando Harry entro en el habitaculo, sus amigos preguntaron:

-¿Qué hacias en el compartimento de los slytherins, Harry?- para el moreno, todas sus preguntas y preocupaciones sobre ese tema eran una molestia. Parecian creer que el elegido era solo suyo, y esto nunca habia sido asi.

-Dejame en paz, Ron.- dijo cansado Harry, dirigiendole por fin la palabra. Luego se limito a abstraerse, mirando por la ventanilla durante el resto del viaje, ansioso por hablar con Draco Malfoy.

Despues de otras tres horas de viaje, el tren empezo a aminorar la marcha lentamente. El cielo se habia oscurecido, revelando la luna en su cuarto creciente y muchos puntos blancos en el firmamento, las estrellas. El castillo se alzaba imponente, esperando la llegada de los estudiantes, que lo miraban embelesados. Harry bajo del tren de los primeros, deseoso de llegar al colegio y perder de vista a sus antiguos amigos. Se sento en una carroza tirada por testrals, unos animales que antes no estaban alli. En los cursos anteriores, el nunca les habia visto, y hubiese preferido no verlos, ya que tenian una forma parecida a la de los caballos, pero eran muy delgados y negros, con alas semejantes a las de los murciélagos. El carruaje iba a empezar a moverse cuando Harry vio una cabellera rubia ir hacia el, asi que decidio esperar hasta que llegase.

Rara vez habia visto a Draco Malfoy sin esos gorilas que hacian de guardaespaldas personales del chico, asi que se le hacia extraño observarle asi. Los estudiantes embarcaban en otros carruajes y empezaban a salir, y Harry en aquellos momentos, dio las gracias por su reputacion tan mala como demente y farsante. El rubio se sento delante suyo, y el carruaje empezo a moverse.

-¿Qué querias, Potter?- pregunto con un deje mal disimulado de curiosidad.

-Hablar con tu padre.- respondio con seguridad Harry, dejando impresionado al muchacho, que no se esperaba semejante contestación. No obstante, siguió indagando.

-¿Para que?- vio como Potter se acercaba a su oido imperturbable, y supo entonces que todo ese asunto iba en serio. Quizas el moreno se habia vuelto demente, como los periodicos afirmaban, o quizas tenia que decirle algo importante a Lucius.

- Mortifagos.- esa palabra unicamente susurrada por la voz ronca del chico hizo que Draco empezara a sospechar. Primero, sus amigos no estaban alli, y el sabia de sobra que en contadas ocasiones no estaba con ellos. Segundo, todo ese asunto olia mal, muy mal, pero no sabia el porque. Y tercero, Harry Potter parecia mas cambiado de lo que habia podido apreciar en el tren, su mirada dura se lo decia.

Draco asintio extrañado y le miro con curiosidad. Lo ultimo que esperaba habia sido esa palabra, y no porque creyese que Potter era tan estupido como para no saber que su padre era un mortifago. Ambos muchachos escucharon un grito detrás suyo y se giraron, observando a Hermione y Ron corriendo hacia el carruaje, intentando en vano alcanzarles. El rubio dirigio su mirada plateada hacia su rival, que tenia pintada en su rostro una mueca de desprecio. Realmente, Harry Potter habia cambiado mucho, penso Draco.

-Hablare con el jefe de mi casa.- Dijo repentinamente. Harry le miro con curiosidad y respondio:

-¿Para que?- despues de la brutal corriente de empatia, lo que no queria era verse con Snape. El era miembro de la Orden, y aunque su bando no estaba decidido, podria ser un espia a favor de Dumbledore.

-Para que puedas hablar con mi padre, Potter.- contesto el rubio, como si fuera lo mas normal del mundo. Ante su cara de desconcierto, se limito a decir- Reunion de seguimiento de curso.

Harry comprendio rapido; su coartada seria una estupida reunion sin sentido alguno. Sonrio ladino, percatandose de la agudeza del slytherin. El resto del trayecto en el traqueteante carro fue silencioso, cada uno metido en sus propios pensamientos. El moreno se sorprendio de la actitud de la serpiente; penso que preguntaria, que se negaria, que intentaria chantajearle vilmente, y sin embargo, todo habia sido contrario, se habia mostrado abierto y no habia hecho preguntas, mas que las imprescindibles.

Llegaron a Hogwarts y entraron al comedor, bajo la atenta mirada del profesorado y los cuchicheos constantes por parte del alumnado. Haberse dejado ver públicamente con Malfoy acrecentaba su mala reputacion de loco y poco cuerdo, aunque a el le dio igual. Intento ignorarlos a todos por igual y clavo la vista en la mesa de los profesores. Había una profesora nueva; su cara tenia cierta semejanza con la de un sapo, sus manos eran rechonchas y vestia un traje rosa. Su cabello, a media melena, era de color castaño, mientras sus ojos saltones, marrones tambien, escudriñaban el Gran Comedor, observando a los estudiantes críticamente.

Durante la selección, vio a Draco hacerle señas al jefe de su casa, mientras este asintia. Despues de ese dialogo mudo, la mirada oscura y penetrante de su profesor cayo sobre el, sin el habitual odio rebosando en ella. Cuando se levanto para ir de camino a su sala comun, ignorando a sus antiguos amigos, que finalmente habian desistido en el intento de que Harry les escuchase, Draco Malfoy le agarro del brazo.

-Ven ahora, Potter.- le susurro. Al parecer, el aristócrata habia conseguido que Snape invitara a su padre esa misma noche. Anduvieron juntos por las oscuras mazmorras, sin que nadie se atreviera a decir nada contra el moreno, que sonrio al ver como todos se apartaban cuando Malfoy pasaba. El chico habia conseguido un lugar respetable en su casa, y lo estaba usando para que el moreno llegase sano y salvo al despacho de su profesor de pociones.

Despues de un rato, se pararon delante de la gruesa puerta de roble oscuro, y con una inclinación muy leve de cabeza, Draco se marcho, dejando a Harry solo, afrontando su destino, un destino que esta vez, manejaba el mismo.


NdA: que tal el capitulo? por favor, REVIEWS!