Ejem… Los personajes de FFVIII son de Square-enix. Así como algunos otros pertenecientes a Makifeo Douraji. Los demás que aparezcan son creados por mí…

Aquí la continuación, espero no ocurra lo mismo que el fic anterior en el que tardé bastante, por lo que me aseguré de tener un buen adelanto de la historia antes de publicar e.e

Makifeo Douraji: bueno, alguien me dijo que cambiara el estilo de contar el pasado, asi que se irá sabiendo lo más relevante qué hicieron nuestros personajes en este lapso de cinco años, este termina mejor que el anterior

IProOmise: Hago lo que puedo para hacer que Mid haga de sustituto al "amigo" de Maki que más odio sólo porque no quiero añadir a ese odioso sabelotodo. Y todo lo que me reste de vida te seguiré diciendo fea, fea e.e

Pues no olviden dejar su review (así como las críticas e.e) se agradecen de verdad y sin más que agregar… Enjoy! =D

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GALBADIA

Cinco asesinatos. Iban ya cinco asesinatos en cuatro noches que se habían llevado a cabo bajo las narices del joven presidente

Bien claro dejó su decisión de encargarse del asunto personalmente, sus palabras, como estacas de hielo y su ceño fruncido que si no fuera por el autocontrol que tuvo en la rueda de prensa, se podría escuchar el rechinar de sus dientes sin necesidad de micrófonos

Detestaba no tener el control entre sus manos, esa sensación de manipular los hilos de la ciudad a su antojo. No saber quién o qué era el responsable le fastidiaba, y cada muerte más era como hurgarle en la herida

- Crust, quiero los informes de las autopsias y de la policía sobre las escenas del crimen. También llama a los Trevant, los necesito aquí en dos horas, puntuales -

- Sí, señor. Antes de que comience, tiene al Señor Hammer y al Señor Galeani -

- Hazlos pasar, por favor - le ordenó a su asistente con regusto de amargura "Hammer…" pensaba apretando los dientes

La mujer pelirroja salió de la oficina presidencial dejando al hombre que servía lidiar no sólo con sus actuales demonios, sino con las recurrentes pesadillas que eran Odwall Hammer y Thomas Galeani. Seres que llevaban años visitando no sólo a Alexander, sino en el pasado según le dijo él, a su padre, el difunto Vinzer Deling

Los súper soldados, como ellos los llamaban. Según los informes, gracias a los grandes avances en robótica, eran máquinas construidas para obedecer y acatar órdenes, diseñados para proteger las calles o bien servir en la guerra si ese era el plan de su amo. Máquinas diseñadas para matar…

Insistirían una y otra vez hasta que el joven presidente cediera y aceptara el ambicioso proyecto que tenían entre manos, que por sus insistencias, y el tiempo ya pasado, estaba más que desarrollado. Crust y Alexander tenían las sospechas de que su proyecto llevaba bastante tiempo de haber culminado

Despejando un poco su mente, la pelirroja fue por un café en la sala de descanso que hacía las veces de comedor al mediodía, y cuando había mucho trabajo, a la noche también. Los gemelos Trevant estaban sentados en una de las mesas con una taza de café entre las manos

Ambos eran como dos gotas de agua, cabello como el ónice y ojos de un azul muy profundo, la hermana, de cabello liso atado con una coleta y un flequillo de lado un par de centímetros más largo que su cara. Mucho más joven en apariencias que el hermano con aquellas ojeras producto de la falta de sueño de las investigaciones que tanto le apasionaban; su cabellera negra como era costumbre, pulcra, peinada hacia atrás, pero delgados y muy finos mechones se le escapaban cayendo frente a él, ya acostumbrado a llevarlo así

- Deberían estar trabajando y no holgazaneando - reprendió con voz firme sirviéndose su añorado café

- ¿Para qué trabajar si tú te encargas siempre de todo? - dijo Carolyne

- Alexander quiere verlos en dos horas. Dijo "puntuales" - el tono que imitaba indicaba que era en serio

- Eso significa que está de mal humor y ya sé por qué. Las visitas molestas -

- ¿Hammer y Galeani de nuevo? - gruñía la hermana con molestia - Tienen una perseverancia digna de admirar, a estas alturas ya hubiese actuado por la fuerza -

- Nadie lo dudaría - respondía con una risilla -. Me pregunto por qué no lo hicieron mucho antes - decía Crust con sus sospechas

- Supongo que no quieren verse como los villanos en todo esto - añadía Ciro - Si la mitad de los rumores que corren son ciertos, razón de más para que Alexander rechace constantemente a esos dos -

- La presión que tiene ahora con los asesinatos al azar, puede que lo obligue a aceptar - suspiraba Crust

- Probablemente. Eso, si no recurre primero a sus soldados favoritos, y no hablo de nosotros - "Preferirá a los SeeD's para el trabajo pesado, preferirá que ellos se lleven las heridas antes que nosotros" pensaba Ciro

Mientras que afuera de las oficinas presidenciales, lejos de trajes lujosos y asuntos gubernamentales, viviendo entre los mismos habitantes de Deling como un ciudadano normal estaba Irvine Kinneas. Otro más lidiando con sus propios demonios: la soledad y la amargura

Bien había logrado salir de prisión después de algunos de los delitos en los que lo encontraron culpable en la corte marcial de hace más de cinco años, pasando cuatro de los cinco años que le dieron, saliendo gracias a la fianza o al favor, como le gustaba decir, de Alexander Deling, quien había cumplido su promesa con un retraso de un año

Poniendo eso de lado, la única persona que esperaba se negara a cumplir su deseo… Esa única persona decidió no verle más la cara. Irvine esperaba verla aunque fuera una última vez más sólo para asegurarse de que estuviera bien y sentir que tenía la esperanza de que al final del oscuro camino, todo iría bien y le esperara un rayo de luz.

"La vida y su amigo el destino son crueles. No he terminado de recuperarme de antiguas heridas cuando van de nuevo a clavarme el puñal frio" Desde que saliera de la prisión, el único respiro fue cuando Alexander le ofreció asilo en Deling, hasta un trabajo como el de sus espías, aquello último fue lo único que rechazó. A pesar de ello, Alexander seguía dejando la carta sobre la mesa, esperando pacientemente a que aceptara su oferta

Era un hogar sencillo con todas las comodidades que necesitaba, sólo debía pagar su comida y los servicios públicos, otro agradecimiento que le debía a Alexander

La tarde comenzaba a acercarse para cuando se despertaba, su trabajo era nocturno, lo que causaba que su cambio de horario fuera notable

Tanteó con los ojos cerrados y medio dormido en la mesa de noche en busca de su teléfono móvil. Toco varias cosas, pero al tercer intento, no tuvo que abrir sus ojos para saber qué era… Ese collar, ese regalo suyo era la única visita que había recibido de ella, la única cosa de ella que se había dignado a dar la cara

"Selphie" su nombre le dejaba un regusto amargo. Pero a pesar de que lo abandonara, aún muy en el fondo escondido… La quería, la amaba, deseaba poder volver a probar sus labios y ver cómo se sonrojaba por él. "Soy un idiota sin remedio. Hace tiempo que debí deshacerme de él, el único recuerdo que tengo de ella"

Suspiró guardando el accesorio en la gaveta de la mesa de noche. Ya habiéndose forzado a abrir los ojos tomó su teléfono y fijándose en la hora que era, terminó por levantarse de la cama. Tenía puestos unos calzones azul oscuro para dormir y su cabello castaño cobrizo caía como una cascada cubriendo toda su espalda, jamás lo había tenido tan largo, ni siquiera desde sus años de estudiante en el jardín de Galbadia

Se asomaba a la ventana como tenía por costumbre de dedicar unos minutos para ver las calles hasta donde llegaba la vista de la ventana de su habitación. Estando en el décimo octavo piso se podía llegar a ver mucho; veía a las personas con un pequeño tamaño como pequeñas hormigas, infinidades de edificios y de muchas alturas, desde ahí podía divisar a lo lejos las famosas torres Deling

Pero lo digno de admirar era el majestuoso Arco del Triunfo "El arco del fracaso" pensaba cuando se le venían a la mente los recuerdos. Una estructura imponente que se alzaba y que había sido construida para conmemorar una victoria en batalla de un antiguo gobernante. Al menos eso era lo único que sabía, no lograba recordar con exactitud las clases de historia en el jardín de Galbadia y todo por no prestar atención, estar enfrascado en recuperar el sueño perdido o admirar la belleza de las compañeras bonitas de su clase

"La emboscada infructuosa a la bruja Edea y el escape de los Búhos del Bosque" Estaba seguro que el último había sido el momento en el que toda su vida cambiaria "Pensaba que para bien cuando corría a toda velocidad junto a ellos, colándonos como las ratas por las alcantarillas de la ciudad. Me ilusione pensando que todo marcharía bien y no sufriría consecuencias. Qué estúpido fui"

Se separó de la ventana alejándose de los recuerdos agridulces. La falta de alimentos le hizo dirigirse a la cocina, encontrándose con el refrigerador casi vacío "Debo hacer las compras". Una jarra con agua y un par de trozos sobrantes de una pizza fría de hace dos días era lo único en ella. Sin importarle mucho le dio unos mordiscos y volvió a dejarla en la caja que la contenía. Se sacudió las manos quitando los restos de harina y grasa de sus manos

Ese día le tocaba llegar temprano al trabajo, era su turno de limpiar y por orden del jefe, todo debía estar limpio y rechinante para cuando se abriera el local para el turno nocturno. Llegó dejando su chaqueta de cuero marrón, su sombrero de vaquero en su casillero y se ató el cabello en una coleta. Su uniforme constaba de un delantal negro sobre una camisa blanca con una corbata negra; además un pantalón negro y zapatos lustrosos del mismo color

Una vez terminado de limpiar el piso del local el resto de los trabajadores comenzaron a limpiar las mesas mientras él iba a su puesto de trabajo, la barra bar, a remover las pequeñas motas de polvo que pudieran haber, dejando su lugar presentable. Tenía alrededor de media hora antes de que empezaran a llegar los pocos clientes habituales luego de salir de sus oficinas

Entre los clientes habituales, recurrentes y ocasionales, vislumbró a una chica de cabello dorado atado en un moño, probablemente la próxima víctima que se rendiría ante sus encantos. Llevaba un vestido de tela brillante azul marino ceñido a la cintura con un lazo blanco en su cuello con un zafiro reluciente, de falda ancha y con ribetes en las mangas, su rostro era cubierto por un sombrero del mismo color que el vestido adornado por dos plumas del halcón, una más larga que la otra y unas tres rosas de color rosado

Caminaba con paso elegante y refinado, como si estuviera perdida en la época. Para cuando logró volver a su realidad, tenía a la mujer frente a él

- Un Rojo Atardecer, por favor - le pidió sin mirarlo a la cara de manera educada, como si compensara toda la amabilidad faltante en los clientes

Se sentó en una de las sillas vacías de la barra bar, cerca de la pared y dos lugares lejos de un hombre a más de medio camino de caer dormido en la barra con el trago de ron en la mano

- Aquí tiene - respondió colocando el coctel de jugos cítricos con el dulzor de la granadina

La mujer alzo su rostro, develando sus ojos como zafiros y un rostro muy conocido para él y viceversa

- Sabía que estarías aquí, Irvine - decía con una alegría disimulada y refinada

- ¿Que te trae por acá, Ophelia? -

- Negocios - respondió - Verdaderamente es me sigue sorprendiendo que sigas aquí en Deling, estaba realmente segura que apenas salieras de ahí irías corriendo a Balamb -

- Sigo sin saber nada de ella, ya desistí -

- Así que aún sin tener noticias de ella, he estado también buscando por mis medios y nada. Es increíble que haya podido mentirnos en nuestras narices y huir como si nada. ¿Dónde puede estar? - la pregunta sonaba más para ella que para Irvine

- No tengo ni idea - respondió disimulando su odio y amargura -. Con los únicos que mantengo contacto son con Zell, Quistis e inclusive el mismo Seifer -

- Igual yo, pero son pocas las oportunidades en las que puedo hablar con ellos para estar al tanto de sus vidas. Me pregunto cómo estará mi ahijada -

- No sabía que Vero era tu ahijada - respondió sorprendido - La última vez que hablé con Quistis no paraba de hablar de cuán grande estaba y de cómo se parecía a su padre, no la veo desde hace unos meses -

- Me lo propusieron, y con gusto acepté, no la veo desde navidad, pero está tan hermosa como su madre y tan gruñona como su padre - comentaba con una risilla entre sorbos de su coctel

- Debería tomarme un tiempo libre, pero el trabajo no me da tiempo - suspiraba agobiado, recordando cosas que no debería - Cambiando de tema, ¿negocios? -

- Si, desde que me encargo del negocio familiar cada tanto debo viajar a Deling o a Timber, hacer unas cuantas inspecciones; negociar y firmar tratados -

La conversación se interrumpió cuando llamó uno de los meseros solicitando tres tipos de bebidas, cuando se las hubo servido y dado a su compañero de trabajo. Para cuando volvió a centrar su atención en Ophelia, la rubia se había acabado el primer trago y pedido la segunda ronda

- ¿No te asusta venir a Deling con lo que está pasando ahora?

- Los asesinatos son la menor de mis preocupaciones. Lo que me preocupa es que los negocios salgan mal -

- Hay algo que me llama la atención, tengo entendido que estás casada, ¿y tú esposo? -

- En Trabia, yo soy la que lleva la espada en la casa. Un dicho de familia -

Mas entrada la noche y luego de conversaciones sobre la vida de cada uno, Ophelia cansada, se levantó de su asiento e Irvine tomándose una excusa para un pequeño descanso, la acompañó a la salida

Afuera del bar Roca del Ermitaño, donde trabajaba el ex capitán del ejército, estaba el vehículo que transportaba a la mujer de alta cuna donde quiera que ella deseara. Le abrió la puerta y ayudarla a entrar fue lo único que no hizo. Cuando cerró la puerta, a los pocos segundos bajo hasta la mitad la ventana de su asiento y con los ojos a punto de cerrarse del cansancio, le hizo un gesto de mano despidiéndose del cobrizo que le retornaba el saludo

- ¿A dónde vamos, mi señora? -

- Llévame a casa, por favor, es tarde ya -

- Si, mi señora - respondía todo cortesía el conductor

"Esta no es mi vida, jamás lo fue. ¿Qué sentido tiene aprender el lema de nuestra familia si no lo vamos a cumplir? Supongo que es lo que llaman la evolución o el curso natural de las cosas, lo viejo debe morir para dar paso a lo nuevo" pensaba viendo los edificios, postes y las pocas personas por la ventana del automóvil. Cada que el agotamiento del oficio de la familia le abarcaba más de lo que podía resistir solía pensar de esa forma. Llegaba incluso a preguntarse si su padre y su tío en algún punto se preguntaran lo mismo que ella, y que por orgullo, jamás llegaba a formular la pregunta y mucho menos, dejar un poco de la pesada carga en los hombros de su esposo

Su honor de Visso se lo impedía "Elevar la espada tan alta como el honor" recodaba a la perfección el lema de su familia desde aquella mañana cuando tenía cinco años y su padre la llevaba al gran salón donde estaba el escudo de la familia, un zafiro en forma de rosa con dos sables atravesándolo desde abajo y con el fondo dorado

Su padre le interrogaba sobre lo aprendido el día anterior sobre la larga historia de la familia y le acariciaba el cabello cuando recordaba a la perfección; cada que Lord Rob contaba algo nuevo, no dejaba de contemplar y detallar el escudo que desde tiempos antiguos y por generaciones estaba en esa pared, y que seguiría estándolo

Entre tanto meditar, no fue hasta la segunda o quizás tercera vez que el chofer le llamó por su título y nombre que caía en cuenta que había llegado a su destino; unos lujosos apartamentos en la zona más adinerada de la ciudad, en el último piso estaba su pent-house. Solía estar deshabitado la mayor parte del tiempo a excepción de las veces que debía viajar a Deling

A duras penas pudo subir hasta su último destino. Tenía una vista en el balcón antes de los ventanales corredizos que hacían de puerta desde la que se veían una pequeña área boscosa que hacía de parque para los que vivían ahí, en las mañanas se podían ver personas activas caminando o corriendo por la ruta trazada asfaltada del parque para mantenerse en forma y ejercitados

Se deshizo de su sombrero, corrió la ventana y se recostó en la barandilla del balcón; la luces del parque iluminaban haciendo destellos como pequeñas estrellas en la oscuridad de la noche. Desbarató el moño que ataba su rubia melena dejando que la brisa fría la revolviera, al mismo tiempo que acariciaba su rostro y por momentos llegaba a sentirlo refrescante al principio, como si fueran agujas que se le clavaran el rostro

Regresó al interior y cerró la ventana para entrar en calor, encendiendo la luz para recostarse en el amplio sofá blanco, quitándose los zapatos y arrojando al piso el sombrero que otrora estuviera en el sofá. Como había ordenado en la mañana, le esperaba una copa de té de frutas caliente y endulzado según sus gustos. Disfrutaba del aroma mientras se lo bebía lentamente

El efecto secundario de la bebida caliente fue acelerarle las ganas de dormir, los parpados se le hacían más pesados y cada vez más difíciles de sostener. Para cuando volvió a abrirlos tenia frente a ella a alguien, no le veía el rostro oculto tras la capa negra pero si algo sentía más que la impresión y la extrañeza, era el puñal clavado entre sus pechos, causa del dolor punzante

Forcejeaba con aquel individuo para que no le enterrara más el puñal, estaba a poco más de unos milímetros de perforarle la tráquea cuando pudo apartarse de su atacante aun sosteniendo el arma con las manos. Y con fuerza sobrehumana corrió hasta su habitación donde estaba su acompañante de toda la vida, su estoque, enfundado al cinturón del que solía llevarlo

Lo tomó, sosteniendo la funda con su mano izquierda y con la derecha tomando la empuñadura, desenfundando en el momento que el encapotado aparecía con otro puñal en mano. Tiró a un lado el cinto con la vaina y se preparó para lo que fuera el destino le preparara

"Elevar la espada tan alta como el honor" recordaba el lema de su familia, pensando que sería la última vez que lo cumpliera

Continuará…

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