Capitulo 1

"Gotas de pena"

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Desde que habían encerrado a Mojo y clausurado su laboratorio los RRB se encontraban desamparados, a pesar de lo que la gente podría llegar a pensar, el mono se había encargado de cuidarlos y, aunque eso suponía algunas contras y no tenían una vida normal como cualquier otro niño, era mejor que la situación en la que se encontraban ahora.

- ¡¿Cómo que no trajiste comida?!-

- ¿¡Acaso no viste como está afuera!?-

Mucho, mucho mejor.

- Chicos, no peleen…-

¿Motivo de la discusión? Fácil, desde que se quedaron sin casa deambularon por casi un mes en Saltadilla, viéndose concurridamente perseguidos por las poderosas, lo cual les resultaba "demasiado molesto como para soportarlas", se fueron de la ciudad. Aunque eso no significó cambios favorables, por el contrario este lugar parecía no haber tenido una muy buena primera impresión de los superpoderes en alguien.

Tal parece que las superbobas les seguían haciendo la vida imposible con años de antelación. (1*) Igualmente, (cuando se aseguraban de no ser cachados por la policía) se salían con la suya y con esto uno se refiere a robar lo mínimo como para sobrevivir.

Una de las problemáticas más urgentes que tuvieron al llegar fue el dónde quedarse, aunque en un principio lo consideraban lo más sencillo y lo dejaron de lado como un tema trivial. Cuando llegó la noche los chicos ingresaron a una casa cualquiera con intenciones de echar a los dueños y listo; sin embargo aprendieron una lección importante, en la ciudad de Citiesville casi todas las casas tienen alarma...

Así, de la lujosa idea de robarle la casa a un ricachón terminaron asentándose en una casa que tenía más de choza que de vivienda, con más años de abandono que de uso, más goteras que techo y más pasto y humedad dentro que fuera; y aun así era mejor opción para dormir que la calle.


Yendo al grano de la pelea, cada día uno de los tres le toca ir a buscar comida mientras los otros se encargaban de mantener en pie la vieja choza. Ese día en particular era muy difícil, el agua caía a choros por los agujeros del techo que parecía colador, el frío entraba a través de todas las ventanas rotas y corría a través de los pequeños pasillos de la casa.

Ese día en particular le tocaba a Butch ir en busca de lo que cenarían, pero este decidió encenderse en un lugar donde no se mojara demasiado en espera de que la lluvia aminorara. Por desgracia aquella parada de bus debió ser demasiado cómoda ya que el chico se quedó dormido, al despertar y ver el cielo más oscuro de lo que ya estaba volvió a la casa… con las manos vacías.

Y ahí en esta situación, dos de los hermanos discutiendo a punto de empezar una pelea, rojo contra verde. Boomer trataba de dar algunas palabras para que pararan, cada vez que discutían se ponía nervioso, no solo por el hecho de que la frágil estructura de la casa parecía temblar ente un grito, simplemente se ponía nervioso. Es cierto que él también tenía hambre y que estaba molesto con su hermano por no traer nada, sin embargo de cierto modo lo comprendía, a él tampoco le hubiese gustado el haber tenido que salir con ese clima, el frío calaba hasta los huesos y eso que él tenía la ropa ligeramente humeda. No quería imaginarse su hermano que había vuelto empapado y chorreando agua.

- ¡No me importa cómo está afuera, vas a salir a conseguir algo!-

- ¿Quién te nombró líder? Vos no me ordenas nada pedazo de mierda-

Ahí estaba la contestación de Butch, si esto seguía así la casa quedaría hecha escombros. Boomer sintió una presión en la boca del estomago y en un estúpido arranque de valor levantó la voz.

- ¡Basta ustedes dos! – ordenó con lo que se suponía un tono firme.

- ¡CALLATE BOOMER! – gritaron ambos hermanos ahora enojados con él.

De la nada todo el coraje que había sentido se había esfumado, aquella presión fue subiendo hasta su pecho, un horrible dolor se formó en su garganta y los ojos empezaron a picarle. Tal vez era normal en cualquier niño después de más de una hora de recibir insultos y golpes ocasionales por tratar de detener una pelea. Pero él ya debería estar acostumbrado, y aun así seguía siendo el débil de los tres, el estúpido llorón.

Después de ese último grito decidió irse de la casa, ni siquiera reparó en que seguía lloviendo, solo quería alejarse de tanto ruido como fuese posible.

No supo por cuanto tiempo, pero cuando quiso acordar estaba sobrevolando la zona centro de Citiesville y la tormenta se había convertido en una suave llovizna; pudo escuchar algunos fragmentos de conversaciones a pesar de la enorme distancia (ventaja de tener poderes, que obvio, no le servía de nada ahora), algunas pocas eran de padres con sus hijos.

- ¡Papi, la peli estuvo genial!

- Qué bueno que te haya gustado, linda – apremió la voz grave de un hombre.

- ¡Mami, mami! ¿Si Bigotes dice que si podemos verla de nuevo?

Ambos adultos rieron ante las palabras de la niña y continuaron su camino al igual que Boomer, a pesar de no tener rumbo y que todos sus sentidos le gritaban que fuera a ver si sus hermanos se habían matado como los idiotas que eran, decidió seguir a aquella pequeña familia.

A través de todo el camino el chico había observado con curiosidad cada gesto de aquellas personas que le resultaban tan peculiares. Un padre con bigote, una madre con una panza de forma puntiaguda (2*), y una niña que iba dormida en la parte de atrás del auto. Eran todo lo contrario a lo que él sabía de una familia ¿Dónde estaba el mono verde?

Cuando llegaron a lo que sería su casa Boomer no pudo evitar sorprenderse, puesto que a pesar del clima la casa era muy bonita y al verla sintió un extraño sentimiento de ¿Calidez? Tal vez. Vio como el padre le entregaba el paraguas a la mujer y alzaba a la niña que aun dormía; ambos adultos intercambiaron una sonrisa cómplice y se dirigieron al interior de la casa.

Una preocupación creció dentro del pequeño cuerpo del niño ¿Qué significaba esa sonrisa? ¿Qué pensaban hacer con la chica? Con su corazón palpitando con fuerza se dirigió a cada una de las ventanas de las habitaciones, siguiendo el rastro de las luces encendidas y al fin los encontró.

Haciendo uso de su vista de rayos X observó a través de las cortinas de la ventana una habitación rasa, sobre una cómoda una jaulilla con un conejo; y allí vio como los padres colocaban a la niña en una cama que se notaba de lo más cómoda, luego de una silenciosa mirada a su hija ambos mayores abandonaron el cuarto luego de darle un beso en la frente.

Esperó allí, del otro lado del vidrio y en medio de la oscuridad, a medida que los minutos pasaban la casa se sumía en silencio y el dolor en su pecho regresó hasta el punto de ser insoportable. El dolor se implantó en su cabeza como ira y despegó con todas sus fuerzas hacia un punto indefinido de aquella gran ciudad, dejando detrás de él una estela de color azul que rasgaba el cielo nublado.


Tal vez había sido el viento que chocaba con fuerza contra su rostro, pero cuando quiso darse cuenta las lágrimas estaban cayendo sin control, fue como si esas gotas que caían se llevaban con ellas una partecita de su poder e inevitablemente su velocidad y altura se redujo. Cuando sus pies rozaron el asfalto tropezó y cayó de manera brusca, haciéndose daño.

Se quedó un rato en el suelo, sorbiendo su nariz de a rato, convulsionándose por el llanto. Quiso creer que lo hacía por el dolor que sentía en sus codos y rodillas, pero un pensamiento se coló hacía él, una simple pregunta que desencadenaría a muchas más que, al igual que la primera no tendría respuesta.

¿Por qué quiero ser como ellos? ¿Por qué ahora?

No lo entendía, simplemente no podía; aquellas "familias" le resultaban tan raras y aun así cuando notó como se miraban solo quiso arrancarles los ojos para que volvieran a mostrar esa estúpida expresión que lo confundía tanto. Un arranque de ira, tal vez envidia… Tal vez por ser diferentes a lo que conocía.

Esa niña no tenía hermanos ¿acaso sus vidas hubiesen sido tan diferentes por estar separados? Y así, por esa noche deseó no tener hermanos, no tendría que escucharlos pelear nunca más; tendría a dos papas que lo cuidasen si se enfermaba, que lo llevaran al cine y si sus hermanos también deseasen lo mismo, cada uno se vería tan tranquilo como aquella niña.

Simplemente, deseaba no tener que verlos nunca y así, todo lo que estaba a su alrededor mejoraría.

- ¿Estás bien? – preguntó una voz aguda.

Por un momento creyó estar soñando y que esa voz pertenecía a esa tonta rubia que hace tanto no veía y que tanto odiaba. Sin embargo cuando abrió los ojos se encontró con una niña, no era la misma que había visto hace ¿Cuánto? ¿Unas horas? ¿Minutos? Bah… hace un rato. La anterior tenía el cabello muy corto y creía, rubio. Y está claro está, no notaba su color pero era mucho más largo. Parecía tener su edad y ahora que comparaba a ambas en su mente, la primera debió haber tenido como dos años menos que él.

- Vete – Dijo el rubio simplemente.

- Pero… ¿No tienes frio? – preguntó dudando.

Recién ahí se dio cuenta del frió que sentía y de lo entumecido que se encontraba su cuerpo a causa del mismo. Simplemente asintió, la chica pareció tener una batalla interna consigo misma y sin decirle nada se encaminó hacia el parque delantero de una casa. Boomer simplemente la miró esperando a que se fuera y listo ¿Acaso había venido solamente a recordarle su mala suerte? Las chicas eran raras y por sobre todos unas feas brujas.

A pesar de lo que pensaba la niña volteó y le indicó que lo siguiera como si fuese lo más obvio. Ingresaron al patio trasero de la casa y la niña le indicó con su mano que no hiciera ruido. De puntitas de pie se acercó a la pared, él simplemente flotó a centímetros del suelo. Una vez ahí le indicó en silencio que subieran por una enredadera que se afirmaba por sobre unas maderas hasta un segundo piso. Al llegar la niña pasó hacia el interior de una habitación que se situaba justo al alcance de la enredadera. A penas estuvo ahí Boomer creyó que le cerraría la ventana en cara como habría hecho cualquiera.

De nuevo, esta chica contradecía todo lo que él esperaba. Cuando ella tocó suelo se asomó por la ventana para "ayudarlo" a subir, lo agarro con ambas manos de su muñeca y colocó su pie contra la cornisa para afirmase, haciendo lo que parecía mucho esfuerzo por qué inflaba los cachetes y contenía el aire como su si vida dependiera de ello.

Definitivamente, las chicas eran muy raras… Pensó mientras detallaba en su mente los gestos de la pequeña.


Hola! Wow estoy publicando más pronto de lo que creí *O*

Ok , me tengo que calmar… parece que el frito de la espontaneidad de una noche es muy bueno, así que casi todas las noches me quedo escribiendo, aunque sea un poco.

Recibí mucho más apoyo del que esperaba, y sus palabras de aprobación me animan un monton a seguir, MUCHAS GRACIAS!

MariiDii: que bueno que te haya gustado y s va a heber parejas pero más adelante. Pienso hacer tardar un poco el "gran reencuentro " (XD)


NOTAS DE AYUDA:

1*= No sé si recuerdan, pero en el cartoon de las PPG hay un capitulo que el que, por el trabajo del profesor, las chicas deben mudarse a otra ciudad, Citiesville. Allí parecen no tener suerte ni en la escuela ni luchando contra el crimen. Aun así, no mencionan sus disgustos para no herir los sentimientos del profesor. Una noche persiguen a unos ladrones de bancos y destruyen un puente para atraparlos, sin embargo esto solo enfurece al jefe de policías. Al final las chicas vuelven Saltadilla luego de que el Pf. Admitiera que desde un principio odió ese lugar.

2*= ¡Esta embarazada! (~*0*)~

Ojala les haya fustado, hasta la próxima! :3