Se quitó la ropa del colegio quedándose únicamente en ropa interior, y colocó el resto en el suelo, al lado de la de Ginny.

-Qué guapa estás, rubia.

La Ravenclaw llevaba un conjunto de ropa interior negro con detalles plateados y un lacito en cada parte.

-Lo he estrenado especialmente para hoy.

-¿Sabías que pasaría esto? –preguntó Ginny sorprendida.

-Lo intuía –dibujó una sonrisa en su cara contagiándosela a su amiga y se metió en el agua, haciéndose hueco a su lado. A decir verdad, la bañera no era demasiado grande.

-¡Wow, qué calentita está el agua!

-Sí, he debido de ser yo al verte –dijo la pelirroja mirando sin ningún tipo de disimulo los pechos de su amiga.

Ambas rieron.

-En serio, Ginny, es muy bonito esto que has hecho para mí.

-Venga, no es nada…

-Oh, no, es precioso. Ni una tarta gigante de pudin de calabaza podría compararse con esto.

-Vamos, calla ya –dijo Ginny riendo, cogió la cabeza rubia y empujó hacia abajo para hacerle una ahogadilla.

Luna se agarró donde pudo para poder salir a la superficie, entonces Ginny gritó y la soltó.

-¡Joder, Ginny! –dijo Luna con cara de susto cuando consiguió sacar su cabeza y volver a respirar- ¿No llevas sujetador?

-¡Me has pellizcado un pezón, puta!

-Te lo mereces por intentar ahogarme ¡sucio nargle!

-Ah, ¿sí? –Ginny se lanzó sobre Luna y le desabrochó el sujetador mientras esta chapoteaba con los pies haciendo salpicar agua por todo el baño.

-¡No te atrevas a pellizcarme! –dijo la Ravenclaw sujetando las manos de su amiga.

-Como tú digas, Lunática. –Ginny se negó a culminar su pequeña venganza por el hecho de tener inmovilizadas las manos, así que acercó la boca al pecho derecho de su amiga y le propinó un mordisco.

-¡Puta Weasley, muerta de hambre, yo no soy tu madre para darte de mamar!

-Oh, vamos, pero yo quiero que des de mamar tú, rubia sexy.

-No, que no sabes.

-Que si sé, mira qué lengua tengo –dijo Ginny enseñando su lengua y moviéndola de un lado para otro.

-Bah, eso no me dice nada. –objetó Luna poniendo cara de aburrimiento.

-Que zí, boba, mídala bien –y se acercó aún más a la cara de la Ravenclaw.

-Sigue sin valerme.

En ese instante la pelirroja agarró la cabeza mojada de Luna y la besó en la boca. Esta, que parecía esperárselo, le correspondió el beso sin ninguna objeción. Efectivamente, esta vez Ginny demostró que sabía muy bien lo que hacía con su lengua, y por si le quedaba alguna duda a su excéntrica amiga, bajó la mano por su cintura hasta llegar a su culo clavándole disimuladamente las uñas pintadas de color de rojo.

Luna se tomó ese gesto como una invitación a hacer lo mismo, lo cual le vino de perlas, ya que se moría de ganas de comprobar si más abajo le esperaba otra sorpresa como la anterior. Llevaba tanga. No está mal.

-¿Por qué estás tan sexy? –preguntó Luna explorando el cuerpo de su amiga con las manos.

-No estoy sexy, soy sexy.

-Cierto, fallo mío.

-Pero no tanto como tú.

-No es verdad.

-¿Tengo que hacerte otra demostración? –susurró Ginny tan cerca de Luna que parecía que se la iba a comer.

-Hazlo.

La pelirroja le pasó la lengua por los labios, los cuales la atraparon y para morderla con los dientes. Ginny, inevitablemente excitada, llevó sus manos al cuerpo de su amiga y le quitó la poca ropa que le quedaba, la tiró fuera de la bañera y se entretuvo en acariciarla por todas partes. El cascabel que colgaba del cuello de Luna sonaba como loco, pero no molestaba, solo ponía en evidencia una realidad. Desechó el tanga a su amiga lejos de su alcance y la imitó en las caricias que estaba recibiendo. Los dedos de una se introdujeron en la otra con gran facilidad y los movieron con ansia, utilizando sus besos para acallar los gemidos que con tanto esfuerzo intentaban contener.

La cara de Ginny estaba tan roja como su pelo, apenas se diferenciaban las graciosas pecas que tanto encantaban a su amiga. Su piel ardía como el fuego. Ahora entendía Luna la fama que se extendía por el colegio de que Ginny Weasley era fuego. Lo era. Los mordiscos sobre los labios de ambas cada vez eran más fuertes, y cuando la rubia pensó que se los iba a arrancar, apretó la mano contra ella y soltó un incontrolable grito. Por su parte, el cascabel explotó dejando a la chica estática mirando a su amiga con los ojos muy abiertos.

-Me… has… hecho reducto.

-No, yo he…

Las dos amigas se abrazaron con cariño y se quedaron así un rato, metidas en el agua que nunca se enfriaba.

-Feliz San Valentín –susurró Ginny en el oído de Luna.