Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Parejas: RusiaxMexico, kesesee
Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, Lemon, mpreg, rape, angustia (para Alfred XD), y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.
Secuela de Risorgimento
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Revelaciones
Capítulo 02.- Profecías
Ya era más de media noche cuando todos se fueron a dormir. Azteca había pintado su cuerpo para lucir como un jaguar, tomó el cuchillo de obsidiana que extrañamente aun conservaba; salió por la ventana de su habitación para perderse en la noche.
Esa noche, Iker y Alice habían rogado a sus padres para dormir con ellos pues los tres imperios les causaban miedo (aunque Alice no lo admitiera). Los mellizos dormían entre sus padres, disfrutando de la protección que les brindaban.
Azteca penetró en el lugar sin hacer ruido, se acercó a la cama donde dormía la familia ajena a las intenciones del antiguo.
Cintéotl sacó su cuchillo, la luna se reflejó en la hoja dándole un brillo siniestro. Se preparó para clavarla en el pecho de España, dispuesto a sacarle el corazón y consumar su venganza.
Cintéotl levantó la daga sobre su cabeza dispuesto a dar el golpe, pero se detuvo en seco… uno de los niños abrazó al español y murmuró entre sueños "papi". Azteca retrocedió; no podía hacerlo. Se maldijo mentalmente, con seguridad los siglos en el lugar donde estuvo lo hicieron débil. Guardó nuevamente el arma y dejó la habitación de la misma forma en que entró; caminó unos cuantos metros antes de encontrarse a su hermano recargado en el tronco de un árbol.
—Ankuwillka —dijo sorprendido de ver al mayor.
—Dejaste perder una oportunidad muy buena —el tono de reproche hizo que Cintéotl desviara la mirada incapaz de encarar a su hermano —. Me sorprendes, no es algo que tú suelas hacer.
Azteca bufó molesto consigo mismo. Inca se acercó a su hermano y colocó las manos en los hombros de Cintéotl; Ankuwillka comprendía los sentimientos del menor, él mismo se sentía fuera de lugar, quizás era por el hecho de ya no ser países; sea cual fuere la razón.
Regresaron a sus habitaciones pero les resultó una labor titánica el dormirse; no eran los únicos. Itzayana estaba en iguales condiciones que sus hermanos.
Maya trataba de analizar, de entender o encontrar una solución a todo aquel embrollo.
—Seguramente Hopi sabría la respuesta —pensó amargamente. Maya era la maestra del tiempo, pero la maestra del cosmos era Hopi, ambas se complementaban como el día y la noche. Cerró los ojos disfrutando de la agradable brisa que sentía desde su terraza.
A la mañana siguiente; María, Ana y Elena llevaron a su madre a visitar lo que alguna vez fue su casa; lo mismo hicieron Perú, Chile, Bolivia, Argentina y Colombia con Inca. Para ambos hermanos fue una gran sorpresa descubrir que aún existían personas que hablaban su lengua y que seguían con algunas de sus costumbres.
Tal vez ese era el motivo por el cual no habían desaparecido, pero ¿y Azteca?
—¡La hija de los dioses a regresado! —exclamó un maya anciano besando el manto de Itzamma —¡La profecía se está cumpliendo!
—¿Profecía? ¿Qué profecía? —cuestionó Guatemala tan confundida como sus hermanas.
Las jóvenes naciones miraron a Maya, esperando que su madre respondiera su duda, pero ella estaba igual de confundida.
—Los hijos de los cielos que una vez fueron grandes se levantaran de nuevo cuando Kukulcán despierte —pronunció una mujer anciana que había nacido ciega.
—Itzamná y los Bacabs anunciaran el fin del ciclo y los jaguares de Cizín se comerán al sol y la luna.
En la comunidad de Wachipewa en Perú; Ankuwillka y sus hijos también se encontraron con lo mismo. Los ancianos hablaron de las señales que habían aparecido y para Inca fue obvio que hablaban de Atlántida
Mientras sus hermanos visitaban sus antiguos hogares, Azteca había decidido quedarse en Atlántida; Cintéotl y Nicolai daban un paseo por la ciudad pues el niño tenía deseos de pasar tiempo con el mayor que le causaba tanta curiosidad.
Rusia y México aprovechaban el tiempo para pasear un rato por los jardines; en esos momentos descansaban bajo la sombra del árbol que fue testigo de su primera noche juntos. Pedro estaba entre las piernas de Iván con su cabeza recargada en el amplio pecho de su marido quien lo abrazaba con cariño.
El mexicano estaba pensativo, había cosas que no parecían cuadrar. Existía un gran halo de misterio alrededor de sus padres y de su tío.
—Pedro luce preocupado, da —dijo Rusia después de un momento de silencio, el aludido miró a su esposo, era más que obvio que no podía ocultar lo que sentía. El moreno siempre fue un maestro ocultando sus sentimientos pero con Rusia era imposible, se sentía desnudo ante él, pero lejos de molestarle le hacía sentir feliz y protegido.
—Es por mis padres… Maya y Azteca —respondió —. Papá Cintéotl me llama Ahuízotl y a María Sac-Nictéc, pero esos no son los nombres que recordamos. Yo… la verdad es que estoy muy confundido.
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—Creo que estás exagerando —le replicó Asteria a Oberón, ambos se encontraban en la oficina de Argos. La amazona estaba recargada en el ventanal observando jugar a Azteca y Nicolai en los jardines.
—¿Te parece? —habló Avalón en tono sarcástico —La aparición de los tres mocosos de Argos no puede significar nada bueno.
Temisquira ahogó su risa; era tan obvio para ella que Avalón estaba celoso de los hijos de Atlántida ya que éste sólo tenía ojos para ellos en esos días.
—Los dioses en su infinita sabiduría decidieron recompensar a Argos, ¿Qué hay de malo en eso? —cuestionó restándole importancia al asunto.
—Mucho, ¿Qué tal si los otros antiguos regresaron? —replicó preocupado —¡Sería un caos total! —Asteria rodó los ojos.
—¿No será que te preocupa que ella también regrese? —Avalón bufó molesto, desvió la mirada, maldiciendo a la amazona por conocerlo tan bien —Dudo mucho que Olmeca regrese —Oberón la miró fijamente —. Azteca, Maya e Inca no desaparecieron por que aún queda gente en las que fueron sus casas que se consideran parte de ellos, además… los latinos aun les recuerdan, al igual que Argos…
—A ella también —dijo amargamente.
El silencio reinó por largo rato hasta que Temisquira volvió a romperlo, preocupada por su amigo:
—Argos te ama Oberón —el aludido no dijo nada al respecto. Avalón estaba consciente de ser "el segundo"; Atlántida podía amarlo pero siempre viviría a la sombra de su primer amor: Olmeca. Jamás podría darle hijos a Argos pues él ya no era un ser vivo, sólo era un alma atrapada en un cuerpo artificial; él y Asteria no eran como Gilbert que a pesar de ser una ex nación había podido tener descendencia con Austria.
Asteria y Oberón eran como las rocas azotadas por el mar; con el pasar de los años se desgastaban un poco… sólo era cuestión de tiempo para que desaparecieran…
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Azteca le enseñaba al pequeño Nicolai como hacer flechas y un arco; las nuevas mini naciones se acercaron movidos por la curiosidad, a observar lo que el ex imperio hacia. Cintéotl no estaba de acuerdo con tener a esos extranjeros cerca pero su nieto parecía contento con ellos, así que lo dejó pasar; con el paso de las horas, se fue dando cuenta que no eran tan malos y que incluso le agradaban (aunque no lo admitiría).
Inca y Maya regresaron al anochecer; ambos tenían más preguntas que respuestas. Cenaron con su familia y con los invitados de su padre.
Pero la cena estaba lejos de ser agradable o tranquila, por el contrario había una atmosfera de incomodidad, sobretodo en Azteca quien inevitablemente le había tocado sentarse frente al español.
—Abuelito —habló Nicolai llamando la atención de España y Azteca —¿Me enseñarás a cazar?
—Por supuesto que sí, mi pequeño guerrero —respondió Cintéotl dándole a Antonio una mirada altiva. España sintió como si se le rompiera algo dentro del pecho —¿También pueden ir mi abuelito y los demás? —el azteca frunció el ceño al igual que sus hermanos, Argos y Temisquira lo que provocó la sospecha de los latinos y los otros países presentes.
—Cariño —habló Maya con voz dulce —, tu abuelo sólo te llevara a ti y a Ahuízotl.
—¡Yo también quiero ir! —exclamó María. Los latinos centroamericanos asintieron con la cabeza dando a entender que ellos también deseaban acompañarlos.
—Ustedes se quedaran conmigo; les enseñaré los secretos que guarda el tiempo —dijo Itzayana sonriéndoles.
—¿Por qué no puede ir mi abuelito Antonio? —interrumpió Nicolai, tenía el ceño fruncido.
—Él no es de la familia —respondió Azteca con rencor mirando al castaño con odio puro. El niño frunció el ceño.
—¡Eso no es cierto! ¡Él es papá de mi mamá! ¡Tú eres el que esta de mas! —Azteca golpeo la mesa ocasionando que muchos dieran un respingo; sus ojos estaban rojos pero no veía al infante, su ira estaba concentrada en España. Ése asesino le había quitado todo; su vida, sus hijos y su nieto… era algo que no le perdonaría jamás. Cintéotl no lo soportó más y gritó todo lo que sentía; su odio por él y el asco que le daba tan solo el pensar en la violación que sufrió en sus manos; se detuvo en seco al darse cuenta de su error.
—¿Es cierto? —le preguntó Romano a España en tono serio, pero el aludido no respondió, tan sólo agachó la cabeza —, ¡responde maldita sea!
—Sí —Lovino se levantó con brusquedad y se fue seguido por los mellizos y la mayoría de los latinos; el único que se quedó fue Pedro aunque no por mucho, tomó a su hijo y se fue.
—Disculpen —se excusó Maya retirándose, siendo imitada por Inca; poco a poco los otros países comenzaron a irse hasta que sólo quedaron Atlántida, Avalón, Temisquira, Azteca, España y Rusia.
Antonio tenía la mirada fija en su plato, aun así podía sentir las miradas sobre su persona; estaba preocupado de lo que Romano y sus hijos pudieran pensar o decirle más de lo que Argos pudiese hacerle.
Continuara…
