II
Extrañándole
Un mes más tarde, cuando creía que la herida ya estaba cerrada sobre el agujero vació de mi pecho, comprobé que no era así, pues seguía enamorada de Blas Stewart.
Estaba con Cora, Alice y Alexia en la biblioteca, estábamos terminando un trabajo de historia de la magia cuando Frida, mi ex mejor amiga y gemela de Blas, con su cabello rubio bien peinado y su corbata de Hufflepuff impecable, se acercó a nosotras.
-Podemos hablar, Evans. –dijo y yo, completamente pasmada, asentí. Frida vio que no me movía de mi lugar, así que de manera hostil agregó. –a solas.
Esta vez me levante de mi silla y la seguí. Ella caminó en silencio unos pasos más adelante de mí, no se detuvo hasta que llegamos a los invernaderos. Una vez ahí se giró sobre si y con sus ojos marrones clavados en mí dijo:
-Queremos que vuelvas a ser nuestra amiga.
¿Qué diablos pensaba? Acaso creía que me iba a olvidar de la indiferencia y de los malos tratos… si eso pensaba estaba completamente equivocada y claro, loca. Abrí la boca varias veces, pero era incapaz de decirle que se fuera a freír espárragos… Estaba tan enojada que no era capaz de articular una sola palabra.
Frida al ver que no lograba pronunciar nada gracias a la emoción que me invadía, según ella, se adelantó a decir:
-Mi hermano quiere volver contigo.
Mi corazón se disparó desbocado en el lugar que yo creía vació, incluso la respiración se me aceleró… eso si que me emocionaba hasta la ultima célula de mi ser. Me sentía tan bien que no vi cuando Blas se unió a nosotras.
-Bueno, eso si es que aun me quieres.
Su voz produjo que todo mi cuerpo se estremeciera… llevaba tanto tiempo queriendo oírla dirigida a mi que cerré los ojos para guardarla en lo más profundo de mis recuerdos. Me giré despacio, pues temía que al girarme él desapareciera, o que yo despertara del mejor sueño que tenía desde que él me había dejado. Después de todo lo que había sufrido por su perdida, él me ama a mi y no a la chica con la que paseaba de la mano, esa era sólo una más, en cambio yo era la escogida. Él me amaba a mi y sólo a mi. Sin esperar más me lancé a sus brazos, me aferré a su cabello rubio y lo besé como deseba hacerlo hace tiempo. No me importó sentir algo que revoloteaba en mi estomago que me hacia alejarme de Blas y mucho menos quise oír a la vocecilla en mi cabeza que me decía "idiota"… no, pues necesitaba tanto sentirme completa otra vez que no me di cuenta que en ese momento me sentía más incompleta que nunca.
Era todo lo que necesitaba para volver a existir, para volver a ser la chica popular, la inteligente, la bonita y la mujer más feliz del universo… o eso pesaba en ese momento.
Me reputaba tan feliz por los pasillos del colegio, que todos creían que en cualquier momento iba explotar en millones de trocitos luminosos como un fuego artificial… La verdad es que no todos opinaban lo mismo, ya que mis nuevos amigos creían que había vuelto a ser alguien artificial, esa que sonríe todo el tiempo y que cree que su mundo es perfecto…Por lo visto eran los únicos que me conocían de verdad. Pues tendría que sentirme bien, pero, por mucho que la sonrisa no cayera en mi cara, eso no era realmente lo que sentía en ese momento. Estaba tan aturdida por la emoción… no, eso no era emoción, era algo amargo y triste que me estaba destruyendo.
Había sado una semana desde que había vuelto con Blas, una semana desde que no hablaba con Alexia, Alice y Cora. Una semana había pasado desde que Potter no me seguía a ningún lado y la verdad es que los extrañaba. Extrañaba reír a carcajadas de las idioteces de los merodeadores y de cuando Cora se peleaba con Sirius. Quería tanto volver a platicar con las chicas, de escuchar a Alexia quejarse de los profesores y de que Alice me cepillara el cabello por las noches. Deseaba volver a oír a Potter decirme que estaba haciendo lo correcto, que se comportara como un idiota y me susurrara al oído que era la mujer más hermosa del universo. De verdad quería volver a tenerlos conmigo, pero sobre todo deseaba y quería sentir a James junto a mí. Y estaba claro que no iba a dejar que pasara otra semana más.
-Hola, chicos. –les saludé cuando los vi reunido, como todas las tardes, en la sala común de nuestra casa. Cuando sus ojos se posaron sobre mi, casi me da un paro cardiaco al ver que lo único que podía notar en ellos era dolor y traición. Y lo tenía merecido, pues había renegado de ellos cuando había vuelto con Blas.
"Estúpida, estúpida" me recriminé mentalmente, y es que no podía no sentirme una tremenda idiota.
Cora, la más impulsiva de mis nuevas amigas, fue la primera en romper el hielo, pero al hacerlo sus palabras fueron como un balde agua fría, uno que esperaba, pero que no dejó de hacerme sentir infeliz.
-Te han dado permiso para estar con nosotros, Lilian o es que el imbécil de tu novio te volví a terminar.
-Corita, cariño, la sutileza no es lo tuyo. –dijo Sirius dedicándole su mejor sonrisa a Cora, que le propinó un golpe en el brazo. – ¡aush!, por lo visto también eres una bruta.
Cora se disponía a romperle la cara a Black, cuando Alice la detuvo con un movimiento de mano. Por muy pequeña que Alice pareciera, todos sabían que era de armas a tomar, una fierecilla como decía su novio.
-Hola, Lily. –me saludó con una media sonrisa, el resto la imitó y sin decir nada más volvieron a lo suyo. Cora y Sirius siguieron peleando, pero para mi sorpresa, luego de unas cuantas palabrotas, se besaron.
Bien, por lo visto no me odian tanto como pensaba, pero no me bastaba, pues quería sentarme con ellos… la verdad es que quería sentarme junto a James.
Alexia despegó sus ojos de su libro y frunciendo el seño me dijo:
-Es que te vas a quedar parada ahí toda la vida.
Sonreí. No me odiaban y eso quería decir que seguía siendo parte de ellos, quizá menos de lo que ellos eran para mí, pero lo suficiente como para sentirme bien.
Unos días después de mi reincorporación, me di cuenta que no todo era como yo quería, ya que James estaba distante conmigo y esto no cuadraba en mi mundo perfecto. Quería que fuera el chico dulce que me había apoyado, pero por más que intentaba acercarme a él, no lograba que James me acurrucara con sus brazos. Comencé a desesperarme al ver que cada vez se alejaba más y más de mí. Sentía que la distancia que él imponía entre nosotros sólo hacía que una parte de mi se perdiera junto a su lugar vació.
Cuando Blas y yo cumplimos un mes, quise hacer algo imposible: Unir a mis nuevos amigos con mis antiguos amigos.
-Venga, Alex hazlo por mí. –le supliqué por décima vez a Alexia. Ella se ató su cabello negro en una coleta alta y volvió a negar con la cabeza.
-No, pelirroja. –dijo y se sentó con los brazos cruzados en su cama.
-No seas tan rencorosa, Alex. –le regañó Alice.
-Las tres sabemos que eres mucho mejor que la estúpida de "Andy". –dijo Cora acentuando e imitando con voz chillona el nombre de Adriane.
-¡Cora! No me gusta que trates así a mis otras amigas. –le recriminé, pero sabía que Cora tenía razón, pues Adriane le había quitado el novio a Alex de una forma muy, pero muy baja.
-¿Están listas? –preguntó Remus asomándose en nuestra habitación.
Alice asintió y tomando con firmeza el brazo de Alexia, la jaló fuera de la habitación.
Continuará...
RR?
