Finalmente me di el tiempo para corregir el segundo capítulo. Esta vez desde la perspectiva de vista de Hikari. Espero que sea de su agrado.


La chica despertó alterada ante el sonar de su alarma. El dichoso reloj siempre conseguía asustarla cuando estaba más cómoda durmiendo. Trató de girarse e ignorar el insistente sonido, al otro lado de su habitación. Ponerlo tan lejos era parte de su plan para no quedarse dormida de nuevo. El despertador sonaría hasta que se levantara a apagarlo, de esa forma no iba a estirar el brazo para apagarlo y volverse de vuelta a dormir, a fuerzas tendría que salir de la cama.

-6 A.M- se dijo una vez que apagó el despertador, aún envuelta en las sábanas que no había querido dejar en la cama - Debería ser un crimen despertarse a esta hora con el frío que hace. Por suerte ya es viernes.

Perdió interminables minutos antes de decidirse y entrar a la ducha, que en esa época era una verdadera tortura para ella. Por más que le abriera al grifo de agua caliente, siempre le parecía heladísima. En tiempo de calor, al contrario, el agua nunca estaba suficientemente fría.

Al terminar salió rápidamente, envolviendo su delgada figura en una toalla grande, mientras que con otra secaba su cabello. Se vistió con la mayor velocidad que sus temblorosas manos le permitieron. Salió de su habitación y tocó con fuerza en la puerta de al lado.

-¡Taichi! Apresúrate o llegarás tarde- recibió por respuesta una especie de gruñido. Sabía que dentro de cinco minutos tendría que volver a llamar a la puerta.

Desayunó con calma. Su primera clase de ese día era a las 10, tenía tiempo de sobra. Una vez que hubo terminado y lavado los trastes que había utilizado, caminó con cierta pereza hacía la habitación de su hermano mayor. Justo cuando iba a llamar, se abrió de golpe dejando ver a un somnoliento muchacho, con el cabello más desparpajado que de costumbre.

-¿Ya ibas a molestar de nuevo?- preguntó con un tono juguetón.

-¡Deberías agradecerme! Si no fuera por mí no llegarías ni a la última de tus clases.

Taichi sonrió, abrazando a su hermana.

-Sí, sí, tranquila, hermanita… ¿Preparaste el desayuno? Muero de hambre.

-No tienes remedio. Dejé tu ración en la mesa.

-¡Gracias, Hikari! ¡Eres la mejor hermana que podría desear!

Hikari Yagami dejó escapar un suspiro de inconformidad al voltear a la sala. Ahí estaba su padre, tirado en uno de los sofás. Se acercó con lentitud e inmediatamente sintió el aroma a alcohol.

-Otra vez… esto no puede seguir así, papá- dijo al aire mientras recogía las latas y botellas vacias que descansaban alrededor de su progenitor.

Su madre se había ido de la casa después de que su papá fuera despedido de la compañía en la que trabajaba. En lugar de quedarse y apoyarlo, había preferido buscar otra vida dejando a sus hijos atrás. Fue un golpe muy duro que el hombre no había podido superar, por lo que olvidándose también de sus hijos, se perdió en la bebida, que era lo único que parecía mantenerlo alejado de sus problemas.

Hikari ya podía escucharlo después de que se le pasara la borrachera. Se lamentaría y lloraría por horas diciendo que iba a dejarlo por ellos, que se esforzaría por hacer la familia feliz en la que sus hijos merecían vivir. Puras palabras. Al caer la noche, caería de nuevo ante la tentación de beber. Siempre era así desde la partida de ella.

-Es como si viviéramos por nuestra cuenta ¿No crees?- preguntó Taichi mirando a su padre con una expresión que Hikari no supo interpretar.

-Estoy segura de que se preocupa por nosotros… a su manera- en realidad, más que a su hermano, trataba de convencerse ella misma.

-Enfrentémoslo, no lo hace… si en verdad le importáramos dejaría de prometer para empezar a cumplir- replicó el mayor con crudeza.

-Taichi… - Una parte de ella quería darle la razón a su hermano. Su vida no era precisamente buena. Todo lo contrario. Cada noche se veía ayudando a su papá a entrar a casa, a vestirse, acostarlo, y todo porque él no llegaba a casa en condiciones en las que pudiera cuidarse a sí mismo. Los hermanos Yagami se sorprendían de que fuera capaz de llegar a casa sin que le pasara algo.

-Te prometo que algún día te sacaré de esta miseria, hermanita- dijo Tai de pronto, con una seguridad extrema.

Hikari le sonrió, disimulando su profunda tristeza. Sabía que su hermano buscaba lo mejor para ambos, pero tampoco era una opción dejar a su padre a su suerte, al menos no para ella.

-No te preocupes por mí, hermano… mientras estemos juntos sé que estaremos bien… anda, vete ya o llegarás tarde.

Taichi se acercó a ella, besó su frente y tras dedicarle una cálida sonrisa salió del pequeño departamento.

Hikari no dejó de sonreír hasta que escuchó el clic de la puerta. Fue entonces, cuando se dejó caer al piso y comenzó a derramar llanto, incapaz de controlarlo. ¿Qué había pasado con su vida? Nunca habían tenido mucho dinero o lujos, pero los Yagami eran la clase de personas que no se preocupaban mucho por esas trivialidades. Para ellos era más importante tenerse los unos a los otros, pero las cosas cambiaron radicalmente tras el despido de su padre. Entonces su mamá perdió toda la compostura que guardaba ante su mal economía. El día en que ella se había marchado, ambos adultos se habían gritado muchísimas cosas hirientes, que fueron el detonante en su familia. Hikari sabía que no debía culpar a nadie por lo que pasaba, pero cuando sentía deseos de hacerlo, no sabía si culpar a su mamá por no entender al hombre o a quienquiera que despidió a su papá.

La joven se secó las lágrimas y se levantó. Dedicó un rato a limpiar el departamento y una vez estuvo satisfecha, salió de ahí.

Caminó por un rato, sin rumbo. De pronto las ganas de ir a clase se esfumaron. Aún faltaban dos horas y ya se sentía tentada por no ir.

-El examen…- murmuró para sí misma, al darse cuenta de que no podría faltar. Levantó la vista y la clavó en una pequeña plaza. Cruzó la calle y se sentó en una de las bancas de la misma. Cerró los ojos dejando que el fresco matinal acariciara su rostro. Se preguntó qué sería de ella en un futuro, si tendría que seguir siendo niñera de un adulto incapaz de tomar responsabilidades como era debido. Era su padre y lo amaba, pero no podía atarse de por vida a él. Tenía que encontrar la forma de motivarlo, de hacer que sintiera ganas de salir adelante, más que por ellos, por sí mismo. Sabía que aún tenían una oportunidad de ser felices y ella y Taichi estaban más que dispuestos a tomarla. Todo dependía de él.

-¡Hey! No deberías quedarte dormida aquí, hay muchos aprovechados, ¿Sabes?

Hikari sonrió al reconocer la voz de su mejor amigo.

-No estaba dormida, sólo pensaba, Dai- respondió con dulzura, viendo al chico parado en frente de ella.

-Bueno, da igual. Dormida o no, los acosadores nunca faltan. Anda, levántate o llegaremos tarde.

-De acuerdo, de acuerdo.

Caminaron rumbo a la facultad hablando mucho, igual que siempre. Para Hikari era muy fácil hablar con Daisuke, le resultaba muy sencillo mostrarse tal cual era con él. Además, Daisuke era el único que sabía la historia detrás de la máscara de fortaleza que Hikari se ponía día con día. Él había sido el único a su lado cuando las cosas comenzaron a desmoronarse. Había sido Daisuke quien había tratado de acomodar de regreso las piezas en la vida de Hikari, aun sabiendo que no encajarían igual. Siempre trataba de hacerla reír y olvidar aunque fuera por un momento todos sus problemas. Y ella por su parte, estaba muy agradecida con el muchacho de cabello rebelde. Su vida no sería la misma sin él, probablemente jamás habría podido salir del abismo en el que se sumergió con la partida de su mamá.

Y entonces, como si fuera su rutina diaria, se detuvieron de nuevo ante la enorme mansión de los Takaishi. Hikari observaba hasta el más mínimo detalle, totalmente admirada. Le fascinaba el lugar.

-Deberías verla por dentro- dijo Daisuke de repente.

-No hace falta… lo que realmente me gusta es el jardín, no lo lujosa que pueda llegar a ser. Creo que es un gran sitio para disfrutar de la paz, tú sabes, sentarme bajo uno de los árboles con un buen libro…

-Tenemos ideas muy diferentes de lo que es la paz, amiga. Para mí, paz es quedarme encerrado todo el día jugando videojuegos, sin que nada ni nadie me interrumpa ¡Eso es paz! Además, es casi invierno, mira, está todo seco y los árboles ni tienen hojas.

-Pero en primavera se ve hermoso, Dai. Atrévete a negarlo- replicó tratando de convencer a su coetáneo.

-Bah- respondió este haciendo un gesto despectivo con la mano.

Hikari rio libremente mientras reanudaba su andar. Daisuke la siguió, no sin antes mirar en dirección a la ventana de su amigo.

-Me pregunto qué estarás haciendo, T.K.

Para cuando llegaron a la facultad, estaban totalmente empapados.

-¡Rayos! ¿Quién iba a pensar que llovería hoy? Demandaré a la mujer del clima…- refunfuñó Daisuke. Aunque sólo se quejaba por quejarse, ya que le fascinaba mojarse bajo la lluvia.

-Tranquilo… Debí haber traído el paraguas… Te veo en el salón, Dai. Me parece que tengo ropa de repuesto en el casillero.

-Claro- respondió el muchacho más preocupado en escurrir su camisa que en prestarle atención.

Hikari caminó con serenidad por los pasillos hasta llegar a su casillero. Agradeció que, en efecto, tenía ropa extra ahí. Entró al sanitario de chicas y se vistió presurosa dentro de un cubículo. Guardó en el casillero la ropa mojada, esperando no dejarla olvidada ahí y se dirigió al aula donde tendría la primer clase del día.

Tomó asiento junto a Daisuke, quien tomaba una siesta recargado en la mesa. La primera clase pasó con rapidez y sin que su amigo despertara o mostrara signos de vida.

-¿Te desvelaste jugando otra vez?- preguntó dándole un codazo.

-¿Eh? ¿Qué? ¡Ah! No… ¡El examen! ¿Estudiaste?- Daisuke pasó de estar adormilado a un muchacho alerta y asustado en cuestión de segundos.

-Sí, bastante de hecho… ya sabes, debo mantener las becas o adiós universidad.

-Vamos, Hikari… tus notas son las más altas de la clase…

-Es porque me esfuerzo, Dai, no por una especie de don divino que me hace lista. ¿Y ahora cuál es la excusa para no haber estudiado?- le dijo con un tono de madre regañona.

-Oh, vamos… hablas como si siempre tuviera una- murmuró Daisuke un tanto apenado.

-Siempre la tienes.

-Ok, ok… tu ganas. Me desvelé anoche y me olvidé por completo de la prueba.

-Entonces sí te desvelaste jugando- afirmó Hikari con mucha seguridad.

Daisuke puso un rostro exageradísimo de indignación.

-Hikari Yagami, para tu información, asistí a una fiesta de la alta sociedad- dijo bromeando con un tono altanero.

-Ah, ¿Con el chico de la mansión?

-Takeru… se llama Takeru.

-No lo conozco. Para mí es el chico de la mansión.

Daisuke renegó divertido.

-De acuerdo… Sí, fue ahí. Y es que se comprometió.

-¿En serio? Pensé que tenía nuestra edad- dijo ella sin interés alguno, simplemente siguiéndole la plática a su extrovertido amigo.

-Y así es, lo que pasa es que su familia es un tanto anticuada y lo obligaron a casarse con esa para "reforzar vínculos". Ridículo ¿No crees?

Hikari estaba sorprendida de que aún existieran familias que tenían ese tipo de tradiciones antiguas. Ella sería incapaz de aceptar un matrimonio así, que no tuviera base alguna. En fin, supuso que para los de la sociedad era algo totalmente normal.

-Deberías ir a conocerlo- dijo Daisuke estirándose con un gesto típico de los perezosos.

-No lo creo- respondió ella inmediatamente- no soy como tú. No creo que aguantaría los desplantes que te hace esa familia.

-Bah, los aguanto sólo por el aprecio que le tengo a T.K. – de pronto se puso serio- pero él no es igual, Kari. Es todo lo contrario a sus padres. Al final lo único que desea es ser como nosotros.

Hikari quedó silente. Dudaba mucho que un millonario como el chico de la mansión quisiera llevar una vida como la de ellos.

-¿Cómo es él?- preguntó con nacida curiosidad ante las palabras del muchacho frente a ella.

Daisuke sonrió con nostalgia antes de contestarle a la muchacha, quien esperó pacientemente a que organizara sus ideas.

-¿Sabes?- dijo al fin- Cuando lo conocí le pregunté qué de dónde sacaba amigos, y es que no iba a la escuela ni salía de casa. Tal vez era un mocoso desenfrenado que no sabía nada de nada, pero cuando vi cómo me desviaba la mirada… En ese momento, Hika, me di cuenta que sin importar cuantas riquezas tengas, si no tienes amigos no tienes nada. Lo vi en sus ojos… la soledad, Hikari, a pesar de que intentaba hacerse el fuerte lo vi. Entendí que viviendo encerrado en esa prisión, él se sentía realmente sólo, que necesitaba a alguien con quien hablar, alguien en quien confiar. Y entonces sentí que ese alguien debía ser yo… que si yo no me atrevía a trabar amistad con él, nadie más lo haría por su estatus y todas esas estupideces que al final no valen nada. Le tengo mucho aprecio y es por eso que me gustaría que conociera a mis amigos, porque sé que es capaz de llevarse bien con todos… Es cosa de que le den una oportunidad… Si estuviera en tu lugar, se la daría sin pensármela dos veces…

Cuando Daisuke terminó de hablar, Hikari estaba realmente atónita. Pocas veces escuchaba al moreno hablar con tanta seriedad y seguridad. Sentía admiración por esa faceta que Daisuke no mostraba muy a menudo y se sentía feliz de ser una de las pocas personas que lo habían visto así. Sin embargo y aunque la vida que había llevado el de la mansión le conmoviera, seguía sin estar convencida del todo de entrar a ese lugar en dónde todos se creían superiores y la mirarían por encima el hombro.

-Lo siento… pero aunque tengo curiosidad por conocerle, no me agrada la idea de ser vista de arriba abajo por los de la altísima.

-Algún día me las ingeniaré para sacarlo de ahí, ya lo verás- sonrió Daisuke- entonces iremos a comer, al cine, a tomar un helado o lo que sea los tres juntos. Te lo aseguro.

Hikari no dijo nada más y sacó su libro para obligar a Daisuke a leer un poco.

-¡Aaaah! Estoy muerto- gruñó Daisuke al encontrarse con Hikari después del examen- ¡No venía nada de lo que leí!

-Por supuesto que sí, lo que pasa es que no pones atención a lo que haces.

-Y luego tú que no me pasas las respuestas- siguió quejándose.

-¿Cómo se suponía que lo hiciera? A mí me sentaron hasta el frente, mientras que tú estabas en la esquina hasta el fondo. ¿Qué querías, que te gritara las respuestas?

Daisuke soltó una carcajada tras imaginarse la escena. Ella rio también.

-Vamos, Kari, que muero de hambre. Hay que ir a comer algo.

-De acuerdo, pero tú invitas.

-Ya qué…

-Espera… ¿Qué no tienes práctica de soccer?

-¡Rayos! Lo olvide… lo siento, te prometo que a la próxima si te invito… ¡Nos vemos!

Hikari lo vio irse en menos de treinta segundos. Se preguntó cómo era posible que ella se supiera sus horarios con más precisión que el mismo Daisuke. Se dirigió a la salida de la facultad con la fija idea de volver a casa. Durante el trayecto se detuvo de nuevo ante la mansión Takaishi. Se preguntó que estaría haciendo el chico de la mansión en ese momento. Inevitablemente sintió un poco de lástima al recordar las palabras de Daisuke e imaginar lo solitario que debía de estar sin poder salir de ahí. Quizá su vida no fuera tan perfecta como Hikari creía que lo era. Vio como la puerta que daba al jardín se abría dando paso a un muchacho atractivo, alto, rubio.

-¿Ese es el chico de la mansión? – se preguntó Hikari sin apartar su mirada de él.

Miró como se sentaba en la fuente y se llevaba un cigarrillo a la boca. Y Hikari se dio cuenta de la razón que tenía Daisuke. Ahí, sólo sentado en el frío de la noche recién nacida tenía un semblante solitario, tenía algo que hacía que Kari deseara ir a su lado, conversar, quizá darle un abrazo. Por primera vez sintió ganas de conocerlo, hacerse su amiga.

Se sorprendió bastante al ser sacada de sus pensamientos tras escuchar sollozos dóciles, provenientes de la suave voz del muchacho. Lo estaba viendo llorar. Deseó con más fuerza ir a su lado y decirle que todo estaba bien, que no estaba sólo…

-¡Maldición!- gritó Takeru entre el llanto.

Hikari comenzó a incomodarse. Estaba viendo algo que supuso nadie debía ver. Bajó la mirada y reanudó su camino a casa. ¿Quién era ella para tratar de consolarlo?

Pero a pesar de ello, no pudo evitar sentirse culpable por no haberse atrevido a hablarle y haberlo dejado así. Aquél chico en verdad estaba sólo. O al menos, esa fue la impresión que Hikari se llevó.


¡Muchas gracias por leer! Nos vemos en el siguiente capítulo (Si es que las últimas dos semanas de la U no acaban conmigo)