Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

De nuevo, agradecimientos especiales a Meri y Darfoy.


EL DÍA B (DE BODA)

II. Seis meses antes

—Querida, sé que te va a parecer una tontería, pero me gustaría que… —Narcissa le dirigió una sonrisa tímida, como disculpándose por lo que iba a decir—. Que siguierais algunas de las viejas tradiciones, si no es mucha molestia. Significaría mucho para Lucius y para mí.

Hermione miró a Draco, indecisa, pero él se encogió de hombros, dejando la decisión en sus manos.

—Eh, bueno, supongo que no nos costaría nada. ¿Qué tendríamos que hacer? Quiero decir, ¿qué tradiciones?

A Narcissa se le iluminó toda la cara, y Hermione supuso que si algo tan pequeño como seguir algunas tradiciones iba a lograr la felicidad de su suegra, entonces merecería la pena.

—Nada, solo nueve o diez cosas sin importancia —explicó Narcissa, y a Hermione se le congeló un poco la sonrisa—. Por ejemplo, hemos organizado un baile de compromiso ya, pero es costumbre que el mes anterior a la boda se organice otro, y el día anterior una cena familiar, en la que la novia lleva los colores de la futura familia, en este caso negro, verde y plateado.

—Vale… —Hermione asintió despacio.

—Oh, también hay una tradición muy bonita en la que el patriarca de la familia da su consentimiento oficial al matrimonio firmando un pergamino en el Ministerio y añadiéndote al tapiz familiar, es un momento muy emotivo.

Hermione no podía imaginarse qué podía tener eso de bonito o emotivo, pero sonrió educadamente y asintió, mientras Draco se mordía el labio para evitar reírse.

—Las joyas de la boda son las de la familia de tu suegra, así que te dejaré algunas joyas Black para que las lleves. —Narcissa hizo una pausa antes de continuar—. Se lo comenté a Andrómeda y me dijo que le gustaría darte algo suyo también, porque su hija no pudo llevarlo en su boda y le haría ilusión.

—Claro —murmuró Hermione, conmovida.

—Qué más, qué más… Ah, sí, luego está también el anuncio oficial en el periódico, las entrevistas y la sesión de fotos familiar. Y además…

—Madre —la interrumpió Draco delicadamente, antes de que Narcissa pudiera motivarse—, ya seguirás otro día, que vas a asustarla al final.

Hermione sonrió débilmente, pero lo cierto era que empezaba a arrepentirse de haberle dicho que sí.

—Ya te mandaré uno o dos libros que tengo de tradiciones y etiqueta, que lo explicará todo mejor que yo —comentó la bruja.

—Eso estaría genial, muchas gracias. —Su tono casi pareció genuino.


—Estoy aterrorizada —confesó Hermione, mirando a Draco de medio lado.

—Ya verás como saldrá todo bien, tranquila —la animó él, aunque no las tenía todas consigo. Después de todo, ¿cómo iba a saber él el modo en que reaccionaban los muggles a la magia? Y más aún la abuela de Hermione, con lo excéntrica que era la señora.

Hermione se cuadró de hombros y llamó a la puerta con suavidad, sonriendo temblorosamente cuando en el dintel apareció su abuela.

—¡Hermione, qué sorpresa! ¡Y Draco también! Me alegro de veros, pasad, pasad. ¿A qué viene esta visita inesperada? Menos mal que hoy no tenía compromisos previos, si no me hubieras cambiado los planes.

—Um, abuela, ¿podemos hablar? Hemos venido a contarte una cosa.

—Claro, cielo. ¿No estarás embarazada, verdad? Porque entonces habría que adelantar la boda.

—No, no, no es eso —respondió Hermione, nerviosa—. Es otra cosa.

Cuando por fin se sentaron en el salón, con sendas tazas de té y aperitivos, la abuela miró inquisitivamente a la pareja.

—¿Y bien? —Estaba claro que no se iba por las ramas, pensó Draco.

—Hemos… He —rectificó Hermione— venido a contarte una cosa sobre mí, Draco solo está aquí como apoyo moral.

—¿Que eres una bruja? —adivinó la señora tranquilamente. Ambos se quedaron boquiabiertos.

—Pero… Pero, ¿cómo? —Hermione, siempre tan articulada, parecía que se había quedado completamente en blanco por la sorpresa.

—Querida, ¿de verdad te creías que no lo sabía? —La abuela chasqueó la lengua—. Cuando tu madre me dijo que iba a mandarte a Hogwarts en lugar de al Liceo francés, tuve que investigar para asegurarme de que no recortara tu educación. Y da la casualidad de que la hermana de Grégoire es como tú, me enteré por ella.

—Pero, pero, pero…

—Granger, tranquila —murmuró Draco, antes de dirigirse a su anfitriona—. Sí, eso era todo. Veníamos a contárselo porque la ceremonia será mágica y Hermione quería que su abuela estuviera allí con ella, no podíamos ponerla allí de buenas a primeras.

—¡Pues claro que su abuela va a estar allí! ¡Y mucha más gente, también!

—Ya, sobre eso… —Draco, viendo que Hermione seguía alucinando, continuó—. Verá, tanto su nieta como yo somos personas muy conocidas de la sociedad mágica: nos siguen en la prensa y conocemos a mucha gente importante, políticamente hablando. Pero no queremos que nuestra boda sea un espectáculo, porque deseamos algo íntimo, solo para nosotros.

—Pero…

Draco continuó antes de que la abuela de Hermione pudiera poner pegas.

—Por eso, hemos decidido que haremos la ceremonia con unas treinta personas de familia cercana y amigos íntimos, y luego ya el banquete y el resto de la celebración será con un gran número de invitados. Unos quinientos, más o menos —especificó.

—Seiscientos —corrigió la abuela.

—¿Perdón?

—Bueno, serán quinientos de vuestra gente, pero es la primera boda de una de mis nietas, yo también tengo conexiones y gente a quien invitar. Así que seremos por lo menos cien de gente normal, ya te mandaré una lista de los que deberías invitar —añadió en dirección a su nieta.

—De acuerdo. —Draco asintió y miró a Hermione de reojo, que ya se había recuperado pero se estaba escaqueando de la conversación—. Hermione se encargará de separar a los invitados en la sección muggle y mágica del banquete, ya nos pasaremos mesa por mesa para saludar a todo el mundo.

—Sí. —Hermione sonrió forzadamente—. Será maravilloso.


—¿Granger? —preguntó Draco al aire nada más entrar por la puerta—. ¿Dónde estás? ¿Qué haces?

—¡Estoy en el despacho! —voceó ella de vuelta, y Draco contuvo una sonrisa cuando se acercó al lugar solo para encontrarse a su prometida prácticamente enterrada en una montaña de papeles.

—Estaba intentando hacer la lista de invitados —confesó ella tras darle un beso—, pero he decidido que me rindo y te la dejo a ti, porque es una locura.

—Bueno, tampoco será para tanto. Acordamos que la ceremonia sería de un máximo de treinta personas.

—No, no es la ceremonia lo que me preocupa, es todo lo demás. Tu madre quiere un mínimo de quinientos invitados y mi abuela exige al menos cien, y te recuerdo que hay que dividir las secciones muggle y mágica.

Draco hizo una mueca: no le apetecía nada encargarse él de los invitados, pero supuso que tendría que colaborar en la boda más allá de poniendo dinero y presentándose el día indicado.

—Estaba intentando decidir a quién invitar, de gente mágica, quiero decir —continuó Hermione—; pero es muy difícil seguir el protocolo de los libros de tu madre. Por ejemplo, ¿a cuántos magos del Winzengamot invitamos, sin contar a Percy?

—Yo creo que con diez o doce valdría —contestó Draco, sentándose en el sofá junto al escritorio y empezando a desabrocharse la corbata y el chaleco.

—Eso he pensado yo, pero el problema es a quién escoger. El jefe, por supuesto, y Kingsley como Ministro también. ¿Pero quién más? ¿Con quién no están peleados los Malfoy?

Draco hizo una mueca.

—Creo que Shafiq estará bien —ofreció.

—No, tu padre y él tuvieron una discusión hace un par de meses y no están en buenos términos.

—Ya. ¿Fawley?

—No se lleva bien con tu madre, creo. Algo de un vestido… ¿Te suena?

—Sí, sí. —Draco se estremeció al recordar la ira de su madre ante el incidente—. ¿Flint? Ay, no, mierda, Flint no. ¿Quién queda?

—Eso mismo me preguntaba yo —respondió Hermione con una buena dosis de ironía—. Y no me hagas hablar acerca de la alta sociedad —pronunció las palabras con retintín—, porque allí yo ya he renunciado a llevar la cuenta de las disputas.

—Así que me lo dejas a mí.

—Efectivamente. Confío en ti para que no dejes que esto se convierta en un circo, y recuerda: nada de prensa más allá de las cuatro fotos necesarias.

—Me temo que serán más de cuatro fotos —comentó él, burlón, y Hermione puso los ojos en blanco.

—Lo que sea. Cuando termines el primer borrador me avisas y vengo a verlo, ¿vale? Ahora me voy a tomar una taza de té porque no puedo más.

—Vete, tranquila. —Draco le dio un beso y la empujó con suavidad hacia la puerta—. Yo me encargo de esto.

Nada más sentarse en el sillón, Draco soltó un largo suspiro y sacó un pergamino nuevo.

—Veamos, ¿a quién invitar?


—Yo… —Hermione hizo una mueca—. Yo creo que este no.

Ginny negó con la cabeza.

—Ni por casualidad.

—No sé mucho de moda muggle —intervino Narcissa delicadamente—, pero creo que quedaría mejor un vestido con más falda.

Por deseo de la madre de Hermione, Jean, habían empezado a buscar el vestido de novia de Hermione, que iba a mostrar sus raíces muggles de esta manera, eligiendo llevar un vestido en lugar de la túnica de gala tradicional de los magos.

Tras un par de comienzos desastrosos en tiendas muggles, el grupo –compuesto por Narcissa, Jean, Ginny, Luna y Pansy, además de la propia Hermione– había decidido hacer caso a Narcissa y probar con la colección muggle de vestidos de novias de su adorada Madame Laire. De momento, la cosa no estaba yendo demasiado bien.

Oui, ese vestido te queda horrible —terció la diseñadora, torciendo el gesto—. Vamos a probar uno de estilo sirena, que a lo mejor… No, no, con esas caderas que tienes quedará horriblemente plano y feo.

Hermione intentó disimular el repentino tic en el ojo que le había entrado dando un sorbo de champán.

—¿Y uno de corte princesa? —sugirió la madre de Hermione diplomáticamente.

—¿Qué es eso? —preguntó Madame Laire, estupefacta y casi ofendida—. No tengo de eso aquí.

—Quizá puede hacerle uno a medida —observó Narcissa, y sonaba casi a amenaza.

—Es un tipo de vestido donde la falda es muy amplia y la cintura es estrecha para remarcarla más. Se llama de corte princesa porque era el estilo que llevaba la aristocracia antiguamente, y es bastante popular en los vestidos de boda. A mí personalmente me parece precioso, y creo que a Hermione le sentaría bien.

Madame Laire entrecerró los ojos.

—Mmm, oui, une coupe princesse… Podría realizar uno, sí. —Hizo aparecer pluma y pergamino y se sentó, dispuesta a tomar notas—. ¿Cómo desea el vestido? —preguntó, en dirección a Narcissa.

—¿Cómo deseas el vestido, Hermione? —preguntó ella a su vez, dirigiéndose a su futura nuera.

—Pues… —Hermione titubeó—. Sin mangas o al menos de manga corta, no quiero nada largo porque al fin y al cabo la boda será en verano.

—¿El escote? —preguntó la diseñadora impacientemente.

—Poco escote, a lo mejor redondeado. No sé.

—Pero que quede bonito con una gargantilla —intervino Narcissa.

—¿Color? ¿Blanco?

—Sí, pero pálido —ordenó Pansy, que no aguantó más tiempo en silencio—. Y yo creo que con detalles en dorado, y así hacemos el vestido destacar más aún.

Oui, oui… ¿Tipo de tela? ¿Seda, satén?

Hermione tomó otro sorbo de champán y contestó con un encogimiento de hombros.

—No lo sé, lo que mejor quede.

—¿Algo de encaje?

—Madame, quizá sería mejor que los detalles los decidiera usted —señaló Luna con sensatez—. Nosotras no sabemos de eso, pero tenemos confianza en que hará un vestido espectacular.

—Digno de una boda espectacular —sentenció Narcissa, y esta vez sí era una amenaza.


—Como me menciones la boda no te hablo en una semana —la amenazó Draco en cuanto salió de la chimenea—. Mi madre no ha dejado de hablarme de eso en todo el día y no puedo más.

Hermione se rio, dejando a un lado el libro que estaba leyendo y haciéndole sitio en el sofá, donde él se desplomó sin la más mínima elegancia.

—No puedo más —repitió, casi en un gemido.

—Pobre bebé, que lo han puesto a pensar —se burló ella, acercándose para revolverle el pelo.

Él negó con la cabeza, lanzándole una mirada fulminante.

—Como vuelva a oír una vez más —proclamó— si el blanco roto quedaría mejor que el blanco nieve en los bordados de los manteles me tiro por una ventana y ya no habrá boda que celebrar.

—Eso no es nada —replicó Hermione—, ayer tu madre se pasó toda la tarde hablándome sobre los posibles tonos de dorado que podría llevar mi vestido. ¡Ni siquiera sabía que el dorado tuviera distintos tonos!

—Perdona, pero te recuerdo a mí me escribió el martes a las once de la noche para preguntarme si iba a llevar zapatos con o sin cordones.

—¡A mí quería convencerme de llevar medias! ¡Con un vestido largo hasta los pies! ¡A finales de junio!

—¡Quiso asegurarse de que el tono del cuello de mi túnica era exactamente del mismo color que tu vestido!

—¡Intentó llevarme a tu cámara de Gringotts para enseñarme unas servilletas que combinaban con las cortinas!

Ambos se quedaron unos instantes mirándose en silencio.

—Mi madre está mal de la cabeza —sentenció Draco al final, sonriendo.

—Un poco sí —concedió Hermione, pero ella sonreía también—. Pero sin ella, esta boda no quedaría ni la mitad de bien.

—Eh, te he dicho que no me mencionaras la boda. Está prohibido. Ahora tienes que pagar un castigo. —Con una sonrisa traviesa, Draco la levantó en el aire, y ella rodeó sus caderas con las piernas.

—Ooooh, un castigo. ¿Será muy duro?

—Terrible. Llevarás las marcas varios días —afirmó, mientras empezaba a caminar hacia su habitación, mordisqueándole un poco la barbilla.

Hermione rio y se removió contra él cuando Draco, tras unos segundos de deliberación, cerró la puerta del dormitorio con el pie.

No fuera a ser que su madre decidiera obsequiarles con una visita sorpresa.


¡Ya estoy aquí de nuevo! ¿Qué opináis, os ha gustado?

Quiero agradeceros el apoyo que me habéis dado (¡mirad cuántos favs y follows!), especialmente a las seis personas que me dejaron un review. Muchas gracias, de verdad, por haberme dedicado algo de vuestro tiempo :)

¡Nos vemos el domingo!

LadyChocolateLover

PD: Déjame un review para que Draco te castigue como a Hermione ;)