Hola a todos!

Aquí les traigo lo que vendría siendo el primer capítulo que es parte de la historia entre Akashi y Murasakibara.

En una parte se habla de una melodía que es River flows in you de Yiruma, lo amo!

Bien, prometo responder los reviews, que me encantaron y les agradezco a todos los que dejaron su mensaje y a los que leyeron también!

Disfruten la lectura y nos leemos abajo...


El inicio de todo

Se vieron por primera vez en secundaria, ambos pertenecían al club de basketball de la secundaria Teiko, rápidamente destacaron en el deporte logrando ser parte de los titulares.

Sus compañeros de equipo se convirtieron en amigos y ellos dos solían mantener distancia. Akashi siempre lo miraba desde lejos, le gustaba su forma de jugar y le llamaba la atención esa actitud tan infantil que poseía el más alto. Le agradaba recibir toda la atención del mayor.

Los años dentro de la secundaria pasaron rápidamente y Akashi disfrutaba de ver a sus amigos, notaba la atracción entre Aomine y Kise, aunque todos sabían de esa atracción excepto los propios involucrados. También se había dado cuenta de que tanto Kuroko como Midorima eran reacios a todo lo relacionado con el romance, mientras uno se escondía entre libros el otro seguía con su obsesión por el horóscopo. Por último, quedaba Murasakibara quién siempre estaba al pendiente de él, notaba esas miradas furtivas que le dirigía durante los entrenamientos.

El pelirrojo se encontraba junto a la manager, Momoi Satsuki quién le había entregado la información de sus adversarios para el próximo partido, uno de los últimos que jugarían todos juntos como estudiantes de la secundaria Teiko. Cuando el oji-morado dejó el entrenamiento y se acercó hasta quedar frente a él.

—Nee Aka-chin.

—Mmm. —Estaba comenzando a idear las estrategias para el partido sin prestar atención realmente.

—Aka-chin. —El menor no apartaba su vista de los datos. —Te quiero devorar.

—¿Disculpa? —Se alarmó, sabía de los sentimientos del contrario pero esperaba que fuera tan directo.

El mayor bajo el rostro hasta la altura del suyo, su corazón latía rápidamente pero se mantenía impasible lo único que lo delataba era el sonrojo que se empezaba a esparcir por todo su rostro.

—Eso…quiero devorarte. —Se acercó aún más. —Porque me gustas Aka-chin.

El mayor cerró la brecha robándole un dulce beso al menor, todos en el gimnasio detuvieron su accionar y se fijaron en la pareja comenzando a vitorear por ellos; el equipo completo sabía acerca de los sentimientos de Murasakibara hacia el capitán desde hace bastante tiempo.

—Sal conmigo Aka-chin.

Se encontraba mudo de la impresión, escuchaba a lo lejos a sus compañeros gritarle que aceptara, pero no tenía la intención de ceder fácilmente, él había tenido la osadía de robarle su primer beso así que lo haría esperar un poco.

Al finalizar el año aceptó la propuesta del mayor y comenzaron su relación aun sabiendo que se separarían, debido a la distancia entre sus preparatorias; Murasakibara asistiría a Yosen en Akita mientras que Akashi asistiría a Rakuzan en Kioto, pero ambos estaban empecinados en sacar su relación adelante.

Durante esa época viajaban constantemente a verse, habiendo obtenido la aprobación por parte de ambas familias, varios fines de semanas Akashi viajaba hasta Akita a quedarse un par de días con la familia Murasakibara; ya era parte de la familia, los tres hermanos y la hermana mayor de su novio lo vivían consintiendo, ni hablar de los padres de estos que ya le habían ofrecido vivir permanentemente en esa residencia.

Por otra parte, en las vacaciones siempre se quedaban en Kioto a Murasakibara le encantaba la ciudad y la variedad de dulces tradicionales que podía comprar. Solían quedarse en la mansión de Akashi aunque su padre normalmente tenía la gentileza de buscarles alojamiento en diversos hoteles dentro de la zona para que disfrutaran su tiempo a solas.

Por fin habían terminado la preparatoria, había llegado el preciado de momento de ingresar a la universidad, tal y como lo tenían planeado ambos estudiarían en Kioto. Vivirían juntos en una pequeña casa que el menor había recibido de herencia.

Akashi estudiaría Administración de empresas, mientras que Murasakibara estudiaría Gastronomía con especialización en Repostería.

Los primeros meses fueron increíbles para ambos, cada uno descubría un mundo nuevo en la universidad y sus círculos sociales se ampliaban cada vez más. Por otra parte, ellos parecían una pareja recién casada; todo era sonrisas y ningún problema, en el aspecto de la convivencia.

En la universidad ambos se juntaban cada vez que podían, lo cual no era muy seguido pues sus facultades se encontraban en direcciones opuestas.

Murasakibara se unió al club de basketball, mientras que Akashi tuvo que desertar a causa de las nuevas responsabilidades adquiridas por su padre, ya estaba comenzando a prepararse para heredar la empresa familiar y no había tiempo para actividades extracurriculares.

El tiempo pasó y se acercaba el cumpleaños número 22 de su grandote, él quería prepararle algo especial para celebrar. Últimamente no habían estado mucho tiempo juntos y cuando llegaban a casa el mayor parecía evitarlo.

Por ello Akashi había optado por seducir al mayor, conocía todas las fantasías que tenía su novio y tenía ganas de probar una de ellas. Tuvo que ir a comprar todo lo que hiciera falta, entre eso crema batida, chocolate y por supuesto las cosas para la cena.

Al otro lado de lado de la ciudad se encontraba un peli-morado caminando lentamente después de su última clase del día, muchos de sus compañeros le habían saludado, incluso algunos le regalaron dulces hechos por ellos. Murasakibara era bastante popular entre sus compañeros e incluso tenía un par de admiradores.

El peli-morado llevaba días pensando en la relación con su Aka-chin y siempre las mismas palabras aparecían en su mente: "rutinario", "monótono" y "aburrido". Así se sentía su relación después de 5 años, ya no hacían las mismas cosas de antes; siempre era lo mismo, nunca tenían tiempo para ellos dos y si lo tenían se encontraban muy cansados como para intentar algo.

Cuando vivían separados, se divertían más; tenían sus citas virtuales y cada vez que uno viajaba pasaban todo el día juntos, hacían lo que querían y a él nunca le decían que no. En cambio ahora, la situación había cambiado y sentía que su relación ya no era la misma.

Se demoró más de lo común en llegar a casa a petición del pelirrojo, sabía que le iba a preparar una cena así que debía darle tiempo; al llegar notó que la casa estaba en completa penumbra a excepción del comedor que estaba decorado con un par de candelabros que iluminaban tenuemente.

Tomó asiento, esperando a que su pareja apareciera mientras observaba la elegante mesa. Akashi salió de la cocina con los platos de la cena.

—Bienvenido. —Depositó los platos en la mesa y se acercó a besarlo. —Feliz cumpleaños.

El pelirrojo se sentó observando como el mayor probaba un bocado de la cena que había preparado, esperando la aprobación de este.

—Quedó delicioso Aka-chin. —Se sonrieron mutuamente. —Me gustó mi regalo.

—No es el único regalo. —Sacó una caja depositándola frente al mayor. —Si no te gusta puedes cambiarlo.

Murasakibara abrió la caja encontrándose con un reloj rolex de plata con detalles en oro y pequeñas gemas rojas, se lo puso inmediatamente en señal de agradecimiento por el regalo.

El resto de la cena pasó con calma, hablaban de cosas triviales y sin sentido. Akashi se apresuró a terminar antes para preparar su última sorpresa, en la habitación estaba todo listo pero él aún debía cambiar su atuendo.

Al retirarse le pidió a su novio que se tomara su tiempo antes de ir a su recamara, el mayor aceptó y optó por lavar los platos antes de ir, había pasado toda la cena con varias preocupaciones en mente aún no había tomado ninguna decisión con respecto a ello, pero sabía que no podía demorar más tiempo pensando, ya era hora de actuar por el bien de ambos.

Para cuando el mayor entro a la habitación un fuerte olor a chocolate lo golpeó, quedó completamente anonadado; habían varias fuentes de chocolate fundido, dos grandes fuentes llenas de fresas, muchos envases de crema batida y recostado sobre la cama se encontraba Akashi disfrazado con un sugerente traje de gatito, que se componía de unas peludas orejas blancas, un collar con cascabel y ropa interior blanca con una larga cola.

—Es hora del postre Atsushi. —Ronroneó seductoramente.

El mayor se acercó a la cama observando directamente a los ojos del contrario, mientras comenzaba a deshacerse de la polera que vestía.

—Podrás hacer lo que quieras hoy.

Murasakibara se posó sobre el menor colocando su cabeza en el cuello de este, inspirando lentamente su aroma.

—Estas seguro Seijuro. —Akashi jamás admitiría que lo excitaba cuando su novio dejaba de ser un niño. —Llevo mucho tiempo esperando por esto.

El pelimorado le depositó una mordida en la clavícula antes de separarse de él, acercó una de las fuentes de chocolate y tomó un par de fresas, untó una de ellas en chocolate para luego comenzar a jugar con el cuerpo de su pareja.

Le pasó la fruta por el vientre subiendo por su pecho, dejando un rastro de chocolate a su paso. Se detuvo en esos dulces botones rosas para luego llenarlos de crema batida; siguió su recorrido con la fresa hasta depositarla en los labios de su amante.

Akashi se estremecía en cada contacto, no podía evitar soltar suspiros hasta que llegó la fresa a su boca, en ese minuto el mayor se dedicó a retirar cada rastro de chocolate y crema de su cuerpo, obligándolo a comer rápidamente la fresa para soltar leves gemidos. Sentía esa gran lengua recorriendo con esmero cada rincón de su cuerpo, incluso las partes donde la fruta no había pasado.

La temperatura iba subiendo y el heterocromo se sentía desfallecer de placer cada vez que le volvían a poner dulce, el mayor se tomó su tiempo su tiempo degustando al otro pero él también necesitaba atención.

Se separó del menor para retirar esos molestos pantalones que lo tienen aprisionado, se sacó el cinturón y dejó que la prenda cayera al suelo, mientras que Akashi se posicionaba de rodillas frente al otro, se miraron fijamente sin decir nada. El menor retiró la ropa interior de Murasakibara y rápidamente comenzó a lamer el miembro de este, para luego comenzar a succionarlo lentamente.

El mayor alcanzó otro envase de crema batida y con su largo cuerpo acercó sus manos al trasero de Akashi, como su traje era especial para la ocasión tenía un orificio que le permitía introducirse al interior de este. Utilizó la crema como lubricante y deslizó uno de sus dedos empujando suavemente.

Akashi al sentir la intromisión se tensó pero no dejó su labor de succionar el gran falo que poseía su novio, empezó a aumentar el ritmo a medida que Murasakibara lo hacía. Cuando le introdujeron el tercer dedo el pelirrojo ya no podía hacer nada más que gemir al sentir como rosaban ese punto que lo llevaba al éxtasis.

El pelimorado ya no resistía más, así que con algo de brusquedad posicionó al menor de espaldas a la cama y de una estocada se enterró hasta fondo de ese pequeño cuerpo. Akashi soltó un grito al sentirse completamente invadido, mientras que el otro no esperó a que se acostumbrará y a un frenético ritmo se movía en su interior; rápidamente su mente comenzó a quedar en blanco por la olas de placer que recorrían su cuerpo.

En la habitación se podían escuchar los choques de ambos cuerpos, sus gemidos sincronizados con la danza que realizaban y el sonido del cascabel que estaba enloqueciendo al oji-morado; que de un rápido movimiento le arrancó el collar arrojándolo a un rincón de la habitación. Agarró la cadera del menor y lo volteó dejándolo apoyado sobre las rodillas, acercó el pequeño cuerpo de su amante hasta que todo su cuerpo estuviera en contacto, aumentó el ritmo de las estocadas y sacó el miembro de su amante de su apretada ropa interior para masturbarlo y hacerlo llegar al clímax.

Un par de estocadas más y el pelimorado se corrió dentro de su amante, se recostaron sobre la cama tratando de regular su respiración mientras se miraban de manera cómplice, como lo hacían cuando aún eran adolescentes.

—Estás listo para el segundo round.

—Siempre estaré listo para ti Atsushi.

Y así estuvieron entregándose mutuamente hasta el amanecer, olvidándose de cada detalle que los aquejaba del día a día.

Los días pasaron y los problemas comenzaron, las discusiones se hicieron habituales en los cortos periodos que podían estar juntos, ahora ambos evitaban encontrarse y si lo hacían trataban de no hablarse.

La situación empeoraba y Akashi decidió que lo más sano era conversarlo, por ello un día esperó a que el mayor llegara entrada la noche y lo invitó a pasear, si se quedaban en casa probablemente a los pocos minutos se estarían gritando.

Optaron por ir a un parque no muy concurrido, para así no llamar tanto la atención. No se hablaron en todo el camino, de vez en cuando se miraban como tratando de encontrar un tema de conversación y Akashi no pudo evitar pensar en qué minuto se había vuelto tan difícil hablar con su pareja.

Llegaron a su destino caminando uno por delante del otro, Murasakibara veía desde atrás la pequeña figura de su novio, tenía claro qué era lo tenía que hacer aunque eso los lastimara a ambos.

—Nee Aka-chin. —Le dio alcance y tomo su mano dulcemente. —Tenemos que hablar.

El heterocromo se extrañó, habían salido precisamente para hablar pero que el mayor hubiera tomado la iniciativa le dio mala espina, en especial por la frase tan cliché.

—Creo que debemos terminar. —Soltó calmadamente.

—¡¿Qué?! —Sabía que su relación estaba mal, pero no hasta ese punto. —Estas exagerando.

Sentía como que se hubieran invertido los papeles al sentir la mirada de Murasakibara estudiando su reacción, se estaba comportando como un adulto frente a la situación, mientras que él mismo estaba a punto de hacer un escándalo como un niño caprichoso. Últimamente estaba más volátil de lo normal, producto del exceso de actividades y el stress que le generaban.

Sabía que había dejado un poco de lado su relación, pero solo trataba de cumplir con sus deberes a la perfección. No había notado esos pequeños detalles que le afectaban a su noviazgo y que lentamente dañaron a su pareja, pero no podía concebir que ahora él lo mirara de esa manera sin decir una palabra, como si no hubiera otra solución que acabar con todo lo que habían formado por esos cinco años que estuvieron juntos.

—Haz lo que quieras Atsushi. —Lo encaró directamente, obligando al mayor a mirarlo de frente. —Espero que no te arrepientas después.

El pelirrojo estaba esperando que el otro reaccionara y le contestara, como comúnmente lo hacía después de cada discusión.

—Buenas noches Akashi.

El menor sintió un vacío dentro de él que crecía con cada paso con que el otro se alejaba, miró su enorme espalda perderse entre la multitud.

No supo cuánto tiempo estuvo parado en el mismo lugar, solo cuando notó que las calles comenzaban a vaciarse el emprendió rumbo sin ninguna dirección hasta llegar a una cancha de basket donde unos jóvenes de preparatoria jugaban, él se dedicó a observarlos a la distancia mientras recordaba cada momento vivido con Murasakibara, abatiéndolo minuto a minuto.

Cuando al fin pudo serenarse optó por dirigirse a la casa de su padre, no quería llegar al lugar donde había experimentado tantos momentos con el peli-morado; mucho menos ver las cosas de ambos, tal vez el mayor podría pasarse por ahí a buscar sus pertenencias y él mismo no se encontraba en condiciones de enfrentarlo nuevamente, sabía que podría empeorar las cosas a causa de su orgullo.

Cuando llegó a su destino, se encontró con la sorpresa que la mansión se hallaba completamente vacía, por lo visto su padre había decidido darles el día libre a todos los empleados domésticos y su vehículo no se encontraba estacionado, por lo cual todavía no debía llegar del trabajo.

Se encontraba completamente solo y ahora más que nunca le pesaba aquello, por primera vez en muchos años le hubiera gustado llegar y que todos los sirvientes que lo vieron crecer lo mimaran como en antaño, o incluso recibir el peculiar saludo de su padre que aunque pareciera frío y distante, sabía que era su forma de expresar cariño.

De repente una sensación de vértigo lo obligo a sentarse en el pórtico y cubrió su rostro con sus manos, quería gritar, escapar de ese lugar refugiarse en algún sitio donde nadie lo encuentre, pero al mismo tiempo sentía que estando ahí tampoco sería encontrado.

En medio de sus pensamientos escuchó la bocina de un auto y unos pasos apresurados a llegar a su lado, por un momento pensó que él se había arrepentido y lo iba a buscar como era costumbre en el pasado.

Sin embargo, no era quien pensaba sino el hombre dueño de aquel lugar; su padre lo abrazó sin decir ni una palabra sorprendiendo al menor, quien al sentirse seguro entre los brazos de su progenitor, no pudo evitar soltar las lágrimas que venía reteniendo desde que lo vio partir.

—Vamos Seijuro, debemos entrar. —El menor solo asintió.

Se sentía como un niño pequeño, cuando su padre lo dirigió al salón de música que tenían en el primer piso. Lo obligó a sentarse en uno de los sillones, mientras su progenitor se dirigía hacia el gran piano de cola que decoraba la habitación, deslizó sus dedos por las teclas antes de acomodarse y empezar a tocar una melodía muy conocida por ambos.

Era la canción que solía tocar su madre cuando veía que uno de sus hombres estaba triste, cuando quería calmarlos y verlos nuevamente sonreír. Esa canción que no había escuchado desde que ella falleció cuando él era solamente un niño.

Cuando la canción terminó Akashi Masaomi se sentó en silencio junto a su hijo y le desordenó el cabello como cuando tenía 4 años. El menor miró a su padre, esperando que este hablará por su extraño comportamiento; nunca lo había visto como esa clase de padre.

—No te obligaré a hablar. —Los ojos de Masaomi brillaban con un sentimiento indescifrable. —Pero sé que los Akashi solo llorarían por un motivo. —Le dedicó una pequeña sonrisa antes de continuar. —Sabías que tu madre me rechazó incontables veces. —suspiró cansado. —Y cuando por fin me aceptó, mi padre me obligó a deshacer nuestra relación. Luego decidimos escaparos y nos casamos a escondidas de tu abuelo pero él nos encontró al tiempo y le dio una oportunidad a tu madre. —Miró hacia el piano. —Volvimos a la casa principal cuando heredé la empresa y le regalé ese piano, fue el día que me anunció que tú llegarías a este mundo. —Volvió a mirar al menor y posó una mano sobre su hombro. —A los años después nos enteramos sobre su enfermedad y la fase crítica en la que se encontraba, ya no podíamos hacer nada por ella. —Su voz se hacía cada vez más suave. —Me sentía tan inútil; todo el día me encerraba a trabajar, tú eras tan pequeño y ella siempre iba con una sonrisa diciéndonos que todo iría bien. —Una lágrima traicionera se deslizó por su mejilla. — Para cuando llegó el fatídico día, yo comprendí que no había hecho nada para salvarla y ambos la perdimos, ese día tus te quedaste con tus abuelos y yo pasé toda la noche junto a la tumba de ella.

—¿Por qué me cuentas esto ahora?

—Porque entiendo por lo que estás pasando, además le prometí a tu madre que te cuidaría por siempre y que en momentos como este debía actuar como ella lo habría hecho. —Terminó por abrazar al menor.

—Gracias papá. —Hace años que no lo llamaba así pero se sentía adecuado para el momento, le devolvió el abrazo y se quedaron así un momento.

—Por cierto, tu habitación está exactamente igual a como lo dejaste. —Terminaron ambos sonriendo, antes de despedirse y partir cada uno a su propia habitación.

El heterocromo esa noche logró dormir tranquilamente cuando se prometió a sí mismo no pensar en él, en algún momento sabía que se volverían a encontrar e intentaría solucionar las cosas.

El tiempo iba pasando y ya estaba por comenzar diciembre, se había vuelto una costumbre que padre e hijo desayunaran juntos, a pesar de la diferencia en sus horarios laborales y estudiantiles, Seijuro siempre se levantaba antes sólo para compartir con Masaomi.

Pero ese día el menor no fue a desayunar, preocupando a su padre; el cual se dirigió hasta la habitación solo para encontrarlo saliendo del baño más pálido de lo normal.

—Seijuro te encuentras bien. —Se acercó colocando su mano en la frente del menor. —Tienes fiebre.

—No te preocupes padre. —Se quitó la mano de encima. —Estoy bien.

Mentira. Esa mañana al levantarse sintió un fuerte mareo que lo obligó a recostarse nuevamente, para cuando volvió a levantarse no hubieron problemas, se dirigió a abrir las cortinas y de paso ventilar su habitación cuando las náuseas lo atacaron haciéndolo correr hasta el baño para devolver todo lo que había en su estómago.

—¿Seguro?

—Absolutamente. —Le dedicó una sonrisa para tranquilizar a su padre. —Ahora debo retirarme a la universidad.

—Pensé que tenías clases más tarde. —Inquirió de manera desconfiada.

—Normalmente sí, pero hoy tengo un examen dentro de 40 minutos; así que debo apurarme

—Y ¿No vas a desayunar?

—Comeré algo en camino. —Tomó rápidamente sus cosas y se dispuso a marcharse, por lo menos ya se sentía mejor. —Adiós padre.

Antes de salir escuchó un "ten un buen día" que logró pintarle una sonrisa, esas últimas semanas la relación con su padre había mejorado súbitamente, aún no sabía si era por el hecho de haber terminado su relación con hombre o por haber sido encontrado cuando había sido terminado.

El viaje hasta la universidad fue relativamente tranquilo, uno que otro mareo lo atacaban repentinamente pero supo sobreponerse; durante su examen de macroeconomía las cosas iban bien, él se sentía de maravilla, completamente inspirado resolviendo cada pregunta con precisión y exactitud.

Fue el primero en terminar su examen, al entregarlo a su profesor se dispuso a retirarse pero al igual que en su casa las náuseas lo invadieron obligándolo a abandonar rápidamente el salón de clases, dejando a su profesor sorprendido.

Luego de su viaje al sanitario, decidió que era momento de hacer una visita a la enfermería, sentía que en cualquier momento colapsaría por sus malestares y su falta de desayuno.

Al llegar a la puerta de la enfermería una joven de uniforme lo recibió, haciéndolo recostarse un momento mientras ella buscaba un vaso con agua y azúcar para su pálido paciente. Le pidió que le describiera los síntomas y el pelirrojo le contó un resumen de cómo había sido su día.

Mientras más hablaban, la joven se ponía cada vez más nerviosa; había caído en la cuenta de quién era su paciente, sintiéndose cada vez más intimidada. Además los síntomas que le decían no le auguraban nada bueno y si lo que pensaba que tenía el pelirrojo era cierto, esperaba no tener que enfrentar algún cambio humor por parte del paciente.

—Según los síntomas que usted padece, yo diría que está…um. —La castaña había comenzado a temblar del nerviosismo. —etto…yo creo que está embarazado. —Terminó susurrando.

El heterocromo abrió los ojos completamente al comprender aquello, era cierto todos sus síntomas indicarían un embarazo, pero eso no podía ser verdad; hasta donde sabía él no era un doncel, tampoco se había hecho algún tipo de examen para comprobarlo, después de todo no existía algún indicio para saber quiénes eran donceles, él sabía que Tetsuya y Ryota lo eran; pues los había escuchado hablar de ello en una reunión. Pero jamás se imaginó que él mismo sería uno.

Tenía claro que existían altas probabilidades de ser doncel, incluso su padre se lo había mencionado años atrás, pero nunca lo confirmó.

—Akashi-san, desea hacerse un test. — Ofreció la temblorosa enfermera.

—No gracias, iré la clínica inmediatamente a hacerme todos los exámenes pertinentes. —Tomó sus cosas y salió lo más rápido que pudo dejando estupefacta a la enfermera.

Corrió a través de los pasillos, para salir rápido de aquel lugar. Esto no podía estar ocurriéndole a él, no podía estar en cinta, menos ahora que estaba solo; él tenía una vida, debía terminar lo antes posible sus estudios para heredar la empresa de su padre, por ello no había tiempo para niños. Además que él nunca se vio a sí mismo con hijos, ¿cómo podría hacerse cargo de uno?

En su camino a la clínica, optó por ir en autobús en vez de usar al chofer de su padre, prefería mantener esto en secreto mientras no estuviera seguro de qué era lo que padecía. Se subió y rápidamente fue a sentarse al final, inconscientemente llevó una mano a su abdomen, notando una extraña curvatura; para él no era extraño que su figura no fuera como la de preparatoria, después ya no practicaba basketball, solo jugaba de vez en cuando pero ya no tenía los extenuantes entrenamientos que mantenían su cuerpo en forma.

En la clínica fue llamado rápidamente a realizarse una serie de exámenes, antes de que una mujer baja de cabello negro corto con ondas, en las puntas tenía pintado de color fucsia y su rostro era redondo y delicado enmarcado con unos llamativos lentes rosas; definitivamente ella emitía una imagen sumamente infantil, aparentemente era más joven que él; pero eso no era posible porque vestía una larga bata blanca con un "Yamamoto" grabado en la esquina superior del traje.

—Estoy buscando al señor Akashi Seijuro. —Hablo con una voz dulce y alegre. El aludido levantó su mano y ella se puso rápidamente enfrente. —Hola, soy Yamamoto Akemi y solo por el día de hoy yo te atenderé. —Se dio media vuelta rápidamente para ser seguida.

El pelirrojo le dio alcance y entraron a la consulta de la doctora, tomó asiento frente a ella y esperó que comenzara.

—Bien Akashi-kun. —La miró dubitativamente. —Hey no mires así, no te haré nada malo.

El pelirrojo solo se limitaba a mirarla como evaluando sus capacidades para ser doctora, no podía confiar en esa niña.

—Akashi-kun. —Suspiro resignada. —No sabes cuantas veces he lidiado con gente como tú. —Entrelazó sus manos sobre el escritorio y apoyó su cabeza mientras miraba al contrario con una sonrisa. —Como ya sabes me llamo Yamamoto Akemi, tengo 31 años llevo años en este oficio, trabajo en Tokio pero estoy haciendo un reemplazo aquí por una semana, soy pediatra y obstetra, especializada en donceles como tú.

—Lo siento, es solo que se ve muy joven.

—Gracias, lo sé. —Terminó riendo, lo cual relajó al heterocromo. —Ahora comencemos, ya revisé tus antecedentes y me también contaron lo sucedido en la enfermería de tu universidad, así que ahora te haré un par de preguntas. —Akemi tomó la hoja de datos de Akashi para comenzar a escribir. — ¿Tienes pareja estable?

— No. —La cortante respuesta sorprendió a la doctora, por lo visto pensaba que el joven era otra clase de persona.

—Bien, no soy quien para juzgar.

—¿A qué se refiere? —Inquirió repentinamente molesto.

—Hey soy yo quien hace las preguntas. —Reclamó con un mohín que la hacía ver más infantil. — Pero si te gusta tener diversas parejas es cosa tuya.

—No soy ese tipo de persona. —Repuso claramente ofendido. —Hasta el mes pasado tenía pareja, con quien estuve por lo menos cinco años.

—Oh, lamento eso. —Se disculpó rápidamente y le ofreció un dulce de cereza como ofrenda de paz.

—No me gustan los dulces.

—Pero cada vez que no miras a mí, estas observando fijamente mis dulces. —Él no se había dado cuenta de ello, pero cuando miraba el envoltorio rojo se sentía tentado a comerlo. —Lo dejaré ahí, por si lo quieres comer. —Le dejó el frasco completo frente a él. —Bien ya dejamos en claro que tenías pareja, entonces, ¿cuándo fue la última vez que tuviste relaciones sexuales?

—El 9 de Octubre.

—Vaya, que preciso. —Sacó una hoja con un calendario y marcó la fecha. —Eso fue hace unas siete semanas aproximadamente. —Marcó también la fecha actual. —Y bien, ¿Cómo te sientes? ¿Te has sentido extraño?

—Aparte de los malestares matutinos, no he notado muchos cambios.

—¿No te sientes más cansado?

—Bueno sí, pero es normal; estoy en periodo de exámenes.

Allí la doctora notó, el por qué Akashi se había tardado tanto en notar su estado. Para un hombre aún sin saber que es doncel, es natural notar los cambios en su cuerpo, pero este joven acababa de terminar una larga relación y además tiene la presión de los estudios, haciendo que éste se olvidara de sí mismo.

Siguieron un rato con el interrogatorio, a veces con preguntas superficiales para relajar de a poco a Seijuro, hasta que Yamamoto-sensei le pidió que fueran a la sala de al lado donde había una máquina de ultrasonido, le pidió recostarse en la camilla y lo dejó que se pusiera cómodo.

—Cómo has de suponer, efectivamente estas gestando. —Akashi sentía como su corazón comenzaba a latir más rápido. —Y si lo que me dices es correcto, debes tener como mínimo 7 semanas. —Ahora que ya sabía lo que pasaba se sentía un poco más tranquilo, aquello no podía ser algo grave sabría cómo salir adelante. —Ahora veamos a ese pequeño.

Akashi se levantó la polera y por primera vez en semanas observó su cuerpo, notó aquella pequeña protuberancia en su vientre que nunca antes había visto. La doctora lo hizo recostarse y le aplicó un gel que le provocó escalofríos.

Cerró los ojos intentando serenarse, hasta que escuchó el sonido más maravilloso del mundo, volvió a abrir sus ojos y los dirigió hasta la máquina que provocaba tal sonido, por fin entendía todo de verdad había una criatura creciendo en su interior, ya no podía pensar solo en sí mismo, porque cada paso que dé ya no lo haría solo, ahora alguien dependía de él.

—Increíble, eso explica su tamaño. —Murmuró sorprendida para sí misma la doctora.

—¿Todo bien? —Preguntó mirando el monitor, sin comprender las manchas que aparecían en este.

—Mmm…sí. — Akashi quedó intrigado por el tono de duda ella. —Ok, acabemos con esto. —Apagó la máquina y ayudó a limpiarse al otro. —Volvamos a la oficina.

Se dirigieron nuevamente a la sala de al lado y se sentaron igual que al inicio, solo que esta vez la doctora no estaba tan sonriente como al inicio, lo cual preocupó un poco al heterocromo.

—Todo va bien. —Ambos suspiraron por distintos motivos. —Tienes 7 semanas de embarazo y todo está en orden. —Akashi se sentía cada vez más aliviado. —Pero…me equivoqué en algo. —Toda tranquilidad desapareció.

Akashi miró como la doctora revisaba un par de papeles y rebuscaba algo entre sus cajones, mientras él comenzaba a impacientarse, necesitaba tener la información inmediatamente y ella parecía no querer hablar.

—No sé cómo decirte esto. —Ya se estaba molestando. —Porque no sé cómo vas a reaccionar. —La doctora cerró su cajón con par de documentos y lo miró fijamente. —Creo que es el momento adecuado para entregarte esto.

La doctora deslizo por el escritorio hasta dejar frente a él un folleto que en grandes letras de colores destaca: "Cómo llevar un embarazo múltiple".

Y así fue como el absoluto Akashi Seijuro colapsó a causa del exceso de información, todo lo que había sucedido en su vida últimamente se debía únicamente a una persona y él se había obligado a ni siquiera pensar sobre ello, pero con esta noticia todo su esfuerzo se volvió en vano, con una sola frase en mente: "Te odio Murasakibara Atsushi".

Continuará...


Eso es todo por hoy...

Espero que les haya gustado, sino me pueden dejar su crítica estoy abierta a nuevas opiniones.

Gracias por leer!

See you next time!