Imperdonable

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La profecía de las estrellas

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La lectura de las estrellas era algo que le gustaba mucho pero le costaba bastante trabajo descifrarlas. Saori aparto la mirada del telescopio e intento hacer su interpretación en el mapa astral que tenía sobre la mesa; garabateo algo tachándolo enseguida para escribir otra cosa y volverla a tachonear. Sus interpretaciones eran sobre tiempos de paz acompañados de agradables cambios a su alrededor. Por supuesto era falso ya que siempre que creía que venían tiempos de paz algo tenía que interrumpirla.

Por ejemplo en ese momento Mu observaba como comenzaba a impacientarse por no tener la lectura adecuada. Kanon le estaba impartiendo la clase y también la observaba con detenimiento; Saori concluyo que eran ellos quienes no la dejaban concentrarse pero no sabía cómo expresarlo sin ofenderlos.

Desvió la mirada a otro punto del templo donde estaban. Se trataba del viejo templo sobre Starhill ubicado en segunda montaña más alta del Santuario donde el Patriarca solía ir a meditar y recibir instrucción de la misma Atenea en persona; en este caso Saori quiso tomar clase de Astrología y Astronomía ahí, consideró que el lugar era el adecuado a pesar de haber olvidado por completo la altura a la que estaba situado y lo complejo que era subir hasta allá pero una vez llegada a la cima se apreciaba la magnífica vista de la ciudad y el pequeño templo que albergaba pergaminos y pergaminos con las lecturas recopiladas tras cientos de años de leer las estrellas.

— ¿Todo bien Atena? —Pregunto Kanon calmadamente— ¿puedo ver lo que ha interpretado hasta ahora?

—No espera, aún no he terminado —respondió rápidamente tapando su trabajo.

—Muy bien.

Kanon no dijo más y esperó pacientemente sin quitar los ojos de Saori. Ella por su parte habría deseado que cualquier cosa se llevara al gemelo a otra sala del templo para que ella pudiera concentrarse pero no pasaba, estaba nerviosa como si estuviera en medio de un examen muy complicado y mirando de reojo a Mu veía que el joven estaba divertido ante esa escena.

—Ven un momento Kanon —dijo el Santo de Aries quebrando el silencio—, hay algo que necesito consultarte.

—De acuerdo —Kanon se olía la jugarreta pero acepto, iba a darle a Saori algo de ventaja porque la joven estaba con la cabeza en las nubes siendo cosa rara en ella.

Saori agradeció infinitamente que Mu se llevara lejos a Kanon y así regresó la mirada al telescopio que le permitió ver el magnífico cielo estrellado y despejado; las estrellas más brillantes resplandecían ante ella dándole un mensaje aparentemente muy claro y, sin pensarlo, comenzó a escribir lo que veía redactando un párrafo que rezaba algo así:

"Un periodo de felicidad inundará el mundo durante varios meses, en ese tiempo se podrá ver como el amor y la paz llenaran los corazones de las personas habiendo varios frutos de ese amor pero la paz no será duradera; la discordia y los celos se apoderarán del ambiente colapsando lo creado y terminando en gran tragedia".

—Qué extraño… —pensó la joven sin entender— ¿Me habré equivocado en la lectura?

Como se lo esperaba algo quebraría el tiempo de paz, podría significar que un nuevo enemigo estaría al acecho dentro de algún tiempo y ella debía estar preparada pero no estaba del todo segura. Se quedó intranquila con la mente intentando entender el mensaje, ni siquiera noto cuando Kanon se paró al lado de ella tomando el pergamino revisando la redacción.

—Que fatalista fue tu interpretación.

—Lo siento, creo que me volví a equivocar.

—Puede ser o puede que no, en realidad las lecturas no son cien por ciento exactas pero esperemos que el tiempo de paz que está aquí sea duradero muchos años.

—Tienes razón. Me esforzaré por hacerlo mejor.

—Bueno Atena, aun tienes mucho que aprender, yo creo que es todo por esta noche.

—Muy bien.

Apagaron las velas y los tres salieron rumbo al Santuario.

Kanon bajo rápidamente ya que tenía algo de practica pero Mu ayudaba a Saori a bajar por la estrecha escalera de piedra tardándose mucho más ya que debía tener mucho cuidado en que la joven pisara correctamente los diminutos escalones o se irían para abajo los tres; el gemelo miraba de vez en vez si no tenían problemas pero nada más. Por órdenes del mismo anciano Maestro el único autorizado para ayudar a la diosa en tareas como esa era Mu. Nadie más tenía permiso para asistirla a ese nivel.

—Pobre Mu, bien dijo Milo que sería niñera de la diosa en vez de Santo de Aries y seguramente cuando sea el momento será Kiki quien tome su lugar en tan tediosa tarea —pensaba Kanon con bastante fastidio.

Era cierto que veneraba a la diosa pero no tanto como para servirla cada minuto del día porque desde esa asignación de funciones rara vez se le veía a Mu por los pasillos de las doce casas y muy rara vez bajaba a Aries; la mayor parte del tiempo lo pasaba en el Gran Templo Principal. Kanon jamás se hubiera imaginado lo demandante y exigente que era la diosa y deseaba que Mu se volviera casi inmortal e inmune a todo para que nada le pasara y nadie más que él tuviera que lidiar con ella.

Prácticamente la vida del Santo de Aries estaba dedicada a la diosa sin poder pensar en otra cosa, al menos mientras ella estuviera en el Santuario ya que cuando tuviera que ir al Oriente sería su mayordomo Tatsumi quien la cuidara.

En cuanto vio que llegaron con bien a la entrada del templo de Atena decidió dejarlos ya que debía retirarse a dormir porque le tocaba la guardia por la mañana temprano y necesitaba algunas horas de sueño al menos.

—Me retiro a descansar, buenas noches Atena —hizo una reverencia y se retiró de ahí.

—Gracias por la clase Kanon, te veré mañana.

—Muy bien.

— ¿Por qué no vas a descansar Mu? Desde aquí puedo llegar sola a mi habitación.

—Lo siento pero la orden es que la escolte hasta allá —respondió el muviano con toda calma dispuesto a no aceptar la sugerencia.

—Bien… —dijo ella sin decir más mientras veía como Kanon iba con pasos veloces por el pasillo.

Saori no dijo nada más pero, de verdad, deseaba que Mu la dejara sola por un momento; parecía más su sombra que su escolta, no se separaba de ella más que para dormir o usar el baño, fuera de eso la acompañaba a todas partes. Se tomaba demasiado en serio su papel como "Custodio" y la joven no quería reconocerlo pero le cansaba que la trataran como muñeca de porcelana, como si con cada paso que diera pudiera romperse. Mu era excelente persona pero demasiado estricto con todo y apegado a las reglas en forma casi paranoica.

—Buenas noches Atena, que descanse —El santo hizo una profunda reverencia al dejarla en la puerta de su habitación—, la veré mañana.

—Gracias Mu, que descanses también.

La joven se sintió muy aliviada al verlo alejarse aunque se quedara con otros dos guardias fuera de su habitación. Al cerrar la puerta fue directo a la ventana a seguir mirando las estrellas y aun inquieta por lo que acababa de leer en ellas.

— ¿Qué nuevo enemigo tendremos que enfrentar?

Miro el calendario y noto lo rápido que pasaba el tiempo, acababa de cumplir la mayoría de edad y, por un instante considero la posibilidad de organizar una pequeña fiesta con los caballeros sobrevivientes puesto que no había podido festejar pero ahora no sería posible ya que debía estar alerta por cualquier cosa.

—Ojalá se nos permitieran varios meses o años llenos de cosas positivas pero no será posible al parecer—lanzo un largo suspiro sintiéndose triste ya que apenas terminaba una batalla cuando tenían otra en puerta.

Su habitación era lujosa y espaciosa, no tanto como la de su residencia en Japón pero si lo suficiente como para tener una gran cama con dosel con sus dos mesas de noche, dos cómodas con un largo espejo en el centro, una chimenea y un amplio librero lleno de fotos con Seiya y otras con los demás caballeros de bronce además de otra foto con su difunto abuelo mientras que los estantes de abajo estaban llenos de libros. La joven miro todo el lujo que la rodeaba; en realidad era la jaula de oro en la que vivía de forma permanente ya que no tenía permitido salir ni explorar el mundo exterior salvo que Mu la acompañara y no era tan simple puesto que el joven jamás la dejaría ser.

—Se a la perfección toda la responsabilidad que pesa sobre mi pero odio vivir como muñeca metida en una vitrina…

Al mirar al horizonte veía las luces de la ciudad en la lejanía y un pequeño deseo nació en su corazón: el poder ir una noche a la ciudad y ver la vida nocturna en todo su esplendor aunque no pudiera tomar parte de ella, con solo ver le bastaba para satisfacer su curiosidad. En ese momento deseo haber hecho todas esas cosas cuando aún era libre, cuando aún no era la diosa al frente de todos, a la que todos reverenciaban y a la que debían cuidar en cada paso que daba.

—Si tan solo pudiera convencer a Mu… —se quedó pensativa un momento pero sin poder llegar a una conclusión útil.

Sin más se fue a la cama analizando como pedirle a Mu que la llevara a la ciudad al menos una vez. No podía esperar hasta su regreso al oriente ya que había prometido quedarse por varios meses para poner orden en el Santuario aunque creía que terminaría por volverla loca tanto encierro y tal vez sería bueno volver antes pero no lo sabía aun, de todos modos no era libre en casa ya que el otro que la custodiaba como oro era Tatsumi haciendo parecer su mansión como una gran caja fuerte en vez de su hogar.

Solo quedaban en su mente ese deseo y la inquietud por el nuevo enemigo. Pensando en eso y lo otro no podía dormir.

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Kanon se encontró con Milo escaleras abajo, este miraba las estrellas también y no pudo resistir el molestarlo un poco siquiera pero tuvo que esperar ya que Mu iba pocos pasos detrás de él.

—Buenas noches Mu, o debo decir "Super niñero".

—Basta Kanon, no debes hablar así de nuestra diosa —Mu estaba molesto ya que Kanon jamás tenía algo de respeto por nadie.

—Super niñero… —Milo se les unió y medio de risas—, solo a Kanon se le ocurren semejantes cosas pero si Mu, dinos como te va.

—Sigan burlándose —Mu no dijo nada más y siguió su camino dejándolos en el octavo templo.

—Es increíble que siga al pie de la letra semejante orden —decía el gemelo— ¿realmente crees que la diosa lo necesite cada minuto del día?

—Quien sabe, quizás en el fondo sea una niña mimada incapaz de hacer las cosas por ella misma, tal vez en su casa tenía un ejército de sirvientes que hacían todo por ella —decía Milo algo pensativo— aunque, como bien dice Mu, es nuestra jefa y le debemos respeto.

—El respeto lo tiene Milo aunque sería bueno que aprendiera a cuidarse sola y a concentrarse.

— ¿Vas a la cama?

—Es correcto Milo, a ti te gusta retozar pero yo prefiero dormir, que descanses.

— ¡Cierra la boca! —Milo no pudo más que reír al comentario.

Shaina no había ido esa noche lo que le dio tiempo de dormir una larga siesta no obstante ya no estaba cansado como para seguir durmiendo hasta dentro de un par de horas por lo que sin más camino hacía piscis para pensar un poco y visitar el templo de Acuario; extrañaba mucho a su mejor amigo y confidente y ahora que no estaba no tenía con quien compartir nada. Por momentos se sentía muy solo aunque estuviera rodeado de personas.

Desde Escorpión hasta el Templo Principal estaban vacías las casas del Zodiaco, ni un alma alrededor siendo solo oscuridad ya que tampoco se encendían las luces en esos templos. Milo sentía mucha soledad en el ambiente pero al llegar al gran templo noto que una luz estaba encendida en un costado del segundo piso; una luz en medio de toda la oscuridad y soledad que reinaban en el ambiente, el joven se preguntó quién estaría despierto tan tarde y víctima de la curiosidad se acercó por la parte de abajo tratando de ver si había alguien cerca de la ventana y, en efecto, había alguien mirando las estrellas.

Era la diosa Atena quien miraba la inmensidad del cielo con mucho pesar y algo de preocupación. Estaba sentada en el marco de la ventana con tan solo la luz de una vela a su lado y parecía estar absorta en sus pensamientos sin darse cuenta de que Milo la observaba desde abajo. El joven la miraba extrañado ya que no se esperaba verla despierta tan tarde y algo en su mirada no le gusto, ¿acaso se avecinaba una nueva batalla?

—Tal vez esté preocupada por la llegada de un nuevo enemigo… no puede ser —Milo no vio más y se retiró de ahí consternado y con una idea en la cabeza.

No podría dormir tampoco si es que esa idea se volvía realidad: la posibilidad de que la diosa estuviera preocupada o a la espera de un nuevo enemigo o una nueva batalla estaba dando vueltas en su cabeza sin dejarlo descansar.

—Eso me pasa por meterme en lo que no me importa —se culpó pero ya era tarde.

Al ir escaleras abajo noto que había una figura delgada entrando al octavo templo, seguramente era Shaina por lo que espero un poco antes de seguir bajando. Se quedó un momento en la entrada de Acuario para salir de dudas y, efectivamente, era ella quien regresaba a la entrada principal y se quedaba de pie ahí. Lo estaba esperando pero él no tenía ganas de darle gusto esa noche entonces haría algo que no se debe hacer: pasar la noche en otro templo. No quería compañía pero no sabía si solo esa noche o de ahí en adelante.

Para su buena fortuna la puerta de la habitación de Acuario estaba abierta así que entro con toda confianza como solía hacer y cerró la puerta tras de sí. Solo quería irse a la cama y meterse en sus pensamientos.

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Continuará…

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*Notas: He aquí el capítulo dos, mil gracias por leer y por sus reviews.