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¿Qué hace tan especial a Uchiha Sasuke para qué Uzumaki Naruto ande tras él?
Se preguntaban la mayoría de los estudiantes del bachiller, se preguntaba el profesor de literatura Iruka Umino y se preguntaba Sakura Haruno, la amiga intermediaria de ambos.
Admite que Sasuke fue su amor platónico desde que le conoció, y en eso se quedó, en algo unilateral después de enterarse que la vida unió a dos de las personas que mas quiere de una forma especial. Ella no era requerida en sus salidas a escondidas, o en los festejos silenciosos donde ambos solo sabían que festejaban.
Alguna vez se sintió desplazada, antes tenia toda la atención de Naruto, quien le proclamaba amor a los cuatro vientos y por consecuencia, la de Sasuke, quien siempre ha seguido al rubio como su sombra.
Pero ellos mismos la unen y estiran, abrazan y amoldan. Consolándola, riñendo con ella y protegiéndola. Aconsejándola y aconsejándoles.
Recuerda con cierto aire melancólico aquella vez en la que Naruto, triste y desolado, le confesó la atracción que sufría hacia Sasuke y éste a su vez, admitió a medias que le gustaba alguien demasiado escandaloso.
Ella le sonrió, un poco triste pero gustosa por ayudar. Animándolos a estar juntos.
No pasó mucho tiempo antes de que el rubio se le confesará al azabache a su manera con un gran: "Conseguiré por todos los medios posibles ser mucho más que tu rival, Sasuke".
Días después su amigo más callado le preguntó de una forma muy seria. "¿Estaría bien?"
Ella le miró con una ceja alzada, la pregunta no dicha sobre su amor no correspondido.
"Ustedes se complementan".
Y Sasuke sonrió de lado y asintió, fue la primera vez que veía ese gesto dirigido a alguien que no fuera su mejor amigo.
Él no necesitaba de su aprobación y estaba casi segura que consideraba sus sentimientos por Naruto, pero secretamente se sintió satisfecha por la pequeña consideración hacia ella.
"Dudo que ese imbécil haya hablado en serio".
"Confía siempre en Naruto —recuerda que le dijo, escandalizada por tal afirmación—, él siempre mantiene su palabra".
Y el rubio lo logró. Consiguió que el sereno Uchiha también le confesará sus sentimientos tras mucho esfuerzo y acoso, pero lo que el Uzumaki no sabia, es que Sasuke sólo le fastidiaba a su manera.
El siempre serio e inexpresivo Sasuke, cambiaba con Naruto a su lado. Al menos para ella que ya tenia años de conocerlos, esos cambios eran muy evidentes. No dejaban que su relación se extendiera a terceros porque solo ellos dos eran su propio mundo.
Y vuelve a preguntarse, ¿que era ese algo que a su amigo rubio le atraía tanto? A ella le gusta el aura de caballero que trasmite el Bruno, sus ojos que son como dos pozos oscuros llenos de infinito y si, su atractivo, lo admite.
Conociendo al Uzumaki como lo conoce, sabe que no es el mismo razonamiento, porque el no se ve atraído por caras bonitas ni carácter de en sueño, un claro ejemplo era ella misma.
Ella es brusca, poco femenina pero sigue siendo mujer, y como tal es un poco vanidosa en aspectos que casi no se notan, pero lo es. Así que aun no entiende y cree que nunca podrá hacerlo.
Fueron tres años de felicidad interrumpida hasta que un día, su amigo blondo faltó a clases y a Sasuke ya no lo volvió a ver sonreír.
—Sakura —escucha que le llaman. Sus recuerdos de días felices opacados por el rostro serio de Sasuke.
Y ella consiguió sin querer la atención que tanto anheló en antaño.
Con la ligera diferencia de que en ese momento, sentía que le faltaba algo.
Y vuelve a recordar, con los ojos rojos el sol que representaba Naruto en medio de la oscuridad que era Sasuke.
Toma la mano que le ofrece su amigo y ve el anillo de compromiso tendido para ponerlo en su dedo anular.
El Uchiha no pregunta sobre el repentino ataque de llanto mientras Sakura se aferra a su cuello, él cree que es de felicidad.
Pero ella llora porque siente que ha traicionado a alguien.
Porque ella no era el sol que convertía la oscuridad en luz, era la estrella que intentaba con toda su fuerza iluminar con su luz artificial aunque sea un pedazo de noche.
Porque ella no era el sol de Uchiha Sasuke.
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—¿Alguna vez has amado a alguien? —Escucha con atención al pequeño que come junto a él una de sus manzanas—. Mi mamá dice que ella está harta de amar y no ser correspondida.
—Yo no sé de esas cosas —murmura el rubio, dirigiendo la mirada a su propia manzana con gesto ausente—. Ni me interesan.
—A mi si me gusta alguien —confesó—, pero no quiero acabar como mamá.
Naruto entonces le mira. Le recordaba un poco a él.
—Confiésate —le anima—. No dejes que acabé en un intento y sí le quieres lo suficiente, nunca le dejes ir.
—No sé… ella es muy bonita y algo mayor…
—Oh —le pica burlón—. Te gustan maduras, eh, Konohamaru.
—¡La maestra Hinata nunca me vería con buenos ojos! —Dramatiza, entonces se da cuenta de su pequeño desliz—, quiero decir…
—¿Hinata? —No recuerda tal nombre.
—Si, es la maestra de la primaria. ¿Recuerdas la vez que armaste un escándalo porque no teníamos profesor y mi abuelito nos terminó dando clases? Pues tus exageraciones hicieron que unos turistas lograran que nos hicieran caso, al menos pronto tendremos doctor y aquí esta ya la maestra Hinata.
—Oye, yo no exagero —refunfuña con gesto exagerado—. Deberías agradecer que el gran Naruto tenga estos dones actorales de ensueño.
—Es porque pareces extranjero… —dijo algo molesto—. Desde que llegaste al menos ya suele venir una ambulancia con medicina y gente que promete mejores servicios.
—Eres un niño gruñón —acusó con los ojos entrecerrados—. Nada te embona.
—¿Qué? —Se para y se sube a una de las cajas vacías para guardar las manzanas—. ¿Quieres pelea?
—Konohamaru —un anciano se asomó por una de las puertas y el niño se tensó al escucharle, corriendo a esconderse detrás de Naruto—. Deja al muchacho en paz y ayúdame un rato.
El infante desanimado asiente y se despide de su amigo. El rubio le ve irse con gesto malhumorado.
Recoge las cajas que estaba apilando antes de que llegara el niño para escapar de sus deberes.
Sonríe porque siempre es divertido ver como regañan a alguien y en una milésima de segundo se borra esa línea curveada, porque siente que su presencia ahí ya no es requerida. Lleva menos de cinco años viviendo en Konoha, ese lugar pacifico con conflictos internos de los que nadie se había tomado la molestia de ver.
Ahora con él ahí y viniendo de un lugar donde nunca faltaba el agua, se los hizo notar.
Estaba de nueva cuenta siendo desplazado y eso no le gustaba.
Él era el todologo. El que con sus múltiples viajes de lugar en lugar, aprendió un poco de todo. Sus diferentes trabajos en busca de sustentos así lo requerían y por eso era al que siempre recurrían.
Se sentía feliz con poder ayudar, sin embargo, ahora les estaba dejando todo lo que aprendió a los chicos para que ayudaran a su comunidad.
Desplazado era la palabra que se repetía en su mente con insistencia.
Siempre fue un chiquillo revoltoso, una cabeza dura y alguien muy hiperactivo, no obstante, con el pasar de los años aprendió a ser lo que era en esos momentos.
Sus ánimos ya no eran tan buenos como en antaño, sus veintiocho años le estaban cobrando factura y sumándole a la soledad, se sentía un amargado.
Se dijo que ya era hora de volver a emigrar a un lugar en donde si lo necesitaran, de nuevo.
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El doctor se encontraba bajando algunas cajas de la camioneta, llevándolas a la clínica. Konohamuru ayudaba a su abuelito que con pasos lentos pero seguros, trataba de no caer por el terreno que no era plano.
El hombre más joven le saludó ligeramente mientras seguía en lo suyo.
—Chico, éste es mi nieto —apuntó con su bastón al niño que ya estaba corriendo para ayudarle—. Es un payaso pero le gusta ayudar.
—No se preocupe, puedo solo.
—No es por ti, muchacho, pero vas a necesitar de alguien que te ayude con los recados. La casa lleva mucho abandonada y quizá necesite algunas reparaciones, puedes pedirle…
—No es necesario —le interrumpió. El más viejo le miró con una ceja alzada por el tono tosco que utilizó—. Sé de todo un poco.
Konohamuru estaba cargando unas bolsas dentro cuando escuchó al tipo hablarle así a su abuelito.
—Tratamos de ayudar —reprochó—. ¡No nos trate como a una molestia!
Los ojos negros del medico se dirigieron al castaño que se encogió un poco en su sitio. No le miraba de mala manera, pero era muy pesada, como si su presencia le recordara a alguien.
—Bien —accedió—. Hagan lo que quieran.
Los recién llegados asintieron más contentos, pero el anciano ya se tenía que ir. Dejó al niño de los recados y se marchó.
Una vez solos, los ojos marrones del niño observaban sin querer a la mueca cansada del tipo. Estaba sudando y en la camioneta aun había cajas pesadas por bajar.
—Oye. ¿Cómo te llamas? —Preguntó, él solo cargaba bolsas pequeñas que contenían algo de medicina y carpetas con documentos.
—Sasuke.
—Ah —murmuró pensativo—, sí quieres puedo pedirle al hermano Naruto que nos ayude.
Sasuke dejó caer una caja con una báscula que se desbarató en el piso, llenándose de tierra.
Miró con intensidad al pequeño que asustado, se refugió detrás de la puerta.
—¿Dónde vive?
—Vive algo alejado…
—Vamos —dijo, cerró la camioneta y miró hacia el cielo, preguntándose cuanta más luz tendrían.
—Pero…
—¿Cómo es? —Preguntó suavizando apenas su voz—. ¿Buena persona?
—¡Claro que el hermano Naruto es una buena persona! —gritó con entusiasmo, a lo que Sasuke sólo pudo asentir con aprobación. Konohamaru pensó que tal vez quería saber quien los iba a ayudar, por eso comenzó a contarle como era—. Es casi tan cool como yo. ¡Sabe de todo! Aunque a veces se ve triste, por eso voy todos los días.
—Alguien como él debe tener muchos amigos, eh. Hasta una bonita esposa.
—Nah, que va —a paso seguro y satisfecho con algo que contar, comenzó a caminar con las manos detrás de la cabeza—. No tiene tiempo, siempre está ayudando aquí y allá. ¡Nunca para!
El resto del camino fue silencioso, el infante casi tuvo que correr para seguirle el paso. El moreno solo preguntaba por donde, no se detenía a mirar nada más.
Cuando por fin llegaron, Sasuke se detuvo a ver el invernadero que tenia a un lado. Era pequeño pero se podía ver muy bien cuidado. Sobresalía del cercado que rodeaba toda la extensa zona.
—¿Qué hay ahí?
—Tomate —hizo una mueca de disgusto pero se apresuró en seguir—. ¡Y manzanas! Aunque los árboles están atrás, ahí solo las guarda.
Se ahorró que le dijeran que tocará, se colgó de la cerca y le abrió por dentro.
Sasuke hizo una mueca al ver lo fácil que era, pero se dijo que no había alguien en ese poblado que pudiera robarle a alguien como Naruto.
Konohamaru casi lo arrastró dentro, apresurándole.
—¡Hay una vaca loca que siempre intenta entrar! —le dijo una vez dentro—. Naruto la deja pastar cerca, pero ya se ha comido varias veces sus plantas, él no aprende—, negó—. Es muy confianzudo.
El Uchiha le miró. Hablándole como si se conocieran de años el confianzudo parecía otro.
El castaño tocó varias veces, aporreando la puerta y gritando el nombre del rubio, pero no abrió.
—Supongo que fue a la ciudad.
—Vendré mañana —dijo.
Konohamaru se preguntaba por qué los ojos negros del señor parecían tristes. Sasuke se adelantó y esperó al chiquillo que aun intentaba que le abrieran.
La puerta se abrió como por arte de magia, Naruto salía frotándose los ojos intentando parecer despierto.
—¿Qué? —vio al niño—. Ah, tú.
—¡Estas no son horas de dormir!
—¡Estaba leyendo un libro!
—¡Libros son los que no tienes!
—Konohamaru, anda, dime qué quieres y te doy una manzana.
El niño negó, pero le dijo que le iba a presentar a alguien, cuando miró por donde estaba Sasuke ya no le encontró. Naruto le miró mal y le cerró la puerta, a lo que Konohamaru respondió pateándola y diciéndole que volvería otro día.
El azabache estaba caminando de vuelta a la clínica cuando una patada algo débil le pegó en el pie.
—¡Me hizo quedar como un tonto!
—Se veía cansado.
—Si, si, como sea, mañana antes de ir con usted paso primero por él. Me voy a casa.
Sasuke dejó que el escandaloso ese se fuera por su camino y él siguió el propio.
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A Naruto le gustaba pasear por la ciudad, a temprana hora regó y fertilizo sus cultivos para después huir al bullicio en busca de más semillas. Aprovechaba de paso para comprar cosas que necesitaba y promocionar sus manzanas.
Sus ojos repararon en una niña solitaria en medio de la plaza, buscaba con sus grandes ojos desesperados a su madre.
Suele pasar seguido, los padres de hoy en día no se fijan y los niños no se detienen. Le pasa una manzana frente a su carita y la pequeña le mira emocionada.
—¿Y tu mamá? —las mejillas regordetas y sonrosadas hacen un puchero ante la pregunta y toma el fruto—. Te ayudo a buscarla, ¿cómo es?
Ella niega, probablemente le hayan enseñado a no hablar con extraños, sin embargo, come emocionada la manzana.
Sus ojos empiezan a vagar por la gente y tratar de encontrar a su madre, así que observa a la niña para encontrar parecido. Una delicada mano toma a la chiquilla y la jala hacia si.
—¡Perdón! —grita y entonces repara en él—. ¡Naruto!
Sakura le mira asombrada y balbucea infinidad de cosas. Él le regala una sonrisa forzada.
—Qué hay, Sakura.
Los ojos jade comienzan a llenarse de lágrimas y trata de retener el llanto con sus manos. El curioso anillo en su dedo le sorprende y mira indiscreto a la niña rubia que esta aferrada a su regazo.
Supone que es su primogénita y le regala una sonrisa sincera.
—Oh, Naruto —su voz se quiebra y algo dentro de él se remueve—. Cómo…
Detrás de ella llega un hombre, es él y así no era como se imaginaba un reencuentro; es más, jamás se lo imaginó.
Una nueva sonrisa forzada y alza su mano como saludo. No sabe como reaccionar, a su estomago le llega un acido que le trata de hacer vomitar.
Él hace lo mismo, pero el adorno que lleva en ella le hace retroceder y volver a fijarse en el dedo de ella.
—Hey —se rasca la nuca con gesto que Sasuke reconoce como nerviosismo—. Ya tiempo sin vernos, eh.
—Si —reconoce el Uchiha—, habrá que recuperarlo.
El rubio niega consternado porque le da desconfianza la expresión del Uchiha.
—Tengo trabajo que hacer, será para la próxima —que espera que nunca suceda—. Pero pueden ir a visitar el restaurante que está…
—No te preocupes, me quedaré un tiempo por aquí —Sakura no pasa desapercibida la insistencia de su prometido—. Podría ir a visitarte al invernadero.
Los ojos azules de Naruto se entrecierran con desconfianza por esa afirmación, ve la caja de manzanas a sus pies y piensa que es mucha la coincidencia.
—No, gracias —replica, la niña sigue escondida detrás de su amiga de cabello rosado percibiendo la tensión en los adultos. Le ofrece una nueva manzana y le regala otra deslumbrante sonrisa—. Mejor cada quien a sus asuntos.
A Haruno Sakura se le oprime el corazón cuando ve los labios de Sasuke semi curvearse en una expresión que hace mucho no veía y esos ojos negros brillar expectantes al ver de nuevo el sol.
Cuando el moreno iba a insistir de nuevo, alguien jala a Naruto sin prestar atención a su compañía y le arrastra en dirección desconocida. No pueden hacer mucho pues el pequeño círculo se rompió y ahora los transeúntes impedían la pasada.
Los adultos se quedan mirando la espalda del rubio antes de verle desaparecer.
Aunque Sakura piensa, que no será la última que le vean.
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