Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece, todos los derechos están reservados por Hiroshi Shiibashi.

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¿Qué haría Rikuo sin Tsurara?

Capítulo dos.

Rikuo se estaba preguntando seriamente si dormir en la clase de filosofía. No es que no le agradara, todo lo contrario, le gustaba mucho ya que en ella se hablaban temas muy interesantes.

Pero era la voz del maestro la que le hacía querer hacerlo, su voz era una especia de somnífero para él. Era tan relajante que sus parpados se le cerraban solos, y el tener sueño desde hacía rato no ayudaba mucho. Se lo pensó un poco más. No sería tan malo cerrar los ojos un momento, era nada más para descansar y poder volar en su mente tan sólo unos segundos.

Se recostó en la mesa apoyando su cabeza en sus brazos, su mirada se dirigía hacia una de las ventanas más grandes que su aula poseía. Cerró los ojos y se dispuso a descansar un rato, lo que causó que se desconcentrara absolutamente de la clase; apenas y escuchaba los murmullos del profesor. Estaba quedándose únicamente con el sonido de su propia voz, la cual resonaba fuertemente en su mente.

Pero no fue posible, un fuerte sonido lo desconcentró a él y a toda la clase.

Al parecer alguien se tropezó con algunos baldes fuera del salón de clases. Y no sólo eso, también se escuchó un "¡Kya!" que fue acompañado de un fuerte estruendo. El profesor cesó la clase por un momento y se dirigió hacia la puerta para ver qué había sucedido.

— ¿Estás bien? —preguntó el profesor mirando hacia el suelo. Y es que efectivamente alguien se había tropezado, torpemente cabe decir, con baldes.

El castaño, al igual que todos los demás en su clase, tenía el gran defecto de la curiosidad, por lo que no pudo evitar alzar la vista para ver qué había sucedido.

Lo que alcanzó a ver fue un deleite para cualquiera de los chicos del salón. Era una chica de larga cabellera negra que le ceñía al cuerpo al igual que su uniforme, ya que estaba completamente empapada.

Todos los chicos, incluyendo a Rikuo estaban maravillados por la figura de la muchacha. El chico ya estaba perdiendo su concentración cuando algo llamó su atención, algo que hiso reconocerla al instante. La pelinegra tenía mechones celestes que se le mezclaban con los negros; y un lunar, bastante provocativo, en el muslo izquierdo. ¡ÉL CONOCÍA BIEN ESE LUNAR! Era inolvidable.

¿Cómo es que lo sabía? Bueno, cuando vio por primera vez a su guardiana con el uniforme escolar sentada a su lado, puso observar que tenía ligeramente hacia arriba la falda azul, lo que permitió que se mostraran sus largas piernas. Fue ahí cuando lo vio, un perfecto lunar en su muslo izquierdo. Jamás olvidó esa imagen.

El profesor le extendió la mano a la Yuki Onna, la cual fue recibida con cierta torpeza.

Después de constatar varias veces que la chica se encontrara bien, el profesor se dirigió por los pasillos a la conserjería para que alguien fuera a limpiar el desastre que la chica había ocasionado.

Aprovechando que su profesor se iba se incorporó un poco, se levantó de su asiento para ir en ayuda de su guardiana.

A su lado, una chica de melena castaña y ojos color avellana miraba confundida el acto de su amigo de la infancia. ¿Iría a ayudar a la chica? No le extrañaría que así fuera, el siempre había sido bien amable con todos, le gustaba ayudar.

Cuando vio que el chico se sacaba su chaqueta negra y se la ponía sobre los hombros se extrañó, intentó mirar un poco más para poder ver bien quién era la joven; cuando logró hacer un fuerte dolor se apoderó de su pecho. La chica era Oikawa Tsurara. Los celos no tardaron en hacerse presentes, le molestaba mucho ver juntos a esos dos; quería apartarlos pero no se atrevía a hacer nada al respecto.

Quiso saber con todas sus fuerzas de qué estaban hablando, pero desde donde estaba la acústica no era de las mejores; el bullicio que sus compañeros provocaban al hablar no era de mucha ayuda.

El castaño miró extrañado a la pelinegra por lo que esta le acababa de decir.

— ¿Te necesitan en la casa principal? – ¿hasta para cosas tan simples como buscar unos inciensos necesitaban a Tsurara? Y encima de eso, ¿su abuelo se atrevía a sacarla de clases sólo por eso? Vaya, qué descaro. Pero era mucho mejor que se fuera ya que en la casa principal podría cambiarse y así no tendría problemas, pero lo principal sería que los chicos la dejaría de mirar.

No sabía por qué, pero de cierta manera le molestaba, y mucho. Últimamente ha estado teniendo pensamientos bastantes sobreestimados; se ponía celoso por cualquier cosa que tuviera que ver con la Yuki Onna, sin que esta supiera claro está.

Era bastante cuidadoso para que esta no se diera cuenta, pero hacerlo cuando estaba en su forma nocturna le resultaba bastante difícil. ¿Por qué? Por la simple y sencilla razón de que él era mucho peor y no sabía controlarse muy bien que digamos. Por lo que el autocontrol en este tipo de situaciones siempre era su mejor arma.

— Así es, por esa razón Sasami vendrá por mí —respondió la joven totalmente sonrojada por lo torpe que había sido. Je, mira que caerse con unas cubetas de agua, esta vez sí que había caído bajo; y lo peor es que su Señor tuvo que prestarle su chaqueta porque se había empapado toda. ¿Es que acaso no podía hacer nada bien? Se deprimió bastante por dentro pero continuó manteniendo una leve sonrisa en el rostro—. Así que usted siga con sus clases hasta que estas lleguen a su fin, ¿entendido? —colocó una de sus manos en el hombro de su Señor como dándole a entender de que no tenía nada de que preocuparse.

El castaño muy a su pesar, asistió y dejó que la pelinegra se marchará. Después volvió a entrar al aula de clases.

Cuando se sentó en su pupitre lo hiso sin darse cuenta de que varios de sus compañeros lo miraban divertidos por sus acciones. Volteó hacia la ventana y vió como la pelinegra se iba en compañía de una chica de melena recta color azabache.

Esa debe ser Sasami —pensó para sus adentros.

El profesor regresó y prosiguió con la clase como si nada. El tercer heredero del Clan Nura se dispuso a poner atención a la lección, tan preocupado estaba por lo que pasó con su guardiana que hasta el sueño le habían espantado.

Por otra parte, Tsurara caminaba de regreso a la Casa Principal junto a Sasami, la cual ni le dirigía la palabra; eso la incomodó un poco, por lo que decidió pensar mejor en la llamada que tuvo con la Karasu. ¿Tan difícil era encontrar los inciensos? Le había dado bien las instrucciones, era tan fácil como correr el jarrón amarillo a un lado y ¡oh sorpresa! Ahí estaban.

Cuando llegaron a la Casa Principal, todo el mundo la miraba con una cara de horror tallada en el rostro. La Yuki Onna se empezó a incomodar por la situación, todos en la casa tenían un aura de ultratumba; tal vez era por los inciensos, o quizá el comandante se había desquitado con todos porque no los encontraba.

De tan sólo pensar en el humor que tendría el Comandante en esos momentos hizo que se le erizara la piel.

— Yuki Onna —dijo la chica cuervo sacando de sus pensamientos a la pelinegra–, ve a tu cuarto y cámbiate de ropa —dijo la mujer alejándose de ella para luego voltear y decirle—; el Comandante Supremo quiere verte.

Eso dejó confundida a Tsurara. ¿El Comandante quería verla? Eso muy rara vez ocurría, y cuando lo hacía siempre era por cosas sin sentido; por lo que no se preocupó mucho y sin chistar se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa lo más rápido posible para luego dirigirse a la habitación del comandante.

— ¿Quería hablar conmigo, Comandante? —preguntó la pelinegra abriendo la puerta de la habitación, asomando su cabeza por sobre esta. Ahí vio a un anciano aspirando el humo de su pipa. Él le hizo un gesto con las manos, dándole a entender que entrara. La chica obediente entró y cerró la puerta en el proceso, sentándose al frente del hombre.

— Yuki Onna —dijo el Comandante severo, la chica dio un salto ante el tono de voz que Nurarihyon estaba ocupando. ¿Tan enojado estaba?—, ya me he artado de que todos en esta casa sean unos incompetentes debido a tu causa —dijo sin rodeos. La chica estaba atónita, ¿debido a su causa? Que ella supiera nunca había hecho algo mal, nada que perjudicara a los demás. Miró a los ojos al líder del Clan esperando a que continuara, él captó el mensaje y prosiguió—. No quiero que me malinterpretes Yuki Onna, no significa que tú seas la falla, son ellos quienes abusan; incluido mi nieto —volvió a fumar de su pipa esperando a que la chica dijera algo.

Y sí que lo hiso, se escuchó un fuerte grito dentro de la habitación.

— ¿AH? ¿Qué tiene que ver Rikuo-sama en esto? Y espere, ¿esto no es por los inciensos verdad? Le dije claramente a Sasami dónde estaban, no debería de haber te-… —el Comandante levantó una mano en son de que se callara, la Yuki Onna lo hizo enfurruñada.

— Eso es exactamente a lo que me refiero. Nadie sabe nada en esta casa porque tú se los haces todo, y qué Rikuo-sama ni que nada; él ya es lo bastantemente grande como para que haga sus cosas el mismo —bufó sacándose la pipa de la boca—. Ya no quiero que hagas mas los quehaceres del hogar, a partir de ahora lo harán ellos, ¿me oíste? —se levantó de su asiento y caminó unos cuantos pasos hacia la puerta de la habitación. La pelinegra lo siguió con la mirada— Me aseguraré de que así sea – el Comandante comenzó a reírse de una forma, un tanto maniaca. Tsurara por primera vez en mucho tiempo tuvo miedo, realmente miedo de lo que el Comandante podría tener en mente. Este se volteó y sonrió socarronamente—. Esto es lo que haremos, Yuki Onna —dijo acercándosele como si fuera a decirle un secreto. Y así era precisamente, ya que era obvio que varios de los youkai de la Casa Principal como Kubinashi, Kurotabou o Kejoro estaban con la oreja pagada en la puerta para oír de qué iba la conversación—; debes seguirme todo lo que te diré al pie de la letra… – dijo el anciano mirándola a los ojos de manera inquisidora, la chica sólo asistió un poco temerosa aún del posible plan del Nura.

Rikuo volvía después de una agotadora jornada de clases. Su grupo de amigos lo habían invitado a tomar algo en una tienda que se había abierto recientemente cerca de la escuela más tuvo que rechazar la propuesta, estaba demasiado cansado como para ir. Regresó solo a casa ya que su guardiana tuvo que irse antes por unos estúpidos inciensos que su abuelo no podía encontrar.

Cuando llegó a la Casa Principal se escuchaba un bullicio muy grande. Entro y lo que vió lo dejó con su imaginación a flote.

Tsurara llevaba puesto un vestido no propio de ella, algo un poco… insinuador, de color violeta con encajes blancos. Llevaba también unas calzas negras hasta la rodilla acompañadas por unos vaqueros blancos.

Rikuo seguía divagando embelesado por la imagen tan bella que tenia en frente, pero luego toda la escena de Tsurara con corazones alrededor y un brillante fondo rosado de despedazó cuando vio lo que la pelinegra llevaba a su lado. ¿Una maleta? ¿Se iba de viaje o algo?

Se rió con arrogancia junto a su lado youkai, eso era imposible; ella jamás se iría de su lado

¿Cierto?

— Rikuo-sama, bienvenido a casa —dijo la Yuki Onna escondiendo su rostro bajo su cabello.

El castaño arrojó su mochila al suelo y se le acercó alarmado, la tomó por los hombros para que esta lo mirara a los ojos.

— ¿Tsurara, qué pasó? —preguntó el chico intentando verle el rostro a la pelinegra, pero le era muy difícil hacerlo si la chica tenía cubierta su cara por su flequillo.

— Rikuo… -se escuchó la voz de su abuelo que salió de las sombras y se colocó cerca de la Yuki Onna—. ¿Sabes? Me he dado cuenta de que tu guardiana sólo es una "distracción" para ti —dijo articulando cada palabra minuciosamente para que su nieto se diera cuenta de cuan seria eran sus palabras—, y para todos en la casa principal también.

El castaño lo miraba sorprendido. No podía creer lo que su abuelo estaba diciendo, ¿una distracción? Tsurara era mucho más que eso. ¿Distracción! ¡Ja! Ella era alguien importante para él, alguien irremplazable.

Distracción no era la palabra, ni en su más mínimo parecido, para describir a su guardiana, a su amiga, a su hermana, a su, su…

— Por lo que me he tomado la libertad de velar por todos ustedes, y he decidido que Yuki Onna debe irse de esta casa por algún tiempo –sentenció finalmente el ya desgastado ayakashi.

La sorpresa en todos no se hizo esperar, ¿Yuki Onna se iría? ¿Qué iban a hacer ellos sin ella? Si ni siquiera sabían cómo sacudir el tapiz de la entrada. ¿Con quién iban a jugar los más pequeños? Y por sobre todo, ¿qué iba a hacer Rikuo sin ella? No podía siquiera pensar el no tenerla cerca, ya se había acostumbrado a su compañía en todo momento. Es verdad, en Toono no la tuvo consigo, pero sabía que estaba en la Casa Principal a salvo, esperándolo; aunque después se la encontró en Kyoto, pero eso no viene al caso.

Era tanta la ira que el chico tenía que casi era posible palparla. Ya no aguantaba más el cinismo de su abuelo. Aprovechando que el sol se escondía y el crepúsculo daba paso a la grandeza de la noche cambió de forma, sintiendo como su cabello pasaba del castaño al blanco y sus ojos del chocolate al rubí; también se hiso más alto y ahora tenía un porte de superioridad.

Tomó la mano de Tsurara y se giró para mirar a su abuelo de una forma felina y chispeante.

— No lo voy a permitir, ella no se irá a ningún lado —dijo amenazante el ahora joven ayakashi de largos cabellos blanquecinos.

Su abuelo lo miró arrogante ante la actitud demandante que este mostraba.

— No hay nada que puedas hacer al respecto Rikuo —dijo volviendo a su rincón en las sombras, lejos de la pelinegra—. Además, ella está de acuerdo con la decisión que he tomado.

Todos quedaron peor de lo que ya estaban. No, no podía ser posible. Ella jamás aceptaría alejarse del lado de su Señor. ¿Qué clase de malévolo hechizo habrá utilizado el Comandante para convencer a la subordinada mas devota que el Tercero poseía? Después se lo pensaron un poco más, era mejor no saberlo.

— ¡Qué! –el peliblanco miró a su guardiana sorprendido. No podía creer lo que sus oídos acababan de escuchar. Estaba bien que su abuelo lo hiciera, ya no le sorprendía absolutamente nada que viniera de él, pero de la persona más cercana a el nunca lo pensó

La Yuki Onna lo miró a través de su flequillo todavía con unas lágrimas recorriendo sus blancas mejillas, las cuales estaban teñidas de un hermoso carmín por sentir la mano de su protegido sosteniendo la suya. Pero aún así intentó sostenerle la mano con la misma fuerza.

— Así es, Rikuo-sama —habló por fin con un hilo de voz–. Lo estuve pensando y me dí cuenta de que realmente no lo ayudo mucho aquí —el chico de mirada rubí la miró molesto, ¿qué no era de mucha ayuda? ¡Si ella era la que hacia TODO en la casa? Por supuesto que era de ayuda. ¡Qué demonios estaba diciendo!—. Por lo que me iré donde unos parientes que tengo en el norte un tiempo —la pelinegra miró a los ojos a su Señor y se dio cuenta de que no estaba conforme con la respuesta–. No se preocupe Rikuo-sama, estaré bien.

¡Pero yo no! —grito Rikuo para sus adentros.

La chica soltó por fin la mano de su Amo con pesar, pero este se la volvió a tomar apenas sintió que la mano de su compañera se alejaba.

Rikuo la miró de forma dolida, aún sin poder creer todo lo que estaba sucediendo. Luego le dirigió una mirada fulminante a su abuelo, él era el culpable de todo esto. Nurarihyon sólo tenía una sonrisa de victoria tallada en el rostro.

Soltó la mano de su guardiana al fin; no podía hacer nada si Tsurara estaba de acuerdo, y hacerla cambiar de opinión cuando ya tenía una idea metida en la cabeza era muy difícil ya que esta era terca como una mula.

— Prométeme que no harás ninguna locura —dijo derrotado el Tercero.

—… —la chica apoyó sus manos en el haori azul de su Amo y mostró una sonrisa sincera—. Se lo prometo.

Después de que el Comandante viera que esos dos ya se habían dicho lo suficiente posicionó dos dedos en su boca y dio un estruendoso silbido.

Segundos después Hebi Nyoro, la gran serpiente que Rikuo usaba como transporte, apareció en la entrada. Ya era hora de que Tsurara se marchara.

La Yuki Onna tomó su maleta y se dispuso a subir en la serpiente más no sin antes despedirse con la mirada de todos sus amigos y youkai de la Casa Principal, quienes la miraban apenados por su partida.

Rikuo se le adelantó tomándola por la cintura y la colocó con cuidado en el lomo de la serpiente. La chica se lo agradeció con la mirada y extendió su mano en son de que le pasará la maleta, la cual había sido olvidada por unos segundos en el suelo.

El peliblanco, reacio a soltarla, se la pasó de mala gana. Era obvio que no quería que se fuera, todos los habían notado. El Comandante era el único que al parecer estaba feliz por que se fuera de la Casa Principal por un tiempo, ya que sería un descanso para ella y un gran reto para todos, en especial para su nieto.

— Adiós, Rikuo-sama —la chica le sonrió intentando dale ánimos, este sólo le devolvió la sonrisa intentando mostrarse relajado; pero no lo estaba, no lo estaba para nada. Lo que más deseaba en ese momento era abrazarla y no dejarla marchar.

Pero su abuelo tenía razón en algo, él abusaba mucho de la amabilidad de su guardiana, dejando que siempre hiciera todo ella sola. Se maldijo por lo bajo, esto le pasaba por ser tan irresponsable consigo mismo.

— Adiós, Tsurara… – dijo finalmente el Tercer Comandante a cargo del Clan Nura desenredando sus fuertes brazos de la delgada cintura de la pelinegra para finalmente dejarla marchar.

Observó como la persona que él más estimaba se alejaba de su lado, cómo su perfecta silueta cada vez se hacia mas pequeña. Los pétalos de cerezo divagaron a su alrededor unos momentos y ahí se quedó, apreciando el cielo nocturno, queriendo despertar y creer que todo solo era un mal sueño.

Todos en la Casa Principal vieron cómo la serpiente desaparecía junto con Yuki Onna en la oscuridad, hasta el punto de ya no poder divisarlos.

Si bien les dolía tenían que admitir que todo esto era culpa de ellos, no lo podían negar. Nunca hacían nada en la casa más allá de lo censillo, jamás se les dijo nada al respecto, y nunca se les cruzó por la cabeza que el Comandante haría algo al respecto.

Pero, por lo menos ellos, se lo tomarían con calma; es decir, no podía ser tan difícil mantener una mansión repleta de youkais funcionando. Si la Yuki Onna podía con todo sola, para todos ellos juntos sería fácil.

— Karasu Tengu —le llamó el Comandante Supremo posicionando de manera pensativa la pipa que tenía en su boca.

El cuervo salió de entre la muchedumbre que se encontraba aglomerada en la entrada de la casa principal, colocándose al lado de su Señor.

— ¿Si, Comandante? —preguntó este en espera de una orden para ver qué harían ahora que la ayakashi de hielo ya no se encontraba con ellos.

— ¿Cómo se prepara una taza de té? —preguntó como si nada.

A todos les apareció una gotita en la cabeza; a todos menos a Rikuo. A él en vez de eso una gran vena se le marcó en la sien, la cual fue acompañada por un aura obscura y maligna.

De acuerdo, olviden lo de difícil, esto iba a ser más complicado de lo que pensaron.

Continuará…

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Aquí tsurara12012 reoptándose!, ^^, después de una agotadora semana de clases y proyectos que realizar, al fin tuve un tiempo libre para mi y pude seguir escribiendo. Espero les haya gustado, si quieren comentar o decirme su opinión al respecto les agradecería que me lo dejaran en un reviews^^

Les agradezco a suki90 por las correcciones, que haría sin ti!, y a Marion (k-mi) por haberme ayudado con las ideas tan desordenadas que las tenia

Muchas gracias!