Akira, un niño de 11 años, de pelo corto moreno y ojos de color dorado, vestido de negro y rojo, mira una pared. La pared es gris, de ladrillo, con algo de suciedad incrustada por los años y un color que hace pensar que en otro tiempo podía dar gusto mirarla, pero los años no pasaron en balde por ella. Akira no contempla ésa pared por gusto. Se mete las manos en los bolsillos de su oscuro pantalón, pero éso tampoco parece provocarle una gran satisfacción. De hecho, parece más bien que el hecho de adoptar aquella postura se debe a un aburrimiento crónico.

¿Porqué esta Akira aburrido? Quizás porque no contaba con que la celebración de su cumpleaños consistiera en un paseo por un bar de mala muerte, después de ver un poco de barrios bajos de Londres, o quizás porque le dijeron que era un mago pero todavía no le habían regalado nada tangible.

También podría deberse a que la camiseta de Kyo, su primo, que esta situado a su derecha, es, para el concepto de Akira, mucho más chula que la suya, pues la suya simplemente es roja, nada más, no esconde ninguna clase de secreto. Ni siquiera tiene marca. Sin embargo, la de Kyo es increíble. Por delante, lleva un fénix con unas gafas de sol, y por detrás aparece un fénix, ésta vez de espaldas. Las alas de ambos dibujos se unen en el costado.

¿Será esta la causa de los bostezos que Akira? ¿O será el hecho de que lleva ocho minutos concentrado en la ardua tarea de contemplar una pared?

La pared no le dice nada nuevo a Akira, que permanece allí, expectante, tratando de buscar algún entretenimiento o juego en aquel muro de ladrillos, pero por más que hace funcionar su imaginación, no logra nada.

El niño observa a Mink, situada a su izquierda, en espera de que ella haga algo que cambie aquella situación. Mink es su hermana mayor. Tiene 12 años más que él. Su pelo rojo es frondoso y largo, a la altura de los codos. Luce dos tríos de finos cuernos con forma de caracola, encima de las orejas. El color de sus ojos se encuentra entre el castaño y el dorado, aunque ésto se debe a que se los ha hechizado para que luzcan más bonitos. Al igual que ha hecho con Akira, cuyos ojos en realidad son castaños.

Mink es una muchacha muy estilizada, delgada, con un poco más de músculo que las chicas de su edad, pero sin hacerle perder atractivo sino más bien lo contrario. Lleva puesto un top que parece de piel de tigre, con forma de corazón y unos pantalones cortos de color marrón. Calza unas botas marrones de tacón grueso por debajo de la rodilla, altura en la que lleva un dobladillo de pelusa blanca.

Kyo, sin embargo, lleva unos zapatos blancos, unos vaqueros negros, una chaqueta vaquera blanca en el brazo y unas gafas de sol con pinta de costar mucho dinero. Se las empieza a quitar, dado que allí donde se hallan no llega la luz del sol. Al hacerlo descubre unos rasgos jóvenes que conforman un atractivo rostro de ojos castaño oscuro. Su pelo es moreno y está cortado a tazón.

-Qué bonita la pared... es gris –musita Akira.

La verdadera razón de que se hallen allí sin hacer nada es que se les ha olvidad qué hay que hacer para entrar en el callejón Diagon, pero ni Kyo ni Mink se atreven a admitirlo, así que permanecen allí, mirando la vida pasar.

Una niña, de cabellos castaños a la altura de los hombros, ojos azules y faz redondeada, con un hermoso vestido azul celeste de diseño sobre una camisa con dibujos de flores y una falda también azul, calcetines blancos con dobladillo estampado bajo zapatos de charol negros, pasa sin rodeos al lado del trío y activa el mecanismo que hace abrirse a la pared. Cuando ésta se abre, Akira se impresiona de ver una pared abrirse. Kyo se asombra de ver a una niña actuar de manera tan independiente, sin tener ninguna figura adulta acompañándola. Mink no se puede creer que le se hubiera olvidado cómo se entraba en el callejón.

La chica les mira con un deje de superioridad que les hace fijarse más detenidamente en ella y pensar, los tres a la vez, que ésa niña viene de una familia muy acomodada, mientras ésta se gira y entra en el callejón.

-Sabía cómo abrir la pared, lo que pasa es que... –comenzó Mink.

-Yo también lo sabía –le interrumpe Kyo- lo que pasa es que... ésa niña parecía ilusionada por hacerlo ella.

-Claro, éso mismo pensé yo –dice Mink, y los dos entran.

Normalmente Akira se habría metido con sus tutores tras la escena que había tenido lugar, pero la apariencia del callejón y el haber visto cómo una pared se abría le habían dejado boquiabierto. Y en el sitio. De hecho, nada más entran Kyo y Mink, se dan cuenta de que Akira se ha quedado fuera, así que vuelven atrás, abren la pared de nuevo y le llevan consigo.

Akira comienza a cantar lo que ve.

-Una niña vestida de pija abre una pareed... calles extrañas se dejan veer, por éste callejón con olor a piee... ése niño lleva una lechuza... ése otro bebe horchata de chufa...

-De hecho, es una bebida mágica llamada... –comienza a decir Kyo.

-Pero si es leche, tío –le replica Mink.

-Que no es leche, cornuda.

-No me llames éso, me sientan fenomenal.

-Leche hay que bebeer...

-¡Silencio crío del demonio! –dice Kyo- ¿por dónde quieres que empecemos?

-Me gusta la lechuza de ése crío, el de la horchata de leche mágica, yo quiero una.

-Vayamos pues al emporio de la lechuza.

-No, yo me refería a que quiero una horchata de leche mágica, tengo sed.

-Cuando acabemos con las comprar, vamos al Caldero Chorreante –dice Mink revolviendo el pelo de Akira.

Éste la mira perplejo.

-Es una taberna –explica Kyo.

-Ah –dice Akira- ¿sabéis que taberna significa no comas en japonés?

-Fui yo quien te lo dijo –responde Kyo.

-Entonces lo mismo sí que lo sabes ya.

Kyo alza la vista.

Emporio de la Lechuza