Hola, debo decir que después de un tiempo volvi, esta vez con un AoKise. Se que debi actualizar antes pero estaba ocupada u.u Quiero agradecer los reviews de Sole3 y de Fujimy ya que ellas inspiraron a que terminara esta historia. La siguiente será un MuraAka para mi queridísima autora Kure.
Kuroko no basket no me pertenece
Regreso a casa tarde por el trabajo, desde que lo habían ascendido, sus jornadas ahora eran de doble o inclusive triple turno, pareciera que ese gordo y calvo, como le decía a su jefe, y los demás de mayor rango, le tenían algún tipo de "iniciación" en ese cargo, a pesar de haber empezado a trabajar allí desde hace 2 años.
Estaba cansado, y todo absolutamente le dolía, por no exagerar. Tuvo que poner a 2 asaltantes en su lugar, después de seguirlos en su agotadora persecución. Descansar parecía buena idea, ver a sus hijos y esposo tampoco sonaba mal.
Abrió la puerta que adornaba la entrada de la casa, y de inmediato sintió un peso extra en cada pierna. Dirigió la vista hacia abajo y descubrió a los causantes de que sus pies se sintieran de media tonelada.
- Papacchi – Un chillido ensordecedor le hizo saber a la dueña de esa voz. Mitsuko, su hija mayor de 4 años de edad, hermoso cabello azul oscuro atado en 2 coletas, piel morena y ojos dorados. Se mantenía aferrada a su pierna derecha, y algo le decía que no iba a soltarle.
- Papi – Un chillido más, este un poco más grave y del lado opuesto. Kei, de 3 años de edad y un radiante cabello rubio desordenado, piel pálida y unos ojos azul profundo como la inmensidad del mar. Aparentemente, Kei tampoco parecía querer soltarle.
- Oigan, si no me sueltan, los arrestare – Tal vez aquello pareciese haber sonado como una amenaza, sin embargo las risitas por parte de ambos inquilinos colgados de sus pies, le indicaban que había tenido un efecto contrario.
- ¡NO! – Estaba claro que los niños no le soltarían, y lo supo en el momento en que sus piernas se quedaban sin sangre que circulase por ellas, al mismo tiempo que los pequeños reforzaron el agarre.
Y ahí se encontraba Aomine, caminando con dificultad dentro de su casa, con 2 molestos chiquillos sin querer soltarle; intento agitarlos, oh vaya que lo intento, en todo el pasillo los sacudía como si estuviera bailando alguna danza extranjera; todo en vano, cabe aclarar.
-¡Ryouta! –
- ¿Si? ¿Daikicchi?-
El nombrado apareció desde la cocina. Se acerco hacia ellos, con un delantal celeste y un tazón acunado en su brazo izquierdo, mientras que el derecho sujetaba una batidora; misma que usaba para batir la masa que se situaba en el traste. "Quizá estuviera preparando la cena", Daiki se perdió entre tanta belleza. Definitivamente Kise hacia honor a su titulo de modelo, dejando de lado que también era un destacado piloto.
- Quítame a tus hijos de encima – Le miro con molestia, después de haber recuperado la razón cuando se perdió entre la hermosura de Kise. Apunto acusadoramente a las 2 criaturas que se encontraban literalmente, "prendidas" a sus extremidades inferiores.
- Mitsukicchi, Keicchi – El rubio llamo a sus retoños, los cuales, enseguida le dirigieron atención - ¿Podrían soltar a su padre?
Enseguida los niños se aferraron más fuertes, si es que eso era posible, a las piernas del moreno. Movieron sus cabecitas de un lado a otro, innumerables veces. Se habían Negado.
- ¡NO! – Un grito divertido enfureció más a Aomine.
- Bueno lo intente – Se encogió de hombros, le mostro a Daiki con una mirada de despreocupación, la misma que él ojiazul mostraba en sus años de preparatoria; "vez lo que se siente cuando te sucede a ti", esas eran las palabras que transmitía la mirada del rubio. Regreso a la cocina, ignorando los gestos amenazantes del peliazulado.
Después de que Kise abandonara la sala, el ex as de touou poso sus azules ojos en los 2 mocosos.
- ¿Qué es lo que quieren? – Vio los vistazos cómplices que se daban sus hijos. Porque él sabía exactamente que esa era su mirada cuando querían algo, y técnicamente, siempre su integridad física y mental estaba el juego.
- Mitsu-nee y yo quelemos domir con mamacchi – Kei fue el que hablo tanto por él como por su como por su hermana. Aomine no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa.
- ¡De ninguna manera! – Alzó la voz, más de lo que quisiese, y sus ojos destellaban un brillo de furia. ¡No dejaría que sus hijos le vencieran!, él era grandísimo Aomine Daiki, y nadie lo iba a vencer. Sin embargo, sus hijos seguían sonriendo, mostrando un gesto de maliciosa.
- Daikicchi, ¿Todo bien? – Era obvio que el grito había llamado la atención del rubio, y su voz sonaba preocupada, con una pizca de confusión.
- Si, si, todo bien – su rostro se vio cubierto por la palma de su mano. Después de que Kise había vuelto a la tarea de hacer la cena, dirigió su vista otra vez a los chiquillos.
- Si no nos dejas domir con utedes… - Aquellas palabras eran una amenaza, y Aomine lo sabía, por un breve momento le pareció ver llamas alrededor de sus hijos – Te acusaremos a mami.
- ¿Sobre qué? – Si antes estaba confundido, ahora estaba peor, pero supo disimularlo bien, y sus ojos destellaban con desafío.
- Sobre esa señora, la de las revistas debajo de la cama – Ahora ya había entrado en pánico, ¿cómo era que sus hijos sabían de ella? Los miro atónito; Mitsuko siguió sonriendo, mientras Kei ahora permanecía callado.
- ¡ESTA BIEN! ¡ESTA BIEN! – Agito las manos de un lado a otro, repetidamente. El moreno estaba alterado, ¿cómo era posible que él hubiese perdió?, Acepto sin quejarse, esta pelea la tenia perdido – Pero no le digan a su madre.
Los niños soltaron a su padre y sonrieron victoriosos, mientras el ojiazul pensaba que debía esconder a su querida Mai en mejores lugares donde no pudiera ser encontrada. Sus 2 hijos llamaron su atención tirando levemente de su pantalón, ellos le hicieron un gesto para que se acercara; Se encorvo para quedar a su altura, y cada uno se coloco a un costado de Daiki; acercaron su boca a su oreja, y juntaron sus manos alrededor de ella, asegurándose recelosamente, que sus palabras no se las llevara el aire.
-"el único que puede vencerme soy yo" – Entre susurros, Aomine entendió perfectamente a que se referian. Los chiquillos se separaron de él, con una sonrisa de burla.
- La cena esta lista – El ojimiel aviso a los inquilinos de la sala, mientras acomodaba la comida en la mesa de la cocina.
Un agradable aroma llego a las fosas nasales de Aomine, y sus hijos no quedaron atrás, parecían lobos buscando alimento, olfateando de aquí hasta alla.
- ¡Enseguida vamos! – Corrieron al baño a lavarse. Mientras Daiki entro en la cocina, y envolvía la cintura de Kise desde atrás.
- ¿Qué fue ese grito de hace rato? – Se sentía nervioso, pero trato de mantener la compostura.
- Nada – Respondió casi automático. Temeroso de que su esposo se hubiera enterado de la conversación, y de que sus hijos le humillaron – Tengo hambre Ryouta.
Murmuro muy cerca de su oreja, sintió un escalofrió recorrerle la espina dorsal, mientras le recordaba que hace unos minutos termino la cena. Se trago el nerviosismo y esquivo la mirada seductora del moreno. El peliazul emitió una leve risita por la actitud del ojimiel.
- Creo que no me entendiste – Sintió un susurro cerca del oído, cosa que le hizo cosquillas – Tengo hambre de ti – Mordió suavemente su oreja lo que le puso la piel de gallina.
Una mano traviesa se abrió paso por debajo de su camisa, mientras con las yemas de los dedos acariciaba gentilmente su tersa piel, su rostro pareció adquirir el color del jitomate que picaba momentos antes; emitió un pequeño gritito cuando uno de sus botones fue presionado con fuerza.
- ¡AOMINE! – Rápidamente recordó que en la casa también se encontraban sus hijos, y no podía hacer cosas indebidas con su esposo en la cocina.
- ¡MAMI! – Lo siguiente que Aomine supo, fue que se encontraba en el frio suelo. Levanto la vista y se encontró a su dulce rubio siendo abrazado protectoramente por sus hijos – Baka Papacchi – Mitsuko parecía la más molesta, pero Kei no se quedaba atrás - ¡No lastimes a Mamacchi!
- Yo no estaba… – Fue interrumpido sorpresivamente - ¡NO LO NIEGUES! – Y sus 2 retoños se aferraron más al abrazo que envolvía a Kise.
A palabras de Kise, si hubiera algo en lo que se parecían sus hijos a su padre, eso era lo despreocupados y perezosos que estos podían llegar a ser, pero también habían salido con el carácter posesivo y celoso de Aomine.
Estaba consciente de lo máximo que estos podían llegar a ser; hace años, cuando apenas estaban saliendo, un chico intento coquetearle, y antes de que él respondiera diciéndole que tenia novio, Aomine ya lo sujetaba del cuello de la camisa y lo mantenía pegado a la pared; Solo dios sabe cómo era que lo había tranquilizado, desde entonces supo con lo que trataba, pero lo amaba demasiado como para dejarlo ir por esa estupidez.
Aomine por su parte, sabía que aquel sentimiento de protección y posesividad tenia nombre y apellido: "Kise Ryouta". Solo cuando este simple nombre llegaba a oídos de sus hijos, enseguida se ponía en defensa de su madre. Era algo que a lo que él le llamaba "La Mamacchi señal", que solo surgía cuando otra persona se acercaba alguien a menos de 5 metros de Ryouta.
- Niños tranquilos – Intento calmar a sus hijos, pero aun tenia las mejillas leve tono rojizo – No me lastimaba.
Ellos aflojaron su abrazo, que casi dejaba a Kise sin aire, pero no lo liberaron del todo. Dirigieron una mirada de acusación hacia Aomine, este les devolvió la mirada.
- Bien, mejor dejemos esta tonta pelea y comamos – Ryouta hablo por todos, cuando sintió el aire tenso en el ambiente.
Después de la cena, y las miradas enojadas de Mitsuko y Kei hacia Aomine, Kise lavo los platos, mientras los niños se dirigieron a su habitación a colocarse sus pijamas. Tiempo más tarde después de que el ojimiel se arreglara para dormir, Daiki entro al baño para arreglarse también, y cuando salió se encontró una adorable escena que le hizo sonreír.
Ryouta recostado en la cama con sus hijos abrazados a él, dormidos.
- Daiki, deberíamos dejarlo dormir con nosotros hoy – Le miro con unos ojos de suplica.
- Sí, tienes razón – Miro al moreno con sorpresa en el rostro. Daiki siempre se negaba y llevaba en brazos a los pequeños hacia su habitación.
- ¿Y ese cambio de actitud? –
- No es nada – Soltó un suspiro agotado – Solo los dejare aquí por hoy.
Miro de reojo a los 2 niños. Mantenían los ojos cerrados, pero una sonrisa maliciosa en sus labios. Se recostó junto a su esposo, y abrazo los 3 cuerpos junto a él hasta caer dormido.
Cuatro horas después, Daiki se encontraba en el suelo debido a las constantes patadas de Kei y los puñetazos de Mitsuko.
Definitivamente no volvería a dormir con ellos.
Bien supongo que eso es todo. Sobre lo del MomoRiko, se que hay a quienes no les gusta, pero también hay a las que si, y pues me gustaría darles ese pequeño regalo, quizá lo medite un poco más de tiempo
Reviews? :3
