Capítulo 2:Catcher

Bella

Me coloqué mi sudadera negra en cuanto entré al aula y me senté en mi usual lugar. El día estaba resultando bastante bueno, cosa que honestamente me asustaba considerando que era un imán atrayente de accidentes y peligros. Todo lo estadísticamente improbable podía sucederme a mí. No me sorprendería si me cayeron tres rayos al mismo tiempo.

Ángela, una de mis mejores amigas se acercó corriendo a mí, con cara de preocupación. ¿Enserio aún les sorprendía?

-Amiga, ¿Qué te pasó esta vez? -Angie se sentó junto a mí y sostuvo mi brazo mientras lo analizaba. Éramos estudiantes de diseño gráfico, no de medicina.

-Oh ya sabes Angie, fui al partido con mi abuelo y una bola me dio -su mandíbula estaba desencajada y me miraba con los ojos abiertos.

-¡Bella! No puede ser…

-Créeme Angie, yo estuve ahí, me llevaron a la enfermería y toda la cosa -incluso me habían dado la bola culpable.

-¡Oh por Dios! ¿por eso faltaste ayer? Pensaba que te habías quedado dormida -comentó

-Pues algo así. Cuando me dio la pelota en el brazo me caí y me golpeé la cabeza con las escaleras, pero estoy bien solo me desmayé.

-Ja, solo a ti te parece poca cosa un desmayo, Bella

Mi brazo izquierdo estaba enyesado, menos mal que yo era diestra o no podría hacer mis miles de tareas pendientes.

-Aunque algo bueno salió de todo esto. Tengo una cita con… -pero nuestra conversación se vio interrumpida cuando el profesor llegó. Mr. Varner. ¡Demonios, como lo odiaba!

Cuando faltaban 15 minutos para que la clase terminara recibí un mensaje del Grandísimo Edward Cullen.

Hey Srta. Churros.

Estoy afuera de la biblioteca.

Dos días atrás cuando me había despertado en un cuarto desconocido con paredes blancas sientiendo un dolor intenso en la cabeza y los brazos, y Edward Cullen mirándome pensé que todo se trataba de alguna especie de sueño o pesadilla, como lo quisieras ver. Por supuesto en cuanto me dijo que me había golpeado me di cuenta que era real. Un día normal en mi vida...

Como no tan gran fan del béisbol nunca me había puesto a investigar sobre la vida de los jugadores, pero por supuesto todos conocíamos al Grandísimo Cullen. El mejor pitcher de la liga, y que con tan solo 27 años había sido dos veces MPV* e invitado al juego de Estrellas * en su segundo año de carrera. Era imposible vivir en California y no saber ello. Edward aparecía en comerciales de la liga y su foto estaba en todas partes. Siempre me había parecido un chico extremadamente guapo, aunque sospechaba que sería más del tipo engreído y presumido. Me sorprendió mucho que cuando lo conocí me pareció interesante e incluso divertido. Me seguía los juegos completamente. Algo extrañísimo, debo admitir.

Respondí su mensaje mientras guardaba mis libros.

Hey Cullen, estaré ahí en 15.

No golpees a nadie mientras llego.

De inmediato escribió:

Jaja. Muy graciosa.

A lo que respondí sólo con un emoji de guiño.

Minutos más tarde me encontraba saliendo del aula acompañada por Angie. Ese día estaba vistiendo un vestido simple color verde olivo con vans y mi chaqueta negra y debía admitir estaba malditamente emocionada. No sabía que esperar del encuentro, es decir claramente yo había estado coqueteando, pero no estaba segura si él me estaba siguiendo el paso o solo estaba siendo amable con una "fanática" más.

Me despedí de Angie quien corrió a su club de teatro en la parte trasera de la biblioteca. Me sorprendí cuando vi a un joven bastante alto y fornido sentado en una mesa debajo de un árbol, traía una chaqueta negra simple, lentes de sol, jeans y una gorra de los Raiders. Parecía casi… normal, excepto que no lo era. Era el Grandísimo Edward Cullen. En mi Universidad. Y esperando por mí.

¿Me vas a dejar plantado Srta. Churros?

Supongo que iré a comer solo.

Respondí su mensaje mientras me acercaba a él.

Ni hablar Cullen.

-Te recuerdo que estoy lesionada, no puedo caminar tan rápido. -le dije cuando llegué a su mesa. Él levantó su cabeza lentamente y me regaló esa sonrisa torcida bastante característica de él.

-Que yo recuerde te golpeé en el brazo -comentó divertido y se puso de pie -¿lista?

-También en la cabeza, no se te olvide. Eso puede haber lastimado mi hipotálamo y dañado mi coordinación -soltó una dulce carcajada y se quitó los lentes de sol para verme a los ojos.

-No sé porque sospecho que tu coordinación ya estaba dañada de antes

-Estás equivocado, ahora vamos por mis churros -Me colgué mi mochila de nuevo y comencé a caminar con él siguiéndome. Cuando estuvo a mi lado quitó mi mochila de mi hombro y se la colgó el mismo, lo que me hizo reír. No encajaba para nada.

-¿Edward Cullen? -un chico que parecía ser de primero se detuvo con los ojos completamente abiertos. -Si eres tú, ¿verdad? -él simplemente asintió sonriéndole amablemente.

-¿Me puedo tomar una foto contigo? ¡Dios! Por ti comencé a ver el baseball. ¿Me la tomas? -él me extendió su celular y le tomé varias fotografías.

Afortunadamente, mientras caminábamos de regreso a nuestro coche, nadie más lo detuvo.

Había dejado su fabuloso coche en el estacionamiento trasero.

-Y bien, ¿Dónde conseguimos tus churros? -Me preguntó luego de que me abriera la puerta y colocara mi mochila en la parte trasera.

-Conozco una cafetería a veinte minutos de aquí, yo te guío. -le dije. Él sólo me sonrió y comenzó a conducir. Esto era el tipo de situaciones que nunca en la vida imaginé que verdaderamente podrían suceder. Iba a comer los mejores churros del estado de California acompañada por el mejor pitcher del mundo. ¿Cómo es que estaba pasando esto?

-Y bien, ¿cómo te has sentido? -preguntó Edward luego de que arrancara el coche.

-Bien, estoy acostumbrada a tener algo roto. -y así era desde los dos años, cuando logré salirme de mi cuna y terminé en el piso con la pierna doblada sobre mi cabeza. Ese fue el inicio de un sinfín de accidentes.

-¿Enserio? De casualidad ¿no eres deportista? Solemos lastimarnos todo el tiempo

-Oh créeme, ni siquiera puedo caminar derecha. Da la vuelta aquí -casi estábamos llegando.

-¿A dónde vamos exactamente? -preguntó Edward suspicazmente cuando llegamos a un barrio hispano y las tiendas con vestidos de quince años y restaurantes coloridos comenzaron a aparecer.

-Es una cafetería en la última calle, se llama Frida Kahlo y venden la comida más deliciosa.

Edward encontró lugar junto a la cafetería y me ayudó a bajar del coche mientras lo guiaba hasta la puerta. Era probablemente el lugar más tranquilo de por aquí, con música mexicana antigua, pequeñas mesas de madera y hermosas pinturas de Frida y Diego.

El dueño del lugar, Jorge, apareció detrás del mostrador. Era un hombre de unos 60 años que había llegado a Los Ángeles cuando tenía 15. Adoraba platicar con él.

-Hola Bella, ¿Qué te pasó esta vez? -me cuestionó mientras me daba un beso en la mejilla e inspeccionaba a Edward con la mirada.

-Hola Jorge, bien ¿Y tú? Respecto al brazo, él me golpeó -conteste señalando a Edward quien abrió sus ojos ante la intensa mirada llena de furia de Jorge.

-Ah… fue un accidente, yo... -Edward se veía bastante nervioso mientras respondía y casi parecía que iba a vomitar cuando Jorge y yo comenzamos a reírnos.

-Oh hijo, por supuesto que se quién eres. Lo pasaron en la tele -él me volteo a ver con una sonrisa en su rostro y comenzó a reírse también. -tomen asiento chicos, en un momento les llevo el menú.

El pequeño lugar se encontraba casi vacío, excepto por una pareja mayor y su hija que estaban hablando en español mientras veían algunas fotografías.

Edward observaba el lugar con atención admirando las pequeñas decoraciones que había en la mesa. Jorge dejó los menús en nuestra mesa y se fue.

-¿Qué me recomiendas Bella Swan? -preguntó Edward sin abrir el menú.

-Todo aquí es bueno. Tienen un postre de arroz con leche, canela y manzana delicioso. ¡Oh y el pay de nuez! -él solo se rio por mi rostro mientras le contaba sobre la comida, lo siento soy totalmente la fan #1 de la comida.

-Pediré pay y café. ¿Qué quieres tú?

-Churros con chocolate y chocolate caliente, por favor -él se levantó y fue hasta la caja para pedir nuestra comida.

Cuando regresó con mi taza de chocolate y la suya con café comenzó a hacerme un sinfín de preguntas sobre mi vida. Contesté todas con un montón de detalles y también le pregunté cosas a él; era simplemente demasiado fácil hablar. Casi sentía que lo conocía.

Edward terminó encantado con su pay, y no dejó de burlarse de mí por mis expresiones de amor hacia mis churros. ¡Eran el jodido paraíso!

-Quiero un poco de tu pay -comenté cuando mis churros desaparecieron. ¿No eran refil?

-Seguro -para mi sorpresa tomó un poco con su tenedor y lo extendió hacia mí. Me acerqué y comí el trozo con las mejillas completamente sonrojadas, lo que era muy raro en mí, usualmente nunca sentía pena por nada.

-¿Quieres que te compre más churros? -pero yo solo negué con la cabeza sin verlo. -Vuelo mañana a Washington, pero tendrás tus tickets para los siguientes juegos aquí ¿de acuerdo?

-Claro, ¿estás emocionado? Es decir, ¿te sigues sintiendo tan emocionado como la primera vez que jugaste?

-Es diferente, supongo. Las primeras veces parece tan irreal, quieres que todo salga perfecto y que la gente no piense que llegaste a arruinarlo todo, pero al mismo tiempo es esa sensación de que lograste tus sueños. -sus ojos brillaban de un modo especial mientras hablaba de baseball y por primera vez me imaginé a Edward de pequeño, practicando con su pelota en el parque.

-¿Siempre quisiste esto? -le pregunté bebiendo mi último trago de chocolate. Yo no habái encontrado mi vocación hasta dos meses antes de que comenzaran las inscripciones de la Universidad, asi que me costaba un poco imaginar a alguien que siempre hubiera sabido lo que quería para su vida.

-Si, fui a mi primer juego de los Dodgers cuando tenía 3, no recuerdo mucho pero después de eso mi padre me metió a un equipo y se volvió mi obsesión.

-Así que… los Dodgers, ¿siempre quisiste estar con ellos? -cada vez nos encontrábamos sentados más cerca el uno del otro, podía sentir mis mejillas sonrojándose de nuevo. ¿Qué me estaba pasando?

-Claro, es mi equipo. Pero, sabía que no tenía muchas probabilidades de entrar a la liga y mucho menos de entrar al equipo que quería. Afortunadamente lo logré -le sonreí y él hizo lo mismo -¿sabes qué? Ese pastel de elote se veía bastante bueno, voy por uno. ¿Te traigo más chocolate o quieres alguna otra cosa?

-Chocolate está bien -lo vi alejarse con una boba sonrisa en mi rostro. Edward Cullen bajaba mis defensas.

Regresó otra vez con nuestras tazas y un delicioso y esponjado pastel de elote.

-¿Dónde está tu rebanada? -le pregunté tomando el platito entre mis manos. Edward solo se sorprendió y rápidamente dijo

-Ah… voy por otro…

-Claro que no tonto. Te puedo invitar -le guiñe un ojo y él comenzó a reírse de nuevo, dándose cuenta de que estaba bromeando.

Compartimos pastel por un rato más y seguimos hablando de cualquier cosa, desde la última película de Will Smith hasta los últimos tweets del presidente.

En algún momento la mano de Edward se había colocado encima de la mía mientras me contaba de sus divertidas anécdotas junto a sus hermanas. Sus dedos trazaban pequeños círculos en mi dorso, mientras se reía de cómo habían abandonado a Alice en una heladería y la observaban por la ventana, ella, por supuesto consiguió que una adorable ancianita se ofreciera a llevarla a casa.

-Obviamente en ese momento salimos de nuestro escondite y fuimos por ella, Alice es mayor que yo pero siempre se ha sentido como que es al revés.

-Suena como que se divirtieron mucho, dijiste que ella ya tiene hijos ¿son igual de traviesos que ustedes? -su sonrisa se hizo aún mayor y alejó su mano de la mía para colocar su brazo en el sofá detrás de mí, rodeándome.

-Muchísimo más, Liam y Levi son los niños más inquietos sobre la Tierra, Jasper les enseñó a jugar baseball desde bebés y a Liam le encanta pero Levi es más de basketball. Créeme que Alice pierde la cabeza con ellos.

-¿Qué hay de tu otra hermana? ¿Se ven seguido? -por algún motivo quería saberlo todo sobre él.

-No, la verdad es que Tanya tiene un trabajo importante en el Norte y usualmente no viene tanto. Está saliendo con un abogado que conoció en la Universidad.

-Wow, ambas suenan como chicas bastante impresionantes ¿seguro que no eres adoptado? -él soltó una fuerte carcajada y su brazo se acercó un poco más a mis hombros mientras reía.

-¡Vamos Swan! He ganado dos MVP

-¡Hey! Me golpeaste con una pelota el otro día -él empezó a reírse de nuevo y me quedé embobada mirando su sonrisa de estrella de Hollywood.

-Fue la primera vez que me ha pasado y honestamente la bola iba a bastante velocidad. Pudo ser home run

-Pudo Cullen, pero me dio en el hombro -le señale mi pobre brazo enyesado y su sonrisa se suavizó.

-De verdad lo siento Bella yo…

-Hey -lo golpee suavemente en el hombro con mi otra mano -estoy bromeando

-Lo sé, tu abuelo parecía bastante feliz por el hecho de haberte golpeado. Cuéntame de él

-Oh mi abuelo, -suspiré encogiéndome de hombros -es todo un caso. Es bastante… honesto. Pero es un gran ser humano

-Por supuesto que es un gran ser humano, le gusto -esta vez fui yo la que reí

-No seas engreído Cullen

-Hey, es solo la verdad. ¿Creciste con él? -no me gustaba mucho hablar de "esa" parte de mi vida, cuando mis padres se habían marchado, pero en ese momento sentía que podía confiar plenamente en él, después de todo, él había confiado en mí.

-Sí, mis papás fallecieron en un accidente de tránsito y él me crio. Así que puedes culparlo completamente a él.

Su agarre en mi hombro se hizo más fuerte y se acercó a mí para susurrar

-Hizo un buen trabajo -me quedé sin habla por unos segundos, pero después arruinó el momento cuando dijo -la mayor parte del tiempo

Lo golpeé de nuevo en el hombro y miré la hora en mi celular.

-Es tarde, creo que deberíamos irnos. -Edward también revisó la hora en su reloj y se asombró de lo tarde que era.

Ambos nos levantamos y nos despedimos de Jorge que estaba detrás del mostrador con su pequeño nieto viendo un juego de soccer.

-Hasta luego chicos, descansen -se despidió Jorge demasiado concentrado en el juego.

-¡Hey! ¿Eres Edward Cullen? -preguntó el niño mirándolo con los ojos fruncidos. Edward solo asintió con la cabeza y el niño dijo -te pediría una foto hombre, pero yo estoy con los Padres *

Ambos nos reímos mientras salíamos de la cafetería. Durante el camino a casa escuchamos música y le di indicaciones a Edward para llegar al apartamento que compartía con mi amiga Renessme cerca de la Universidad.

Para mi sorpresa, Edward me acompañó hasta la puerta cargando mi mochila y cuando le ofrecí pasar, se negó.

-Tengo que viajar temprano mañana, es mejor que me vaya a dormir de inmediato. Pero de regreso te envío un mensaje para que vayas al partido con tu abuelo

-Seguro, que te vaya bien Edward. -me puse de puntillas y lo besé en la mejilla -gracias por los churros y el chocolate

-No fue nada Bella, mejórate -él me miró por unos segundo más con sus intensos ojos verdes antes de continuar su camino por el pasillo. Y lo ví alejarse deseando poder platicar unas horas más con él.

En cuanto me instalé dentro del apartamento tomé mi celular y escribí:

No golpees a nadie en Washington. No puedes ir por la vida comprando churros para todo mundo. Puedes quedarte sin dinero :/

Swan :*

Encontré una nota de Renessme en la cocina diciendo que pasaría la noche en casa de Jacob. Genial, tendría el apartamento para mí y mis centenares de tarea. Empecé preparándome una taza de té para comenzar mi trabajo en el ordenador. Y aproximadamente media hora después Edward me respondió.

No pienso comprarle churros a nadie más que a ti.

Cullen

A lado de su apellido estaba el Emoji guiñando.

En ese momento creo que mi corazón se detuvo.


*MVP: Most Valuable Player o Jugador Más Valioso de la liga.

*Juego de Estrellas de la MLB: es un juego anual de baseball entre los mejores jugadores de la Liga Nacional y la Liga Americana. Los jugadores se eligen a través de votaciones entre el público, votaciones de los jugadores o por elección del manager.

*San Diego Padres: equipo de la MLB.


**Y este fue el segundo capítulo. De verdad espero que estén disfrutando la historia, gracias a todos por leer. Por cierto, gustaría mucho saber que piensan de Bella y Edward, besos.**


"El beisbol es un juego diseñado para ser saboreado, no para atragantarse con él. Tienes tiempo de discutir entre cada lanzamiento y entre innings." -Bill Veeck