CAPITULO DOS
A Demian no le habían hecho mucha ilusión las cosas que Ángel le había comprado, aun menos saber que tendría que llevar un uniforme, algo que sin duda le pego mucho al vampiro. Había pensando que Demian estaría fascinado con la idea, que estaría subido en las paredes ante la emoción de asistir a una de las mejores escuelas del estado, con chicos normales de su edad, pero ya veía que no. Era una lástima, pues la decisión estaba tomada, le gustara o no, Demian asistirá a la escuela a partir del próximo lunes y rogaba por no tener que hacer como las madres primerizas en el primer día del cole de sus hijos, y tener que armar un escándalo en la entrada del instituto para que su hijo, de casi 15 años, entrara a su primer día de clases oficial.
Así que esa noche, el chico le dio las gracias y se fue molesto a la cama. Una actitud que aun que Ángel no aplaudía, estaba dispuesto a respetar. Después de todo, Demian estaba acostumbrado a vivir en la calle, sin reglas, ni responsabilidades mas allá de la pura supervivencia. Y era bastante comprensible que le tomaría tiempo acostumbrarse a la nueva normalidad. Se quedo un rato entrenando en el sótano para bajar el estrés, y luego se fue a acostar. Desde su habitación podía escuchar la respiración tranquila del muchacho, lo que significaba que ya estaba dormido y el podía descansar. O al menos, recostarse, pues su mente estaba hecha un lio de preguntas. ¿Estaba haciendo lo correcto por el chico? ¿Qué tipo de padre debería ser?, más aun, ¿Demian estaría dispuesto a verlo como un padre, como una figura de autoridad y no como un amigo?
La mañana llego rápidamente, y como todas las mañanas desde que podía ver la luz del sol sin ser afectado, Ángel se quedo parado tras su ventana, viendo como las tonalidades oscuras de la noche eran disipadas por la áspera luz del sol. Ver aquello era un regalo que no volvería a perderse jamás, esa era una promesa que había hecho consigo mismo a penas salir de L.A. Así que tras ver la mayor parte del amanecer, se metió a la ducha por un rato y ahí pensó con mayor claridad en lo ocurrido la noche anterior. Quizás sería buena idea buscar a un especialista que ayudase a Demian con ese. . . Complejo de inferioridad que había desarrollado durante toda su niñez. Y es que de todo lo discutido, no podía superar el hecho de que Demian no se creyese merecedor de nada, eso era un asunto muy grave por el que valdría la pena arriesgarse a consultar a un especialista que entendiera el mundo donde ellos Vivian. Sin embargo, esa idea no era tan buena pues estaba más que seguro con el volátil carácter del niño, terminaría alejándolo más que acercándolo a él. Así que lo único que podía hacer desde ese momento, seria estar muy pendiente de lo que acontecía, estar ahí para apoyar al chico en cualquier momento. Incluso, si Demian no lo quisiera.
Luego de ducharse, y ponerse unos pants y camiseta sin mangas, bajo al sótano para sus ejercicios matutinos. El lugar estaba bien equipado con un par de costales de box, espadas, mazas, cadenas, y cualquier otro artefacto que sirviera en combate y con el que necesitara practicar. El no era un experto en combate, pero todos esos años siendo Ángelus, y luego Ángel, le habían enseñado más de un estilo de pelea que dejaría a cualquier cinturón negro en ridículo. Esa mañana, estaba decidido a retomar la maza y las cadenas, sin embargo, ese plan cambio cuando se percato de que no estaba solo en el sótano. Demian, ya estaba ahí.
Estaba vestido con un pants negro, con el cabello elegantemente alborotado y recargado sobre el caballito de madera con el que se suelen hacer ejercicios de resistencia y flexión. – Esa ducha duro horas, no te acabaste el agua caliente ¿verdad? – exigió saber con una picara sonrisa en el rostro.
Ojala Ángel pudiese haber compartido el gesto, pero estaba muy impresionado.
— ¿Qué haces despierto tan temprano?
— Nada especial, ya sabes. . . Salir a cantar con los animalitos del bosque, y. . .
— Demian. – dijo Ángel entre dientes, de nuevo no se podía creer el don que ese chico tenia para hacerle perder la cabeza con sus ocurrencias.
— Ok, ok. – Demian sonaba un poco asustado, no era primerizo en adultos enojados y mucho menos en alejarse de problemas. – Es que pensé que estarías feliz de ver que estoy listo para el entrenamiento matutino. – dijo en apenas un hilito de voz. No quería parecer una niña que busca la aprobación de su papi, pero era justo lo que necesitaba escuchar.
Ángel se relajo un poco y le ofreció una cálida sonrisa. – Y lo estoy, me sorprendió bastante bajar y encontrarte listo, incluso antes de que yo lo estuviera. – Demian sonrió, en el extraño lenguaje de Ángel, eso debía ser un cumplido. – Pero uno no baja a entrenar, hasta a después de que desayune. ¿Si no de donde sacarías energía? – Ángel sabía que eso era verdad, pero también que era una excusa que se había sacado de la manga en último minuto. Lo cierto era, que no quería empezar a entrenar a Demian, no porque el chico no estuviese listo, si no porque él no lo estaba. No estaba listo para convertir a un carismático chico en un soldado para la guerra.
Demian frunció el ceño, sin entender. — Tú nunca desayunas. – dijo en su defensa.
— Soy un vampiro, no necesito comer para obtener energía. – explico.
— ¿Y entonces para que son las bolsas de sangre que tienes por allá? – señalando la hielera que Ángel pensaba haber ocultado bastante bien, bajo una pesada mesa de madera.
— ¿Estuviste revisando mis cosas? – Ángel estaba muy molesto, no había estado fisgoneando con cualquier juguete, si no con su alimento, con bolsas de sangre que debían mantenerse estrictamente limpias para su consumo y que además eran demasiado frágiles al tacto y sobre todo, muy difíciles de conseguir. Así que corrió para revisar la hielera, y comprobar que el chico no hubiese roto ninguna.
— Tranquilo, hombre. Ni que me fuera a beber alguna. – dijo con una risa irónica. No se podía creer que Ángel estuviese armando un alboroto por esas bolsitas.
— No es gracioso, Demian. Estas. . .— agito lentamente una bolsa en su mano y la puso de vuelta en la hielera. – No son cosas para que andes jugando, ¡son cosas delicadas!
— Jooo. – Demian estaba flipando. – ¡Pero si ni siquiera toque alguna! – dijo ofendido, Ángel se arrepintió del tono con el que le había hablado, pero para cuando e giro para disculparse, Demian ya se había ido. Respiro frustrado, y lo siguió hasta fuera del sótano.
— Demian, lo siento. No quise gritarte de esa forma. – le dijo realmente arrepentido, después de todo, no había sido para tanto.
— Pero lo hiciste, siempre lo haces. – dijo el chico resentido desde la mitad de las escaleras donde estaba parado.
— No lo hago siempre, solo. . . — Ángel no se podía creer que enserio, ese niño lo viera de esa manera. ¿Desde cuándo se había convertido en un hombre impaciente con un chico? – Estoy intentado que esto funcione, de verdad. . . Pero no es tan fácil para mí, hijo.
Al escuchar la palabra hijo salir con dulzura de la boca de Ángel, bajo flojito de nuevo por las escaleras y se sentó en el tercer escalón. — ¿Qué cosa? – le pregunto confundido, pero con dulzura a la vez. Ángel se sentó un escalón más arriba que él, para haberle francamente.
— Ser un padre. – declaro. Demian lo miro impactado. — Escucha, yo se que tienes la idea de que tengo experiencia con mi hijo, Connor. Pero no es así, yo no. . . – el nudo de rabia y tristeza que esa parte de su pasado siempre hacia en su garganta, volvió a cobrar factura. Su voz se quebró un poco, algo que hizo sentir muy mal a Demian. – No tuve oportunidad de criar a Connor, el. . .
— Te lo arrebataron. – murmuro Demian, Ángel lo miro confundido y asintió. Recordando automáticamente que Demian había estado en su mente antes, y que quizás habia visto más de lo que creía realmente. – Lo sé, no tienes que contármelo. – agrego el chico, poniendo su mano sobre su rodilla para reconfortarlo. Ángel le tomo la mano.
— Si tengo, quiero que sepas la verdad. No quiero tener más secretos. – dijo.
Así que los dos se quedaron sentados en la escalera por buen rato, mientras que Ángel le conto a Demian lo mas importante sobre su relación con Connor. Algunas cosas Demian ya las sabia, como que un malvado hombre llamado Holtz se lo había robado cuando apenas era un bebe, y se lo había llevado a otra dimensión. Y cosas que él desconocía totalmente, como que Connor volvió un par de semanas más tarde como un adolescente de 16 años, que había tratado de matar a Ángel muchas veces, que lo había sumergido en el agua por meses, que se había acostado con la novia de su padre. . . Dios, Demian estaba realmente impresionado, ese chico Connor sonaba como toda una pesadilla adolescente, ¿Cómo era posible que Ángel lo amara tanto después de todas esas cosas?, sin duda no lo entendía.
Luego, Ángel le conto que había logrado que un hechicero reemplazara sus recuerdos de esa vida infernal por unos de una vida feliz y plena. Y que aun que el hechizo no había durado, si que había logrado un efecto positivo en Connor y era justo por eso que ahora se encontraba feliz, en la universidad de Stanford.
— Y tu. . . ¿Nunca lo volviste a buscar? – Demian no podía evitar el preguntar.
Ángel negó con la cabeza. – No desde que lo aceptaron en el colegio. No quise interferir en ello, así que me aleje.
— Pero eres su papá, ¿no te preocupa lo que pueda estar pasándole? – Demian se sorprendió mucho de haber dicho aquello, pues después de esa charla, Connor no era un santa de su devoción, es más, le encantaría tenerlo de frente para darle una paliza por todo lo que le había echo a Ángel. Pero aun así, tenía que admitir que en cierto sentido Connor era parecido a él. Con el abandono de su padre, al menos.
— Claro que me preocupo, a cada minuto. Pero tengo que creer que Connor está mejor sin mí. Al menos así no tendrá la presencia sobrenatural en su vida a cada minuto.
— Pero tampoco tiene un padre. . .
— Lo tiene, el Sr. Radley es su padre.
— ¡Pero no es de verdad! – le grito Demian, no se podía creer que estuviese viendo un lado cobarde en el hombre que más admiraba en todo el mundo. Ángel nunca había demostrado tener miedo a nada, ¿Cómo era posible que tuviera miedo de ser el padre de su propio hijo?, estaba bastante confundido.
— Si lo es. – Ángel sonó tajante. — En su mente tiene todos esos recuerdos de la familia perfecta todavía, ¿yo?. . . Yo solo soy una pesadilla más. Y está bien, estoy bien con ello.
— Si, pero. . . ¿Qué pasa con Connor? ¿El también está bien con eso?
— Tiene una vida normal, debe estar feliz con ello.
— Ser normal no significa ser feliz. La vida nunca lo es. – murmuro Demian, Ángel sintió una punzada de dolor por el chico, pues supuso bien que hablaba ya de su propia vida. Después de todo, había sido un chico normal por 14 años, pero nunca había tenido felicidad en su niñez y mucho menos, desde que conocía la verdad de su origen sobrenatural. Pues desde entonces, había perdido ya demasiado.
— No, en eso tienes razón. – declaro, y le apretó la mano de nuevo con dulzura. Muy a pesar de sus creencias, estaba dispuesto a hacer un cambio para brindarle un poquito de felicidad al chico. – Pero podemos intentarlo. – y se puso de pie, arrastrándolo consigo para hacer lo mismo.
— ¿Qué haces? – pregunto Demian confundido, ¿de dónde había salido ese repentino optimismo en el vampiro?
— Vamos a entrenar un poco.
— ¿Hablas enserio?
— Si, eso te haría feliz, ¿no? – Ángel extendió una sonrisa, aun que no era precisamente una de felicidad. Era más bien una de inteligencia, quizás acababa de encontrar una manera de guiar al chico. Algo de lo que los especialistas en crianza hablaban comúnmente como un incentivo.
— Un poco. – mintió Demian, pues lo cierto es que lo haría bastante feliz.
— Bien, ¿sabes que me haría feliz a mí? – Ángel se detuvo antes de continuar con su camino de vuelta al sótano. Demian iba a decir que ver a Connor, pero no quería volver a esa conversación tan complicada, así que mejor negó con la cabeza. Ya habría otras oportunidades para dar a conocer su punto de vista en ese tema. – Me haría feliz que así como quieres enfocarte en el entrenamiento, también lo hicieras con la escuela.
Demian rodo los ojos, de nuevo ahí estaban con lo mismo. Pero entonces entendió el punto de Ángel, no era un idiota como para no entender lo que sus acciones decían implícitamente. Y era justo, quizás. . .
— Bien, pondré de mi parte para que esto funcione. – dijo no muy convencido, en especial cuando Ángel levanto su mano y le obligo a estrecharla como si se tratase de un trato formal. Bueno, quizás eso fuera para Ángel.
Así que bajaron al sótano de nuevo, Ángel movió un montón de cosas de los estantes, dijo que estaba buscando algo pero en realidad estaba ocultando todas las cosas filosas que el chico pudiera tener intención de tocar. Entonces, metió la mano tras un estante y tiro de dos palos de madera.
— ¡Atrápalo! – dijo al lanzarle el palo. El cual al atrapar en su mano, Demian identifico como un remo. Con puntas planas a cada orilla.
— ¿Iremos a pescar? – pregunto lleno de ironía.
Ángel se burlo. – No es un remo, es un Eku. – dijo
Demian le hecho una mirada nuevamente. — Pues parece un remo. – dijo.
— Solía serlo, pero fue modificado para ser un arma kobudō de combate. Ahora, sostenlo como yo lo hago. – dijo, separo sus manos considerablemente y sujeto un par de centímetros por encima de las puntas.
Demian lo imito lo mejor que pudo. — ¿Así?
Ángel examino cuidadosamente su postura, y asintió. – Ahora, vas a usar toda la fuerza de los antebrazos para subirlo y bajarlo. Fíjate como lo hago. — dijo, haciendo una breve demostración del movimiento rápido de los extremos del arma. Demian lo miro muy atento, tomando nota mental de que debía hacer el mismo movimiento que se hace con las muñecas al dar un puñetazo. Solo que sin soltar el remo. — ¿Viste?
— Sip – dijo muy seguro, y procedió a hacer lo mismo con su remo.
— Mantén presión sobre tus muñecas. – le dijo, Demian asintió y obligo a los músculos correspondientes a presionarse más contra el madero. Sin detenerse ni un solo instante de su movimiento.
– Bien, eso está bien. – dijo Ángel. No tenía más palabras, porque era increíble la agilidad y rapidez con la que el chico estaba sosteniendo el Eku. Era incluso más rápido de lo que Buffy pudo ser alguna vez durante su entrenamiento. Volvió a tomar el remo en la posición adecuada, y lanzo el primer golpe. Esperaba que Demian lo esquivara, pero estaba tan distraído en sus movimientos que dejo su cadera descubierta, y el remo de Ángel impacto contra ella.
Demian dio un gritito, no por el dolor, que igual dolía, si no por la sorpresa.
— ¡¿Qué haces?! – grito ofendido, y cubriéndose con la mano libre la cadera.
— Tú querías entrenar, ¿no?. . . Pues así es como se hace. – y sin darle tiempo de encajar sus palabras, volvió a golpearlo. Esta vez en el antebrazo que servía de escudo a su cadera, Demian frunció el ceño y levanto su arma al instante para contraatacar.
Ángel no estaba usando toda su fuerza en los golpes, solo la necesaria que un oponente regular usaría en una batalla real. Aun así, estaba siendo bastante realista con los golpes. Atacando de un lado a otro con rapidez, y recibiendo la misma respuesta de su chico. Era impresionante, un chico de 14 años le estaba dando buena batalla.
Demian tenía la mirada perdida entre el enojo y la concentración de los golpes, estaba tan concentrado en ello que Ángel estaba seguro de que no tenía conocimiento de la rapidez con la que se estaba moviendo para contraatacarle. Así que decidió probarlo, y aumento la velocidad de sus movimientos, y Demian también.
Los extremos opuestos de cada palo chocaron entre sí.
— ¿Ya te cansaste? – pregunto con una sonrisa de superioridad.
— Para nada, viejo. – dijo, imitando la misma expresión y aprovechando la situación de las puntas enganchadas para empujar a Ángel hacia atrás y hacer que se le cayera el Eku de las manos. Algo que tomo por mucha sorpresa a Ángel, pues la fuera de su empuje había sido excepcional. Incluso igual a la suya.
Demian sonrió al verlo desarmado, giro su Eku con destreza entre sus muñecas e intento darle un golpe en la cara, pero Ángel sostuvo el extremo de manera con una mano antes del impacto. – Lo siento, olvide decirte que los golpes en la cara están terminantemente prohibidos.
La fuerza de Demian aflojo al instante. — ¿Qué? ¿Por qué? – exigió saber.
Ángel le arranco el Eku de las manos de inmediato, si el chico no podía concebir las consecuencias de un golpe mal dado, entonces no era una buena idea continuar con ese entrenamiento. – Porque dejan marcas, marcas que guían a preguntas innecesarias de otras personas. En especial cuando se es un menor, como tú. – le explico, armado de paciencia.
— Pero si a ti no te salen moretones, y a mí se me borran muy rápido. – dijo a modo de excusa para continuar.
– Eso no importa, el que tengamos resistencia sobrenatural no quiere decir que debamos liarnos a golpes como bestias.
— Pero. . . – Demian no veía nada malo con ello, si en la calle se había enfrentado a un montón de abusadores que le golpeaban sin piedad, no veía ningún problema en que su mentor lo hiciera para enseñarle a defenderse. Sin embargo, Ángel no lo veía de la misma manera y ni siquiera le dejo continuar.
— No, no está a discusión. O sigues mis reglas aquí, o no hay más entrenamiento. – De nuevo estaba perdiendo la paciencia, pero esta vez había una buena razón.
Demian quería seguir discutiéndolo, pero no pudo. No cuando la sensación que habia sentido en los últimos minutos de lucha era lo más grandioso que había sentido nunca. Era como. . . adrenalina, combinada con poder. El poder más grandioso que hubiese sentido nunca, y por continuar sintiendo eso, estaba completamente decidido a hacer lo que fuera. Incluso comportarse.
— Bien, lo que tú digas y mandes señor. – dijo lleno de ironía y haciendo un gesto miliar con la mano.
Ángel sonrió ante esa frescura tan extraña y propia que el chico tenia, y le devolvió el Eku. – Entonces continuemos. . . – y volvió a atacar.
* Por favor Review!
