Soledad...


André enlazó su mano a la de ella tratando de tranquilizarla, Oscar realizó un gesto de asentimiento mientras miraba atentamente el rostro del hombre al que amaba, con esa señal, él comenzó a abrirse paso en su carne estrecha y húmeda. Un dolor inesperado la hizo temblar asustada, él soltó su mano y, sin dejar de moverse, acarició con ternura infinita su indomable cabello mientras susurraba en su oído palabras de amor. Un fuerte suspiro escapó de sus delgados labios cuando una sensación completamente desconocida y placentera comenzó a inundarla. Un tanto asustada por las emociones que jamás había imaginado, se concentró durante unos segundos en el golpeteo suave y rítmico que sentía en su pecho desnudo, conmovida se dio cuenta de que lo que sentía eran los latidos de los corazones de ambos, pues no sólo sus cuerpos estaban tratando de fundirse en uno solo.

-André… amor mío mírame- susurró.

Sonrió cuando vio frente a sí el rostro del hombre al cual había decidido entregar su virginidad tardía, una virginidad que había conservado durante treinta y tres años, no como una prueba de virtud, sino más bien como una prueba de la profunda negación en la que había vivido toda su vida. Posó su mirada zafiro en los ojos esmeralda del que ahora era su esposo, su corazón se contrajo al ver su pupila izquierda carente de luz. André de inmediato reconoció la desesperación que la había inundado, como siempre, sabía lo que ella pensaba aunque Oscar no pronunciara ni una palabra o aunque él casi ya no pudiera verla.

-No pienses en el pasado… quédate aquí conmigo- susurró antes de besarla lento y profundo.

El llanto de un infante la despertó, antes de abrir los párpados levantó la mano izquierda y rozó con la punta de los dedos sus delgados y fríos labios, nuevamente había rememorado en sueños la noche en que se había entregado al hombre que la había acompañado toda su vida.

Cuando se animó a abrir los ojos, debió pestañear varias veces para acostumbrarse a la luz que se colaba imprudentemente entre las raídas cortinas que cubrían de forma precaria la ventana del sencillo cuarto en el que dormía. Con esfuerzo se apoyó en el codo izquierdo para erguirse. Estaba acostumbrada a esa rutina y a los movimientos que menos molestia le causaban, pues una vez despierta, no podía continuar acostada o un violento acceso de tos la ahogaría, situación que no sólo sería molesta para ella, sino que además preocuparía a todos y eso no lo podía permitir, día a día se esforzaba en pasar desapercibida para las personas con las que compartía el pequeño apartamento en el centro de París.

Se sentó en la cama y observó durante algunos segundos los blancos y pequeños dedos se sus pies, respiró profundo y de un solo impulso se levantó. Caminó hasta el humilde tocador, notó una barra de jabón sobre una limpia toalla de lino, ambas cosas estaban acomodadas con delicadeza junto a la jofaina de porcelana que estaba llena de agua fresca. Sonrió al pensar en Rosalie, la dulce mujer se empeñaba en atenderla de la mejor manera posible a pesar de su renuencia a pedir cualquier cosa. Levantó la vista y vio su reflejo en el espejo del peinador, su mirada vagó por sus rasgos pálidos, los ángulos de su nariz, mentón y pómulos lucían cada vez más afilados debido a la delgadez que la estaba consumiendo. Reparó en su cabello, había crecido y estaba casi rozando sus estrechos hombros, hizo nota mental de pedir unas tijeras prestadas para cortarlo. Después del pequeño inventario, movió la cabeza para alejar cualquier tipo de pensamiento y comenzó a prepararse para enfrentar un nuevo día.

-o-

-Lady Oscar, en seguida le sirvo una taza de leche- habló Rosalie en cuanto vio aparecer en el comedor a la alta mujer que había sido su protectora –He sido muy clara con Bernard, si hoy no trae chocolate, es mejor que no regrese a casa- sonrió de forma encantadora mientras mecía a François sobre sus rodillas para que el niño dejara de llorar.

-¿Los dientes?- contestó la ex militar mientras miraba al rubio infante de apenas un año de edad.

-Sí...- suspiró cansada -No deja de llorar mi pobre niño... ¡¿No me diga que la despertó?!- se cubrió la boca asustada –Lo lamento mucho, Lady Oscar- se puso de pie con el infante en brazos.

-Rosalie, por favor deja de llamarme así- Oscar sonrió con ternura mientras acariciaba algunos rizos del hijo de sus amigos –Llevamos casi cuatro años viviendo juntas… y creo que a estas alturas has hecho mucho más por mí, de lo que yo hice por ti.

-No, no, no, no- rebatió con dulzura –Usted salvó a Bernard de la muerte y a mí me dio un futuro fuera de las calles… siéntese, le serviré el desayuno.

-No te preocupes…no tengo hambre- caminó hasta la puerta y descolgó su sombrero del perchero de la entrada –Iré a retirar algo de dinero al banco…

-¿Vendrá a almorzar?- preguntó esperanzada.

-No lo sé…- notó como los ojos de la dulce mujer se entristecían ante su respuesta –Pero te prometo que estaré aquí para la hora de la cena- trató de confortarla.

-¡Maravilloso! Bernard me comentó que Alain estaba en la ciudad, me prometió buscarlo para invitarlo a comer con nosotros.

-Nos vemos más tarde- fue su única respuesta antes de salir a la calle. No pudo decirle a Rosalie que no quería ver a Alain, pues verlo solo le recordaba su pasado.

Caminó algunas cuadras hasta que encontró un carruaje de alquiler, pagó el importe del arriendo de todas las butacas al cochero e instruyó.

-Al Couvent des Célestins, por favor.

-Ese lugar está abandonado, monsieur- contestó el desdentado hombre.

-Le he pagado para que me lleve a donde le indico, limítese a hacer eso- contestó de manera parca antes de acomodarse en el carro.

El hombre hizo un gesto adusto y puso en movimiento el vehículo. Cuando descendió en el lugar de destino, le dio instrucciones al cochero de volver por ella a media tarde, en cuanto la berlina se puso en movimiento, caminó pausadamente por los descuidados jardines del antiguo convento. Suspiró desanimada al no encontrar ninguna flor, resignada se dirigió hacia las tumbas.

-Hoy no te pude traer nada, amor mío...- murmuró mientras se sentaba junto a una lápida –Te prometo que la próxima vez que venga, no faltarán las rosas blancas que tanto te gustaban- limpió cuidadosamente con la mano izquierda, cada una de las hojas secas que habían caído sobre la superficie de la piedra.

-¿André está sepultado aquí?

Miró asustada al hombre que estaba de pie frente a la tumba.

-Fersen... ¡¿Qué estás haciendo aquí?!- su voz vibró furiosa, ese era su santuario.

-Te he seguido durante días- contestó sin acercarse –Perdóname por haber transgredido tu intimidad.

-No debiste hacerlo- sus ojos se llenaron de lágrimas –No tenías derecho a venir aquí- un sollozo quebró su voz.

-Oscar…- se acercó a ella de forma rápida y se sentó a su lado.

-Vete de aquí- le suplicó entre lágrimas –No debes estar aquí... déjame sola- insistió.

Fersen levantó sus brazos y la estrechó contra su cuerpo, aguantó con estoicismo los puñetazos que ella le propinaba mientras trataba de soltarse de su abrazo, después de unos minutos, sintió como Oscar cedía y finalmente comenzaba a llorar desconsolada sobre su pecho.

-No estás sola mi querida y valiente Oscar… no estás sola- susurró contra la cabeza de su otrora mejor amiga.


(*) El Convento de los Celestinos de París (en francés: Couvent des Célestins de Paris) fue un antiguo convento situado cerca de la Place de la Bastille en París, Francia.

Fue el segundo cementerio más importante para la realeza después de la Basílica de Saint-Denis. El prestigioso convento se encuentra cerca del Hôtel Saint-Pol, la residencia favorita de Carlos V y de Carlos VI en la zona del Marais. Muchos de los príncipes de alto rango de su corte fueron enterrados en el convento.

Sin embargo, el convento fue profanado durante la Revolución Francesa. Después de la revolución, algunas de las lápidas fueron recuperadas por Alexandre Lenoir. En particular, la tumba del rey León V de Armenia se colocó en su Musée des Monuments Français en la Basílica de Saint-Denis.


No me culpen por la tristeza, porque les prometo que pagué el importe en lágrimas mientras escribía… Espero que les haya gustado este capítulo. Si así fue ya saben… un review alivia la pena _.

¡GRACIAS POR LEER!