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"Las inteligencias sintientes… son iguales y ambas merecen el mismo respeto, ya sea que estén hechas de carbono, o de silicio."

Dr. Shivasubramaniam Chandrasekhar, creador de HAL9000.

2010, Odisea 2.

Arthur C. Clarke.

Crhistopher Pike ahogó un bostezo, en el temprano amanecer.

Los marcianos y sus ideas de reunirse con la salida del sol, como si uno tuviera en verdad el cerebro más claro ¡Carajo! Tal vez las gallinas en Iowa, pero él…

El timbrazo en la puerta terminó por despertarlo totalmente. Se enredó como buenamente pudo en la amplia bata y se dirigió a la puerta, tropezando con el sillón y casi pateando a Taka; el siamés bufó y saltó sobre la manta que cubría el sofá.

Ambos –el gato y su dueño- se parecían: la mirada eléctrica, el mismo gesto impredecible y cierto desdeño por las inferioridades humanas.

Al abrir la puerta, la niebla helada de la mañana sanfranciscana intentó colarse; pero sólo el comandante vulcano, abrigado con el anorak negro, el cabello húmedo, logró entrar, después de un asentimiento impaciente de su superior.

Chris iba a cerrar la puerta cuando un

—¡Espere, capitán!

Lo detuvo.

Era Jim Kirk, jeans rotos, chamarra, camiseta y convers, cubierto todo por una gorra, los fosforescentes ojos azules bajo la visera.

Chris sintió el principio de una leve migraña. ¡Maldición! Ekka y sus santísimas conspiraciones marcianas ¿Acaso no podían dejarlo a él al margen?

Chris cerró la puerta cuidadosamente y dando un ruidoso suspiro, se encaró a sus visitantes, las manos en la cintura.

—¿Y bien? ¿Presumo que recibieron mensaje de Marte?

Jim abrió la boca y la cerró, sacándose de inmediato la gorra de baseball; sus rubios cabellos estaban mojados y apenas peinados, en contraste con los de Spock.

Ambos lucían ciertamente desconcertados. Spock habló.

—Mis disculpas por la hora, capitán Pike. Puedo responder por mí; efectivamente, osu Ekka Hakkonen me hizo llegar lo que parece un mensaje cifrado. Un archivo… confidencial sobre mi actuación en Marte, durante la misión de la Hood. Usted era el custodio de ese archivo, capitán. No me explico por qué razón, Hakkonen hizo uso de él.

Fue el turno de Jim.

—Yo tampoco entiendo, Chris. Buenos días, de paso. Anoche… bueno, hace un rato, para ser ciertos, estaba terminando una asignación cuando llegó un mensaje de Marte – extendió el PADD— y le aseguro que no tuve nada que ver con eso…

Pike extendió las manos, señalando el sofá, en muda invitación a que tomaran asiento y conteniendo a la vez, un bostezo.

Taka tomó la oportunidad y saltó de inmediato sobre las piernas del vulcano, al presentirlo más cálido; Spock no objetó a los mimos del gato. El y Taka eran igual de reticentes con el resto y de paso, Spock le había cuidado varias veces, cuando cachorro. Chris se dejó caer en el sillón frente a ellos, encarándose a ambos.

—Ekka me envió mensaje. Dijo que llegarían a la hora de Fobos, es decir, el amanecer. Mencionó que el experimento ***ar había sido un éxito. No tengo ni puta idea de a lo que se refiere. Sólo sé que a) mi mejor Oficial Científico y b) mi mejor cadete, fueron infectados con euglenosis… y sobrevivieron. No sé cómo y no me lo pregunten. Por otro lado, tampoco sé cómo tuvo acceso a información clasificada y por tu bien, Kirk, espero que estés diciendo la verdad…

La indignación de Jim fue evidente, frente al azoro del vulcano ¿Con qué derecho este cadete había tenido el descaro de hurgar ya no en los archivos de su capitán, sino en los que se referían a él, personalmente?

—¡Hey! Oye Chris…es decir, capitán Pike, JAMÁS haría algo así, hackear en tus archivos.

—Los dos sabemos que lo harías. Por curiosidad, nada más. De ahí a tomar información confidencial…

Jim enrojeció.

—Eso fue hace mucho…y ¡Sólo fue una broma!

Chris soltó una risita.

—¿En verdad? ¿Llenar mi PADD con holopics de todas mis alumnas, en bikini? –negó con la cabeza- McCoy tiene razón cuando dice que eres un infante…

El cadete se puso serio.

—Vamos, capitán. Usted sabe que yo no hurgaría en asuntos confidenciales. Y menos para comprometer a alguien más— se volvió al vulcano- en verdad, comandante.

Spock lo atravesó con la mirada.

—Temo que no puedo calificar o descalificar el incidente, cadete Kirk. Sin embargo, el capitán Pike tiene razón; el asunto de fondo es que usted y yo fuimos inoculados con la vacuna de Euglenae Protista, por los marcianos que se hacen llamar ***ar. De acuerdo a cualquier determinación médica, el fallecimiento de ambos era seguro, ya fuera por el efecto de la vacuna o por el hecho de que los así llamados ***ar, tienen por costumbre el utilizar a sus prisioneros como fuente de alimentación.

Chris fue al replicador y ordenó dos tazas de café y una de té vulcano.

—En resumidas cuentas –se dirigió a sus invitados—esto NO parece una coincidencia y menos si Ekka decidió reportarlo al pobre diablo que ejerce de oficial inmediato superior –es decir, a mí- y solicitarme, a su amable modo marciano, que esperásemos su llamada por conexión subespacial… a éstas benditas horas.

Todavía no terminaba Chris de hablar, cuando el zumbador del comm vibró, alertándolos de la esperada conferencia.

En la pantalla, el entorno, de piedra ocre y tapetes de cabello en las paredes, le recordó a Jim la pequeña 'cueva' de Ekka, en HellPoint; las trenzas del marciano caían lacias, sobre uno de sus brazos y el café humeaba sobre su escritorio. La sonrisa descarada y junto a él, la punta de unas orejas; Tuvok, que no se dejaba ver, tras el escritorio.

—¡Buenos días, Chris! ¡Spock y Jim! ¡Que gusto verles!

Su entusiasmo no fue correspondido y Jim no evitó hacer ojos de espiral. Con todo, se contuvo de preguntarle al marciano para qué carajos los quería ahí, a los tres juntos, a esa hora del amanecer y en medio de una situación por lo menos embarazosa; dejaría que Pike se hiciera cargo.

El capitán se limitó a suspirar y cruzarse de brazos.

—Me imagino que tendrás MUY BUENAS razones para todo éste show, Hakkonen.

Ekka dio un sorbo a su café.

—¡Buen Dios! ¡Qué caras tan largas! ¡Y dicen que los terranos se ríen de todo! Tsk…

La impaciencia de Pike fue evidente.

—Ekka…

El marciano alzó ambas manos, en un gesto de derrota.

—Está bien; está bien… no es para que se enojen. Tuve que convocarlos así porque me lo solicitaron. Y no finjan; por lo menos tú, Chris y Rick Barnett, junto con tu preciosa Número Uno, saben perfectamente de la existencia de los marcianos ***ar, casi desde el principio…

Jim y Spock miraron a su capitán, pero Pike se limitó a asentir. Ekka siguió hablando.

"Hace más de 80 años, cuando Sarada y sus secuaces decidieron que no habría más colonos terranos y que deberíamos pensar en la independencia, también llegamos a la conclusión de que no lo haríamos con los mismos métodos de ustedes.

—¿Lo que quiere decir?- interrumpió Jim.

—Que no usaríamos las mismas armas. En principio, aunque Marte sea rico en metales, no íbamos a explotar minas y a cambiar la faz de nuestro mundo, sólo por causa de una guerra, por necesaria que fuera.

Spock asintió, despacio.

Todos ellos sabían que las armas de los marcianos habían sido biológicas en principio y simbióticas en su mayor parte, lo que implicaba que no era fácil matarlos, al estar perfectamente adaptados a su mundo y si, en cambio, les era sencillo derrotar a los terranos, sin importar el número. Ekka siguió hablando.

"Mientras ustedes perdían tiempo en las dichosas Guerras Eugenésicas, nosotros aprovechamos las ventajas de una eugenesia verdadera; perfeccionamos la vacuna de euglena y creamos a las neutras. Aunque suenen como una contradicción, Tutti y Bantum Sarada definieron el algoritmo desde el principio y …

Spock lo interrumpió.

—No ha sido posible tener un algoritmo genético que sustente su propio equilibrio, osu Ekka. Después de un tiempo de copiado, los genes comenzarán a cambiar por sí solos.

El marciano sonrió.

—Y contábamos con eso. El algoritmo se degrada o avanza y gracias a su operación; como resultado, los genes de las neutras son todos diferentes, lo cual ha aumentado visiblemente nuestro pool genético y nuestra fuerza como subespecie nueva. Tal vez tengan que pasar unos diez años antes de que podamos tener más mujeres completas. Pero de momento, la fortaleza de las neutras y su variedad genética nos ayudarán a conformar una mejor especie marciana, mucho más resistente y adaptable a las condiciones de nuestro mundo.

El desconcierto en Jim fue evidente.

—No comprendo. ¿Qué tenemos que ver nosotros con eso? ¿ Y con los ***ar?

La sonrisa de Ekka no podía ser más brillante.

—Ya deben haberse dado cuenta de que, en nuestra condición actual como marcianos, no podemos abandonar nuestro mundo…

Los dejó que digirieran esa realidad unos segundos. Jim lo comprendió a la perfección, recordando su pánico, en el eterno recorrido entre Herschel y Gale, temiendo que las euglenas se fijaran a su médula y el jamás lograse escapar de Marte. Ekka siguió hablando.

—Por supuesto, eso limita seriamente nuestros conocimientos, en cuanto a la biotecnología en otros mundos. La Federación no admite marcianos en sus filas y nosotros sostenemos un vínculo apenas superficial con los mundos federados. Los únicos mediadores en éste trato, son los vulcanos. Sin embargo, también ellos han encontrado dificultades para adaptarse a Marte. Quizá ustedes dos, Jim, Spock, no sepan esto…y lamento ponerte en evidencia, Chris, pero los verdaderos gobernantes de Marte, son los ***ar…

La noticia no tomó por sorpresa a ninguno. Tanto Jim como Spock lo sospechaban; uno porque era telépata y el otro, porque había sentido el tacto de sus mentes sobre él… y no tenía la menor gana de repetir la experiencia.

"Ahora, lo cierto es que ellos no se comen a los terranos. Les hicimos creer eso a ustedes, para que no se les acercaran. Ellos son el culmen de nuestra experiencia científica, en biología eugenésica. Son tanto vegetales como animales; pueden vivir de fotosíntesis y sus cráneos son un 30% más ligeros que los cráneos humanos originales… lo que permite una telepatía de campo que mantendrá, a la larga, a toda nuestra especie conectada.

Jim arrugó el ceño.

—Sigo sin comprender a dónde vá…

Ekka elevó una ceja divertida.

—¿Qué estabas haciendo, cuando llegó mi mensaje?

Jim se removió, inquieto, frente a la mirada de Spock y Pike.

—Nada en especial. Una tarea.

—¿Sobre qué?

—¡Por Dios! ¿Es tan importante acaso?

—Pudiera ser…

El cadete suspiró, con fastidio.

—Un ensayo breve sobre la simulación de Barlowe, en Darwin IV…

—Descríbela.

Jim empezó a recitar, monótonamente.

—La nave Von Braun deja caer sobre el planeta dos de sus sondas…

—Tres- interrumpió Spock. Jim siguió como si nada.

—Para el caso dá lo mismo. Balboa se destruyó y sólo llegaron Ike y Leo al piso de Darwin.

—¿Y?

—Es un caso clásico de falta de comunicación y mal uso de la Inteligencia Artificial. Las computadoras de la Von Braun desestimaron todas las advertencias de las dos sondas, pese a que una tenía instinto y la otra, estaba programada con la lógica previa al Primer Contacto. Los habitantes inteligentes de Darwin IV hallaron las sondas y las destruyeron completamente, pese a que estaban desarmadas y eran inofensivas. A mi criterio, no se las dejó actuar libremente.

—Tú ¿Qué habrías hecho?

Jim se cruzó de brazos, incómodo ¿Qué diablos? ¿Qué tenía que ver una insignificante tarea con el ataque de los ***ar, las euglenas y todo eso? Pike lo urgió a responder, la mirada de hielo.

—Si tenían la programación para desarrollar criterio ¿Por qué carajo debían reportar todo a la Von Braun? ¿Por qué tenían que ser tan cautas? ¿Cómo es posible que, si Leo advirtió que había círculos y cosas sospechosas, como lanzas, aún así utilizara la cámara freezbee? ¡Era obvio que los Eosapiens interpretarían eso como un ataque!

—De acuerdo a tu criterio, se les debió haber permitido trabajar solas, con iniciativa propia.

Jim asintió. Fue turno de Spock.

—Aunque no por la misma vía, coincido plenamente con la lógica del cadete, osu Ekka. Cada cambio de decisión en las sondas requirió de tiempo valioso.

—Eran sólo segundos, Spock.

—Y el ataque de los Eosapien se dio en décimas de segundo, osu Ekka. La pérdida de Ike y Leo dejó muchas interrogantes y aún es un problema clásico de Xenología.

Jim asintió, mientras Pike miraba a uno y a otro. Ekka le guiñó un ojo al capitán.

—¿Lo ves, Chris? Es por eso que los ***ar los eligieron…

El silencio se eternizó durante diez segundos, antes de que Jim estallara.

—¿De qué demonios estás hablando? ¿'Nos' eligieron?

La faz de Spock estaba a punto de traicionar su impasibilidad.

—Le agradeceríamos, osu Ekka, que se explicase. Claramente, por favor…

Pero fue Pike quien habló, frotándose los ojos.

—En realidad, es muy sencillo. Es sólo un cambio de criterio, Spock, Jim. Nosotros usamos sondas mecánicas, satélites robóticos, exploradores hechos de metal y circuitos.

—¿Y? –preguntó Jim. Ekka fue quien respondió.

—Y resulta que no todas las máquinas tienen el mismo aspecto. Y resulta que a un computador, se le debe programar con Inteligencia Artificial y ésta, tiende a no cometer errores… lo cual es su máxima debilidad. Como Ike y Leo no podían guiarse por su intuición, sino por sus órdenes programadas, esperaron todas las veces la respuesta de la Von Braun, pese a tener pruebas sólidas de que los estaban siguiendo y pese a su propia estadística señalada de que se hallaban en peligro.

Una máquina biológica en cambio, posee instinto y lógica a la vez, lo que le permite actuar con cierto margen de independencia, en sus órdenes dadas y ejecutarlas con su propio criterio. Una máquina humana es espléndida, pues se repara sola y toma decisiones sola, muchas veces, sin importar sus órdenes. Esa es la razón por la que las naves de la Flota, son conducidas por seres sintientes y no por Inteligencia Artificial, lo que sería mucho más barato en cuanto a costes de mantenimiento, pero muy caro y peligroso y casi infructífero, en cuanto a asuntos de Pirmer Contacto, dado que éstos oscurren igualmente con seres sintientes.

—Sigo sin comprender- insistió Jim.

Pike suspiró, con fastidio.

—Ustedes dos, son sondas de los ***ar…

Ekka soltó la carcajada, después del azorado silencio.

—Como se los acabo de decir, nosotros no podemos abandonar fácilmente nuestro mundo. Eso no quiere decir que no estemos interesados en la exploración espacial. Despues de todo, fuímos humanos y aunque no creemos en la conquista y la… manipulación –como la Federación sí lo cree- nunca está de más la información. Nosotros no poseemos teconolgía como la terrana o la vulcana. Pero somos biólogos. Por lo tanto, descubrimos que el Problema Barlowe y el asunto de Darwin IV, nos daba una perspectiva única de exploración. Sólo teníamos que programar a las sondas correctas… y vaya que lo intentamos. Después de muchas pruebas y errores, nuestra querida Bianca encontró que la unidad de equilibrio se daría entre un humano y un vulcano. Uno, aportaría el comando y la impulsividad intuitiva y el otro, la lógica necesaria para conseguir los objetivos. Después de todo, ése era el esquema original de Exploración.

Y, por cierto, fui YO quien le dibujó las orejas a Leo –se rió una vez más- esperaba que adivinaran mis intenciones, con eso…

Las emociones recorrieron a Spock, inevitablemente, desde la ira hasta el desconcierto y pudo adivinar que Jim estaba en el mismo estado.

—Pero… ¿Cómo? ¿Por qué?

Spock casi tartamudeó.

—Capitán Pike, estaba usted al tanto de… ésta situación?

Chris negó con la cabeza.

—Sólo sabía que Bianca… que mi hija insistía en… bueno, en casarse contigo. Los ***ar nos hicieron constancia de su existencia, pero mientras nosotros no interviniéramos en Marte, ellos no dañarían a ningún colono ni a nadie que tuviera que ver con la Federación. Yo… no sé cómo disculparme.

Spock se enderezó aún más y se enfrentó a Ekka.

—Eso sería inútil, capitán, dado que no es usted responsable. Usted en cambio, osu Hakkonen, tendrá que responder por cargos de abuso y mal uso de recursos, frente a la Federación.

Ekka alzó una ceja.

—¿En verdad? Tú y Jim están sanos y salvos. Las euglenas no los dañaron. Y si me permites, Spock, consulta a cualquiera de tus Sanadores; no hallarán el menor rastro de daño en tus registros telepáticos.

Fue turno de Jim.

—Pero ¿Para que nos hicieron eso? ¿Convertirnos en sus sondas? Ciertamente, no vamos a trabajar para los ***ar! Yo… me convertiré en capitán y en cuanto a Spock, él ya es Oficial Científico en una nave.

Ekka suspiró, como si perdiera la paciencia.

—Creo que ambos están conscientes (por lo menos tu, Spock) de la propiedad de no-localidad cuántica…

Spock elevó una ceja, como si de pronto, todo aterrizara en su sitio. La no-localidad es una especie de vudú entre fotones; uno pincha un fotón con un alfiler y al otro extremo del universo, su fotón par, reacciona. Sin importar la distancia ni el tiempo de separación.

El entendimiento cayó sobre ellos, como la niebla de San Francisco, afuera; después de todo, se trataba de Física cuántica elemental y hasta Jim sabía eso.

Jim y Spock no sólo estaban ligados entre sí; el campo telepático creado por las euglenas, los ligaba irremisiblemente a los marcianos ***ar.

Eso significaba, en palabras lisas, que al mundo que fueran, que cualquier exploración que hicieran , que todo lo que vivieran, de ahora en adelante, sería recopilado por los marcianos, sin importar la distancia.

Ekka esperaba indignación u otro ataque. Contrario a eso, Spock asintió, despacio.

—Me resulta difícil el creerlo, Ekka. Pero sé que no has mentido. Y que no hubo daño en tu intención…

El marciano asintió, aliviado.

—Esperaba esa reacción en ti, amigo mío. Los vulcanos siempre han sido un apoyo vital para Marte.

Jim en cambio, sintió náuseas y vacío en el estómago.

—¿Quieren decir que hay espías ahora, dentro de mi cabeza? Pero…pero ¿Quiénes DIABLOS SE CREEN, HAKKONEN?

Ekka pareció estirarse hasta sus tres metros, indiferente como un vulcano, de pronto.

—No más y no menos que ustedes, Jim. Y no te preocupes tanto; entre el montón de basura que guardas en el cráneo, nuestros ***ar sólo usarán la información biológica pertinente. Lo demás, no nos interesa.

Spock se inclinó sobre el amplio monitor.

—Una pregunta, osu.

La sonrisa de Ekka.

—Quieres saber el por qué…

Spock asintió. El marciano negó con la cabeza.

—No lo sé, amigo mío. Tutti Sarada hizo la prueba con no menos de cien terranos y cuarenta vulcanos. Ninguno soportó las euglenas. Tú fuíste el primero que no murió, y la intuición y los cálculos de Bianca nos guiaron hacia Jim. Pero no sabíamos si iba a funcionar –sorbió su café, ya frío- lo que sí sabemos es que su compatibilidad nos es necesaria y que bien pueden elegir el no ayudarnos. De todas formas, el entangletado, la no-localidad, está hecha. Borrar la huella biológica en ustedes, mataría a Spock y dejaría ciego a Jim. Y nadie quiere eso…

Jim se decidió a preguntar.

—Spock… puede leer mis pensamientos? ¿Puede influírme?

Ekka negó con la cabeza.

—No. No puede. Ni tú a él. La compatibilidad de ustedes tiene que ver con su actitud hacia su trabajo. Nada más. No los hemos casado a la fuerza ni cosa por el estilo. Son libres de hacer lo que les plazca… pero en el fondo de ustedes, llevarán la marca ***ar. Y, si encontrasen algo que a mi especie le sirviera, para hacer mejor las cosas, tomaremos solo eso…

Jim se atragantó cuando Ekka hablo de casarlos a la fuerza, pero logró que no se notara. Las orejas de Spock en cambio, enverdecieron ligerísimamente en la punta ¿Cuál sería el ilógico criterio de los ***ar para considerar que ellos eran un buen par de sondas de exploración?

Ekka miró su cronómetro.

—Bueno, espero haber sido claro, Jim, Spock. No puedo decir que lamente todo esto, capitán Pike… y comprenderé si desea levantar cargos, aunque no se lo recomiendo. No hallarán pruebas. Esta llamada se ha hecho muy larga y los cargos por larga distancia a la Tierra son altísimos. Si tienen alguna duda…

Los tres se miraron entre sí, pero evidentemente, no había una sola. Ekka alzó la mano en el ta'al y se desvaneció de la pantalla.

Después de eso, no hubo muchas palabras. Y, cuando Jim y Spock se hubieron ido, cada uno por su lado, perdidos en la niebla, Chris notó que había un mensaje en su PADD.

Era de Bianca.

Estarán bien; no te preocupes. Nuestra deuda contigo es impagable; eres el mejor de los papás, sabías?

Besos.

B.

Chris sintió escalofríos; si Spock y Jim se enteraban…

Pero tenía una deuda con su hija ysi ésta había decidido dejar todo atrás y vivir en el rojo planeta ¿Qué le quedaba por hacer? Además, Jim y Spock… eran mil veces más fuertes, valientes y listos que Ike y Leo.

Hum…si las cosas salían bien, no estaría mal que formasen un equipo de comando.

Suspirando, se dirigió a la regadera.

Faltaban diez minutos para empezar su clase.

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Mil gracias por leer y comentar. Por desgracia, falta aún otro capi. Tal vez, dos.

Namasté.

FA.