LÍQUIDOS
N° 2 ''Vidrios enterrados''
Ya llevaba media hora, no pasaba nadie, era el colmo que la recibieran así de esa forma, por lo que decidida empezó a gritar lo más fuerte que podía a tal punto de llegar a dolerle la garganta. Al cabo de unos cuantos minutos más, el portón se abrió lentamente. Un chico se asomó a través de él.
-¿Qué quieres?- preguntó toscamente.
-Estoy buscando a mi abuelo- dijo la chica enojada al ver lo mal educado del tipo.
-No sé de quién hablas- exclamó el joven para volver a cerrar las puertas.
-¡No! Espera- gritó Kagome deteniendo el portón con su cuerpo quedando a poca distancia del hombre- Busco al señor Higurashi, soy su nieta. Así que déjame entrar- afirmó ella.
-Y como se yo que no me engañas. Aquí cualquiera puede mentir- aseveró él.
-¿Y para qué necesito mentirte si ni siquiera te conozco?- preguntó ella con una ceja levantada más que la otra.
-No lo sé, tal vez quieras algo de aquí y seas una ladronzuela- acusó él mirándola incrédulamente.
-No seas idiota- le ofendió Kagome justo en el momento que su abuelo llegaba tras ella.
-¿Kagome?- preguntó el anciano.
-¡Abuelo!- exclamó la chica volteándose para abrazarlo con alegría -¡Por fin! Este tonto no me dejaba pasar. He estado como una hora acá afuera- reclamó ella.
-Discúlpalo, es que di órdenes de que nadie podía entrar. Yo había ido a buscarte a tu casa, pero cuando llegué tu madre me dijo que te habías venido sola- contó el hombre ya algo calvo- Bueno, pero pasa, hija. No te quedes parada. Inuyasha podrías ayudarla con sus maletas- le indicó al joven del portón.
-Claro- exclamó de mala gana, agarrando bruscamente las pertenencias de Kagome, llevándolas adentro rápidamente como si pesaran una pluma, alejándose de ellos.
-Discúlpalo- dijo el abuelo- Es que se pone malhumorado de repente. ¡Tiene un genio de los mil demonios!- exclamó mientras entraban al templo.
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Kagome entró a su cuarto. Era bastante espaciosa con una gran cama y un enorme ventanal que daba al patio principal. La recorrió y se tiró a la cama a pensar. -Menos mal que había llegado su abuelo o si no aún estaría afuera. Además que ese chico era un grandísimo idiota. Era de estatura media, más alto que bajo, ojos color miel y cabello castaño; no estaba mal, pero definitivamente era un tonto. Le pegaría mil patadas si pudiese, sería una gran venganza por hacerla esperar tanto rato, pero lamentablemente no lo podía hacer, su abuelo se enojaría muchísimo y no se la perdonaría, pero lo podía hacer sufrir lenta y silenciosamente; nadie se enteraría ¿o sí?. Además su madre nunca le había dicho a su abuelo de su condición y no tendría por qué saberlo si ella no se lo hacía notar. Sí, una dulce y sabrosa venganza. Aunque nunca se había vengado de esos niños en su infancia, porque su mamá no se lo permitió, siempre decía '' la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena'', pero en este caso no sería nada malo, solo algo de sufrimiento. No se enteraría.-se convenció a sí misma.
Descansó unos minutos más y luego se dispuso a guardar su ropa en el armario, y colocar cada objeto en su lugar, tardó bastante no porque tuviese tantas cosas sino debido a que en este sentido era un poco, solo algo maniática y le gustaba tener ordenado, todo gracias a su querida madre que de tanto decirle que ordenara su cuarto, se acostumbró a hacerlo sin que le dijesen.
Al poco rato de terminar, su abuelo golpeó a la puerta, por lo que se dirigió a abrirla.
-Kagome, pensé que estabas durmiendo- dijo el anciano al verla.
-No, es que estaba ordenando un poco- dijo ella ordenándose el pelo con sus dedos.
-Bueno, es que quería hablarte sobre las reglas y condiciones que hay para cuidar la perla de Shikon- pidió él entusiasmado ya que su nieta por fin lo ayudaría.
-Oh está bien. Ya terminé si quieres puedes decírmelas- contestó la muchacha pensando en lo rápido que se estaba empezando a aburrir.
-Entonces me tienes que seguir- murmuró para comenzar a caminar por el pasillo, a lo que Kagome cerró la puerta de su habitación y fue tras él.
El templo en cierto sentido era grande, inmenso en comparación a las mansiones de los personajes famosos de la tv. Antiguo, de estructuración ambigua, piso de madera y las puertas se abrían hacia los lados gracias a los rieles, igual que mostraban las películas basadas en el antiguo Japón, era estar en otra época a excepción de los aparatos electrónicos y la tecnología.
Iban a lo largo del pasillo, su continuación, por el que había llegado en un principio a su habitación. Habían varias pinturas y pergaminos de la época feudal colgadas en las paredes, también espadas y armaduras. Al final de este entraron a una gran sala; ahí estaba ese idiota, acostado en un sofá cubierto de cojines, con los ojos cerrados, no dormía solo meditaba sobre algo según su expresión. Al instante de unos segundos los abrió sin sorprenderse que estuvieran ahí observándolo e incluso podría decirse que ni le importaba la presencia de ellos.
Luego se incorporó y esperó a que hablaran.
-Como ya ves, Kagome. Él es Inuyasha Taisho- presentó el señor mientras lo veían cruzarse de brazos- Él en este momento me ha ayudado bastante en el cuidado de la perla. Ha sido de gran confianza hasta el momento- comentó orgulloso de él.
-¡Oh! Qué lástima que no pueda cuidarla más- murmuró ella con una sonrisa en su cara, molestándolo. –''Por lo menos la venganza había llegado sola''- pensó Kagome.
En el momento que dijo esto, el muchacho puso sus ojos de inmediato en ella como si quisiera asesinarla con la mirada. Vaya, si había una forma de llamar la atención de él era ofendiéndolo y sí que reaccionaba rápido.
-¿Cómo?- preguntó el anciano confuso- ¡Ah ya veo! No, Kagome él no dejará de cuidarla- aclaró él notando visiblemente como la expresión de Inuyasha mejoraba engreídamente.- La cuidarán ambos- comentó finalmente como poniéndole la guinda a la torta.
-¡¿Qué?!- preguntaron los dos jóvenes al mismo tiempo sorprendidos.
-Sí, y como veo que esto es difícil ya que no tienen mucha comunicación, para que mejore, Inuyasha tendrá que decirte las reglas- dijo el hombre sonriendo pícaramente.
-No, definitivamente no. ¡Estás loco anciano!- escupió Inuyasha ante la propuesta de su interlocutor.
-No es una petición Inuyasha, tienes que hacerlo y si no lo haces y Kagome rompe alguna regla, tú pagarás los platos rotos- sentenció el viejo- Así que los dejo solos- dijo volteándose para salir de ahí.
Cuando ya el abuelo salió de la sala, Kagome miró a Inuyasha y murmuró -¡Ni loca!- para luego salir de ahí hacia su habitación.
-¡Como si quisiera!- se oyó el grito lejano de él, que se dejo escuchar con el ruido fuerte de la puerta cerrándose.
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Kagome sonrió, no tardaría ni 10 minutos y vendría a buscarla se dijo mientras caminaba por el pasillo, pero algo llamó su atención, deteniéndose frente a un objeto del corredor. Era una pintura antigua del templo que estaba protegida por una delgada capa de vidrio. Era gratificante verla, por lo que acercó su mano a ella haciendo la forma de pinceladas.
Estaba concentrada admirándolo, se podía imaginar estando ahí, su vieja vestimenta de sacerdotisa junto a la perla de Shikon que colgaba de su cuello. ¿Era una visión? Realmente podía verlo nítidamente.
-Con que aquí estás- murmuró Inuyasha detrás de ella a la vez que colocaba su mano sobre el hombro de Kagome.
-¡Diablos!- exclamó asustada por él, quebrando la pintura e incrustando en su palma pequeños trozos de vidrios- ¡Oh mierda, mierda¡Duele!- chilló soplando su mano intentando calmar el dolor que sentía.
-¿Eso explotó?- preguntó Inuyasha sorprendido. Sin embargo, miró la mano de Kagome que estaba roja debido a la sangre que salía insistentemente de sus heridas.
- Niña como eres tan torpe- murmuró él tomando de su muñeca para ver la gravedad del asunto- Ven- dijo llevándola a un baño que estaba cercano.
De verdad le ardía demasiado; desde hace mucho que no le pasaba que rompía algo así en sus manos, había logrado manejarlo y tenia cuidado; pero ahora con el susto que él le dio fue inevitable.
-Ten cuidado, si sigues quebrando cosas el viejo realmente se dará cuenta. Y ruega porque no lo sepa- dijo Inuyasha ay terminando- Aunque viendo lo torpe que eres, dudo que no se entere- dijo sarcásticamente fijando sus ojos en ella.
-Gracias por el cumplido- murmuró Kagome con una notable sonrisa cínica en su cara.
-No fue nada- sonrió él también de la misma forma. Sabía que con esto Kagome lo ayudaría- Ahora vamos con lo que de verdad importa- dijo mientras se cruzaba de brazos.
-¿Cómo? No creas que por esto que hiciste yo voy a cuidar la perla contigo-
-No, eso es lo último que deseo, solo voy a decirte las reglas- murmuró Inuyasha con seguridad. Sin embargó en su cara se vio una expresión de duda- Aunque ¿sabes? Mejor te las voy a pasar para que las leas. Además son muchas y no tengo tiempo que perder- dijo él- Así que sígueme.
Caminaron por el pasillo y luego doblaron a la izquierda. Ahí se podía ver el jardín hallado en el centro del templo, era hermoso; con una fuente de agua en su centro. En esos momentos Kagome quiso estar ahí, se le vino una idea a la cabeza, iba a recibir las instrucciones y se iba a dirigir a leerlas ahí, si es que las leía; pero ese era solo un detalle.
Al final llegaron y quedaron frente a una puerta.
-Esta es mi habitación. Quédate aquí- le ordenó él- Ah y se me olvida. Nunca entres aquí- sentenció Inuyasha en forma de amenaza.
-Como si quisiera- le escupió ella esas palabras con veneno; para luego mirar a su alrededor.
-Toma- le pasó él al volver.
Ella lo recibió de mala gana. La carpeta constaba de cómo 10 páginas aproximadamente, que le empezaron a latear de aquel instante.
-No pienso leerlo- ella dijo pasándole la carpeta.
-¡¿Cómo?!- exclamó este sin recibirle lo que Kagome le daba.
-Lo que oíste. Así que toma- dijo pasándosela nuevamente.
-Ey, lo siento pero debes leerla. Yo no te la voy a recibir- afirmó Inuyasha cruzándose de brazos.
-Bueno, pero ya sabes. No sé de qué me servirá tenerla si de todas forma no la leeré- aseguró ella mirándolo incrédulamente.
- ¿Así que no la leerás? – preguntó él con una sonrisa en su rostro que de seguras planeaba algo.
- ¡NO!- negó Kagome dándole la espalda para dirigirse al jardín que había visto hace pocos minutos atrás.
-Entonces atente a las consecuencias- gritó él, viendo como ella se alejaba del lugar.
Continuará...
Hola! volví de mis vacaciones, relajantes. Mar, arena y sol; y unos wuashones XD jajajja
No me dejaron llevar el pc a mis vacas, por eso no habia puesto continuacion, pero aquí está! Espero lo disfruten!! Gracias por los comentarios!!
Xausss
Mary-JVR
