¡Hola mundo! Ya sé ya sé; dirán – "ésta tipa escribe cuando quiere" pero la verdad es que no. Moría de ganas por terminar mis Fics pendientes; y no eh podido porque estoy escribiendo una historia que tengo que mandar en una fecha límite y pues verán, estoy muy atareada con ello, el trabajo, mi casa y mi querido perro "Tobi". No es excusa, solo una explicación para todos mis queridos lectores. De ante mano, les pido una disculpa sincera y espero que puedan seguir leyendo estos Fics que hago con la única intención de entretenerlos :3 ¡Arigato minna!
K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SOLO LA IDEA PLANTEADA EN ESTE FAN FIC.
…
Mi despertador comenzó a sonar latentemente esa maldita mañana. Odiaba el palpitante e insistente "bip, bip" que se repetía como si no hubiese un mañana y taladraba mi cabeza y me arrancaba de mi mundo favorito: el de los sueños. Con pereza cotidiana, me desperté después de golpear un par de veces mi despertador. Tallé mis ojos y sacudí un poco el flequillo de mi frente para despertar en forma. Por cierto, también lo detestaba por ser tan molesto y caer sobre mi frente y tapar una porción de mi visión. Caminé hacia el espejo del baño y me miré. Diablos, si que no podía negar que dormí plácidamente. Una línea de baba seca salía por las comisuras de mis labios, mi cabello estaba despeinado; aun con la marca de la almohada donde dormí y mis ojos, ni hablar; entre cerrados y dormilones con una flojera visible.
-Cielos, quien me viera en estas fachas, jamás se atrevería a querer salir conmigo jeje – reí tontamente frente al espejo.
"Nadie querría salir conmigo…" ¡La apuesta! Exclamé llevándome las manos a las mejillas y despertando en mi totalidad.
-No puedo permitirlo.
Corrí hacia la ducha, tiré mi ropa por doquier y en menos de diez minutos, estaba bañada, cambiada, peinada y lista para salir. Me miraba en el espejo de pies a cabeza como nunca antes me había tomado la molestia de hacerlo. Paso número uno; si quería ganar aquella apuesta, debía enamorar a Mio; eso es bastante obvio. Primer paso: saber si a ella le gustan las chicas, eso es esencial. Para eso debía impresionarla; no sé, podría usar más fragancia de la misma para que lo note, debo ser más coqueta con ella, quizá si la incomodo sabré que no es una chica "Yuri" pero si se sonroja, entonces podré tomarlo como indicios y seguir con el paso dos.
Tomé mi mochila y salí de casa; no sin antes decirle adiós a mi madre. Miré la hora en mi celular y ¡Bingo! Aun era bastante temprano como para pasar a casa de Mio. Estaba ahí, y por razones desconocidas, toqué el timbre; sin embargo, eso no era lo raro, era lo extraño que se sentía mi pecho al hacerlo e imaginar las cosas estúpidas que tendría que hacer para ganar aquella apuesta. Cielos, era algo confuso, pero bueno, debía demostrarle a Yui que o era la mejor sin duda. Toqué el timbre muy amablemente salió su madre para recibirme afablemente como siempre. Me invitó a pasar a la sala mientras esperaba a Mio, quien aun se estaba cambiando en su habitación. Después de unos diez minutos, Mio bajó. Sonreí ampliamente mientras me levantaba del sofá.
-¡Buenos días! pensé que no bajarías nunca. – dije con la misma sonrisa de siempre.
-¡Ritsu! ¿Qué haces aquí tan… temprano?
Mio parecía confundida e impresionada. Lo acepto, en cuestión, tiene razón. Por lo regular siempre es ella la que pasa por mí, ya que yo siempre me duermo y nunca tengo tiempo extra como para pasar por ella temprano.
-Oye, oye, solo quise pasar temprano por mi amiga, ¿Es eso algún pecado? – contesté burlona.
-Cielo Ritsu, eres la chica más impredecible que conozco. – Mio tomó sus cosas, yo sonreí y al despedirnos de su madre, partimos hacia el colegio.
Caminamos durante unos minutos sin decir mucho. La mañana realmente era fresca y linda, vaya que ésta ciudad de Japón es un ambiente bastante tranquilo como para caminar libremente por la mañana.
-Nee Mio – dije con ambas manos sobre la cabeza mientras caminábamos a la par. - ¿No crees que es una mañana agradable?
-eh… si, como siempre.
Sonreí una vez más mientras le miraba de reojo. Vaya que sí era linda mi amiga Mio.
-¿Por qué tan callada? – dije para hacer plática. Aunque Mio casi no habla mucho. - ¿Sigues impresionada porque pasé hoy por ti? – añadí con un poco de arrogancia.
-En cierta forma, es un lindo gesto. Viniendo de ti, algo de ese tipo es realmente lindo.
Mio sonrió un poco burlona. Vaya que me la devolvió, dijo que era lindo de mi parte. Sentí las mejillas un poco calientes al igual que mis orejas.
-Soy linda por naturaleza – contesté un poco creída mientras actuaba como si nada y miraba hacia alguna parte para ocultar mi sonrojo. – piensa que es fue un lindo gesto… jeje
Sonreía internamente. Seguimos caminando hacia el colegio y sin más preámbulos, ya estábamos en el salón de clases de momento a otro. Al llegar, saludamos a Mugi y Yui; quien por cierto me miraba algo intrigada al ver que llegué muy sonriente con Mio. Me fui a mi pupitre y no le dije nada. El resto del día, me la pasé pensando en cómo llamar la atención de Mio y saber si realmente tendría alguna oportunidad. Las primeras clases pasaron y pensé que si realmente teníamos un momento a solas, sería más que obvio que podríamos hablar más abiertamente sobre muchas cosas. La idea era: invitar a Mio a mi casa aquella noche. Sería como siempre, una salida de amigas, pero ésta vez trataría de saber un poco más sobre sus gustos.
Llegamos a la recta final de las clases. Esas veces en que es tu última hora y faltan diez minutos para tu salida. Inclusive puedes ver la cara de tu profesor en turno, que se muere más que tu de ganas por irse, e irónicamente son los pocos minutos más largos de la vida. Por fin sonó la campana, y así que tomé mis cosas, corrí hacia el pupitre de Mio; quien muy tranquilamente acomodaba sus libros en forma.
-¡Nee, Mio! ¡Vayamos a mi casa ahora! – le dije en un susurro. No quería que Yui y Mugi supieran, seguro irían; y aunque amo su compañía, esta vez teníamos que ser solo ella y yo. – te tengo una sorpresa. – argumenté mientras le guiñaba el ojo y sonreía inquieta en un susurro cercano.
Pude notar que se sonrojó cuando me acerqué un poco a ella mientras le susurraba que le tenía una sorpresa, y vi sus piernas tensarse mientras sujetaba fuerte su mochila.
-¿Sorpresa?... – titubeo un poco.
-¡Anda, anda, se nos hace tarde!
La tomé de la mano mientras sostenía ambas mochilas y la arrastraba casi a la fuerza. Ella se quejaba por lo rápido que íbamos mientras que yo hacía caso omiso a sus quejidos. En el trayecto del camino, Mio me exigía explicaciones sobre del porqué la saqué del aula sin decirle nada. Parecía molesta cuando llegamos a mi casa. Se cruzó de brazos mientras hacia un puchero y exageraba al decir que le zafaría la muñeca por mis jalones, pero vamos, todos sabemos que yo no le haría daño a Mio.
-Te dije que es una sorpresa. Ya perdóname si, Mio- chuan – dije con la mejor cara suplicante que podía mientras tomaba sus manos y me postraba a sus pies.
-¡Ritsu, basta! – gritó bastante apenada y ¡Ponch! Su puño retachó sobre mi cabeza, un poco más ligero que como de costumbre.
-¿Estás perdiendo fuerza, o te parece lindo también que te suplique? – bromee al notar su compasión, y entonces sí, un ¡Ponch! Verdadero me golpeó en serio.
-Baka Ritsu – susurró algo apenada.
Subimos a mi habitación y le dije que se pusiera cómoda. Se sentó sobre la cama mientras inquietamente indiferente, preguntaba por la "sorpresa" que le tenía. Le dije que simplemente no había tal cosa, nunca existió, que solo quería pasar tiempo con ella a solas porque mis padres no estaban, que estaban de viaje junto con Satoshi y así aprovecharíamos para ver televisión hasta tarde. Había rentado unas películas de terror y las quería ver con ella. Mio cerró los ojos y luego se levantó de la cama, caminó hacia la puerta y la abrió.
-¿A dónde vas? – pregunté confundida.
-Por mis cosas, no me quedaré; mañana tenemos clases y no es un buen día para desvelarnos – dijo con seriedad.
¡Ouch! Si me preguntan, eso me dolió. No es que fuese la primera vez que me rechazaba una oferta como esas y siempre la dejaba ir, pero ésta vez era diferente.
-¡Mio! – corrí hacia ella y la abracé. Quizá eso funcionaría. – No te vayas, no quiero estar sola – supliqué.
-No seas infantil Ritsu. No podemos, escogiste mal día.
-¡oh, vamos! No te enojes solo porque creas que no hay sorpresa de verdad. – dije para alentarle mientras pensaba en algo improvisado. – yo soy la sorpresa, ¿Qué no ves? – le dije mientras la volteaba hacia mí.
-¿T-tu? – titubeó un poco sonrojada.
-¡Así es! ¡Qué mejor que pasar horas y horas de diversión y desvelo conmigo! ¿No es genial? Comeremos golosinas. Las eh comprado ya. Leeremos mangas y platicaremos. Hace tiempo que no lo hacemos porque hemos estado en exámenes y todas esas cosas aburridas y que nos quitan tiempo importante de nuestras vidas. ¡Extraño a mi amiga Mio-chuan y nuestras pijamadas! – cielos, comenzaba a tener urticaria en la espalda por la sarta de cursilerías que decía. Aunque en el fondo, era cierto, y también lo extrañaba.
Mio parecía inmóvil, yo aun la sostenía de los hombros y parecía haber creído en todo mi drama. Menos mal. Ella suspiró más resignada que convencida.
-¡Vale, vale! Pero no dormiremos muy tarde, ¿De acuerdo? – contestó mientras regresaba a la cama y se sentaba.
La tarde seguía su curso, y mis planes también. Dejé a Mio en mi habitación mientras le ponía un documental sobre animales polares que grabamos alguna vez, cuando ella quedó fascinada por lo lindo que eran los pingüinos y las focas arpas. Mio estaba tan abstraída por lo que decía el narrador, que parecía haberse olvidado de mi existencia. Aproveché aquella ocasión para darle una sorpresa. Salí de la habitación y preparé algo de comer en la cocina. Llevaba mi celular en mi bolsillo y noté que tenía un par de mensajes.
-Yui – me dije con sorpresa, y una sonrisa traviesa se pintó en mis labios.
"Sé lo que pretendes. Te has robado a Mio-chan para pervertirla. No creas que me llevas ventaja"
Vaya mensaje el de Yui. Tan solo reí por lo bajo y seguí con lo mío. Preparé unos cuantos hot cakes, ya que era lo único que sabía hacer en realidad. Lo admito, soy un fracaso cocinando. Lo tenía listo en menos de media hora, y al parecer Mio aun no se percataba de mi ausencia. Regresé a la habitación y subí con todas las cosas con mucho trabajo de que nada se cayera. Por fin, Mio notó mi presencia. Dejé las cosas donde estaba sentada y le serví amablemente.
-¿Tu los hiciste? – preguntó con un poco de timidez.
-Si te parecen bastante malos, creo que podemos pedir una pizza. – sonreí mientras rascaba mi frente, y es que repito, no soy una chef como para que me salieran tan buenos.
- No es necesario, aunque, es otro lindo gesto. Dímelo ya Ritsu, ¿Qué hiciste o que necesitas? Digo, son demasiadas atenciones en un solo día.
-¿eh? crees que he hecho algo malo, ¿Solo para tratarte bien? Pues no, estás equivocada; es solo que quiero pasar rato contigo Mio.
Ella me miró algo intrigada mientras que le regalaba una sonrisa traviesita. Nadie dijo nada, comenzamos a comer y la verdad es que los hot cakes no pintaban bien, pero su sabor era bastante bueno. Comíamos muy a gusto y todo era como en nuestras pijamadas anteriores, aunque bastante silenciosa.
-Oye Mio – dije rompiendo el silencio y siendo directa. – somos amigas desde hace tiempo y la verdad siempre eh tenido una duda – dije mientras daba otro bocado.
-dime – contestó ella con tranquilidad y comiendo con esa finura suya.
-¿Nunca has tenido novio verdad?
Mio casi se atraganta con el bocado de su comida; en cuanto su cara, parecía que la sangre se le saldría por los poros de lo roja que estaba. Me levanté a prisa para darle agua o lo que sea para evitar que muriera de asfixia.
-¡Mio, Mio! – repetía mientras golpeaba su espalda.
Finalmente escupió el bocado y yo suspiré aliviada.
-¡Cielos! ¡Casi me matas del susto! – golpee mi pecho y me tiré a su lado.
-¡Tú y tus preguntas sin sentido! – contestó exasperada y apenada.
-¿Qué tiene de malo? Yo nunca he tenido novio, ni mucho menos eh besado a nadie y no me quejo por ello. Tampoco es algo del otro mundo, no me preocupo. – dije con naturaleza y despreocupación. – más me preocupé que te ahogaras y luego_
Caí en cuenta de lo que había dicho. Acababa de admitir que Mio me era importante en un sentido bastante directo. Mio reía por lo bajo al ver que callé por expresar algo con seriedad. Vaya que si quería fastidiarla, me salía contraproducente. Comencé a reír junto a ella. Tapaba su boca con ambas manos y reía con delicadeza mientras sus mejillas tomaban un ligero color carmín. El atardecer entraba por la ventana de mi alcoba y bañaba su silueta con los tenues rayos de lo que quedaba del sol. Era una linda vista… si me lo preguntan.
-Nee, Mio. En serio me preocupaste. – añadí con algo de timidez, pero sinceridad.
Ella me miró con ternura y sonrió.
-por cierto, Ritsu. Nunca eh tenido… novio… - dijo muy tímida. - … y tampoco eh besado a nadie… - confesó aun más tímida. Que mona es. - ¿Feliz? – finalizó con puchero.
-ya decía yo. – Contesté – y… ¿Hay alguien que te guste? – pregunté.
-Bueno… yo…
-¡anda Mio, dime! – insistí mientras me acercaba a ella.
-Es que…
-¡Mio! – supliqué acercándome más a ella.
Noté que sus mejillas se fervorizaban de rojo al igual que toda su cara. Mio es demasiado tímida y por todo se sonroja, demonios. Ella vaciló en contestar unos minutos, y durante esos minutos, algo en mi interior suplicaba que no me dijera que era un chico el que le interesaba. Fueron momentos demasiado agónicos para una persona que solo dice sentir atracción física.
-¡Dime Mio! – me abalancé a ella en un acto desesperado por saber, y caí torpemente sobre ella.
Nuestras miradas estaban más que cercas, más que nunca, y nuestras respiraciones estaban tan mezcladas, que nuestros labios eran lo único lejano de tocarse. No solo ella, también yo lo sentía; sentía mi cara roja de pena. Estaba inmóvil y me sentía estúpida, comenzaba a dudar sobre mi respuesta hacia Yui cuando me dijo que si amaba a Mio y yo dije sínicamente que solo era atracción. Craso error, me parece. Mi corazón latía fuerte y mis manos se estrujaban contra la alfombra del suelo.
-Sí, hay alguien que me gusta desde hace mucho tiempo. – dijo Mio rompiendo el silencio mientras me miraba fijamente a los ojos con un brillo inusual en su mirar.
Le miré un poco confundida y feliz. Era un hermoso ángulo desde donde estaba. Me quité de encima de ella y le ayudé a sentarse de nuevo mientras miraba hacia algún sin importancia.
-Bueno, me alegra saber que hay alguien importante en tu vida. Suena menos aburrida que la mía ejeje – fingí no sentir dolor. No sé porqué, pero me molestaba a rabiar la idea de que algún tipo estuviese con Mio. - ¿Quién es el afortunado? – dije fingiendo muy bien emoción.
-Etto… - Mio volvió a dudar un momento. - ¿No lo sabes? – dijo confundida.
-Bueno, no. – contesté simplemente y algo molesta.
-No es… u-un chico… - dijo con la cara hacia el suelo y jugando con sus dedos índices nerviosa.
-¿Entonces? – insistí con entusiasmo.
-… etto…
-¿Es una chica? – insistí acercándome a ella de nuevo.
-… s-s- si… - contestó muy despacio y más cohibida.
-¡joh! – exclamé con alivio y emoción.
Su cara estaba roja, roja como tomate. Kawai.
-¿Quién es? ¿La conozco? ¿Es del colegio? – bombardee con mis preguntas, y lo único que conseguí fue un gran ¡Ponch!
Ella me miró bastante molesta. No entendía porque.
-¿No lo sabes? – me miró enojada y avergonzada.
-no… - contesté temerosa.
-Pues investígalo.
La conversación terminó ahí; y Mio parecía molesta e incómoda. ¿Sería alguien del colegio? ¿Del club? ¿Por qué se molesta tanto? Ella caminó hasta la cama y se tiró a dormir. Tendí un futon como de costumbre durante nuestras pijamadas y me tiré al suelo en silencio mientras pensaba.
-Nee, Mio… ¿Sigues despierta? – pregunté sin obtener respuesta.
Me levanté del futon y le miré fijamente.
-Estás despierta ¿Por qué no me hablas? – le dije sonriendo con preocupación, pero no contestó. – Vale, vale, lo siento. Disculpa si no sé quién te gusta. Sé que somos amigas y deberíamos saber ese tipo de cosas una de la otra; pero no lo sé. Ni siquiera sabía que te gustaban las chicas. – acaricié su hombro con ternura. – si de algo sirve… a mí también me gustan. – dije con dificultad y pena. – ¿Ya estamos bien? – argumenté.
Me desarropó su cara y me sonrió.
-Baka Ritsu, no podría enojarme contigo – contestó con una sonrisa tímida. Esa era mi Mio.
-Además; si te enojas conmigo, ¿Quién te salvará de los percebes? – añadí con alegría y volvimos a lo mismo: Mio me golpeaba y yo reía, hasta que ambas comenzábamos a reír.
Me acosté a su lado hasta que se durmió entre risas y juegos. Me gustaba esa sensación tibia de su cobijo sobre el mío, que me arrullaba el solo sentirla cerca de mí y sentir su aroma. Se veía realmente linda durmiendo. Sí, Yui, no es solo atracción… es algo más…
Esa noche me dormí a su lado. Pero… si no es solo atracción entonces es… ¿Qué es ese algo más?...
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OYASUMINASAI!
