Hola!

Aquí me tenéis con el segundo capítulo. Juraría que no os lo dije, pero es importante que os fijéis en el título de cada uno de ellos, no se llaman así sin ningún motivo. Gracias a Aeren76, FanFiker-FanFinal, lucyrobholic y a Adriana11 por vuestros comentarios (y que he respondido en privado) y a las que me habéis dado vuestra opinión por Facebook o Twitter. Y sin más, continuamos con la historia.

Ro Hoshi


2. El descubrimiento

—Entonces que Potter, ¿lo has traído?

Refugiados en una de las clases abandonadas del séptimo piso, Draco y Harry se encontraban sentados en el suelo, uno enfrente del otro con las piernas cruzadas, las túnicas dobladas en una mesa y una bolsa de deporte oscura al lado del Gryffindor.

—Te dije que lo haría, ¿no? —le respondió, abriendo la mochilla, una de las pocas compras que había realizado el anterior verano—. Aquí lo tienes, yo siempre cumplo mi palabra Malfoy —aseguró, dándole al rubio una botella de firewhisky.

—Pensaba que los Gryffindors no se saltaban las normas —dijo, mientras abría el envase—. ¿Has traído algún vaso?

Harry le miró con burla: —Sí claro, ahora sacaré una cubitera y unos aperitivos. Que pijo eres, joder.

—Potter, no te mando a la mierda… todavía no sé por qué no lo he hecho… —confesó, bebiendo directamente del recipiente, sintiendo como le ardía la garganta con el líquido.

—Lo mismo digo… —susurró el moreno, mientras le quitaba la bebida al Slytherin, tomando un trago.

Durante unos largos minutos continuaron pasándose la botella, sin hablarse, rozándose los dedos en alguna ocasión, compartiendo miradas furtivas.

—Aún no entiendo por qué estamos tú y yo haciendo esto… —comenzó Draco, dejando el envase en el suelo. Desde el día que Potter le había llamado en el estadio de quidditch, por una extraña razón, habían comenzado a relacionarse. Primero habían sido pequeñas charlas cuando el moreno terminaba el entrenamiento, después viéndose a escondidas en la biblioteca para estudiar, llegando a momentos tan surrealistas como el que se encontraban ahora. Lo peor del caso, era que para el Slytherin, esa amistad a escondidas se estaba convirtiendo en algo que le agradaba, le gustaba pasar el tiempo con Potter, porque con él, no tenía que ser invisible, ni tenía miedo de que le dijera que por su culpa habían muerto personas. Era como tener un aliado en esa batalla que era el día a día. Lo que no comprendía del todo era por qué Potter prefería su compañía, en vez de estar con sus amigos.

—¿Qué quieres decir? El que me retó a traer firewhisky fuiste tú, Malfoy —contestó el Gryffindor, estirando un brazo para que el rubio le devolviera la botella—. Vamos, dámela.

—Me refiero a que por qué pasas el tiempo conmigo y no con la pelirroja o Granger —respondió, bebiendo de nuevo, aguantándose las ganas de reír por la cara de indignación de Potter. Era tan divertido chincharle.

—No sabría decirte… —murmuró, todavía esperando a que Malfoy se dignara a devolverle la bebida. Harry le miró directamente a los ojos, grises, brillantes y burlones. Llevaban meses teniendo esa amistad tan rara, pero que le estaba proporcionando momentos muy agradables. Jamás habría pensado que al lado del Slytherin podría relajarse tanto. Malfoy no esperaba nada de él más que su compañía y Harry, por increíble que pudiese parecer, también quería lo mismo. No era incomodo estar con él, era natural, como si jamás se hubieran maldecido uno al otro, en pocas semanas todo el pasado entre ellos se había borrado dando paso a una presencia amistosa que ni le juzgaba ni le decía que tenía que hacer con su vida. Pero pensarlo era una cosa y decirlo en voz alta, era otra.

—Vamos Potter, o me lo cuentas o no te la doy —se mofó el rubio sonriendo, sosteniendo el objeto por el tapón.

—Que capullo llegas a ser cuando quieres —masculló incorporándose, quedándose de rodillas, tirándose hacía delante para quitarle la botella, pero Draco, echó los brazos hacia detrás, escondiéndola sin parar de carcajearse, haciendo que el moreno se quedara quieto observándole. Nunca había visto ni escuchado al Slytherin reírse de esa forma, tan abierta, espontánea, sincera. Draco estaba hermoso, con el rubio cabello despeinado, la mirada perlada refulgiendo de alegría, los labios mojados por la saliva que incitaban ser mordidos, ser besados.

Cuando se dio cuenta, no sólo de que el moreno había parado quedándose casi echado encima de él, sino también de la forma en que le miraba, se quedó en silencio. Nadie le había observado así, de un modo tan directo, arrollador, intenso. Potter no hablaba, no le hacía falta, sólo con contemplar los iris verdes, Draco tenía suficiente. Se sentía algo borracho pero no tanto como para no ser consciente de lo que podría suceder, de lo que quería que sucediera.

Harry acercó una de las manos a la mejilla del rubio, notando la cálida y suave piel. Vio como Draco cogía aire ante esa liviana caricia, sin apartar ninguno la mirada; hacer eso tal vez significaría que el momento se rompiese y por ningún motivo deseaba que pasara.

—Draco… —Se sentía tan correcto decir ese nombre, pensó Harry aproximándose a la boca del rubio, advirtiendo el aliento caliente, el rostro enrojecido, un diminuto lunar cerca de la nariz. Merlín, parecía tan adecuado lo que estaba a punto de pasar.

—Harry… —murmuró el Slytherin, con los labios prácticamente pegados a los del moreno, mientras decía esa palabra. Harry… era tan acertado decirlo en voz alta. Al fin, notó un delicado y húmedo roce, un mínimo toque en los labios que logró que todo el vello del cuerpo se le erizara. Era demasiado, y a la vez, era insuficiente.

Separados por una escasa distancia, volvieron a mirarse, sonrojados, tímidos, expectantes. El Slytherin dejó caer la botella y con una palma agarró la nuca del moreno, besándole en esta ocasión con pasión, devorándole la boca con una vehemencia que jamás, nunca, había sentido. La lengua de Harry acariciaba la suya, lasciva, demandante. Compartieron un beso diferente a todos los que habían dado, sin preocuparse por nada ni nadie.

A partir de ese momento, Draco tuvo la convicción y la seguridad de que, para una persona de Hogwarts, no era ni invisible ni un paira, más bien que alguien le necesitaba. Harry supo que por una vez había hecho algo por iniciativa propia, porque lo había deseado, lo había anhelado.

Ya nada sería igual.


El sábado el tercer capítulo: La despedida. Y recordad, comentar es amar! :)