"7mo piso. 9pm"
El polvo de espina de pez globo desparramado sobre la mesa de trabajo de Pociones sólo dejó ver el mensaje durante el instante en el que Rose se atrevió a mirarlo de reojo. Scorpius movió ligeramente la varita y todo se levantó en una nube gris perlado. Un leve tintineo indicó que cada partícula estaba dentro del frasco un segundo después.
El profesor de Pociones, aunque mucho menos terrible que el antiguo profesor Snape, mantenía a sus alumnos en el más perfecto silencio durante toda la clase. Su lema era "El silencio es fiel amigo de la concentración, y la concentración es el ingrediente esencial para toda poción"
Rose se levantó de su asiento apenas sonó la campana del almuerzo. Era viernes, y por la tarde tan sólo tendría Cuidado de las Criaturas Mágicas con Hagrid. Cuidaban escregutos, que resultaron ser unos poderosos portadores de fuego eterno cuando crecían bajo ciertos cuidados especiales y bajo una dieta de carne de dragón. Tan sólo tenían dos, pero daban el suficiente trabajo como para entretener a una clase por dos horas.
Era mediados de septiembre de ese año. Cuando llevaban ya tres meses saliendo. Verse a escondidas les fue peligroso, porque si bien ambos podían aparecerse, aun sus padres mantenían la costumbre de antaño de proteger sus moradas con hechizos protectores y encantamientos fidelio, que eran difíciles de evadir, sobre todo porque no podían ausentarse por mucho tiempo fuera de casa, y el tiempo volaba cuando estaban juntos.
Pudieron verse una vez en el Callejón Diagon en Agosto, dos horas, un sueño para quienes no han podido pasar más que minutos en compañía del otro, pero siempre algo debía salir mal. En un oscuro recodo entre el Callejón Diagon y el Callejón Knocturn, Scorpius, acercándose más de lo acostumbrado a la cara sonrosada de Rose, había intentado formular la pregunta que venía practicando frente al espejo todo el verano. Por correspondencia le parecía de cobarde, y había quemado diez mil borradores con las mismas palabras en distinto orden. "Rose, ¿quieres ser mi novia?" "¿Te gustaría ser mi novia, Rose?" "Rose, te quiero, quiero que seas mi novia"
Pero nunca había logrado enviar ninguna lechuza con la propuesta. Así que juzgó que era el momento, y quiso hablar, pero… Rose estaba tan linda, tan fragante su cabello… que tan sólo se acercó… y cuando sus labios estaban a punto de rozar los de ella…
-¡Rose! ¿Dónde estás? ¡Papá te busca!
Y tuvo que desaparecer, queriendo matar al pobre Hugo Weasley.
Pero esta noche sería distinto. Scorpius estaba dispuesto a terminar con la intriga y pedirle a su flor hermosa que fuera suya de una vez. Y tan decidido y tan nervioso estaba que se saltó Botánica. Longbottom lo reprendería más tarde por eso y le restaría 50 puntos a su casa por no presentar un trabajo grupal.
Sin cenar, ambos salieron de sus salas comunes para encontrarse en la Sala Multipropósito. Era la única en la que nadie los molestaría, si bien habían ya usado las aulas vacías. A las nueve en punto, cuando el castillo estaba en completo silencio y parecía dormir al arrullo de la brisa.
-Rose, tenemos que hablar. Es urgente que te diga…
-Lo siento, Scorpius, no quise… es que no pude… es que James…
Malfoy le tapó la boca cariñosamente. Si ella seguía hablando las palabras iban a irse de su mente con la facilidad con la que la lluvia se escurría en las ventanas.
-Rose, yo…
Rose calló. Scorpius estaba sumido en una lucha interna, lo veía en sus ojos. ¿Qué podría ser? Estaría enojado porque lo había dejado plantado la semana anterior? James no la había dejado salir de la Sala Común esa noche.
-Quisiera… preguntarte… si quieres ser mi novia.
Rose se sonrojó, y no pudo contestarle en ese momento porque su lengua parecía haberse anudado. Escondió su cara en el pecho fuerte de Scorpius hasta que su corazón recobró el ritmo normal de sus latidos.
Mientras tanto, él sólo esperaba. No sabía qué significaba ese gesto. ¿Sí? ¿No? "Vamos Rose, no leo la mente aun"
Por fin, ella pareció recuperarse. Al ver las lágrimas cayendo se sus ojos, el chico se hundió por un momento en la desesperación más profunda. Ella no quería.
-Sí, Scorpius, yo quiero ser tu novia.
Scorpius sonrió, sonrió con el alma, con todo su ser. La chica más hermosa y perfecta lo había aceptado. La abrazó bien fuerte, con el corazón latiéndole a mil por hora, absorbiendo en su mente todo momento que transcurría, marcando ese día entre los más felices de su existencia.
-¿Puedo?- preguntó con voz ahogada.
Ella abrió los ojos como platos; todo era tan mágico… y esto no parecía si no mejorar las cosas. Torpemente afirmó con la cabeza.
Scorpius se acercó lentamente. Temía asustarla, parecía una gacela indefensa y frágil. Podía sentir los latidos golpear en sus venas, su respiración superficial y rápida, el ligero temblor de sus labios, las lágrimas agolpándose en sus ojos. Sobre ellos, con un leve tintineo, apareció una planta de muérdago, verde y refulgente, que formó una cortina fragante a su alrededor. En el momento en el que sus labios se unieron, una explosión de colores, amor y vida los inundó a ambos, haciéndoles sentir la magia que no necesita ni hechizo ni varita, la magia del amor puro y verdadero, la fantasía de amar y sentirse amado.
Infinito el momento, infinito el lugar, infinitos ambos en el beso…
Rose Weasley y Scorpius Malfoy habían sellado un pacto de amor eterno, peor que un juramento inquebrantable… Desde ese instante, ya ninguno viviría sin el otro.
-Así que era esto lo que ocultabas, ¿eh Rose?-Albus Potter estaba frente a ellos.
-Al, por favor…
Albus, frente al fuego de la chimenea de la Sala común de Griffindor, perdía su vista en las brasas incandescentes. Se sentía traicionado, su prima y mejor amiga nunca le había dicho dejado de decir nada como eso.
-Al…
-Sal de aquí Rose.
Rose suspiró. Lentamente, se levantó con los ojos nublados por las lágrimas. Al desaparecer el susurro de su túnica, Albus Severus fue silenciosamente a su habitación, donde sus compañeros dormían con ronquidos estruendosos, abrió su baúl y sacó de él un paquete bien doblado, una capa de tela aterciopelada tan suave como la brisa y tan ligera como el correr del agua de los arroyos en las montañas. La capa de los antiguos Peverell estaba en sus manos, dispuesta a borrar sus pasos de la vista de todo aquel que no tuviera un ojo mágico que pudiera observar a través de cosas sólidas.
Se la puso encima; le llegaba hasta los tobillos , había crecido mucho ese verano, y pronto, esperaba, llegaría a tener la altura de James. Salió por la abertura del cuadro de la Dama Gorda cuando la luna llena, saliendo de atrás de las nubes negras, iluminaba el pasillo.
Llegó a la pajarera de las lechuzas cuando el reloj del castillo daba la última campanada de las doce. Estaba vacía, todas sus habitantes habían ido a cazar ratones por ahí. Pero no estaba solo: Scorpius Malfoy estaba allí.
Sentado sobre la paja sucia con los excrementos de los pájaros, con el rostro colorado bañado en lágrimas que brotaban como ríos de aquellos profundos ojos azules, intentando en vano parecer fuerte ante el primo de su novia. Albus se quitó la capa despacio, no quería asustarlo y hacerlo menos digno del respeto que siempre se le había dado por ser el hijo de aquel que había intentado matar a Albus Dumbledore por orden del Innombrable. Aunque callado y reservado, todos temían a Scorpius, y ahí estaba, llorando como un niñito.
-¿Qué tienes que decir?
-Potter, ahí estas- dijo levantándose y recuperando de a poco el dominio de la voz, ya no tan afectada.
-Es mi prima, Malfoy, es una Weasley. No quiero que juegues con ella, ¿entiendes? Conozco a los de tu tipo, sé qué piensas de nosotros…
- Potter…
-Malfoy, calla y escucha. Le llegas a tocar un pelo de la cabeza y te juro que no durarás ni un segundo vivo. Y no te preocupes, tu padre sí se enterará de esto.
-Ese es el problema- susurró medio ahogadopor la presión de la varita de Albus en su garganta- Mi padre se enterará de esto. Y Rose no podrá ser mia.
-¿Escuchas lo que dices? ¡Suenas como si quisieras comértela! ¡Como tarta de calabaza! ¡Das asco, Malfoy!
- Tú no tienes idea…- murmuró. Luego recuperó la fuerza, y tomó el brazo que lo oprimía con fuerza brutal- No tienes idea de lo que arriesgo por ella…
En el dormitorio de las chicas, Rose se despertaba de un susto. Había soñado que Scorpius mataba a su primo Albus, empujándolo de la pajarera de las lechuzas. Pero seguro era un sueño: tenía miedo, porque Al y ella no se habían hablado en semanas por causa del incidente en la Sala Multipropósito
-Debes… contarle… a Rose- susurró con voz ahogada el segundo de los Potter.
