Summary; Desde la destrucción de T'Khasi (Vulcano I), los vulcanos han adquirido un precio espectacular, en el mercado de rarezas. El sindicato Orionita no puede pasar eso por alto. Rick Barnett y Jonathan Archer toman una decisión sencilla; mandar a Pike y sus chicos.
Beta; Van Krausser de LiveJournal, aceptó echarse esta molestia encima. Todos los errores son míos y producto de mi necedad de poner lo que yo quiera y todo lo que sí se puede leer, se lo debéis a ella.
Rating; M, por si las moscas. HC, adventure, hard-scifi, crack, mild-angst, romance, una pizca de SM y algo de fluff. Es decir, de todo, como en botica.
Clichés; Esclavismo, losalienslosobligaron, primera vez, sumisión, collares, la silla del capitán… y ahí le paro porque no puede ser más que un oneshot enorme.
p.d. Especial; se solicitan fanartistas para ilustrar éste fic.
Flux.
1: Resultados del entrenamiento, suma de los rumores…
Jim se ajustó los anteojos, de lentillas escandalosamente rojas y que ocultaban el brillo azul de sus pupilas. Se veía bien, el cabello teñido en platino, disparado hacia todos lados y el tatuaje recién hecho en un costado de su cuello. Recogió los guantes, el phaser y los anillos de cerámica que servirían como rastreador.
Nada metálico; todo era tecnología nannita, basada en cerámicas y porcelanas, de manera que sus emisiones no pudieran ser rastreadas ni detectadas fácilmente. Miró su rostro en el espejo y se limitó a sonreír, torcidamente. La camiseta ajustada azul le iba bien; encima, el chaleco multiusos, de un amarillo fosforescente, sucio y maltratado, como corresponde a un pirata que se respete, junto con sus pantalones militares y las botas todo-terreno, con una apariencia igualmente gastada.
Bueno, su disfraz estaba dentro de lo común y, bendito Pike, no estaba en el lugar de Spock y Nyota.
La puerta se deslizó tras él y se cerró como si la hubieran azotado escandalosamente; la túnica detrás de McCoy casi se atoró en ella.
—Con mil y un demonios! ¡Soy un médico y no un prostituto! ¿De quién fue esta genial idea?
Jim se dio la media vuelta, teatralmente, mirando a su amigo, vestido con pantalones claros de algo que parecía sospechosamente seda, y cubierto con un chaleco muy amplio, que caía en larga cola tras él… y nada más. A excepción quizá, del collar de turquesas que adornaba su cuello, que no era tal, por supuesto, sino otra unidad de transmisión y localización, en el caso de que Scotty tuviera que subirlos a la nave de inmediato. No podían llevar un comunicador. No en ésta misión.
Jim soltó la carcajada, al mirar a su amigo de cerca.
—Puedes culpar a Archer y a Barnett. Huy, ¿Eso es… delineador?
McCoy refunfuñó, acomodándose el cabello y poniéndose un par de pendientes, frente al espejo.
—Fue idea de Gaila. De la que te libraste, con esos lentes…
Jim asintió, con suficiencia.
—Bueno, yo no tengo la difícil misión de seducir a nadie.
—Y me asombra que no te lo hayan pedido, dada la fama de 'fácil' que tenías en la Academia.
Jim puso cara de pocos amigos, pero luego elevó una ceja maníaca.
—Yo lo llamaría… asequibilidad.
McCoy soltó una risita.
—¿Acostarte con todo lo que camina y razona?
Nyota entró en ese momento al área del teleportador y respondió por Jim.
—No sólo eso. También con animales de granja…
—¡Hey! ¡Les recuerdo que todavía soy su capitán!- protestó Jim, encarando a Uhura.
Los dos la miraron…hacia arriba. El avatar biomecánico que la contenía medía por lo menos tres metros, vestido con la escasísima ropa de una Na'vi, el collar apenas cubriendo sus pechos y las larguísimas piernas enfundadas en lo que parecía malla de seda de araña andoriana, de color uva. Jim silbó.
—En mi vida te había visto tan…
—Ni lo harás, James Tiberius Kirk. Éste es sólo un traje.
Jim la tomó de la mano; Uhura se zafó y él le guiñó un ojo.
—Que te va de maravilla, querida Uhura. Sobre todo, la cola. Es de lo más…incitante.
Uhura se limitó a hacer ojos de espiral y a arreglarse las largas trenzas, tras sus gatunas orejas, no sin darle un coletazo en la mano.
—Pagaría por un Avatar como el tuyo, Uhura, en vez de éste traje ridículo- gruñó McCoy.
Ella le acarició un hombro, consoladoramente.
—Eres un médico, Len. Se supone que tu traje es el de un sanador. O así eran las holopics que nos mandaron los syrianos.
McCoy intentó –inútilmente- cerrar un poco el chaleco, que dejaba su bien formado pecho al descubierto; Jim negó con la cabeza, desanimándolo a que lo intentara y los tres salieron del pequeño tocador, sólo para toparse con otro espectáculo inesperado.
Pese a que hacía meses que había dejado la silla automática atrás, el almirante Pike estaba sentado ahora en una, un modelo que McCoy juzgó por lo menos, steampunk antediluviano, hecha totalmente de tubería cobrizada y piel, en terminados góticos.
Por si eso fuera poco, el almirante traía un traje de color fresa –un diseño hecho expreso, carísimo, con toda seguridad- la camisa de un azul humo, abierta hasta la mitad del pecho, dejando ver una cantidad de joyería de cerámica inimaginable, enredada en el vello plateado que lo cubría, zapatos a juego con la camisa, un Rolex Venetian 2020 en la mano derecha y… un parche de seda negro, cubriendo su ojo izquierdo –una cámara de nanofibras, capaz de grabar más de mil horas continuas.
Jim no pudo contener la risa y McCoy se quedó por lo menos, mudo. Uhura se llevó una larga mano a la boca. Al fin, Jim se atrevió.
—Chris… es decir, Almirante, con todo respeto, luce como un auténtico padrote, señor.
Christopher Pike sonrió, entre siniestro y encantador.
—Gracias, hijo. No esperaba menos de ti. Tú, en cambio, sigues pareciendo un delincuente…
La risa fue general.
—Firmes, señores.
La orden del Almirante Pike sólo sirvió para recordarles que no, no iban a una fiesta de disfraces y que la misión enfrente tenía los mismos riesgos de un Primer Contacto con una especie particularmente agresiva.
Los últimos en llegar a la sala del teleportador, fueron Gaila y Spock.
Delicados tatuajes vanu-tanauf kitaun adornando sus biceps y pulseras de piel reteniendo sus tobillos, así como el collar, de invaluable plata de Syrrhan y los ojos delineados con kohl negro, aparte de boyshorts de piel, como toda vestimenta, el lacio cabello impecable, la piel rociada de un color verde dorado, el Vulcano lucía impactante en toda su belleza.
Jim tragó en seco.
Gaila puso las manos en las caderas, los rizos rojos derramándose sobre su espalda desnuda, su traje de esclava cubriéndola apenas lo necesario.
—¡Las Santas Hermanas y Astarité nos bendigan, Spock…es decir, Comandante! ¡Aún no termino!
El vulcano no acusó expresión alguna, pese a su vestimenta… o más bien, a la ausencia de ella.
—Me rehúso a más tacto del estrictamente necesario, alférez Vro.
Pike suspiró.
—Más vale que la dejes acabar con su trabajo, Spock. Podrías comenzar por llamarla Gaila o arruinarás todo el show. Y no me mires así; es una orden.
Spock NO suspiró. Tampoco hizo ojos de espiral; los vulcanos no hacen esas cosas. Gaila se acercó a él, con una sonrisa y sacando un peine diminuto, comenzó a alisar la mancha de pelo oscuro que adornaba el pecho del vulcano, auxiliada por un poco de un ungüento perfumado. Añadió un poco de kohl verde en sus párpados y brillo dorado en sus labios y lo bañó con loción perfumada a incienso, aplaudiendo al final, como una niña que ha vestido a su muñeca predilecta.
—¡Fantástico! –dijo, en su lengua natal - ¡Mi abuela se haría rica con una sola noche tuya!
Pike se aclaró la garganta, disciplinándola; no todos comprendían orionita y Gaila se cuidaba de externar su entusiasmo en estándar.
Casi pudo escucharse la exclamación ahogada de Kirk.
Pero, por otro lado, Jim estaba de acuerdo; la belleza del vulcano era por lo menos, exótica y por lo más, despampanante y escandalosa.
Gaila le había puesto dos diamantes en la oreja izquierda y una amatista en la derecha y ambos pendientes destacaban el largo de su cuello y el brillo de sus ojos; aunado al maquillaje y al disfraz, su piel era de una porcelana perfecta, marfileña; la imagen en la mente de Jim se deslizó como serpiente en el paraíso; ¿Cómo luciría marcada por sus dientes, húmeda de sudor y su saliva..? Tuvo que hacer lo imposible para contener sus reflejos en los siguientes segundos.
Pike sonrió con malicia, adivinando sus pensamientos. Comenzó a dar órdenes.
—Permanezcan en comunicación en ciclos de media hora, hasta que entremos en contacto con los prisioneros. Uhura y Gaila, ganen todo el tiempo que sea posible. Kirk, te quiero con el phaser en la mano y Spock… supongo que entrenaste de acuerdo a las instrucciones del embajador syriano?
—Afirmativo, Almirante. Zajacil Dhe me enseñó los 232 Sana Kariyii o Movimientos Sagrados; es parecido al Su'us Mahna.
Pike asintió, con gravedad.
—Menos mal que no seré yo tu víctima- se rió un poco- no podría negarme, sabes?
El vulcano asintió, disciplente.
—Es ese el resultado esperado, Almirante.
Chris se dirigió al CMO.
—Es tu turno, McCoy.
Asintiendo, se acercó con dos hypos y algo que parecía un sello de cerámica, con la forma de un rosetón , pero de unos dos centímetros de diámetro. Después de aplicarle las inyecciones, McCoy le adhirió el sello en la sien derecha, haciendo presión hacia afuera, pasados unos segundos, para confirmar que no se despegara. Spock palideció, bajo el efecto de las hypos; Pike lo miró, preocupado.
—¿Cuánto tiempo, McCoy?
Éste consultó el cronómetro de la pared.
—Unas dieciocho horas, con su metabolismo, Almirante. Después necesitará refuerzos, pero éstos harán menos efecto.
Pike suspiró, negando con la cabeza. Jim funció el ceño y se encaró a los otros oficiales.
—Chris, Bones ¿se puede saber que diablos le pusieron a mi Primer Oficial?
Spock respondió, en un suspiro.
—Ek'tevakh-ta'bek…
Surpimir lo que se siente…
McCoy miró primero a Pike y esperó su asentimiento, antes de responder.
—Mentisinil.
Jim procesó en un instante la respuesta.
La droga se utilizaba entre los vulcanos, únicamente para dos cosas; amputar un EMV y solucionar el dolor producido por la muerte de su pareja. Anularía la telepatía táctil de Spock y su telepatía de campo, por no decir de su control emocional. No era peligrosa… mientras el vulcano que la recibía estuviera hospitalizado y bajo vigilancia estrecha. Lo cual, por supuesto, no iba a ocurrir. Se había vuelto muy conocida, después de la destrucción hecha por Nero, dado que había sido lo único capaz de detener el dolor de los vulcanos por la pérdida de su mundo, al menos durante los primeros meses.
Jim se encaró, hecho una furia, a McCoy y a Chris.
—¿Qué diablos?! ¿Se dan cuenta de lo que le hará?
Pike asintió.
—No habrá otra forma de que pueda fingir, Jim. No podemos correr riesgos y él lo aceptó.
—¡Es mi Primer Oficial!
—Y los dos están bajo las órdenes de la Flota y del Almirantazgo, Capitán. Esta es una misión encubierta y detesto tener que recalcarlo.
Jim se mordió la lengua. La última vez que Spock había usado el mentisinil, McCoy se las había visto negras para sacarlo de su inmovilidad y silencio. Y sin embargo, no había quedado elección; era eso o los repetidos intentos de suicidio inconscientes, que estaban plagando a todos los vulcanos, ahogados en su dolor y en su pérdida. Al menos la droga controlaba los impulsos y Jim detestaba ver así a Spock, anestesiado, más indiferente que nunca e inmóvil.
Suspiró, volviendo al asunto; cada uno tenía sus instrucciones y ninguno sabía las del otro, en prevención de que los capturasen y hubiera tortura de por medio. Al no saber el plan de cada quien, no podrían mentir.
Bajo líneas generales, Pike intentaría comprar a los vulcanos, vendiendo a los orionitas un clon de cada uno de ellos. Spock y Gaila actuarían como distracción y Jim se encargaría de hackear las aves de presa, de modo que no pudieran utilizar el dispositivo de ocultamiento.
Scotty los dejaría en la superficie de Thumba-ja, donde se encontrarían con Zajacil y sus socios, antes de tomar la Jellyfish que los llevaría hasta Orion Prime.
Jim contuvo la vergüenza y la ira por instantes; Gaila también estaba corriendo riesgos enormes al regresar.
El Sindicato y para ser exactos, la mafia de los Bailsarkwnpoj habían puesto precio a su cabeza; escaparse del burdel, inutilizando de paso las computadoras con toda la contabilidad del clan, había sido una maniobra genial, para una jovencita de catorce años. Gearkad Bailsarkwnpoj había prometido arrancarle los dedos, uno a uno, si lograba recapturarla.
Y sin embargo, con su gracia y su natural descaro, Gaila estaba lista para regresar a patear traseros, antes que dejar que su antigua parentela hiciera esclavos de los vulcanos que quedaban.
Jim sabía que Spock sentía aprecio por ella, dada su habilidad con la maquinaria y la programación y el hecho de que jamás intentaba coquetear con el Comandante científico o rociarlo de sus feromonas. Más de una vez los había sorprendido, conversando animadamente –Gaila- y con toda seriedad –Spock- sobre los motores warp; posiblemente, eran los únicos que sabían tanto del asunto como Scotty mismo.
Todo dentro de Jim rugía de ira; no tendrían que pasar por esto.
Sí, los disfraces eran ridículos y sí, era a propósito. Pero si algo detestaba Kirk, era sentirse atrapado o débil y más, por sus sentimientos.
Uhura, Gaila , McCoy y sobre todo, Spock, eran algo más que su tripulación.
¡Eran su familia, carajo, y pronto, estarían en una posición en la que no podría protegerlos! Al menos Chekov se quedaría en el Enterprise y no correría riesgos. Pero el asunto tenía cola y a Jim no se le escapaba el verla; Archer y Barnett eran unos malditos hijos de perra; ¡Cuán cómodo era mandarlos a ellos, en su lugar, al frente! Ese era el premio por haberse ganado el lugar a pulso y no calentando el asiento burocráticamente por veinte años, para llegar a capitán. Y ellos creían que el chico granjero de Iowa le debía todo a la suerte y a papá Pike…
Le habría gustado verlos enfrentar a Nero o rescatando a Chris de la Narada, con el temor de que Spock no lograra escapar.
La cálida mano en su hombro le distrajo de su angustia; las pupilas en los ojos de Spock se habían reducido a un mero punto.
—No hay razón para preocuparse, Capitán. Puedo tolerarlo; mi mitad humana me ayudará.
Jim tragó saliva.
—No intentes engañarme, Spock. No te sale -refunfuñó.
La mirada del vulcano pareció reconcentrarse, intentando darle confianza al joven frente a él. Pike tosió, discretamente, distrayendo su atención.
Era hora.
