Así que John llevo a Sam hasta su habitación, abrió el primer cajón del escritorio y saco el cepillo de madera que siempre conservaba para estas ocasiones. — Debí haber hecho hace mucho tiempo, jovencito. — le dijo, se sentó en la cama y con un fuerte jalón coloco a su chico sobre su regazo.

— Oh no, papá déjame… déjame ir, ya estoy grande. — rogaba Sam, pero entonces sintió la mano de su padre desabrochando sus pantalones y luego sintió sus dedos dentro de sus calzoncillos, bajándoselos por completo.

— Si, ya eres grande para hablarle así a tu padre… Y ya me canse de toda esta actitud tuya, ahora mi amigo va a enseñarle a tu trasero a comportarse.

John no estaba para más juegos o malcriadeces, jamás permitió que nadie le faltara al respeto de esa forma y no iba a empezar por su hijo. Así que dejo caer el cepillo con fuerza sobre cada nalga de Sam, una y otra a la vez.

— Cuando termine con tu trasero se te van a quitar las ganas de hablarle así a tu padre, jovencito. — decía John sin dejar de pegarle al trasero de su hijo, que no dejaba de moverse como culebra. Así que John le dio una fuerte palmada con la mano, en el centro del trasero. — Eres muy insubordinado, cuando te digo que hagas algo… lo haces y no repelas, ni dices nada. — y retomo el cepillo otra vez.

— Lo prometo papá, lo hare… lo prometo, me duele… Por favor para, duele mucho — empezó a rogar Sam con la aparición de las primeras lagrimas en sus ojos.

— Se supone que duela… Y vas a aprender una lección aquí, eso te lo juro Samuel.

Mientras los gritos de Sam estaban cerca de expandirse por todo el vecindario. Deán trataba de que Jeff se entretuviera jugando con los coches de juguete en el impala, sin embargo el niño ya no era tan pequeño para mantenerlo quieto con ello y estaba renuente con querer regresar a la casa.

— Deeeean, quiero ir con papá... No quiero que le pegue más a Sammy. — Decía Jeff por enésima vez en los últimos minutos.

— No puedes Jeff, papá se va a enojar mucho contigo si te metes, y no quiero tener que consolar a dos llorones con el culo rojo.

— ¿Qué? ¿Papi me va a zurrar también?... Nooo, nooo hice nada malo. — Deán rodo los ojos ante tal declaración, Jeff le había entendido mal todo y ahora estaba horrorizado y apunto de soltarse a llorar.

— Jeff, papá no te va a castigar a ti... El sólo lo hace con Sam porque dijo una palabra muy mala ahí dentro — Le explicó Deán.

— ¿Palabra mala? ¿Dijo... Hijo de puta? — Pregunto Jeff tan intrigado que no parecía darse cuenta de cómo hablaba.

— ¡Jeffrey! — Grito Deán — Eso no se dice, ¿de dónde lo aprendiste?— Exigió saber, todo escandalizado de escuchar su palabra salir de la boca de su hermanito.

— Hum, lo dijiste el otro día en el otro motel... Y papá te regaño.

— Si, y a ti también te va a regañar y hasta a castigar si te llega a escuchar...

— Jooo, pero si tu lo dices todo el tiempo. — se quejo el niño.

— Si, pero yo soy un adulto… Y te aseguró que me mata si se entera que yo te lo enseñe... Así que haznos un favor a los dos, y no lo vuelvas a decir... Nunca.

— Joooooo. — se quejaba Jeff, sin dejar de hacer pucheros de coraje. No le gustaba cuando le daban órdenes que no entendía.

— No me vengas con tus joo, Jeff… Que si te escucho volver a decirlo, yo mismo te voy a patear el culo. — Le advirtió Deán y tan pronto decirlo se dio cuenta de que estaba siendo muy duro con Jeff, pues al fin y al cabo apenas era un niño, uno que aun no entendía muchas cosas. — Oye enano, ¿quieres escuchar la música de tu genial y guapo hermano mayor?— Pregunto todo sonriente para regresar a la calma.

— Puaj, nooo… Yo no escucho esas mierdas.

— ¡Jeffrey! — Volvió a gritarle Deán, le daba orgullo que su hermano se estuviera pareciendo mucho a él, pero como buen hermano mayor se tenía que preocupar por lo que pasaría si John Winchester llegaba a escuchar a su pequeño decir esas palabrotas.

Dentro de la casa, John ya había terminado de castigar a Sam, la había emprendido a lo grande con el trasero del chico, logrando las millones de disculpas de un Sam lloroso y compungido.

— Hijo, mírame un segundo ¿quieres? — Le pidió John, que estaba sentado en el borde de la cama, mirando el trasero rojo de su chico. Sam mantenía la cabeza bajo su almohada, pero al sentir la mano cálida de su padre sobre su hombro, se giró a verlo.

— Sammy, sabes que no me gusta tener que zurrarte, pero no me la estas poniendo fácil con esta nueva actitud grosera que has tomado en los últimos días... se que estas molesto por muchas cosas, pero yo soy tu padre, y merezco respeto hijo...

— Lo se y lo siento papá. — Sam trataba de calmar su llanto pero le era difícil, pues el dolor y la rabia que sentía iban creciendo más y más. Hasta que por fin lo dejo salir de su sistema. — Papá, tengo miedo. — Murmuró, John que seguía con su sermón sobre respeto, se quedo callado y helado por escuchar lo que mas temía para sus hijos.

— ¿Miedo? ¿De que Sammy? — Exigió saber, pero Sam se giró a ver a otra parte, haciendo que su padre le tomara la barbilla y lo obligara a verlo. — Sammy, vamos pequeño... Habla con papá. — Le dijo.

— Es por Jeff, papá siento algo aquí, — y se toco el corazón. — Un mal presentimiento, cuando lo veo sólo pienso en... Mamá. — Y la mirada de John pasó de la preocupación a la tristeza, uno pensaría que los años ayudaban a curarse de una pérdida pero con él no sirvió de nada, día a día extrañaba más a Mary. Y el hablar de ella no era fácil, para nadie en la familia.

— Sammy, está bien... Tu hermanito ésta bien, no le va a pasar nada porque lo estamos cuidando... Tú, Deán y yo, ¿entiendes?

— Pero papá, no quiero que le pase nada... Por favor no te vayas, cuídalo estos días... papá te lo ruego, hazlo por mamá... Te lo ruego. — Decía Sam, llorando con desesperación. John estaba muy confundido, pues su hijo jamás había llorado de esa forma, jamás le había visto tanto miedo en los ojos.

— Esta bien Sammy, esta bien... No llores más, todo va a estar bien... Lo prometo hijo.— Le decía John sin soltarlo de sus brazos, ya había pasado mucho tiempo desde que no estaban así de cerca el uno del otro, y sólo quería permanecer así para siempre, sin dejar ir a su hijo de su protección.

— Papá, no te vayas esta vez... — Murmuró Sam, que también se mantenía aferrado al pecho de su padre.

— No lo hare hijo, no me iré. — John no entendía el cómo ni el porque, pero ahora también sentía miedo y tal vez era porque acababa de ver lo que ese tipo de vida podía hacer con los niños, llenarlos de miedo.

Se escucho un estruendo de la puerta azotándose y pronto llegó corriendo Jeff hasta la habitación. El niño se quedo mirando un momento como su hermano lloraba y trataba de esconder su culo rojo, apretó los puños y miro muy enojado a su padre.

— Eres malo papá, le pegaste mucho a Sammy... Eres malo. — Grito Jeff.

— Jeffrey Eric Winchester, cuida tu tono conmigo jovencito. — Advirtió John, pues por segunda vez en las últimas dos horas, uno de sus hijos le estaba gritando irrespetuosamente, sólo esperaba que al menos uno de ellos recordara los límites, no quería tener que zurrar dos traseros en la misma noche.

— ¡NO! Ya no te quiero, eres malo. — Seguía gritando el niño, John estaba a dos milisegundos de dejar a Sam e ir a por el culo de Jeff, pero entonces llegó Deán corriendo y cayó a su hermano.

— Jeff, no le hables así a papá... El no lo merece.

— Si, si que lo hace... Le pego duro a Sammy, su colita esta roja. — Decía Jeff consternado y haciendo pucheros, John iba a intervenir pero Deán le hecho la mirada de que lo dejara en sus manos.

— Si, le pego... Porque fue grosero y malo, a los niños groseros y malos, se les dan nalgadas... ¿Verdad Sammy? — Deán no estaba feliz de ver a su Sammy llorar en la cama, pero tuvo que involucrarlo en el tema, pues tampoco quería ver a Jeff en la misma.

— Cierto. — Murmuró Sam con dificultad.

— Así que si no quieres ser de esos niños, vas a disculparte ya mismo con papá. —Término diciendo Deán, John estaba perplejo pues literalmente sus hijos mayores lo habían borrado de la ecuación y habían manejado muy bien la situación, y si alguna vez tuvo dudas... Ahora ya estaba seguro de que Deán y Sam eran los mejores hermanos mayores para Jeff. Así que no pasó ni medio minuto para que Jeff se mostrara arrepentido y pidiera sus disculpas.

— Perdón Papito, perdón. — John no podía esperar una épica disculpa de un niño que apenas estaba aprendiendo las palabras, así que se dio por satisfecho y le sonrió un poquito.

— Esta bien, pero no lo vuelvas a hacer.

— Nop, no. — John siempre se sentía bien al ver la inocencia tan pura que conservaba uno de sus hijos, sin embargo esa paz se esfumó apenas ver el reloj de muñeca, eran pasadas ya de la hora de dormir de dos de sus hijos.

— Esta bien, todo el mundo a ponerse la pijama y a dormir. — Y beso la frente de Sam, que ya estaba mas tranquilo.

— Duerme bien hijo, todo estará mejor en la mañana. — Le dijo y Sam sólo asintió y lo miro aun con miedo. — Jeff, hijo toma tu pijama, te vas conmigo. — Ordeno John para hacerle ver a Sam de que su promesa era cierta y cuidaría a Jeff.

— ¿Contigo? ¿Vas a pegarle a mi colita? — Pregunto Jeff en pánico e instintivamente se llevo las manos atrás, todos rieron ante tal reacción.

— Noo, no voy a pegarle a tu colita... Sólo quiero que duermas conmigo hoy. — Explicó John.

— ¿Y eso? — Volvió a preguntar Jeff, no porque le desagradara la idea, si no porque ya había pasado tiempo sin dormir en la cama con papá.

— No preguntes, sólo obedece. — Y John le dio una leve palmadita en el culo. — Y dale las buenas noches a tus hermanos. — Ordeno, Jeff se seguía cubriendo las nalgas pero fue hasta la cama de Sam y le dio un beso

— Buenas noches Sammy.

— Duerme bien Jeff. — Murmuró Sam, luego vio con cierto pesar como su hermanito se despedía de Deán y luego se iba de la mano de su papá, quien antes de irse le dedico una sonrisa.

— Ese niño nos va a dejar sin papá un día de estos, te lo juro. — Decía Deán mientras se quitaba las botas.

— ¡Cállate, no digas eso! — grito Sam otra vez con lágrimas en los ojos, ese mal presentimiento seguía palpitante en su pecho. Deán se dio cuenta del miedo de Sam al sólo verlo, lo conocía muy bien como para no notarlo, así que dejo su cama y de paso a la de Sam

— ¿Que haces? — Pregunto Sam apenas ver que su hermano se quitaba los pantalones.

— Voy a violarte Sammy. — Dijo lleno de ironía. — ¿Que crees que hago?... Sólo trato de consolar a mi hermano.

Sam se quedo pasmado, Deán iba a dormir con él... Justo como cuando eran pequeños y le temía a las tormentas. Quizás eso era lo que necesitaba, sentirse de nuevo protegido por su hermano mayor.

* Me hubiera gustado mucho ver este tipo de relación en la serie, si de por si me encanta la interacción entre los Winchester con su niñez todo habría sido mucho mas grandioso de lo que ya es, pero bueno... espero que disfrutaran este capitulo y antes de que pregunten, Sam no esta loco... solo recuerden los detalles de lo que paso el 2 de noviembre del 83. Y asi entenderan un poquito lo que se viene...

Por favor Review!