Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.
The Sweet Escape
Escrita por: nikkafuza
Traducida por: IsyRoseBelikova
Capítulo 1. Prólogo
They´re trying to bite our style
Trying to study our approach
They like the way we do it, so original
I guess that they are slow
So they should leave the room
Wind It Up – Gwen Stefani
Caminaba apresurada hacia los ascensores del gran edificio espejado ubicado en la Avenida Madison. Ahí se encuentra Publicaciones Mazur, la editorial de mi padre.
Era mi primer día de trabajo y definitivamente no quería retrasarme. Cuando finalmente conseguí entrar al ascensor tomé mi celular respirando aliviada, faltaban tres minutos para las siete. Yo iba a llegar a tiempo.
Cuando mis padres me ofrecieron el empleo me entusiasmé, al fin y al cabo para esto fue que me gradué en periodismo. Sin embargo, no lo tendría tan fácil solo por ser la heredera de todo esto. Mi madre insistió en que debía aprender la importancia del trabajo y decidió que no comenzaría con un buen puesto, sino como cualquier otro recién graduado.
Lo cual sería como asistente personal de Dimitri Belikov, el editor en jefe de la revista literaria Book Review.
Me quedé pensando en cómo darle un toque más personal a mi oficina. Abe me mostró el lugar la semana pasada cuando vine a hacer la "entrevista". Dimitri Belikov parecía ser una persona extremadamente reservada, solo escuchó mientras Abe le explicaba que debía tratarme como a una empleada más. Sentí su mirada sobre mí todo el tiempo, pero no supe exactamente qué pensar de ello.
Terminé enfocándome en mi reflejo en el espejo del elevador, mientras esperaba a subir los veinticinco pisos hasta mi nuevo lugar de trabajo. Pasé mi mano apresuradamente por los largos y gruesos hilos de cabello marrón que había sostenido en una cola de caballo alta; comprobando si estaba todo bien con mi maquillaje o con el conjunto formal negro que usaba. Sonreí para mí frente al espejo tan pronto como las puertas se abrieron detrás. Continué con paso firme hasta la oficina de Dimitri atrayendo algunas miradas mientras pasaba. Mi oficina, como le llamaba al escritorio con ordenador y teléfono que ocuparía, se encontraba en la antesala a la de Dimitri.
Noté la puerta entreabierta tan pronto como llegué. Dejé mi bolsa encima de la mesa y me dirigí a la puerta, golpeando ligeramente antes de abrir.
– Te retrasaste – Dimitri declaró sin mirarme y antes de que pudiera decir algo.
– ¿Qué? ¡No lo estoy! – Me defendí – Son las siete horas.
– Sí, lo estás – Alzó la mirada de los papeles que leía – Son las siete horas y tres minutos.
– Es prácticamente la misma cosa – Rodé los ojos – Fue el tiempo que le tomó subir al ascensor.
– No quiero que estés en el ascensor a las siete – Continuó observándome a los ojos con la mirada fría – Quiero que estés en tu escritorio a las siete.
Lo encaré totalmente incrédula. Mi padre definitivamente no me consiguió un jefe bueno, tal vez debí haber escogido trabajar para Tatiana Ivashkov…
– En tu escritorio he dejado una lista de cosas que necesito que hagas – Volvió su atención hacia el trabajo delante de él – Comienza por el café, hay un Starbucks al otro lado de la calle.
– ¿Café? – Crucé los brazos – ¿Me vas a hacer salir del edificio solo para ir a buscarte café, camarada?
– Es parte de tu trabajo, Rosemarie – Volvió a enfocar su atención en mí.
– Estoy dispuesta a trabajar, ¿pero ser la chica del café? ¿En serio? – Insistí.
– ¿Crees que no busqué café muchas veces en mi vida, Rosemarie? – Se levantó y caminó hacia mí – Es parte…
– Puedo pedirle a mi padre comprar una cafetera – Lancé una mirada afilada al hombre – Yo misma puedo ir a elegir una si quieres.
– Y yo puedo llamar a tu padre y decirle que no funcionó… – Cruzó los brazos mirándome de forma triunfante.
– No puedes despedirme a los diez minutos de comenzar a trabajar, camarada – Me quejé.
– No me llames camarada, Rosemarie – Respiró profundamente.
– Entonces no me llames Rosemarie – Devolví. Él realmente no va a despedirme, ¿o sí? Mi madre me despellejaría viva si perdiera mi primer empleo a los diez minutos de haber iniciado.
– ¿Qué decides? – Continuó mirándome – ¿Debo llamar a tu padre, Rosemarie?
Lo miré irritada, notando un cierto placer en el ruso al pronunciar mi nombre completo. Puedo buscar un café. Puedo hacerlo todos los días sin ningún problema. Mi madre tiene razón, de cierta manera tengo suerte al conseguir un empleo poco después de graduarme, no muchos lo logran – ¿Cómo quieres tu café, camarada? – Forcé una sonrisa emitiendo el "camarada" con el mismo tono que él uso antes.
– Un moka blanco sin chantillí – Respondió después de mirarme por un tiempo – No tardes, tienes mucho por hacer.
Rodé los ojos y abandoné la habitación ¡Por supuesto! Estoy siendo castigada por algo…
Tomé mi bolso y salí de mi oficina, caminando por los pasillos llenos de miradas curiosas en mi dirección. Comencé a golpear el pie impacientemente mientras esperaba el ascensor, pensando en lo que me esperaba de aquí en adelante.
Dimitri Belikov a pesar de todo no parece ser tan malo; a veces ese acento ruso se muestra difícil de entender y él claramente sabe ser irritante, pero todavía es mejor que Stan Alto. Stan es el editor en jefe de la revista política de Publicaciones Mazur, trabaja en el decimotercer piso y es un verdadero clavo en el zapato.
La última vez que volví de vacaciones de la Universidad, mi padre decidió que yo acompañaría el desarrollo de aquella semana y conseguí ser despedida por Stan al primer día, sin siquiera haber sido contratada. Si tuviera que trabajar para él definitivamente desistiría de la carrera – Sabes, ese ruido es realmente irritante – Comentó la recepcionista rubia que estaba sentada en la mesa frente al ascensor.
– Lo siento – Me detuve.
– Soy Amelia Rinaldi – Se levantó y vino en mi dirección extendiendo la mano – Pero prefiero que me llamen Mía. Soy la recepcionista del piso – La observé por un momento, ella era más baja que yo, usaba un vestido rojo, tacones negros y traía el cabello cuidadosamente arreglado.
– Rose Mazur – Sacudí su mano, ofreciéndole una rápida sonrisa – Asistente del ruso malhumorado.
– ¿Mazur? – La chica abrió los ojos. No recuerdo haberla visto la semana pasada – Cómo…
– Abe y Janine Mazur – Confirmé – Son mis padres…
– ¿Qué estás haciendo aquí? – Preguntó sorprendida; detrás de mí la puerta del elevador se abrió.
– Trabajando – Fruncí el ceño ¿No acabo de explicar que soy la nueva asistente de Dimitri?
– ¿Por qué? – Insistió mientras yo entraba distraídamente al ascensor.
– ¿Qué más podría hacer después de graduarme? – Me encogí de hombros. La puerta se cerró con la chica de afuera observándome horrorizada ¿La gente realmente piensa que porque mis padres son ricos no tengo que esforzarme en hacer nada? Comenzaba a entender el punto de vista de mamá.
Conseguí el dichoso café y compré un pastel de queso para mí, volviendo a la oficina a los pocos minutos. Asentí cuando pasé por Mía, recibiendo una sonrisa a cambio y caminé directo a la oficina de Dimitri.
– Aquí está su café, Señor Belikov – Hablé con tono irónico – Moka blanco…
– ¿Qué es eso? – Apuntó la pequeña caja en mi mano.
– Es mi recompensa – Sonreí guiñándole un ojo antes de volverme para iniciar verdaderamente con mi trabajo.
– ¿Rosemarie? – Exclamó.
– Es Rose… detesto que me llamen Rosemarie – Me quejé girándome.
– Te pedí sin chantillí – Señaló el envase abierto. Mierda Rose, ¿por qué siempre olvidas los detalles?
– No es tan difícil quitarlo – Me acerqué al escritorio – ¿No me vas a hacer volver ahí y cambiarlo, o sí?
– No es tan difícil traerme un café – Distinguí un brillo en su mirada ¡Se divierte torturándome! Tiene que ser eso.
– Olvidé pedir que no le pusieran el chantillí, fue solo eso – Me justifiqué – Además el chantillí es sabroso, ¿por qué no experimentas? – Se limitó a mirarme y levantar una ceja como si estuviera siendo ridícula – Ok, si quieres lo retiraré – Dije colocando mi pastel de queso sobre la mesa, abriendo la tapa y tomando la cuchara. Dimitri no despegó la mirada de mí mientras me apoyaba en el escritorio sacando todo el chantillí con la cuchara y poniéndolo encima del pastel; tratando de parecer intimidante al mantener el contacto visual – ¿Feliz? – Pregunté enfáticamente, lamiendo la cuchara.
– Mucho – Dimitri dio una pequeña sonrisa antes de que me enderezara, si él no estuviera metiéndome tanto el pie en la primera hora de trabajo, podría incluso considerarlo sexy con su ropa formal, el cabello meticulosamente arreglado y la barba recién afeitada. Pero yo estaba enojada en ese momento – Espero que la próxima vez recuerdes pedirlo sin chantillí, Rosemarie…
– Estaré en mi escritorio por si me necesitas – Murmuré sintiendo ganas de vaciarle la taza de café en la cabeza.
A pesar de nuestro debate por el café el resto del día fue tranquilo. Dimitri me explicó lo que debía hacer y realmente era mucho. Tenía algún tiempo sin asistente personal y él trataba de organizar todo el desorden.
Cuando finalmente fui a casa estaba completamente exhausta. Descendí del taxi a la puerta de la casa de mi padre. Sí, había vuelto a vivir con los dos desde que me gradué. Entré encontrándolos en la cocina, conversando sobre algún lanzamiento.
– ¿Cómo estuvo tu día, Rose? – Abe sonrió al verme.
– Horrible – Clamé sentándome en una silla – ¡El tipo está loco!
– ¿Quieres oír una cosa realmente loca? – Él me miró con un brillo divertido; a veces es extraño ver a mi baba tan relajado. Generalmente es extravagante con su ropa totalmente formal. Hoy vestía una camisa blanca con los primeros botones deshechos, vi la corbata roja de patrones que usó esta mañana colocada sobre la mesa – Tu madre hizo la cena hoy…
– Además de trabajar con un loco no voy a tener qué comer – Exclamé recibiendo una mueca de reprobación de mamá – Ustedes necesitan decirme el motivo por el cual me están castigando.
– No seas exagerada – Janine volvió los ojos – Estoy haciendo carne asada, no es tan difícil…
– Eso no cambia el hecho de que me pusieron a trabajar con un loco – Murmuré.
– Yo fui asistente personal por mucho tiempo, Rosemarie – Explicó mi madre – Será bueno para ti.
– Dudo que tu jefe fuera un loco – Rebatí.
– Tu padre parecía el demonio encarnado – Me dio una mirada de simpatía – Y aun así concordamos y creamos una gran empresa juntos.
– Eso no fue muy halagador – Protestó mi baba.
– ¿Fuiste su asistente? – Pregunté con sorpresa.
– Todos huían cuando percibían que él estaba de mal humor – Mamá ignoró la pregunta – Pero en nuestra convivencia aprendí a lidiar con eso.
– Ahora todos huyen de ti cuando te ven – Comenté.
– ¡Eso no es verdad! – Exclamó ella.
– Por supuesto que lo es – Abe provocó – Es por eso que solo apareces en la editorial cuando hay algún problema.
– Como si no necesitaras mi ayuda para resolverlos – Sonrió.
Mi padre estaba a punto de responder cuando el tono de mi teléfono interrumpió la conversación. Tan pronto como leí el nombre en el identificador de llamadas gemí, apoyando la frente en la mesa.
– He estado con él hace una hora – Lloré – ¿Qué puede querer que no puede esperar hasta mañana?
– Bienvenida al mundo real, querida – Abe rio.
– Atiende a tu jefe, Rose – Mi madre se levantó camino al horno – Si te está llamando es porque debe ser importante…
Aparentemente esta sería mi vida a partir de ahora.
