Disclaimer: Los personajes aquí presentados no son de mi invención, por lo que renuncio a cualquier afán lucrativo en cuanto a esta historia. Copyright perteneciente a Riot Games.

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Sembrando Vientos pt2

Miss Fortune descansaba de uno de sus trabajos con una jarra en la mano, dentro de su taberna favorita de Aguas Turbias. Meditaba en las palabras de Nasus, y aunque no se las tomaba en serio no podía sacárselas de la cabeza. Había muchos monstruos en la Liga, sí, pero los más peligrosos eran aquellos que, libres de toda atadura, paseaban por los pasillos del Instituto. Monstruos como aquel que había asesinado a su madre cuando ella era sólo una niña. Monstruos como las bestias de apariencia humana que se podían encontrar en los oscuros callejones de Aguas Turbias, muchas veces borrachos, y que no tenían escrúpulo alguno en cometer todo tipo de atrocidades al amparo de la noche. Aquellos eran los verdaderos monstruos por los que había que preocuparse… eran los mismos monstruos que aclamaban las palabras del jefe de una nación sangrienta y brutal, que pretendía reclamar libertad cuando en realidad sólo reclamaba licencia para su maldad. La cazarrecompensas observaba distraídamente su entorno mientras pensaba en ello. Aunque aquella no era como otras tabernas; mugrosa, descuidada y en un ambiente donde se respiraba el hedor a sudor y licor a partes iguales, no era en absoluto como los lugares donde solía ir a buscar a su papá cuando el comercio marítimo era nuevo en la Isla de la Llama Azul. La maldición de la piratería había infiltrado todos los aspectos de la vida en Aguas Turbias, y no había mejor muestra de ello que el hecho de que sus 2 campeones, vale decir, sus 2 representantes frente a las naciones de Valoran, fueran piratas. Miss Fortune dio un suspiro al pensar en ello. De niña hubiera amado saber que se dedicaría a la piratería cuando fuese adulta, pues su concepto de pirata provenía de los cuentos maravillosos acerca de ellos que contaba su madre antes de dormir. Ahora… ahora detestaba a todos los piratas, incluyéndose, pues por más que intentara ser alguien decente, para sobrevivir en un lugar como Aguas Turbias había que estar dispuesto a ensuciarse las manos, los brazos y los hombros. Había mucha sangre en aquellas bellas manos. Por eso ella aspiraba a devolver a sus habitantes la paz de la antigua Aguas Turbias, cuando aún la llamaban por su nombre original y no por aquella burlesca sátira que le habían puesto los piratas. El primer paso para ello sería demostrar a los piratas que había otra forma de serlo, una que no involucrara tanto salvajismo y sí más astucia. Sin embargo, aunque de a poco avanzaba en popularidad entre la gente de Aguas Turbias por su belleza y sagacidad, había un escollo que solía interponerse entre ella y su objetivo. Terminaba su cerveza cuando un andrajoso marino, que reconoció como el "oficial portuario" (cabe mencionar que ellos mismos se otorgaban dicho título) del trozo de muelle más cercano entró de sopetón a la taberna sin aliento, evidentemente apresurado. Cuando se hubo recuperado un poco, exclamó:

- ¡!Gangplank ha conseguido un enorme botín y lo está repartiendo en la Caleta de los Colgados!

De inmediato todos los clientes y empleados del lugar salieron atropellándose unos con otros, entre confusas expresiones de júbilo. El propio dueño del local apuró a aquellos que se rezagaban, con la intención de cerrarlo y acudir a la repartija también. Miss Fortune sólo tuvo que dejarse llevar por la gente, hasta llegar al lugar señalado. La enorme mole del Heraldo de la Muerte estaba anclado en aquella caleta, y la cazarrecompensas logró darse cuenta que no tenía más de unas horas anclado allí. A duras penas habían revisado su estado al llegar, o eso parecía; no hablemos de ser sometido a alguna reparación (y vaya que las necesitaba, parecía recién salido de un combate y era probable que esto no estuviera lejos de la verdad). Gangplank, dirigía a los hombres del puerto mientras bajaban montones de cajas y cofres y sacos. Un poco más allá estaban sus hombres, que no parecían en las mejores condiciones, pero que se dedicaban a arrojar puñados de monedas de oro y collares y adornos y tantas otras cosas hechas de metales preciosos o manufacturadas con una delicadeza tan exquisita que era evidente su enorme valía. Por supuesto, el caos era generalizado y ni el capitán ni sus hombres parecían interesados en ordenar la cosa. La gente se peleaba por la más mínima pieza de plata, y los que eran inteligentes tomaban lo que podían antes de irse corriendo, mientras cientos de otras personas personas se empujaban, golpeaban, pisoteaban y hasta mordían en un intento por obtener parte del botín. Muchos delicados adornos que enteros seguramente valían carísimos yacían destrozados bajo los pies de aquella horda enloquecida que se componía de hombres y mujeres de todas las edades, y de una variada condición social. La pelirroja estaba alejada de la principal masa de gente observando el ejemplo mismo del salvajismo que trajo la piratería. Aquella gente parecía una manada de coyotes disputándose los restos putrefactos de alguna desdichada criatura; cada uno de ellos parecía más bestia que humano. La indignación bullía en el pecho de la pirata ¿Cómo es que todos ellos abandonaban su humanidad por tan poco? ¿Cómo es que se rebajaban tan fácil, por unos trozos de metal? Uno de los que lograban escapar con un trozo del botín chocó con ella de frente, y la cazarrecompensas actuó por puro impulso: en un movimiento fluido lo tomó del cuello mientras sacaba a "Descarga" y la ponía en su sien.

- Vuelve a hacer eso – dijo con su voz más seductora – Y tal vez mi dedo se deslice más de lo debido.

El hombre, aterrorizado, soltó la mayor parte de lo que llevaba encima y se deshizo en perdones mientras rogaba piedad. La pirata lo soltó y empujó lejos de sí, para luego dedicarse a observar lo que el infeliz había soltado: muchas joyas exquisitamente labradas de diversos metales preciosos, monedas de oro y plata y una camisa escarlata de lino bordada. Pero eso no le interesaba mayormente a la cazarrecompensas, sino una estatuilla de madera que representaba a un árbol enrollándose sobre un cristal aguamarina.

"Jonia" pensó entonces la pelirroja mientras observaba cada detalle de la escultura. Cuando recogió la camisa sus sospechas se vieron confirmadas; el tipo de bordado, y los pequeños emblemas en los puños de la prenda eran fácilmente reconocibles. Si ira se hizo aún más potente entonces. Quiso ir y encarar inmediatamente al necio de Gangplank, pero sabía perfectamente que se metería en problemas si cedía a ese impulso. Así que apoyada contra una pared decidió esperar a que el show terminara, mientras sopesaba mentalmente el costo del robo sobre sus planes.

Finalmente Gangplank decidió que era suficiente, y sin decir palabra desenfundó su pistola para disparar contra la multitud. Ya fuera por suerte o por la habilidad prodigiosa del pirata, la bala impactó contra el suelo en medio de la multitud sin herir a nadie, más para la gente quedó claro el mensaje. En total desorden cada cual se retiró a su hogar con lo que había conseguido rescatar, y pronto aquel lugar estaba vacío. Como huella de lo sucedido quedaban los restos del pillaje: finas telas rasgadas y pisoteadas, escombros de cerámicas, trozos de metales preciosos, gemas desprendidas de sus engarces y multitud de monedas y medallones. Los hombres que habían estado repartiendo el botín de dedicaron a recoger lo que aún era valioso, mientras su jefe despedía a los cargadores. En aquel momento Miss Fortune avanzó hacia su rival ocultando su ira debajo de la máscara de seducción habitual.

- ¿Quién diría que el terrible Gangplank se preocuparía tanto de la gente de Aguas Turbias, al punto de repartir el botín antes de reparar el barco o curar a sus hombres?- dijo burlonamente la pelirroja.

-¡Pero si es la señorita Fortune! ¿Qué te trae por aquí? ¿Acaso incluso tú has venido a tomar un pedazo? – contestó el pirata con el mismo tono sarcástico.

La pelirroja se mesó el cabello con desdén, y dirigió una fugaz sonrisa seductora a uno de los hombres de Gangplank, según era su costumbre, antes de contestar:

-No, no me interesan las baratijas que repartes entre tus lameculos. Vengo a hablar contigo. En privado – añadió cuando notó el repentino interés de los marineros de Gangplank en la conversación.

-Podemos hablar aquí. Confío plenamente en cada uno de mis hombres – contestó el pirata con un gesto que pretendía ser paternalista.

Miss Fortune lo miró como si estuviera hablando con un retrasado antes de decirle

-Pues yo no confío en ellos. Así que – añadió reconstruyendo su seductora sonrisa – Si fueras tan amable de seguirme…

Al escuchar esto Gangplank no se mostró dispuesto en lo más mínimo a seguir a la pelirroja, pero sus hombres estallaron en aullidos de ánimo, pensando que su capitán estaba a punto de "anotar" con la mujer más codiciada de la Isla de la Llama Azul. Ante esto el pirata intentó esbozar una sonrisa pícara (con pésimos resultados) y siguió a su rival por las calles de Aguas Turbias. Mientras lo guiaba por los callejones apestosos a orina y vómito alcohólico, la cazarrecompensas hervía a fuego lento de ira contra su acompañante. Había muchos hombres con los que jamás tendría nada, ni siquiera sexo por diversión, y Gangplank encabezaba esa lista. Por fin llegó a una puerta como muchas otras entre los edificios de Aguas Turbias, y sacando una pequeña llave de su escote, Miss invitó a Gangplank adentro antes de cerrar la puerta con fuerza. Aquello era una pequeña oficina ordenada pero polvorienta, donde la pirata gustaba de hacer sus planes, conversar con sus hombres y mujeres de confianza y revisar los posibles trabajos. Aquel lugar le recordaba a su padre, que tenía una oficina similar cuando era el jefe de una de las primeras flotas mercantes de Aguas Turbias, antes de que todo se fuera al garete. Un escritorio viejo y destartalado ocupaba la mayor parte del lugar, con 2 sillas igualmente desgastadas delante y detrás. La pirata, por supuesto, se sentó detrás del escritorio, y su rival se echó delante de ella con desgano haciendo crujir la silla. Una vez estuvieron ambos relativamente acomodados Miss se permitió abandonar su habitual expresión traviesa para dejar que su rostro trasluciera su… malestar.

- ¿Y Bien? – Preguntó Gangplank decidido a hacerse el desentendido - ¿Qué quiere de mí la respetable señorita Fortune?

- ¿De dónde sacaste ese cargamento? – inquirió demandante la pelirroja.

- De donde suelen sacarlo los piratas honrados como yo, robándolo de las bodegas de los imbéciles que no lo saben cuidar – respondió con presteza el "Azote de los Mares".

La cazarrecompensas dirigió una mirada hostil hacia su interlocutor, pero éste paseaba la vista por los alrededores con aparente aburrimiento, por lo que Fortune comprendió que él sabía perfectamente por qué estaba allí. Eso la hizo estallar.

- ¡Piratas honrados! ¿¡No querrás decir canallas sucios, viles y estúpidos que no saben distinguir entre robarle a los mercantes comunes y robarle a los cargamentos oficiales de la nación Jonia!? ¡20 veces maldito seas, Gangplank! ¿¡Tienes idea de cuánto me costó aplacar a Irelia la última vez que hiciste algo así? ¡Más de un año lamiéndole las botas y siendo su perra personal para que lo eches todo por la borda de ésta forma!

Miss Fortune siguió escupiendo todo lo que se había guardado sobre aquel imbécil con barco propio durante todo el trayecto y antes, y mientras más hablaba más oscuro se ponía el semblante del pirata. Finalmente, luego de oír "¡Por gente como tú estamos sumidos en la miseria!" el pirata se puso de pie, y cualquiera que no fuese la pelirroja hubieran retrocedido sólo por precaución al ver su expresión.

- No pocos de mis hombres murieron en ese asalto y en la huida. Eran hombres valientes y decididos, no como tus alfeñiques temblorosos. Ahora sus cuerpos están en el fondo del mar para traer este botín a casa. Hemos repartido lo que ganamos con sangre y pólvora entre los chupasangres cobardes y débiles que son el pueblo de ésta maldita isla, antes de tomarnos algo e ir a conseguir algunas merecidas prostitutas que nos venden las heridas ¿¡Para que una perra malcriada y presumida como tú me venga escupir sandeces de cómo hago mal a este pedazo de tierra en medio de la nada!? De no ser por mí, la mitad de los mugrientos vagos de aquí habrían muerto de hambre.

La pelirroja rió, pero de pura ira. Sentía unas ganas locas de desenfundar a Descarga y Pavor y coser a tiros a aquel mentecato cuya cabeza no cabía en su sombrero. Su mente la salvó de aquel trance, pues no en vano se había adiestrado concienzudamente para controlar sus emociones. Mentalmente contó hasta 10 con los ojos cerrados y se volvió a sentar. Gangplank seguía de pie y temblando, evidentemente presa del mismo deseo que ella, pero menos capaz de esconderlo. Por la mente de la cazarrecompensas pasó la peregrina duda de quién lograría desenfundar sus armas primero en caso de enfrentamiento, pero la desechó rápidamente.

- Bien – dijo antes de que el terrible pirata perdiera el control – bien, tú ganas. Haz lo que se te pegue en gana, no me escuches, haz lo que quieras. Sin embargo, luego no vengas a pedir mi ayuda. Yo defenderé los intereses de esos "chupasangres cobardes y débiles" como los llamas, no los tuyos.

A pesar de un estado de ánimo peligroso, el pelinegro logró sacar a relucir algo de su característica malicia para contestar:

- Nada más te pido, señorita Fortune. Ahora, si fueras tan amable de dejarme salir… Ya sabes, las amables prostitutas me esperan.

Sin mirarlo Miss pasó por su lado y le abrió la puerta. Gangplank cruzaba en umbral cuando ella lo detuvo con una mano en su hombro.

- No creas que esto se quedará así. Y no te estoy amenazando, pues cumpliré mi palabra y no haré nada más. Pero si crees que los Jonios se quedarán de brazos cruzados después de esto, te equivocas.

- ¡Que vengan! – dijo el pirata antes de zafarse y perderse en la oscuridad de los callejones. Sarah Fortune, conocida popularmente como Miss Fortune, se quedó mirando la oscuridad un rato aún antes de cerrar de un portazo.


A aquellos que hayan esperado la segunda parte (por ahora nadie al parecer xD) aquí está. Lamento la demora; el cerebro se me había secado y me costó mucho escribir el diálogo entre Gangplank y Miss Fortune, así que espero que les guste. Intentaré publicar un capitulo semanal, pero por ahora no prometo nada. Ojalá sigan leyendo esta historia y sea de su agrado; esto recién está empezando :)