Disclaimer: los personajes en esta serie son propiedad de Masashi Kishimoto y son utilizados sin fines de lucro. La historia es de mi autoría.
Cap extra de regalo porque el primero fue muy corto 3
LIFE by Jurie
Capitulo 2
First steps
Facing the hard life without no fear
Cuatro años más tarde...
Había vuelto hace menos de dos horas y ya quería irse; aquel pueblito de mala muerte nunca había sido un hogar. Para colmo su hermano no había vuelto con él, no soportaba ver llorar a su madre decía. Jodido Itachi.
Habían pasado cuatro años desde que había abandonado el barrio, pero a simple vista todo parecía igual. Las calles siempre estaban destrozadas, las casas eran humildes y la gente aún más.
Detuvo el carro en la puerta de una pequeña casita de color blanco sucio. Su madre salió a recibirlo con una sonrisa de oreja a oreja. Sus bebés, como ella los llamaba, eran la luz de sus ojos.
—Sasuke mira que grande estás, te has puesto muy guapo hijo— le dijo dándole un beso en la mejilla.
Una sensación agridulce se instaló en su pecho. Si había algo que extrañaba eso era su madre, sin embargo el estado en el que se la encontró no era el que esperaba:
Mikoto era una mujer preciosa por naturaleza, pero los años pasaban y su cuerpo lo sintió en exceso. Su largo cabello azabache se lo notaba opaco y sin vida, por debajo de sus ojos se asomaban unas enormes ojeras violetas, hasta parecía más delgada de lo que recordaba.
Gracias al cielo el funeral había terminado pronto. Su padre nunca había sido un hombre muy querido, y para colmo llevaba tanto tiempo enfermo que sus pocas amistades se habían olvidado de él.
Su madre era la única que realmente lo sentía. La relación de Sasuke con su padre nunca fue de lo mejor. Sin embargo cuando este enfermó, él y su hermano habían hecho todo lo posible por pagar sus cuentas médicas. Incluso si esto significaba dejar a su madre sola.
No sentía remordimientos, había hecho todo lo humanamente posible.
Se dio un baño mientras su madre trasteaba en la cocina. Haría su comida favorita, sopa de tomates.
Se recostó en el sofá soltando un suspiro de cansancio.
Su casa nunca había sido muy lujosa, pero esta choza no se parecía nada a lo que recordaba. Manchas de humedad, baldosas salidas, la televisión y el tostador estaban quemados y por si esto fuera poco el gas de la casa no funcionaba.
—Mamá la casa se viene abajo—
—Lo se cariño, tu padre hizo lo que pudo mientras la salud se lo permitió—le contestó persignándose.
—¿Por qué no le pediste ayuda a Naruto? ¿Y el dinero que te enviamos?—
—Naruto es un buen chico y me ha ayudado mucho, pero no puedo abusar de su confianza cariño. El dinero nunca era suficiente, la medicina de tu padre era muy costosa—
—Ven a vivir con nosotros, Seattle es preciosa y tarde o temprano te acostumbras al ruido—
La mujer cerró los ojos cansada —No puedo irme Sasuke, este es mi hogar, dónde crié a mis hijos y también es el tuyo—
—Sabes que nunca fue un hogar para nosotros...—
—Tu padre los amaba— le interrumpió.
—No es eso... el barrio no es un lugar fácil para crecer—
—Lo siento pero esta casa es lo único que me queda de tu padre Sasuke, no puedo irme—
Cerró los ojos resoplando con fuerza. Esto iba a ser peor de lo que esperaba.
Se acercó a su madre y la abrazó con fuerza besando su frente con cariño—¿Lo siento vale? Itachi vendrá en un par de días a ayudarme a arreglar esto—
—Gracias amor, aunque no quieras admitirlo eres un cielo—
Sasuke negó con la cabeza devolviéndole una sonrisa torcida —Ya quisieras—
Ambos se sumieron en un silencio agradable mientras Mikoto terminaba de preparar la cena.
—¿Aún te queda un año de preparatoria cierto?—
—Si...— contestó él entornando los ojos. No le gustaba por donde estaba yendo la conversación.
—Creo que puedo hablar con el director Nara para que te admita aunque estemos a mitad de curso, siempre fue muy amable con nosotros—
—Mamá— le interrumpió— no pienso quedarme tanto tiempo... esto es solo temporario—
—Sasuke si piensas que voy a permitirte repetir un año para que estés de manitas en la casa estás muy equivocado. Mientras estés aquí asistirás a la escuela sea el tiempo que sea.— respondió con un tono autoritario que era raro de escuchar en ella.
El pelinegro soltó un suspiro, no podía llevarle la contra a su madre cuando se le metía algo en la cabeza.
—Vale—
Al parecer Sasuke Uchiha se quedaría en Willow Valley más tiempo de lo planeado.
—¡Buen día perezoso!—
Unos ojitos verdes comenzaron a abrirse con pereza.
—Nee-san no quielo ir al cole—le dijo con un puchero gruñón.
La aludida lo levantó en brazos con algo de esfuerzo. Shota ya no era un pequeño bebé, ya tenía cuatro años y cada vez le costaba más alzarlo en brazos.
—¡Qué lastima! Yo que pensaba hacer panqués para desayunar—
Los ojos del pequeño se abrieron de repente—¡Panqués!— gritó con una sonrisa.
Acto seguido bajó de los brazos de su hermana y corrió hacia la cocina aún en pijama.
—¡Shota pequeño enano interesado!— Sakura lo siguió entre risas. Finalmente lo alcanzó a la altura del salón principal cogiéndolo al vuelo.
—¿Sakura?— una voz femenina los distrajo de su juego matutino.
La pelirrosa alzó la mirada hacia el sofá, allí estaba su madre tomando té con sus amigas. Por supuesto en la mesa había un surtido de masas finas de la panadería más cara del valle. Típico de su madre.
La boca de Sakura se transformó una línea recta intentando esconder su desagrado—Bueno días señora Yamanka, señora Hyuuga—
—Buenos días querida—contestó su madre.
—Que bella te has puesto—
—Y es porrista, una figura perfecta para una chica perfecta—
—Ejem— la aludida interrumpió su cuchicheo con una sonrisa de lo más falta—Shota y yo estábamos a punto de desayunar panqués ¿les gustaría probar algunos?—
—Oh y es diestra en la cocina—
—Y es tan educada—
—Sin duda la mujer que todo hombre desearía desposar—
Sakura se dio media vuelta con su hermano en brazos sin molestarse en despedirse de las mujeres. De todas formas estaban muy ocupadas hablando de ella como para darse cuenta.
Sentó a su hermano en una silla y, luego de servir los panqués en dos platos, se sentó a su lado.
Sentía como el uniforme le quemaba en contacto con la piel. No soportaba que la traten como una niña perfecta, sentía nauseas cada que escuchaba a su madre hablar de lo buena esposa que sería en un futuro. Ella no quería casarse y aún menos con el creído sobrino de la señora Hyuuga. Se lo había dicho a su madre, pero desistió luego de ver la cara de espanto de su madre; si la mujer que le había dado la vida reaccionaba así no se imaginaba como sería con los demás. Ya no se molestaba en llevarles la contraria, sabía lo importante que era para su madre mantener las apariencias y ella solo trataba de darle los gustos para mantenerla a raya.
Una manito cálida en su mejilla la hizo volver a la realidad —¿Tas bien?—
Shota era demasiado maduro para su edad, tanto que a veces le preocupaba. No quería que crezca antes de tiempo, ya tendría tiempo luego para crecer.
—Muy bien—le dijo con una sonrisa sincera que dejaba ver sus perlados dientes.
—Sakura querida— su madre se asomó a la cocina sujetando un saco de piel—hoy saldré de compras con mis amigas ¿podrías encargarte de buscar a Shota luego del colegio?—
—Mamá hoy tengo práctica con las porristas—
—Oh... pues dile a la niñera que lo recoja, los veo luego—
Sakura rodó los ojos frustrada, pero recobró rápido la compostura al notar dos ojitos verdes mirándola con perspicacia.
—Ya la oíste bebé, tía Mikoto irá por ti hoy—
—Nee-san ya no soy un bebé— contestó con un puchero.
—¡Tu siempre serás mi bebé, amor de mi vida, niño de mis ojos ámame hasta que me muera!—
—¡Nee-san déjame me llenas de tus babas yo ya soy glande!—
—Bueno ya que eres tan grande por qué no vas a cambiarte tu solo, pequeño hombrecito—
—¡Lo haré! ¡Yo puedo solo ya velás!—
Y dicho esto desapareció como un rayo escaleras arriba.
—Bueno, eso fue más sencillo de lo que esperaba— cogió su celular y marcó un número rápido y luego de varios tonos le cogieron la llamada —¿Mikoto crees que podrías ir a buscar a Shota al jardín hoy? Tengo prácticas y mi madre está ocupada... mil gracias Mikoto eres un ángel... sí hasta luego—
—Nee-san ya toy listo—
Sakura desvió la mirada hacia el pequeño y no pudo evitar sujetarse el estómago mientras se reía como histérica.
Shota traía la camisa del uniforme mal abotonada y dos medias de diferentes pares.
—No es glacioso—
—Claro que sí lo es, ven deja que te ayude— rápidamente lo cogió y le arregló el uniforme — ahora si estás guapo. Venga vayámonos al cole—
