En principio esto se iba a acabar con este capítulo pero al pasarlo al ordenador y leerlo de nuevo se me ocurrió una idea y no me pareció mala idea, por lo que esto se va a prolongar uno o dos capítulos más. Espero que también os gusten este y los próximos.
Gilbert estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Estaba agotado, se había pasado horas torturando a Ivan de todas las maneras que se le habían ocurrido sin parar en ningún momento.
Le echó un vistazo al ruso. Estaba completamente ensangrentado y si fuese una persona hace mucho que hubiese muerto desangrado. Tenía el cuerpo lleno de cortes, quemaduras y punciones de todos los tamaños y tipos. Algunos de sus dedos estaban doblados de forma muy antinatural y de su pierna asomaba el blanco de un hueso partido. Más que una persona parecía un despojo.
Si uno observaba bien se podía dar cuenta de que ninguna de las arterias o venas principales habían sido dañadas, al igual que los órganos vitales. Gilbert había tenido cuidado de no hacerlo porque si no no tendría gracia torturarle.
Cuando ya llevaba un par de horas torturándole Gilbert había dejado de intentar que hablase y desde entonces solo se había concentrado en hacerle todo el daño posible, hasta ese instante en el que él estaba sentado en el suelo, manchado con la sangre del ruso y oyendo aún sus gritos de dolor.
Gilbert se levantó del suelo y se puso la chaqueta que se había quitado antes cuando la cosa comenzó a salpicar, para no mancharla de sangre. Caminó con lentitud hacia Ivan, quien seguía atado a la mesa y tenía los ojos cerrados.
El ruso abrió los ojos al notar la presencia del prusiano a su lado, apoyándose en la mesa, observándole. Cuando el albino vio que abría los ojos comenzó a hablar.
— Te he hecho sufrir— hablaba con un tono neutro, carente de sentimientos. — No tanto como me gustaría hacerte sufrir pero lo he hecho. Eso nunca se podrá comparar a mis años de sufrimiento y encierro, lejos de toda la gente a la que quiero, lejos de mis amigos, pero lo simboliza— se comenzó a pasear por la habitación mientras continuaba hablando. — Si supiese qué es realmente importante para ti lo destruiría con mis propias manos pero después de tantos años no sé nada de ti— se paró en seco. — Te he estado observando durante años, planeando esto, pensando cuál sería la mejor forma de hacerte daño pero solo sé que puedo hacerte daño físico, no he encontrado nada con lo que hacerte daño psicológico— fue a su lado y comenzó a susurrar. — ¿Sabes lo que me jode eso? Pareces un bloque de piedra animado, sin sentimientos, sin nada que te importe excepto tú.
Ivan le miró de reojo, sin girar la cabeza hacia él y sin decir una sola palabra aunque lo que estaba diciendo el prusiano era mentira. Sí que tenía sentimientos, sí que había cosas que le importaban, otra cosa es que desde la muerte de Anastasia no mostrase esos sentimientos. A nadie. A absolutamente nadie.
Gilbert seguía hablando, paseándose por la habitación, rodeando los diferentes objetos que había ido dejando por el suelo una vez que ya los había utilizado y no le servían, pero Ivan ya no le hacía caso, solo repetía una y otra vez lo mismo. Su encierro. Y sus torturas. No hablaba de otra cosa.
— Ya he dicho todo lo que tenía que decirte— su voz sonaba cansada, ronca. — Ahora me iré de aquí. Para siempre. No me volverás a ver. Me gustaría quedarme y torturarte tantas veces como tú me lo hiciste a mí pero me temo que no eres lo suficientemente importante como para que te merezcas tanta atención de mi maravillosa persona— fue hacia la puerta y cuando tenía el pomo en la mano se giró. — Me aseguraré de que te encuentren.
Ivan se quedó quieto, en silencio, pensando en la última frase del prusiano. ¿Por qué iba a hacer que le encontrasen si le odiaba tanto? No tenía sentido. Se pasó un rato dándole vueltas a esto hasta que tres pares de pisadas acabaron con el silencio reinante en la estancia.
Entre muchos lamentos y "¿Está bien, señor Rusia?" los tres bálticos le desataron y sacaron de allí, llevándole a su cuarto donde le dejaron hasta que un doctor llego a la casa y procedió a curarle todas las heridas y fracturas.
Cuando el doctor se marchó Ivan seguía pensando en todo ese asunto. ¿Por qué había hecho que le encontrasen? ¿Por qué no le había dejado allí? Con estas preguntas en mente se durmió y, mientras tanto, Gilbert salía de país todo lo rápido que podía. Al fin volvería a casa, a su verdadera casa.
