Capitulo 2

El día del festival

Kenichi

13 de Marzo del 2008, día del Umi no Matsuri. Clima, helado, más helado que nunca. Ese debió ser uno de los días más fríos del año. Quizás lo que me hacía sentir así debió ser el humor con el que me había despertado esa mañana. Todos los 13 de Marzo me veía obligado a observar a todas las personas divertirse y festejar mientras que yo recordaba año tras año lo que había sucedido hacía 16 años, este era un sentimiento un tanto egoísta pero no podía evitar sentirlo. Todas las mañanas de esta fecha son iguales, mi padre pretende ser feliz, mi hermano nunca esta en la casa y yo simplemente me en cierro en mi cuarto. Aunque tenga 21 años me siento bastante infantil, pero es un trauma que no puedo superar. Ese día mi padre tocó la puerta temprano en la mañana, quizás resguardando la ligera esperanza de que ese año saliese.

-¿Kenichi cuando va a ser el día en el que tu y yo vamos a poder hacer algo juntos el día del festival?

-No lo sé papá, pero este año no me siento bien tampoco.

-Deberíamos tratar de superar esto juntos, eres un chico superdotado que a los 21 años ya esta cursando su último año de medicina, deberías se capaz de sobreponerte a esto.

-Papá estoy siguiendo medicina, no psicología, no puedo sobreponerme a esto solo porque soy muy inteligente, esto no es algo que pueda resolver con la razón.-Paré y tome un respiro-Simplemente no me gusta salir y ver a todos de buen humor.

-¿Por qué este año no haces un intento por mí? Tu hermano esta dispuesto a salir con nosotros.

Mi hermano, no lo aprecio ni lo odio, es alguien totalmente indiferente para mí. Cuando niños el siempre me pegaba y se burlaba de todo lo que hacía, pude guardarle resentimientos, pero en el estado en el que está ahora siento una enorme lastima. Ya que el siempre fue el niño problemático era de esperarse que el fuese a terminar en la manera en el que estaba, sinceramente no sabía si estaba en drogas, pero a veces lo parecía. El es 5 años mayor que yo así que el incidente de hace 16 años le afecto mucho más que a mí, el estaba mucho más conciente de lo que pasaba a su alrededor. Aunque ese tipo de situaciones deberían unir a la familia mi hermano se alejo de nosotros y simplemente se convirtió en un extraño para mi. Si bien salir ese día no cambiaría el hecho de que me iba a sentir mal, mi padre no tenía que sufrir por mí.

-Está bien papá, te acompañaré esta noche al festival.

-¡Gracias hijo!, ahora, ¿podrías abrir la puerta? Estoy cansado de tener que hablarte a través de ella.

Me levanté de la silla donde había estado sentado y abrí la puerta. Mi padre era un señor de 60 años por aquel entonces, verlo con sus ojos azules brillando de felicidad hizo aclarar mis dudas sobre salir o no, hizo que me decidiera totalmente. Baje las escaleras y en la cocina encontré a mi hermano sentado desayunando.

-Buenos días hermanito, parece que recuperaste un poco de tu dignidad y saliste de tu cuarto.-Me dijo mientras dirigía una taza de café a su boca.

-Y parece que decidiste volverte un ser humano normal y regresar a la casa que, a pesar de ser mayor de edad, te mantiene, Shinichi.

Nuestra relación no había cambiado mucho, a pesar de que no nos veíamos muy seguido, siempre discutíamos, pero creo que lo hacíamos más para poder hablar de algo y no romper nuestro lazo que estaba cada vez más delgado. Esa tarde mi padre, mi hermano y yo salimos hacia el festival. Nosotros vivimos del lado del pueblo donde vive la gente del más alto estatus social. Sobre la colina las familias con más dinero se encuentran, las casas grandes y decoradas con las pintas más finas y los muebles de la mejor calidad, todas colocadas en puntos específicos para que la vista del atardecer sea perfecta. Las familias vecinas no iban al festival, pero eso era porque habían pertenecido a ese estatus social siempre, mi padre sin embargo comenzó viviendo junto al malecón y trabajo hasta sudar sangre para que sus hijos y su esposa pudieran llevar la mejor vida, así que el siguiendo sus orígenes iba al festival todos los años. Cuando se hizo de noche los tres fuimos a un restaurante de rámen, nos sentamos y cada uno ordeno su tipo de rámen preferido. A pesar de pertenecer a una misma familia los tres somos muy diferentes, nuestros gustos, personalidades, todo es distinto, creo que eso nos hace una familia bastante especial. Mientras que comíamos conversábamos como nunca lo habíamos hecho, después de todo yo estudiaba y mi hermano jamás estaba en casa, pero siempre hay comentarios que están demás y no se puede evitar ser dichos.

-¿Hermanito, ya superaste tu pequeño problema con la felicidad ajena en esta fecha?-me preguntó Shinichi.-Eres una persona egoísta, no puedes soportar que otros sean felices cuando tu no lo puedes ser. Me das pena.

Muchos recuerdos, sensaciones y olores vinieron a mi mente en ese momento, después sentía como la ira empezaba a invadir mi cuerpo.

-¡CALLATE SHINICHI, YO NO SOY QUIEN SE DROGAS Y NO HACE NADA POR SI SOLO!

Cuando terminé de decir eso mi primera reacción fue mirar a mi padre, estaba mirándome y en los ojos que aquella mañana había visto tanta felicidad los vi llenos de miedo, tristeza y frustración. Me paré de la mesa y salí corriendo, corrí hasta un punto del malecón donde estaba seguro que nadie me vería y comencé a llorar, lloré como un pequeño niño durante un largo rato hasta que alrededor de las 10 de la noche escuché una voz a mi costado.

-Perdón…sé que esta pregunta puede ser algo estupida ya que, obviamente, si estas llorando es que no lo estas, pero… ¿Estás bien?

Levanté la mirada y una chica de pelo marrón ondulado corto, ojos verdes y piel pálida como si no hubiese salido de su casa en mucho tiempo, estaba mirándome con curiosidad. No pude evitar reírme, después de todo era una manera un tanto original de comenzar una conversación con alguien. Me preguntaba que hacía sola caminando a esa hora por el malecón, supuse que debía vivir cerca. Me sequé las lágrimas rápidamente, me había olvidado del hecho de que estaba llorando, me dio algo de vergüenza.

-Si, si estoy bien, gracias por preguntar.-respondí mientras me colocaba mis lentes.

-Ah, me alegro, bueno, entonces me retiro.

¿Por qué se iba?, uno normalmente se queda para ver como esta la persona, quizás ella era demasiado feliz como para involucrarse con una persona que no se encontraba bien en un día como el del festival. Cuando me di cuenta otra vez estaba pensando así, simplemente no lo podía evitar. Pero no iba a dejar que se fuera, aunque en aquel entonces me costaba admitirlo, necesitaba la compañía de alguien que fuera capaz de tranquilizarme y ella lo hizo con un simple comentario.

-¡Espera!, por favor no te vayas,-Ahora que lo pienso en el tono de mi voz se sentía algo de desesperación.- ¿Te puedes quedar un rato más conmigo?

Está bien, te acompañaré.-me respondió

-¡¿En serio?!-No pude evitar emocionarme.

-¿Por qué tan sorprendido?

-Una persona con un poco de sentido común se habría ido pensando que soy algún tipo de depravado sexual. ¿No te han enseñado que no debes hablar con extraños?-Le dije para que esas ideas no fueran tomadas en serio.

-Entonces me voy-Me contestó molesta.

-¡No espera! Solo bromeaba, solo quería ser sincero contigo para que esas ideas fueran despejadas de tu cabeza. En serio, lo siento.

-Si de verdad quieres que te acompañe, a pesar de ser un perfecto extraño, apreciaría que ese tipo de comentarios lo guardes para ti.

-Tienes razón, discúlpame, de todas maneras, me imagino que debes tener muchos comentarios respecto a un chico llorando.

-Para serte sincera no me había puesto a pensar en eso, solo me diste pena.

"Solo me diste pena", otra vez esa frase, ¿Es que soy una persona tan lastimosa? No pude evitar quedarme pensando otra vez en lo que le había dicho a mi hermano y la manera en la que mi padre me había mirado. ¿Qué haría cuando volviese? ¿Cómo miraría a mi padre a la cara? Un nudo se empezó a formar en mi garganta y cuando sentía que lagrimas se empezaban a formar en mis ojos escuche su voz otra vez. Me estaba preguntando a donde quería ir con ella, la verdad es que no sabía, pero desde mi casa siempre veía un antiguo camino empotrado en el acantilado y tenía curiosidad, así que le dije que ahí quería ir. Estuvimos caminando por un rato, sin decir nada, sentí el camino infinito, eso es justo lo quería, después de todo mientras más tiempo pasara con esta extraña, más tranquilo me sentiría. Del silencio en el que estábamos sumidos escuché su voz nuevamente.

-Ehm, oye, tú…ahora que lo pienso, no se tu nombre.-Me dijo.-El mío es Aisaki Miyako.

-Mi nombre es Yutama Kenichi y se escribe como "El Virtuoso Número Uno", ¿el tuyo como se escribe?

-Mi nombre se escribe con el kanji de "bonito, noche y niña"

-"La niña de la noche bonita", que lindo nombre, ahora que sabemos nuestros nombres y la manera en la que se escriben hemos dejado de ser unos completos extraños.

Aunque ella parecía algo incrédula le hable de los lazos que unen a las personas, eso era algo de lo que mi madre me solía hablar. Nosotros dos habíamos formado un lazo eterno, lo nuestro tenía que ser especial, no todo el mundo se conoce de la misma manera en la que lo habíamos hecho nosotros. Después de caminar un rato llegamos al final del camino, ese lugar era tan pacífico, pero ella tenía una mirada de impaciencia, como si estuviese buscando la manera de decirme que se quería ir. Le pedí que se quedara un rato más conmigo y ella accedió. Pero luego su mirada se volvió distante y pensativa así que le pregunté lo primero que se me ocurrió para que se distrajera.

-Aisaki-san, ¿Cuántos años tienes?-le pregunté

-Tengo 15 años.

-Creo que debería decir Aisaki-chan entonces.-dije a manera de broma.

-¿Por qué? ¿Cuántos años tienes tú?-preguntó sorprendida.

-Tengo 21 años.

-Pues yo creí que tenías mi edad, no pareces un hombre pareces un niño.

-No importa que edad tengamos mientras nos divirtamos sanamente como amigos ¿Verdad Aisaki-chan?, me alegra que me hayas acompañado hoy día,

en serio me has alegrado mucho. Estoy seguro que una linda chica como Aisaki-chan encontrará algún día alguien que satisfaga todo lo que desea.

-¿Qué te hace pensar que estoy sola?

-¿No lo estás? Parece poco probable que no lo estés, después de todo tienes una mirada solitaria e inocente. Y si tienes novio, debe ser un completo imbecil, ¿Cómo puede permitir que camines sola a esa hora?

-Pues sí estoy sola, de hecho nunca he tenido una pareja, ni nunca me he enamorado.

-Está bien, eventualmente te enamoraras, y seguramente será de la persona indicada, no pareces ser una persona elije mal.

-Solo llámame Miyako ¿sí? Me incomoda tanta formalidad.

-Esta bien, entonces llámame Kenichi.

Por alguna razón, esa persona que se hacia llamar Miyako, me comprendía mas de lo que nadie podrá hacerlo. Cuando hablaba me tranquilizaba, definitivamente tenía razón, nuestro lazo era especial, era algo único, estaba seguro que a esa persona la iba a ver alguna otra vez. A las 12:30 a.m. del 14 de Marzo del 2008 comenzaron los fuegos artificiales, la desconocida a mi lado y el desconocido a su lado miraban el cielo que para mí antes estaba lleno de dolor mientras el lazo que nos unía se hacía más estrecho. Una vez que los fuegos artificiales terminaron, sentí como la desesperación de la soledad que me daba el festival volvía, pero ella no se podía quedar por siempre conmigo, ella era mucho menor que yo. Se despidió de mí y mientras veía como se alejaba, el lazo se hacía cada vez más largo, sin embargo, seguía siendo igual de resistente, eso no iba a acabar así, el destino nos tenía preparado algo más, después de todo, la manera en la que nos conocimos era algo raro.