Hola chicas aquí regrese, dejándoles el siguiente capitulo, quisiera darles las gracias a aquellas quienes agregaron la historia a favoritos, enserio mil gracias y aquellas que me dejaron sus reviews, eso me motiva a seguir con la adaptación.
Les recuerdo, la historia no me pertenece ni los personajes, yo solo adapto.
La historia es de Caroline Anderson y los personajes de Stephenie Meyer.
Bien chicas les dejo el capitulo
Las quierooo
-La he encontrado.
Edward se quedo de piedra.
Era lo que llevaba esperando desde el mes de Junio, pero en ese momento le daba miedo formular la pregunta. Sintió que le daba un vuelco el corazón, se reclino en la silla y miro al detective en busca de pistas.
-¿Dónde?- le pregunto por fin.
-En Sufflok. Esta viviendo en una casita.
Viviendo, pensó y su corazón recupero el ritmo normal. Durante todo ese tiempo había temido que…
-¿Está bien?
-Sí, está bien.
-¿Sola?
El hombre hizo una pausa.
-No. La casa pertenece a un hombre que se llama Jacob Black. Trabaja en el extranjero, pero viene y va.
Cielos. Se sentía tan mareado que no fue capaz de registrar las últimas palabras que le habían dicho.
-¿Qué tiene que?
-Bebes. Dos gemelas. Tienen ocho meses.
-¿Ocho?- repitió el-. ¿O sea que él tiene hijos?
-Al parecer, no. Creo que son de ella. Lleva viviendo ahí desde a mediados de Enero del año pasado, y las pequeñas nacieron durante el verano…. En junio, según decía la mujer de la oficina de correos. Fue de gran ayuda. Creo que ha habido muchos rumores sobre su relación.
Estaba seguro de ello. Cielos, deseaba matarla. O a Black. Quizá a los dos.
-Por supuesto, según las fechas, parece que estaba embarazada cuando lo dejo, así que podrían ser sus hijas…. O podría haber tenido una aventura con ese tal Black.
-Solo dedíquese a su trabajo, yo hare los cálculos- soltó Edward, tratando de ignorar la idea de serle infiel- ¿Dónde está? Quiero su dirección.
-Todo está aquí- dijo el hombre y le entrego un sobre-. Con mi factura.
-Me ocupare de ella. Gracias.
-Si necesita algo más señor Cullen, cualquier otra información…
-Me pondré en contacto con usted.
-La mujer de la oficina de correos me dijo que Black esta fuera en estos momentos, si le sirve de algo- añadió antes de abrir la puerta.
Edward miro el sobre y espero a que se cerrara la puerta para abrirlo. Al ver las fotos que contenía, se le corto la respiración.
Bella estaba preciosa. Aunque diferente. Tenía el cabello más largo y lo llevaba recogido en una coleta, de forma que parecía más joven y más libre. Ya no llevaba mechas rubias y su cabello volvía a ser castaño, con un pequeño rizo al final de la coleta que hacía que el deseara acariciárselo y tirar de él con suavidad para atraerla de nuevo a su lado.
También había engordado una pizca, pero le sentaba bien. Parecía feliz. Curiosamente, a pesar de que había estado desesperado por tener noticias de ella durante un año, tres semanas y dos días, no era Bella la que le llamaba la atención después del shock inicial. Eran los bebes que aparecían sentados en un carrito de supermercado. Dos gemelas preciosas.
¿Sus hijas? Era una posibilidad solo tenía que mirar el cabello oscuro, y de punta, tan parecido al suyo cuando tenía esa edad. Era como si estuviera mirando una foto suya de cuando era pequeño.
Edward miro las fotografías durante un buen rato.
Ella estaba viva y tenía dos niñas preciosas.
Dos niñas que seguramente fueran hijas suyas. Dos niñas que no conocía, de las que ni siquiera sabía su existencia. De pronto sintió que no podía respirar. ¿Por qué no se lo habría dicho Bella? ¿Se lo había contado alguna vez? ¿Cómo podía habérselo ocultado?
A menos que no fueran sus hijas…..
Sintió que la rabia lo invadía por dentro y deseo destrozar algo, al igual que ella lo había destrozado a él.
El pisapapeles golpeo contra la ventana y se rompió, cayendo al suelo en varios pedazos. El agacho la cabeza y conto hasta diez.
-¿Edward?
-La han encontrado en Suffolk. Tengo que irme.
-Por supuesto- le dijo su secretaria-. Pero tomate un minuto para tranquilizarte. Te preparare un té y buscare a alguien para que recoja tus cosas.
-Tengo una maleta en el coche. Tendrás que cancelar lo de New York. Es más, cancela todo lo de los dos próximos días. Lo siento Ángela, no quiero te. Solo quiero ver a mi esposa.
Y a las niñas, sus hijas.
Ella le bloque el paso.
-Ha pasado más de un año, Edward. Otros diez minutos no marcaran la diferencia. No puedes aparecer a si, la asustaras. Tienes que ir más despacio, pensar lo que vas a decirle. Siéntate, ¿Has comido?
El se sentó y la miro, preguntándose de qué diablos estaba hablando.
-¿Comer?
-Sí. Tomate tú te y un sándwich y podrás marcharte- Ángela salió del despacho.
El se puso de pie, se acerco a la ventana y apoyo las manos y la frente sobre el cristal. ¿Cómo no se había enterado? ¿Cómo podía ella haberle ocultado algo tan importante durante tanto tiempo?
Oyó que se abría la puerta y que Ángela regresaba.
-¿Esta es ella?
-Sí.
-¿Y las niñas?
El miro por la ventana
-Sí. Es curioso, ¿verdad? Parece que soy padre, y ella ni siquiera me lo ha comentado. O eso, o ha tenido una aventura con mi doble, por que se parecen muchísimo a mí.
Ella dejo la bandeja en la mesa, se acerco a él y lo abrazo sin más.
El no sabía que hacer. Había pasado tanto tiempo desde que alguien lo abrazaba por última vez que estaba desconcertado. Al momento, levanto los brazos y la abrazo también. Al sentir su calor, estuvo a punto de desmoronarse y, para evitarlo, dio un paso atrás y se volvió, inhalando en profundidad y tratar de mantener el control de la situación.
-Si. Si lo son. He visto fotos mías de cuando debía tener esa edad. Mi madre tiene álbum…- y entonces se dio cuenta. Su madre se había convertido en abuela. Tenía que decírselo. Iba a hacerla feliz.
Se le humedecieron los ojos.
-Ven, tomate el té y los sándwiches y le diré a Mike que traiga el coche.
El coche. Un deportivo descapotable de dos asientos, no podría colocar las sillitas de los bebes. Pero no importaba. Lo cambiaria. Escribió la dirección en el GPS y salió de la ciudad, sintiendo el aire frio de febrero sobre su cabeza y confiando en que eso lo ayudaría a pensar, porque no tenía ni idea de que iba a decirle a Bella.
Y seguía sin saberlo dos horas más tarde, cuando el GPS lo guio hasta el centro de la ciudad. Se detuvo en la oscuridad y saco el plano que le había dado el detective.
El puente que cruzaba el rio se encontraba delante de él, así que solo tenía que continuar recto.
Respiro hondo y cerro la capota al percatarse de que empezaba a lloviznar. Poco después recorría el camino lleno de baches que llegaba hasta una casa.
Al iluminarla con las luces del coche vio que Bella se acercaba con un bebe en brazos, a la ventana que estaba a la derecha de la puerta principal y se le encogió el corazón.
-Shh, Lizzy, no llores cariño…. ¡Huy mira viene alguien! ¿Vamos a ver quién es? ¡puede que sea la tía Alice!
Se acerco para mirar por la ventana y, al ver el coche, sintió que se quedaba sin respiración.
-¡Edward! ¿Cómo?
Se sentó en el sofá que había junto a la ventana, ignorando a la bebe que se chupaba el puño y lloriqueaba en su hombro, y a su hermana que estaba en el parque de juegos. Lo único que podía hacer era mirar como Edward salía del coche, cerraba la puerta y se dirigía al porche.
Se habían encendido las luces exteriores, pero él podría verla en el interior por que tenia la luz de la cocina encendida.
Edward llamo al timbre y se volvió. Estaba muy tenso y llevaba las manos en los bolsillos de los pantalones.
Bella se percato de que estaba más delgado, porque claro, seguramente desde que ella no estaba a su lado para organizarle la vida, el no cuidaba de sí mismo. Durante un instante, se sintió culpable. Pero no era culpa suya. Si él la hubiera escuchado y le hubiera prestado más atención el año anterior, cuando ella le dijo que no era feliz..... Pero no.
No esperes a que vaya tras de ti, a suplicarte. Ya sabes dónde encontrarme cuando cambies de opinión.
Pero ella no había cambiado de opinión. Ella sabía que no lo haría. Edward no suplicaba jamás, ella se dejo llevar, sin saber qué hacer cuando se entero que estaba embarazada, pero consciente de que no podía regresar con el mismo hombre que había dejado.
Aunque todavía llorara por las noches porque lo echaba de menos. Aunque cada vez que miraba a sus hijas sintiera una profunda pena por el caso de que no conocieran a su padre. Pero ¿Cómo iba a decírselo si el siempre había insistido en que era lo último que deseaba tener hijos?
En ese momento Murphy aulló, se dirigió a la puerta y comenzó a ladrar. Lizzy dejo de lloriquear y comenzó a gritar, y él se volvió hacia la puerta y miro a Bella a los ojos.
Estaba tan cerca…
Allí mismo, al otro lado del cristal, con una de sus hijas en brazos. El perro estaba ladrando y él no sabía qué hacer.
No puedes aparecer así, la asustaras. Tienes que ir más despacio, pensar lo que vas a decirle Ángela, una mujer sabia y sensata. A Bella le encantaría. Pero el todavía no sabía qué diablos iba a decir.
Pensó que debía sonreír, pero no lo conseguía. Y no podía apartar la vista de su rostro. Tenía aspecto de agotada, pero el nunca había visto algo más bello en su vida. Entonces, ella se volvió y el llevo la mano hasta el cristal, como para detenerla.
Segundos más tarde, se percato de que solo se dirigía a la puerta y se apoyo contra la pared, aliviado. Oyó la llave en la cerradura y vio como se abría la puerta.
Apareció Bella, cansada, pálida, pero más guapa que nunca, con una bebe en la cadera y un perro labrador negro a su lado.
-Hola, Edward.
¿Eso era todo? Un año, dos niñas, una relación secreta y ¿lo único que iba a decirle era .Hola Edward?
No sabía que esperaba de aquel encuentro pero, desde luego, no era eso. Sintió que salivaba a causa de la rabia que lo invadía por dentro, pero recordó las palabras de Angela y trato de contenerse Puedo hacerlo, se dijo antes de apretar los dientes y mirarla a los ojos.
-Hola Bells.
El estaba apoyado contra la puerta, tenía el cabello alborotado y la expresión de sus ojos era indescifrable. Solo lo delataba la tensión de la mandíbula, y ella se percato de que el lo sabia.
Hola Bells le había dicho.
Bells, no Bella, eso era un cambio. Se preguntaba que más había cambiado. Tratando de mantener la compostura, se enderezo para tratar de controlar su cuerpo tembloroso.
-Sera mejor que entres- dijo ella.
Edward la siguió hasta la cocina. Murphy comenzó a saltar a su alrededor moviendo el rabo.
-Cierra la puerta para que no se vaya el calor- añadió Bella.
El obedeció y se volvió hacia ella.
-¿Eso es todo lo que tienes que decir? Un año sin dar señales de vida ¿y lo único que tienes que decir es cierra la puerta?
-Intento que las pequeñas no se enfríen- dijo Bella. Al ver que el miraba a la pequeña que llevaba en brazos, añadió- esta es Lizzy, y aquella es Libby- señalo a al niña que estaba en el parque.
Al oír su nombre Libby levanto la vista y sonrió.
-Mama- dijo la niña, y levanto los brazos para que la sacaran de ahí.
Bella se disponía a acercarse a ella cuando se detuvo para mirar a Edward, con el corazón acelerado.
-Adelante, toma a tu hija. Deduzco que has venido por eso.
El se quedo paralizado.
Tu hija.
Hacía años que no sostenía a un bebe. Ni siquiera estaba seguro de haber tenido uno de esa edad en sus brazos.
Se quito la chaqueta y la dejo sobre una silla. Se acerco al parque, agarro a la pequeña por las axilas y la levanto.
-¡No pesa nada! Creía que pesaría más.
-Solo es un bebe Edward, y los gemelos a menudo son más pequeños, pero no te asustes. Son muy fuertes. Dile Hola a papa Libby.
-Mama- dijo la niña, agarrando la nariz de Edward tirándola con fuerza.
-¡Ay!
-Libby con cuidado- dijo Bella, abriéndole los dedos. Le dijo a Edward que se la pusiera en la cadera y le entrego a Lizzy-. Ahí tienes a tus hijas.
El las miro un instante. Eran idénticas y se pregunto cómo podía identificarlas Bella.
Lizzy estiro la mano para tocar a Libby, ambas sonrieron y se volvieron para mirarlo con unos ojos azules iguales a los suyos. Al ver sus sonrisas Edward quedo prendado de ellas inmediatamente.
-Sera mejor que te sientes- dijo Bella con un nudo en la garganta. Saco una silla y lo guio hasta ella para que se sentara antes de que le flaquearan las piernas.
Edward tenía la cara de asombro, y las pequeñas estaban igual de fascinadas que el. Jugaban con su cara, agarrándolo de las orejas, la nariz, y el permanecía inmóvil.
Entonces. Edward miro a Bella y ella percibió que tras el amor que reflejaba su mirada se ocultaba una fuerte rabia que hizo que diera un paso atrás.
El la odiaba.
Podía verlo claramente en su mirada, en la rabia que transmitían sus ojos. Se volvió con lágrimas en los ojos y dijo:
-Voy a poner agua a hervir.
Entonces Lizzy comenzó a llorar de nuevo y Libby gimoteo también. Ella dejo la tetera sobre la placa y se volvió hacia Lizzy.
-Vamos, cariño- murmuro antes de tomarla en brazos.
La pequeña comenzó a tirar de su ropa.
Cielos. Tenía los pechos hinchados, las pequeñas necesitaban mamar y Edward… Edward, el hombre que conocía su cuerpo mejor que ella, estaba sentado mirándola de forma inquieta.
-Tengo que darle de comer-. Dijo ella en ese momento, Libby comenzó a llorar también-. A las dos.
-Te ayudare.
-No creo que puedas, no tienes el equipo necesario-. Dijo ella con cierta frivolidad, provocando que él se sonrojara.
-Um… Toma- le tendió a Libby- Yo… Um…
-Siéntate Edward- dijo ella, y se dirijo al sofá que había junto a la ventana.
Al fin y al cabo, el no iba a ver nada que no hubiera visto. Ella se sentó, se acomodo a cada niña a un lado, se desabrocho el sujetador y les ofreció el pecho a la vez.
El no sabía donde mirar.
Pero si sabía donde quería mirar. De hecho no conseguía apartar la mirada, pero no le parecía educado.
-El agua esta hirviendo. Me encantaría tomar una taza de té- dijo ella, y el se percato que lo estaba mirando.
-Ah… claro.
Edward se puso de pie, se dirigió hasta la cocina económica y agarro la pava.
-¿Dónde están las tazas?
-Sobre el fregadero. El te esta en el carrito, junto a la cocina, y la leche esta en la nevera que hay en la despensa. Al mío échale un poco de agua fría, por favor.
Edward coloco las bolsitas de té en la tazas, les hecho una nube de leche y le llevo a Bella su taza.
-Gracias, déjala sobre la mesa- dijo ella
Edward se fijo en como mamaban las pequeñas, y en que Bella tenia los pechos más grandes de lo habitual.
A través de la pie se veían sus venas azules, y eso le resultaba fascinante. Todo le parecía correcto y normal.
Sin embargo, se sentía excluido.
Excluido y privado de aquel hermoso acontecimiento que había sucedido sin el.
Engañado.
Se volvió y se dirigió a la concina con su taza en la mano, permitiendo que el calor invadiera sus huesos. Estaba helado a causa de la exclusión. Y enfadado.
Tan enfadado que sentía ganas de golpear algo, ¿Una puerta? ¿Una pared? A Bella no. Nunca haría tal cosa aunque lo enfureciera.
-¿Edward?
El se volvió para mirarla.
-¿Puedes sujetarme a Lizzy? Ha terminado pero tiene que echar los gases. ¿Podrías pasear con ella en brazos? Ah, y será mejor que lleves esto, puede que eche un poco de leche sobre ti.
Le dijo un paño blanco antes de pasarle a su hija. Su preciosa hija. La pequeña no dejaba se sonreír, pero de pronto eructo, y el sonrió antes de limpiarle la boca con una esquina del paño.
-Pillina- dijo el en tono cariñoso, y la pequeña le agarro la nariz-. He con cuidado- murmuro retirándole la mano. Después agarro la taza de te y se la llevo a los labios, pero la pequeña agarro la taza y se la tiro encima.
Sin pensarlo, el retiro a la criatura con rapidez, pero no pudo evitar que el liquido cayera por encima a el. Estaba tan caliente que soltó un grito de dolor y Lizzy hizo una mueca y comenzó a gritar también. Agua. Necesitaba agua fría. La llevo hasta el fregadero y, por si acaso metió, metió la mano de la pequeña bajo el grifo. Bella dejo a LIbby y se acerco corriendo.
-Dámela- dijo ella. Tumbo a la pequeña sobre la mesa y le quito la ropa. No le había pasado nada pero podía haber sido un desastre.
Bella estaba nerviosa, y se sentía estúpida e irresponsable.
-¿Qué diablos estabas haciendo? ¡No puedes sujetar una taza de té hirviendo cuando tienes una bebe en brazos!- grito Bella.
El dio un paso atrás, destrozado por la idea de haber puesto en peligro a su hija.
-Lo siento. No pensé que… ¿Está bien? ¿Hay que llevarla al hospital?
-No, no le ha caído agua encima. Está bien… Pero no gracias a ti.
-Tu me la diste.
-Pero no esperaba que le tiraras el té.
-No le ha caído encima.
-¡Por suerte!. ¡Podría haberle caído toda la taza! Es la estupidez más grande de…
-¡Tu también tenias el té en la mano, con ellas en brazos!
-¡Pero el mío tenia agua fría! ¿Por qué crees que lo mezcle? Ya cariño, está bien- pero ambos bebes estaban llorando.
Edward negó con la cabeza y dio un paso atrás.
-Lo siento- dijo el-. Bella lo siento….
El se paso la mano por el cabello y se volvió, volvió furioso consigo mismo por su estupidez.
-Toma, sujétala. Tengo que cambiarla de ropa. Iré por ropa seca- se detuvo frente a él para mirarlo con los ojos humedecidos-. Está bien Edward solo ha sido el susto. Siento haberte gritado.
-Ella podía haberse….
-Ha sido un accidente. Sujétala. Vuelvo enseguida.
Edward no se movió. Permaneció quieto hasta que ella regreso con los pañales y la ropa y le retiro al bebe de los brazos. Entonces el se sentó, se cubrió el rostro con las manos y respiro hondo.
-¿Puedes tomar a Libby en brazos por favor?
-¿Confías en mi?- pregunto él.
Ella sonrió.
-No me queda más remedio, ¿no? Eres su padre.
-¿Lo soy?
-Max, ¡por supuesto que lo eres!. ¿Quién iba a serlo si no?
-No lo sé, pero quizá deberíamos hacerles la prueba de ADN.
Ella palideció.
-¿Para qué? No iba a mentirte sobre esto. Y tampoco voy a pedirte dinero.
-No estaba pensando en el dinero, estaba pensando en la paternidad. Y no se me había ocurrido que podías mentirme, pero tampoco se me había ocurrido que pudieras marcharte sin avisar para irte a vivir a vivir con otro hombre y tener dos hijas sin molestarte en contármelo. Está claro que no te conozco tan bien como creía y, si, quiero hacer la prueba de ADN – dijo el- porque, aparte de todo lo demás puede ser útil para el juicio.
-¿El juicio? ¿Qué juicio? No voy a hacer nada para impedirte el contacto.
-Eso no lo sé. Puede que te vayas otra vez, que te escondas en otro lugar. Sé que te llevaste el pasaporte. Pero por otro lado, si decides pedirme una pensión, quiero estar seguro de que son mis hijas a quienes les estoy dando el dinero.
Ella se quedo boquiabierta y los ojos se le llenaron de lágrimas.
-No te pongas a llorar- le dijo el.
-Se me había olvidado lo bastardo que eres, Edward, ¡No necesitas una prueba para demostrar que eres el padre! Estabas conmigo a a cada minuto del dia cuando fueron concebidas. ¿Quién mas podría haber sido?
El se encogió de hombros.
-¿Jacob Black?
Ella lo miro y comenzó a reír.
-¿Jacob? No. No, Jake no supone una amenaza para ti. Confía en mi. Aparte de que tiene cincuenta y tantos años y que no es mi tipo, es homosexual.
Edward se sintió aliviado. Bella no había tenido una aventura y las niñas eran suyas. Sin dudas.
Y una de ellas estaba gritando para que le hicieran caso.
Edward tomo a Libby en brazos y se acerco hasta donde Bella estaba vistiendo a Lizzy. Ella se fijo en su torso.
-Tienes la camisa empapada, ¿Estás bien?- pregunto
-Seguro que sobreviviré- contesto el-. ¿De verdad que ella esta bien?
-Está bien , Edward. Ha sido un accidente. No te preocupes.
Eso era fácil de decir, pero no de hacerse. Sobre todo cuando mas tarde, después de que Bella acostara a las niñas, ella le hizo quitarse la camisa y vieron que tenia la piel enrojecida. Si hubiera sido Lizzy….
-Idiota ¡Me dijiste que estabas bien!- lo regaño ella, después le echo una crema sobre la parte afectada.
-¿Qué es eso?- pregunto el con nerviosismo. Hacía mucho tiempo que no sentía sus dedos sobre la piel.
-Gel de aloe vera- murmuro ella- es bueno para las quemaduras.
Cuando ella levanto la vista y lo miro a los ojos, es se quedo sin respiración.
La deseaba.
-Bella.
Ella dio un paso hacia atrás al oír como murmuraba su nombre y tapo el bote de crema con manos temblorosas.
-Necesitas una camisa limpia ¿tienes alguna?
-Si, en el coche tengo una maleta.
Ella lo miro con los ojos bien abiertos.
-¿Pensabas quedarte?
-Oh, si. Si, Bella, voy a quedarme porque ahora que te he encontrado, no volveré a perder a mis hijas de vista.
Bien chicas que les pareció?
¿reviews?
Las leo en el próximo capitulo
