* Notas al final del capítulo.


Naruto © Masashi Kishimoto

Fanfiction by Raihué


Sacrificio.

CAPÍTULO DOS

Atrapó a la niña en el aire, dejando caer incluso su arma para poder hacerlo, y la aferró fuertemente contra su pecho para que no viera lo que sucedía frente a sus ojos; Sakura casi había desaparecido por completo. Le dedicó una mirada devastadora al sujeto que iba con ella, prometiéndole silenciosamente lo que le haría cuando lo encontrara nuevamente, y luego su rostro se ablandó un poco cuando la miró preocupado.

— ¡Sakura!

— ¡Mamá!

Ella ya no estaba. Fue consciente de que su voz y la de su hija se habían mezclado para soltar menos que un rugido lamentable, sintió un escozor en la garganta por el esfuerzo —llevaba años sin alzar la voz— y otro muy parecido en los ojos. Apretó los labios y se contuvo, no podía derrumbarse también. La niña no hizo lo mismo, al contrario, se sacudía violentamente mientras llamaba a su madre entre sollozos. Hincó una rodilla en el suelo y se agachó, dejándola sobre sus propios pies, para después apresurarse a quitar el resto de brazo que colgaba sangrante de la mano de su pequeña; lo tiró a un lado, después de todo, seguramente Naruto lo querría llevar a la aldea para investigarlo. Quizá Sakura sabía lo que estaba haciendo, pero dudaba mucho de que esto fuera algo más que una decisión de último momento. De todas maneras aquella extremidad podría ayudarlos a descubrir quién era su enemigo o cuáles eran sus debilidades. Necesitaría toda la ayuda posible para encontrarlo a tiempo.

— ¡Demonios!

Escuchó a Naruto rugir y golpear un árbol con los puños. Deseó hacer lo mismo. Destrozar todo a su alcance no sería suficiente ni siquiera para empezar a mitigar la ira e impotencia que sentía, y tampoco ayudaría a calmar a la niña aterrorizada que tenía junto a él.

Se quitó la capa y la colocó sobre los pequeños hombros de Sarada, seguía temblando de todas formas y Sasuke sabía que eso nada tenía que ver con el creciente frío.

— ¡No! —se removió incómoda bajo el peso de la prenda— ¡Todo esto es tu culpa!

Lo enfrentó con ojos furiosos, rojos como la sangre que corría por sus venas, y le habló con saña cuando dijo:

— ¡Si no nos hubieras abandonado, esto no habría sucedido!

— Sarada… —comenzó Naruto serio, con tono de advertencia—

— Déjala.

Sasuke era consciente de que su hija no le guardaba más que rencor, sabía que eso sucedería cuando decidió hacerse cargo de una misión que le costaría todos los años con su familia e incluso así no se arrepentía. Ellas se habían conservado a salvo todos estos años porque las había mantenido alejadas de él, pero en cuanto se reunieron nuevamente—como la familia que se suponía que eran— de inmediato los pecados de él las habían puesto en peigro; era a él a quien querían matar, pero a Sakura habían capturado. A ella le harían daño, y sería como si lo mataran de todas formas... pero de manera mucho más lenta y dolorosa. No saber a dónde estaba ella, con quién o qué le estaban haciendo... sería su peor tortura, pero también su mejor motivación. Podía jurar por el suelo que pisaba y las estrellas que flotaban en la noche que la encontraría.

— ¿Por qué nos abandonaste? Si estabas tan feliz de verme cuando nací... —él se sorprendió de que ella lo supiera, habían acordado con Sakura no hablarle de él hasta que hubiera eliminado a todas las amenazas que lo perseguían— Lo vi en los recuerdos de mamá. Ella atesora esa imagen.

Claro, seguramente su esposa había conseguido que la niña entendiera lo que él había sido incapaz de explicarle antes; sí había amor en su corazón para ellas, ¡Cielos que lo había! pero no podía darse el lujo de ponerlas en riesgo por puro capricho. No podía estar a su lado hasta que el mundo fuera un lugar mejor y el futuro algo brillante. Sakura era una madre excelente —se enorgulleció—.

— ¿Por qué? —repitió ella—.

Y ya sin más fuerzas para seguir tejiendo intrigas, decidió ceder esta vez unos milímetros. Le pasó el brazo por los hombros y la atrajo hasta su pecho, sumergiéndola en un abrazo de los tantos que le debía.

— Pensé que estarían más seguras sin mí —susurró sobre su cabello—.

Sarada se dejó mimar, realmente eso era todo lo que estaba buscando cuando decidió encontrar a su padre... no tenía otra cosa en mente más que recuperar los años perdidos, y tan cegada estaba que no fue capaz de ver el peligro en el que estaba metiéndose y al que arrastraría a los demás.

Su corazón se enternenció. Luego de haber alimentado las dudas a cada hora del día por muchos años, éstas se habían convertido en un monstruo gigantesco que la había arrastrado hasta un abismo; ahora, en el borde del acantilado, sabía que sólo le quedaba una persona a la cual aferrarse.

— L-lo lamento, papá... —su grito se ahogo contra el pecho de su padre— p-puse en peligro a mamá, a tí... a todos. Es mi culpa.

— Cálmate, todo estará bien.

Sus palabras eran neutrales, pero su tono ya no se sentía tan frío. Lo abrazó y siguió llorando; quería creerle, pero tenía mucho miedo.

— Quiero a mamá, p-por favor —tartamudeó angustiada—, t-tráela d-de regreso.

No tenía que decírselo, eso era exactamente lo que haría. La buscaría sin descanso. La salvaría como ella lo había salvado a él de su oscura existencia.

— Debemos regresar a la aldea —sentenció Naruto, guardando el trozo de mano en el bolso que colgaba de su cadera—, por ahora no podemos hacer más aquí.

— ¡Pero ni siquiera hemos empezado a buscar a mi madre! —gritó furiosa cuando el Hokage implicó que se retirarían como ratas huyendo—.

— ¡Sarada, haz caso! El séptimo sabe lo que hace…

Frunció el ceño aun más al escuchar a su padre hablando.

— ¡Claro que no!

Se revolvió entre sus brazos hasta deshacerse de lo que antes había sido un tierno agarre, pero ahora se sentía más como una prisión maliciosa. Iba a correr, a buscar a su madre por su propia cuenta si era necesario, pero él consiguió apretarla nuevamente bajo su brazo.

— Esos portales llevan a otras dimensiones, Sarada… Sakura no está aquí ni en ningún otro lugar que puedas buscarla. Necesitaremos tiempo y un plan.

— ¡No tenemos tiempo!

Aunque fuesen héroes, ninjas legendarios, ahora no los veía más que como a un par de cobardes. Su madre ya bien podría estar muerta o agonizando, si ese hombre seguía enfadado con ella por haberle arrancado parte del brazo sería capaz de hacerle cualquier cosa.

— No te preocupes —el susurro de su padre sobre su frente la tomó desprevenida—, Sakura es demasiado importante para mí, sé que ellos no le harán daño por ahora. Además, tu madre es una mujer muy fuerte, si no tienes fe en mí al menos tenla en ella.

Se levantó con pesadez y asintió lentamente. Buena niña —pensó Sasuke mientras la veía secarse las lágrimas—.

— Bien, es hora de ponernos en marcha —alentó Naruto—, ten.

Le entregó su capa a la otra niña antes de empezar a caminar. La noche había dejado caer ya toda la fuerza de su frío sobre ellos, y las niñas no habían traído nada para abrigarse.

— Oye, Sarada… mira —se pavoneó frente a ella arrastrando las ropas del Hokage con aire elegante—, el poder me sienta bien.

Le guiñó un ojo e intentó alentarla, pero resultaba imposible. Habían sucedido tantas cosas ese día, y se sentía demasiado cansada para ponerse a sepultar emoción tras emoción e intentar no preocupar a nadie. Si otro hubiese sido el caso, sólo hubiera tenido que ir corriendo a los brazos de su madre y esperar a que todo lo malo pase al ritmo de su dulce voz. Se abrazó al brazo de Chocho mientras caminaban y apoyó su cabeza en el hombro de ella antes de dejar caer la primera lágrima.

— ¿Sabes? Creo que podría ser la hija del séptimo… —susurró, y aun así, escucho a Naruto unos pocos pasos atrás toser nervioso—, piénsalo… si tú eres la hija de dos de los tres ninjas legendarios, entonces el último que queda definitivamente tiene que ser mi padre. Ahora que lo pienso, somos como hermanas.

Si algo le agradaba de Chocho era que el sonido de su voz, así, cuando decía todas las palabras juntas y pegadas, resultaba ser muy relajante; ni siquiera tenías que prestar atención a todo lo que decía —muchas veces sólo hablaba para sí misma— con escuchar su melodía atolondrada era suficiente. Lograba que se sintiera un poco mejor, incluso en el peor de todos sus días.

— Hn. Piénsalo, si eres realmente la hija del séptimo —dejó escapar un sonido vago que intentó ser una risa ronca—, entonces el idiota de Boruto es tu hermano.

— ¡Oh, maldición! —Chocho cayó en la cuenta—.

— No quisiera estar en tus zapatos... —masculló adormilada mientras caminaban—.

— Yo tampoco… mis pies me están matando. Ya no quiero caminar. ¿Podemos parar? —gritó, girando un poco su cabeza para que el sonido fuera directamente a los oídos del Hokage—.

— No.

— Papá, eres muy malo.

Sarada rió levemente mientras el séptimo comenzaba a sudar frío y discutía con Chocho para que se quitara esa idea de la mente. Sasuke negó con la cabeza y se adelantó hasta alcanzarlas. La mirada de su hija lo encontró rápidamente a pesar de que se movía sigiloso bajo el manto de la noche. Ella bostezó y se restregó los ojos con el dorso de la mano para espabilarse.

— Ven —susurró, agachándose frente a la niña—, sube.

Sarada se sonrojó. Le parecía absurdo que esa misma mañana no hubiera tenido recuerdos de ese hombre, y ahora él estuviera ofreciéndose a cargarla como si toda la vida hubiera sido ese mismo padre atento y despreocupado.

Miró a su amiga sin saber cómo reaccionar. La otra chica la vio con cariño y asintió, empujándola suavemente hacia el Uchiha.

— Sí, ve. No creas que seré tu almohada todo el camino. Además… —se giró sobre sus talones con sonrisa malvada—, yo también tengo un papá genial que me cargará durante todo el viaje de regreso.

— Oh, maldición… sólo si dejas de llamarme papá —insistió Naruto—.

Cuando ambas jóvenes estuvieron bien aferradas a sus espaldas ellos comenzaron un viaje frenético, a pesar de eso, a causa del extenuante día que habían tenido a ninguna de las dos le tomó más de unos pocos minutos dormirse. Tanto Naruto como Sasuke apretaron el agarre que de las pequeñas manos que rodeaban los cuellos de ellos para que ninguna se les cayera por el camino, así llegarían más rápido a Konoha; aún quedaban asuntos muy importantes que discutir.

Fue cuestión de horas, del anochecer al crepúsculo, antes de que vieran las puertas de la aldea escondida entre la hoja erguirse frente a ellos en el camino; Sasuke sintió un ardor en el estómago, algo parecido a la nostalgia, cuando las divisó con la mirada. Hacía muchos años que no volvía a su tierra natal, pero cualquier atisbo de felicidad era opacado por la situación a la que había arrastrado a su familia. Sólo se sentiría dichoso de volver allí cuando pudiera encontrar a Sakura y reunirla con Sarada.

— Iremos a mi casa.

Fue Naruto quien habló. A esas horas, aunque él siempre le insistiese en que era demasiado temprano, Hinata ya debía estar levantada preparando los desayunos de los niños. Sasuke lo siguió de cerca, sin saber si seguiría viviendo en el mismo lugar donde lo visitó por última vez; la casa de los Uzumaki seguía estando detrás de la torre del Hokage y tenía un jardín muy amplio que su esposa ya había llenado de flores. Le sorprendió la tacaña sensación de celos que se revolvió disimuladamente en sus tripas, no por la casa, ni por el jardín con flores, sino porque su familia estaba unida y a salvo; Naruto estaba allí cada mañana, recibiendo el cariño de sus hijos y los cuidados de su esposa. Sacudió la cabeza e intentó no pensar más en eso, sabía perfectamente bien que Naruto no tenía encima los pecados que él sí. Su vida nunca sería tan sencilla como aquella que el séptimo presumía ante sus ojos; a él le correspondía cooperar con la seguridad de la aldea desde el exterior, mientras, a cambio, Naruto había prometido cuidar a su familia en el interior. Y aunque esta vez las cosas se habían ido al carajo, no le guardaba rencores por ello. Con sólo mirarlo podía saber que el tema lo frustraba tanto como a sí mismo, y que haría todo lo humanamente posible —quizá un poco más— para salvar a Sakura.

— ¿Naruto-Kun?

Al escuchar la puerta abrirse tan temprano Hinata se apresuró hacia la entrada, traía puesto un delantal de cocina y su corto cabello atado en una pequeña coleta, no dudó ni siquiera un instante antes de abrazar a su esposo e inspeccionarlo afligida. Sólo en ese momento Naruto recordó que traía varias heridas provocadas por los Shin con quienes peleó.

— No te preocupes —suplicó tomando la mano que ella había llevado con cuidado hasta su mejilla herida, besó la palma y susurró contra su piel algo inentendible—, ahora tenemos problemas mucho más graves que estas heridas. ¿Puedes hacerte cargo de las niñas?

Hinata asintió, tomando en sus brazos a Chocho y esperando con la mirada fija en la puerta de entrada. Naruto había dicho las niñas pero sólo había una allí.

— ¿Qué estás esperando? Puedes entrar.

— ¡Sasuke-san! —murmuró impresionada la mujer, viendo que él estaba en un estado mucho peor que su marido y alarmándose luego al notar uno de los brazos de la niña cubierto en sangre—.

— Buenos días.

Incluso en el peor de los casos, los años le habían enseñado a ser un caballero. Su voz era firme y fuerte, al igual que el único brazo con el que sostenía a Sarada, y notó como Naruto contenía una sonrisa al toparse con una escena tan poco familiar. Sasuke no estaba acostumbrado a otras personas más allá del equipo siete.

— No es su propia sangre… —la tranquilizó Naruto apoyándose sobre los hombros de Hinata—, ha sido un viaje muy largo. Sarada se quedará aquí, pero puedes llamar a Chouji para que venga por Chocho. Ambas se han escapado, y creo que deben estar muy preocupados.

— Claro —susurró Hinata—, ¿Quieres que vaya por Sakura?

El rostro de Sasuke se contrajo con expresión alejada y dolida, pero no dijo nada. Naruto negó en silencio con la cabeza, prometiéndole con un gesto amable que le contaría todo cuanto pudiera luego. Aunque la misión de Sasuke hubiera sido secreta, no existía ninguna chance de que la desaparición de Sakura pasara desapercibida.

— Sígueme, Sasuke-san.

Se encaminó escaleras arriba hacia la habitación de huéspedes, quizá era demasiado formal para las dos niñas pero debía bastar por el momento; dejó a Chocho en la cama y le sugirió a Sasuke hacer lo mismo con Sarada.

— Se ven exhaustas, prepararé el desayuno y luego veré si quieren despertar. No te preocupes, le pediré a Shizune-san que traiga la ropa de Sarada-chan para que pueda darse un baño.

— Gracias —susurró serio—.

Dejó la habitación sin hacer ningún otro ruido, lanzándole una última mirada a su hija, y desdibujó el camino andado para llegar otra vez a la sala; Naruto tenía dos tazas de café en la mano.

— Ten —le señaló con su mano ahora libre el camino a la pequeña oficina que tenía montada en casa—, me regañará si me ve beber esto —susurró mientras cerraba la puerta del despacho—.

— Necesito que me prometas algo —no se iría con rodeos, no tenía tiempo para eso, en cuanto Naruto se sentó frente a él en el sofá las palabras salieron disparadas de su boca—, pase lo que pase, cuidarás de ella como si fuera tu hija.

El ánimo del rubio cayó por el piso, pero asintió vehementemente.

— Sabes que lo haré —masculló—, ahora prométeme tú que no sucederá nada que amerite eso. Ella te necesita. Los necesita a ambos… sabemos qué se siente crecer sin padres.

— Lo sé —su voz sonó ahogada, pero su rostro siguió impasible—.

Le dio un sorbo al café y se dio cuenta de que llevaba años sin probar ese sabor. Cada vez que paraba en algún puesto en el camino tomaba té; frunció el ceño e hizo un gesto de disgusto. Ahora recordaba porqué.

— ¿Cuál es el plan?

— Buscar, encontrar y recuperar a Sakura.

¡Vaya! Sasuke había pasado de ser un niño genio a un adulto extremadamente simple —contuvo la risa—, era obvio que cuando se trataba de sus seres más importantes él no era más que otro hombre desesperado.

— Vamos, piensa como un ninja no como su esposo.

— Hn. No utiliza una técnica como la de Obito, al contrario, él no puede saltar de dimensión en dimensión sin que ese odioso engendro de un sólo ojo abra primero un portal para él. Lo mismo les sucede a los demás en su ejército, por lo que supongo entonces que su escondite se encuentra en ésta dimensión. He registrado una gran parte de todo lo que conocemos en estos últimos años, así que realmente no queda mucho dónde buscar.

— Entiendo, prepararé un buen equipo para tí…

— No.

— ¿Piensas hacerlo todo solo? Ya no eres un ninja renegado, todos te ayudaremos.

— No necesito estorbos —sentenció—, me haré cargo de esto.

— Al menos déjame que me haga cargo de la mano que arrancó Sakura, lo enviaré con Tsunade para ver si puede descubrir algo.

— Claro.

— ¿Qué le dirás a Sarada?

Suspiró, esa era una pregunta difícil. La última vez que se había apartado de ella era tan sólo una pequeñita risueña que lo despidió con un gran beso en la mejilla… ahora la niña terca en la que se había convertido sería un gran desafío. Sabía que había mucho de Sakura en ella, su dulzura y sensibilidad, así que su única opción sería apelar a todo aquello.

— La verdad —decidió entonces—, al menos todo lo que pueda.

— Es una niña realmente buena. Se parece a tí, hasta que empieza hablar…

— Lo sé… es igual a ella.

— Seguramente da mucho miedo cuando se enoja. Pero se divertirá aquí, Boruto tiene casi su edad y Himawari la volverá loca de aquí para allá. Serán como unas vacaciones —prometió levantándose y asentando una mano sobre su hombro—, así que haz lo que tengas que hacer y no te preocupes por ella. La cuidaremos bien hasta que ustedes vuelvan.

— Gracias —dijo con tono áspero—, de verdad.

No supo qué haría en esos instantes si no tuviera el constante apoyo de su amigo. Lo reconfortaba saber que Sarada no sufriría lo mismo que él había sufrido de niño, al contrario, tendría una casa llena esperándola cada día hasta que pudiera traerle a Sakura de regreso.

— Oh, creo que ya despertaron… —sonrió Naruto—.

La puerta se corrió torpemente y una pequeña cabellera azulada se asomó tímidamente. Era realmente pequeña y, aunque se parecía a su madre, sus ojos eran de un azul feliz como los de su padre.

— ¡Papá!

Su voz retumbó por cada rincón de la casa antes de que ella corriera escandalósamente hasta los brazos de su padre, que se agachó y en un rápido movimiento la alzó y la lanzó por los aires para atraparla segundos después; la niña no paró de reír por un buen rato, mientras Naruto repetía una y otra vez esa misma acción. Era bueno con los niños.

— Regresaste… —la voz de Boruto se dividía entre la indiferencia y algo mucho más vibrante y cálido; estaba feliz de ver a su padre— será que te patearon el trasero.

— ¡Boruto! —gritó Hinata desde la cocina—.

— Esto no es nada… —Naruto se encogió de hombros— deberías haber visto como quedaron ellos.

— Como sea… —murmuró despreocupado—, me voy.

— Oye, aún no desayunaste. Ve a ayudar a tu madre con la mesa.

— Ve tú viejo inútil…

— ¡Boruto! —esta vez fueron ambos los que le gritaron, Naruto y Hinata, pero no impidió que desapareciera tras la puerta—.

— Ese niño es un infierno… apuesto que irá a pintarme el rostro en las rocas de los kages.

Suspiró derrotado y miró a Sasuke, que observaba todo en silencio.

— Espero que tu hija sea una mejor influencia para ese pequeño delincuente.

— Hn. Espero que no termine siendo al revés… o te mataré.

— ¡Ja! No podrás hacer mucho con un sólo brazo… —rió— será mejor que aceptes la prótesis que te ofreció Tsunade, o terminará tirándola a la basura.

Sasuke asintió. Sabía qué era lo que Naruto intentaba decirle realmente, si las cosas se complicaban más necesitaría todo lo que pudiera tener a su favor; no suponía que fuese una gran diferencia de todas formas, había aprendido a luchar con su único brazo y no recordaba haber perdido ninguna batalla. Hasta la noche anterior —se dio cuenta—, había dejado escapar a un enemigo y éste se había llevado como trofeo a una de las dos personas más importantes en su mundo.

— Iré al hospital ahora…

— Bien, la colocación toma sólo unos minutos… —le animó—.

— Y partiré esta misma noche. Me despediré de Sarada cuando regrese —avisó poniéndose en pie—.

— Entiendo… no puedo culparte por estar tan apurado. Le diré a Hinata que te prepare un baño y algunas ropas limpias —sonrió y le guiñó un ojo—, si Sakura te encuentra así no querrá volver a la aldea.

— Hn, idiota… —susurró marchándose—.


— ¿Qué haremos con ella, padre?

Colocó nuevamente una capa de Akatsuki sobre sus hombros y cubrió su cabeza con la capucha; la mujer frente a él seguía tendida inconsciente en el suelo de roca y tuvo que contenerse para no patearla hasta darle muerte. Su brazo aún sangraba, el ardor era insoportable, pero al menos se aseguraría de que ella le fuera útil para alguna cosa antes de matarla. Así sería más doloroso para el Uchiha traidor.

—Llévala al laboratorio.

Uno de los tantos Shin obedeció de inmediato. El cuerpo que colgaba frágilmente entre sus brazos no parecía ser el mismo que había destrozado a dos de ellos y arruinado su plan por completo, pero de todas formas se aseguraría de que no despertara pronto. Esta estúpida mujer era capaz de traerle muchos problemas si no apresuraba sus planes.


* Tengo una duda, a ver si pueden ayudarme, el fic va a tener situaciones sexuales (lime y lemon) más adelante, pero no van a ser muchas. ¿La clasificación que le corresponde es T o M? (Cada vez que subo un fanfic le pongo clasificación T —teen—, pero realmente no sé si debería cambiarlos) la M me suena tan pesada...

** En un principio planeé que este fuera un fanfic con pocos capítulos, pero ya perdí las esperanzas... me han surgido un montón de ideas así que va a ser largo.

*** Gracias por todos los comentarios, aquí respondo los que dejaron lectores sin cuenta FF:

Guest: sí, sería como una continuación del gaiden (pero no es una predicción, ni nada parecido) seguramente sólo coincidirá con lo que pasó hasta ahora porque dudo mucho que mi historia y el gaiden vayan a tener mucho en común de todas formas. Este fic va a estar basado en un romance entre Sakura y Sasuke, y luego en la familia que forman con Sarada. El gaiden no parece tener mucho interés en el romance, pero hey... ¡ojalá que sí, y nos muestren más SasuSaku! — Gracias por comentar, me alegra que te haya gustado. ¡Abrazos!

Lunakari: Me alegra que te haya gustado. Espero que este nuevo capítulo también sea de tu agrado ¡Abrazos!

Guest: ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado. :D

Eli: Thank you! ;)

Eliimg: ¡Me alegra que te haya gustado como empezó! Ahora espero que también te guste como sigue... ¡Abrazos!

SasuSaku: Gracias. \(^.^)/


Gracias por leer;

tu opinión me haría muy feliz. ;)