Personajes: Stephenie Meyer

Historia: Ahrial.

—Bueno, aquí os dejo el primer capítulo. A ver qué tal, ¿no? Estos primeros quizá no os gusten, pero luego... bueno, luego espero que sea mejor :). El principio tal vez os recuerde a la segunda vida de bree tanner, pero es totalmente diferente. PD. Ya adelanto que diego NO saldrá.

Muchas gracias por leer.

Aviso: alguno de los personajes que saldrán a continuación y a lo largo de la historia son de mi invención.

Ahora, sí.


Capítulo 1: Cambio de vida.

Frunció los labios. De nuevo tenía que estar rodeada de esa horda de patanas inservibles —más comunmente llamados por ella, "chusma"—. Ya sabía que ella misma era uno de ellos, pero no podía evitar sentirse diferente cuando observaba cómo alguno de ellos arrancaba algún que otro brazo (y, en ocasiones, incluso cabezas), tan sólo porque el otro quería sentarse en su silla, o jugar con su play station.

De verdad que eran insoportables cuando de trataba de videojuegos. Él, se había encargado de mantener ocupados a los cabeza huecas para que no armaran algún alboroto. O algo así, suponía ella. Porque la verdad es que cuando alguno de ellos se cargaba sin querer la maldita consola, se montaban follones en los que acababan muertos algunos de los implicados. Y entonces, llegaba él y les echaba la bronca —y menuda bronca—, y normalmente acababa con el que había comenzado la discusión. Para que no se repitiera más. Ya.

Se lo llevaba escaleras arriba y durante un minuto, reinaba silencio absoluto en la sala, esperando a oír los gritos del pobre al que le hubiera tocado subir, pero no se oía nada, aunque no volvía a aparecer.

Y cuando Riley volvía a hacer acto de presencia, con el semblante más agrio de lo normal y la mirada más enfurecida, nadie se atrevía a mirarle a la cara. Porque todos allí sabían que cada persona era súmamente importante, y que con cada muerte, se enfadaba todavía más. En realidad, nadie sabía por qué significaba tanto que no llamaran la atención, que no se dejaran ver, que no mataran a más vampiros, que no hubiera peleas. Nadie lo sabía, pero todos lo respetaban, porque Riley no sólo mataba a alguno cuando hacía falta, sino que era experto en torturas. Eso sí, sin llegar a matar a nadie para que luego pudiera recuperar fuerzas y volviera a ser uno más de la "tribu". O lo que fuera eso.

Luego, cuando todo parecía volver a la normalidad tras las muertes y las tortuas, a los dos días aparecía otro nuevo, y se volvía a repetir lo mismo de siempre, una y otra vez. Pero los más experimentados sobrevivían. Sabían que no les convenía meterse con nadie, porque podían acabar en la hoguera.

Y mientras todo esto ocurría, Bree se limitaba a mantenerse en las sombras. Sin participar en nada, salvando su vida. Alejándose de ÉL.

Bree bufó mientras apoyaba su cabeza en el sillón en el que estaba sentada Sarah, la única un poco normal allí. Ella tamibén estaba jugando con la play, pero era diferente a los demás. La conocía desde el primer día que había llegado allí. Lo recordaba perfectamente.

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—Hola guapa— un hombre de mediana edad y barriga prominente, se acercaba a la chica con pasos lentos, como dándole opción de retroceder si lo quería.

Bree se quedó parada, sin saber que hacer. Estaban en medio de la calle, a plena luz del día, con decenas de gente paseando por los alrededores y rozándole el brazo de vez en cuando, al pasar a su lado. La muchacha de ojos claros, de alguna tonalidad de verde, miró fijamente al señor, que se aproximaba en gabardina y con un maletín en la mano. Desde luego, la forma en la que se había dirigido a ella parecía de obrero, pero tenía pintas de empresario. Al final decidió quedarse donde estaba.

—¿Quiere algo?— preguntó con fingida amabilidad. El hombre se paró frente a ella.

La verdad es que sí. Quiero hacerle una oferta de trabajo— Bree se quedó mirando al hombre y preguntándose si debía fiarse. No sabía a que venía eso, tan repentinamente. Al final se encogió de hombros internamente. La verdad es que necesitaba dinero, para largarse de una maldita vez.

Pues... dispare— le dijo al hombre, que había estado atento a su reacción. La sonrisa que le dirigió desde luego no fue nada tranquilizadora.

Soy el... director, por decirlo de alguna manera, de una empresa que alimentación que busca trabajadores jóvenes para sus establecimientos— dijo el hombre profesionalmente. La chica de pelo corto y caoba alzó una ceja.

¿Se refiere a los Mc'Donalds?— preguntó, sin saber que pensar del hombre. Éste rió entre dientes, pero parecía muy nervioso. El sudor le recorría la frente.

Qué lista— su voz tembló un poco, pero lo disimuló en seguida. Extendió la mano, como si esperara que Bree se la tomara, pero la chica se dio cuenta de que tenía una tarjeta entre los dedos—. Llámame si quieres el trabajo— estuvo a punto de darse la vuelta y huír en cuanto Bree tuvo la tarjeta en las manos, pero un grito por parte de la chica lo detuvo.

—¡Espere!— el hombre se dio la vuelta como si tuviera miedo de lo que iba a ver tras suyo—. Ni siquiera se su nombre ni...—pensó un momento—... ni nada de nada. Necesito más información.

El hombre tragó saliva y señaló con la barbilla en su dirección, como señalándole algo que había más allá.

—Mi hijo está llegando— Bree se dio la vuelta y desde el callejón vio llegar un chico. No se le distinguía la cara, pero pudo ver que era apuesto. Ni siquiera se había dado cuenta de que había una puerta en ese callejón; suponía que la habría, porque de algún lugar tendría que haber llegado el chico. La muchacha asintió en dirección al hombre y se adentró en el callejón, alejándose de la multitud y cada vez más cerca del hijo del empresario.

Hola— saludó al ver que él no hacía nada—. Tu padre me acaba de hacer una oferta de trabajo pero necesito más información...— empezó. De pronto se dio cuenta del silencio que había en la calle. Giró la cabeza pero no vio a nadie paseando como hasta hacía un momento. Se volvió asustada hacia el chico, cuyos ojos brillaban en la oscuridad del callejón. Se dio cuenta de que los tenía rojos. Rojo sangre.

Se dio la vuelta aterrada intentando huír, pero, de algún modo, el joven estaba otra vez enfrente de ella. La observaba divertido, como un cazador observa a su presa. Bree se estremeció visiblemente.

¡Quién eres!— gritó al chico, asustadísima—. ¡Qué quieres!

—¿Quién soy?— habló por primera vez el muchacho. Tenía la vez aterciopelada, increíblemente suave, y a la vez totalemente amenazadora. Bree tragó saliva conforme el chico se acercaba a ella. Avanzó hacia atrás hasta que tocó la pared con los dedos y se dio cuenta de que no tenía escapatoria. Estaba entre el muchacho y la pared—. Eso no importa— dijo como si no hubiera habido ninguna pausa entre la preguna y la respuesta—. ¿Qué quiero?— el chico sonrió de forma macabra, sin dejar de ser absolutamente bello. Ahora que le podía ver el rostro, Bree estaba encandilada. Pénsó que no le importaría que ese muchacho la violara, si eso era lo que pretendía. Sacudió la cabeza, sacando esos pensamientos de su mente—. A tí— susurró amenazadoramente.

Bree ni siquiera tuvo tiempo de gritar antes de que el joven hubiera pegados sus labios a su cuello, ahogando cualquier intento de que gritara pidiendo auxilio.

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Suspiró y frenó sus pensamientos allí. No quería recordar el fuego que luego la había recorrido. Torturándola. Quemándole todos los huesos. Haciéndola sufrir. Y luego, se había despertado y había aparecido allí. Sólo una chica increíblemente bella, cuyo nombre era Sarah, había tenido la amabilidad de explicarlo lo que le había ocurrido. Y su interior se llenó de odio, tanto por el jover hermoso, cuyo nombre había sabido más tarde que era Riley, como por el empresario gordo. Nunca había sabido lo que había sido de él. Si Riley lo había matado o había tenido piedad por ayudarlo a conseguir a su presa.

No le preguntó a Sarah ni a nadie si también le habían ofrecido un trabajo y habían jugado con ella. No le importaba demasiado, pero le dolía haber caído en su trampa. Y haber sido tan estúpida.

—Bree— la llamó Sarah. Bree volvió la cabeza en su dirección rápidamente (en un movimiento que no hubiera podido ser captado por humanos)—. ¿Sabes en qué turno les toca cazar a los de Adrian?

Bree sabía perfectamente a qué se refería.

Para no llamar la atención, les tocaba cazar por grupos. Afortunadamente, Sarah llevaba bastante tiempo allí —unas dos semanas, lo que allí era bastante tiempo dado que podía morir en cualquier momento— y había podido hacer que ella y Bree cazaran en el mismo turno.

"Los de Adrian" eran el grupo, por llamarlo así, que "reinaba" en ese lugar. Adrian tenía una especie de obsesión insana por Sarah, de modo que ella no tenía ninguna intención de acercarse a su grupo. Bree la entendía perfectamente.

—Si— respondió con una mueca que se podría haber considerado una sonrisa—. Steph me confesó ayer que Leona le había permitido a Adrian cazar de día— Sarah rodó los ojos y Bree bufó—. Así que no hay problema.

Leona era... una especie de segunda al mando. Después de Riley. Cuando él no estaba lo suficientemente enfadado para comunicarles algo, se lo decía a Leona y ella se encargaba de hacerlo. Tenía a todos los hombres en la palma de su mano, y tampoco era de extrañar. Bree se imaginó cómo Adrian habría conseguido que Leona les dejara cazar de día y se estremeció un poco. Muchos se morían por cazar de día, por ver su piel refulgiendo y todo eso, pero sólo les dejaban a los expertos y experimentados (los que llevaran unas tres semanas allí). Pero a ella eso le daba exactamente igual, la verdad. Igualmente veía de noche, y la sangre no iba a saber mejor bajo la luz del sol.

—Bien— dijo simplemente. No se lo agradeció, pero Bree no esperaba que lo hiciera. Allí no había lugar para la amabilidad ni la compasión. Y ellas no eran precisamente amigas, aunque tal vez Sarah era lo más cercano que tenía en aquel lugar.

Bree pasó el resto del día entre libros. Había descubierto un hueco en la pared donde esconder los libros que iba robando al salir a cazar de noche, y de vez en cuando se metía allí y no salía hasta que "los de Adrian" habían salido a cazar, porque eran mayoritariamente ellos los que se divertían molestando a los demás, y no tenía ganas de que le quemaran los libros por pura diversión.

Ese día, cuando dejó de oír la voz grave de Adrian, se dejó ver y se sentó en un sillón libre, esperando simplemente a que llegara la noche para poder cazar ella. Sabía que no tenía más de un par de horas libres hasta que "Los de Adrian" volvieran y tuviera que refugiarse de nuevo. Pero como ya se sabía la "guarida" en la que estaban todos metidos, sin tener la posibilidad que explorarla (como había echo el primer día al darse cuenta de lo largos y aburridos que podían ser los días allí metida), decidió que lo único que podía hacer era seguir leyendo allí también. No le molestaba hacerlo en la oscuridad, pero lo prefería allí, con la luz de la bombilla que pendía del techo.

—¡Muchachos!— esa voz la conocía tan bien que no tuvo la necesidad de alzar la cabeza para saber que se trataba de Leona—. Voy a advertiros de que hoy viene Riley a visitaros, y que esta mañana no parecía muy contento— el gruñido que realizó sonó muy extraño en su voz aguda—. Así que hoy más os vale no meteros en problemas, porque vendrá a visitaros esta noche...— murmuró, sin necesidad de alzar la voz. Nadie le miraba pero todos lo habían escuchado.

Era mejor no enfadar a Riley.

Bree puso los ojos en blanco y pasó la hoja que llevaba leyendo desde hacía cinco segundos.

No le apetecía nada volver a ver a Riley, porque no quería recordar la noche que la había transformado, hacía una semana. Y no quería que él la ignorara como si de la misma pared se tratase, y que mirara a Leona como si fuera la luz del sol personificada. Y no quería que les dijera que ella tenía que estar contenta, ni que les echara la bronca.

Ella. Siempre ella. Y todavía no sabía quién era´, sólo que era sumamente importante para todos. Sobre todo para él. Y por eso la odiaba.

Aunque no lo admitiera.


Hello :)

Bueno, ¿qué tal el primer cap? Si, lo se, muy aburrido. Ni siquiera a salido Riley del todo. Pero todo comenzará a partir del capítulo 4 o 5 calculo yo. Mientras, bueno, os estoy informando de cómo funcionan las cosas allí. Es bastante complicado, pero menos mal que Stephenie me dejó las pautas. Es más o menos igual, sólo que saben que el sol no les quema y cosas así...

No os quiero aburrir, así que me voy.

Pero, por piedad aunque solo sea...

un reviewcito, please porfa.

Unbeso!

Ahrial.