Capitulo 2 Éxodo

Cuando el menor de los hermanos Uchihas se instalo indefinidamente en la pequeña y lúgubre habitación del hospital central solo pudo pensar una cosa, ¿Por qué él? Si, existían millones de personas en el mundo, centenares de niños de su edad, con sus características, con sus dotes y habilidades, había decenas de personas que se parecían inéditamente a él, personas que lo merecían….se detuvo, no. Nadie merecía lo que era eso.

Si realmente existía algo lo sumamente poderoso, el dudo en el, ¿que clase de divinidad era de todos modos? Culpa, ira e impotencia se le revolvían y salían, entre fluidos de nauseas y desespero mal esquivado.

Y miraba por la ventana, cada vez que su médico, Kakashi, llegaba hacerle un chequeo, o que el residente Iruka se mantenía al tanto de todos los aparatos de los que su cuerpo estaba conectado, y de los cuales infructuosamente dependía.

Sasuke, apretaba los labios en un mohín, resguardando sus estoicos silencios, para que la voz de su madre llenara los fríos vacios que quedaban por la mañana, mientras Itachi trataba penosamente de mantenerle un ánimo que había perdido en el camino sin ser muy consciente.

Sasuke se daba cuenta sin necesidad de escuchar mentiras bonitas y promesas falsas que nada iba bien, aun si eso pretendían hacerle creer.

Un día menos una noche mas, se estaba volviendo más difícil respirar, se encontraba cansado de su estado, de su ansiedad y de ese odio irracional que le punzaba lentamente al preguntarse por que de todos los nombres de la gente que había tenido la complacencia de verle al menos una vez, no hallaba el de Naruto, después de todo no es como si todavía desconociese su condición, aun si no entendía la magnitud de esta.

La respuesta no llegaba, y la cuestión regresaba más intensa y lacerante que antes. Quería verlo ¿era acaso que nadie se daba cuenta del insignificante detalle pasado por alto?

Y lo deseaba tanto que sus ojos se perdían entre el enorme ventanal hacia la calle, esperando con una ilusión desvanecente ver una cabellera rubia, y la figura falsamente frágil del Uzumaki recorrer el camino de la avenida para llegar hasta él.

Pensar lo que aquello le causaba le hacía reprimir la pueril observación de confesar cuanto es que había odiado al niño de 6 años que era un llorón de `primera, pero no era por que los demás niños lo insultaran burlándose cruelmente de sus cicatrices en el rostro, el podía defenderse a puño de hierro, con un lenguaje vulgar y ofensivo. Naruto podía salir airoso de cada intento por lastimarlo….pero no podía evitar quebrarse al recordar a sus padres, la perdida lo hacía frágil, le tocaba descaradamente y le dejaba en miserias de un alma quebrajada.

Y respeto el dolor con el que Naruto continuaba caminando, admiro sin admitirlo la fortaleza que ganaba con los años, y adoro secretamente las sonrisas resplandecientes que le nacían cuando algo lo hacía feliz.

Fue por eso que se esforzó y protegió todo aquello que pudiera ser una fuente viable de alegría para el Uzumaki por que este era la propia.

Nadie lo lastimaría de nuevo, nadie lo haría llorar, pero sobre todo nadie le arrebataría su fuerza personal.

Y se vio horripilantemente privado de algo que se le había retirado sin alarma previa. Porque Sasuke necesitaba…

Necesitaba mirarle, escuchar su chillona voz, oír sus agudos gritos de molestia, hacerlo enojar hasta rabiar, pero sobre todo recibir sus insulsas sonrisas que le humedecían hasta el corazón. Porque si tenía todo eso a lo que invariablemente se había vuelto un adicto, podía recordarlo…recordar lo que se sentía estar vivo.

Sin enfermedades de por medio, sin miedos carcomiéndole y sin un mayor problema que no fuera el tomar una aspirina para el dolor de cabeza que le dejaba estar en una riña tonta con su amigo, solo por diversión y mero entretenimiento.

Naruto insustancial y absurdamente se había convertido en lo más importante, colándose a través de la negación y el tiempo hasta lo mas profundo de su ser, en ese apartado que nadie jamás había osado profanar, resistiéndose renuentemente a salir aun si dolía saber que no podría permanecer por siempre ahí, y aun así no lo decía, y eso solo le preocupaba, lo rebajaba y le hacía hundirse en su propio egoísmo mundano que le dictaba que el pequeño ojiazul de 12 años era tan suyo que nunca nadie lograría quitárselo completamente.

Y se abrazo a sí mismo, reteniendo memorias brillantes, calmando su aturdida mente y llamando al sueño que solía escapársele entre los delgados dedos, olvidando el peligro que representaba cerrar los ojos.

Nadie le aseguraba volvería a despertar.

No es que él lo hubiese planeado, simplemente lo había hecho, sin pensar, ni dar muestras de una futura acción, rio ante su logro de haber podido escapar del alcance de su pelirrojo amigo, no era de todos modos como si Gaara fuese a correr por él, eso no le iba.

Y ahora estaba sentadito, en aquella estación esperando aquel siguiente tren que lo llevaría al hospital llegara, tenía tantas ganas de ver a Sasuke, que no podía permanecer quieto, balanceaba sus piernas de atrás para adelante, le había hecho un bonito dibujo de la luna, a Sasuke le gustaba mucho verla, le había dicho una de las noches en que durmieran en su patio trasero que el quería ver el cielo por siempre, que su meta era ser un gran astrónomo, pero que no le dijese a nadie porque era un secreto entre ellos dos.

Y el asintió feliz, de haber escuchado algo que el azabache quería con tanto alnico.

Así que había ido a pedirle de favor a Sai-sempai que le ayudara a dibujar ese cielo que el Uchiha tanto quería, Naruto deseaba regalarle ese astro que se le parecía tanto…Naruto quería darle todo lo que pudiera, todo lo que quisiera y anhelaba, pero solo quería algo a cambio…que Sasuke no dejara de brillar

El tren llego y de un salto se incorporo, sentía los nervios provocarle tensión muscular, rio tontamente, si su amigo supiese sus pensamientos cursis seguro se burlaría de él con un Usuratokanchi que le sabría tan bien.

Itachi salió de la habitación, Sasuke no estaba de mejor humor, no lo estaba desde que al se le había ocurrido decirle al Uzumaki que estaba en un estado…no muy alentador. Pero es que si él no lo hacía seguro y que su hermano menor le hubiera mentido, lo que fuera con tal de mantener las cosas como había sido alguna vez.

Sasuke se rehusaba como toda persona que tiene algo importante que proteger, dañar aquel que siempre ha estado con él, el que le hacia sonreír y olvidar lo malo. Quería mantener su incauta felicidad a salvo, porque era la única forma que conocía para tener la compañía segura de Naruto.

El menor temía, con razones sacadas de quien sabe dónde, que si el rubio se enteraba de lo que le pasaba, se sentiría indefenso, preocupado y triste y que tal vez y solo tal vez no encontrara una forma factible de estar cerca de él y terminara por alejarse.

Sasuke tenía miedo de perderlo.

Y era normal, cualquiera se asustaría si de un día para el otro la vida gira a 180 grados sin darte tiempo de asimilar, solo tienes que actuar y no detenerte si no quieres que todo termine abruptamente. Sin embargo había algo mas ahí, podía percibirlo, la insana insistencia por preguntarle si había visto al rubio y cuando el negaba de nuevo se encerraba en esa burbuja de defensas autoritarias que no le permitían llegar hasta él.

No podía hacer nada si era rechazado, por la fuerza las cosas solo se complicaban, por eso se sintió frustrado de esperar a la par de su hermano esa visita que sabían calmaría la ansiedad corrosiva que el menor sentía.

Una mano le jalo la chaqueta y giro lentamente, deseaba que no fuera ninguna ingenua enfermera, que a el no le iban mucho las mujeres. Y vio la figura que le veía con esos profundos ojos y sonrió…que raro su humor también había mejorado al sentir los bracitos rodeándole la cintura y su mano jugando con lo rubios cabellos.

Entro despacito, sin hacer mucho ruido, un gruñido y giro la cabeza.

¿Qué esperaras para entrar?…dobe –

Y la voz le sonó condenadamente bien, el bastardo no parecía estar muy enfermo si aun tenia humor para insultarlo como era costumbre, con pasos fieros camino hasta la silla que reposaba a un lado de la cama, dejándose caer cansado y poniendo una cara de puchero mal disimulada, olvidaba lo "afectuoso" que resultaba ser el teme.

Suspiro, maldito bastardo, no entendía como es que lo quería tanto. Lo miro, en silencio, socando una hoja de perdido color blanco de entre sus cosas, tendiéndoselo de mala manera y girando su cabeza hacia un lado no quería que Sasuke viera el sonrojo que tan bochornosamente le había salido.

Y el ojinegro tomo aquello, observando el desfigurado rellenado de color oscuro y el círculo un tanto chueco…sonrió. Vio hacia la ventana y guardo silencio, la voz de Naruto fluyo libre, suave y aguda, llena de preguntas, moviéndose de un lado para el otro y gritando de vez en cuando lo que fuera para distraer su mente y la de él, que no pudo más que agradecer el sencillo dibujo que pretendía representar esa luna que tanto le gustaba.

Sasuke – le llamo, jalándolo de la mano, jugueteando con los fríos y delgados dedos entre sus pequeña palma un tanto áspera – si tu eres la luna, ¿está bien que yo sea el sol? –

Los negros ojos observaron los azules…era tan estúpido, ¿que clase de petición era esa? Cerro los ojos un breve momento, acomodándose mejor entre las mullidas almohadas, doblando sus dedos sobre la pequeña palma, entre lazando su manita pálida con la de color canela, Naruto estaba tibio y en cambio el tan frio.

Tenía sueño, estaba más cansado de lo normal, se esforzó para ver al joven rubio, que seguía esperando una respuesta por su parte. Mientras por dentro se debatía en un duelo que colisionaba entre sí sería bueno o no contestar la absurda pregunta del menor.

Sus labios se sellaron, su voz se escondió y solo un leve movimiento de cabeza casi imperceptible y Naruto se vio horrorosa y satisfactoriamente feliz ante el asentimiento que Sasuke le daba. Pero noto algo…ese sonido agudo junto a su oído se hacía cada vez más chillante….un mal presentimiento y giro a ver los monitores que empezaban a resonar.

Y Sasuke lo percibió….ese extraño cambio en el ambiente, giro un tanto la cabeza y lo vio…

Vio la cara asustada del menor y como un grito se le ahogaba en la garganta, el pitido chirriante de la sonda se volvía cada vez más intenso, ya no podía percibir la presión que existía por entrelace de sus manos.

Y lo supo de inmediato pero no mostro miedo, solo lamento que Naruto tratase de aferrarse de manera desesperada a algo inevitable, las lagrimas caían de su mentón, una tras otra, no terminaban, estaban calientes, le bañaba la pálida mejilla, rodándole por el costado y mojando la almohada en la que su cabecita reposaba.

Sonrió, olvidaba que el rubio podía ser un llorón.

Disculpa….

Y el pensamiento oscilo entre su mente y sus temblorosos labios, no salió, el corazón se desconecto del centro de señales y el cerebro colapso, los signos vitales pararon.

Un gemido…

Dos

Tres…

Y el grito cargado de dolor retumbo entre las paredes de la habitación.

Un vacio se abrió y el se partió en dos.

Discúlpame…

El alma se quebró y el pecho se rompió

no quería hacerte llorar.

Antes de terminar en el suelo y que los médicos exaltados, las enfermeras corriendo e Itachi cubriéndolo, ahogaran su llanto.