Los personajes relacionados con Glee no son de mi invención, le pertenecen a Ryan Murphy y la cadena Fox. La historia es basada en la serie durante la temporada 3. Gracias a Tati por el review (no lo había leído), pero en compensación publico dos capítulos más (?). Eddie

Capítulo II

Rentaron un automóvil en uno de los concesionarios de segunda en Lancaster, el cual pagó Thad, por supuesto. Santana, acomodada en el puesto del copiloto, miraba hacia afuera con su brazo derecho apoyado en la ventanilla baja de la puerta sin pronunciar palabra. Ni siquiera deseaba ver el rostro del Warbler que la acompañaba, quien por el contrario intercambiaba su mirada entre la carretera y la chica que tanto le gustaba; aunque ella fuera evidentemente reacia, él sacó provecho de su frialdad para contemplarle mejor ahora que la tenía a pocos centímetros. Observó tratando de grabar en su mente los rasgos latinos de Santana, su tez morena clara, su cabello recogido firmemente en una cola de caballo, sus labios carnosos que le hacía morder los propios con frustración.

–Hay poco combustible, tendré que hacer una parada en la siguiente estación de gasolina. –Anunció mirando de reojo a su acompañante, en un intento de romper el silencio que se había formado desde que salieron de la ciudad. Si bien la aguja no apuntaba la E,al chico le gustaba ser prevenido y sabía que el tanque lo alcanzaría para todo el viaje.

–Haz lo que tengas que hacer, no me importa. Sólo llévame a casa. –Respondió López fríamente sin girar su rostro para verle y acompañando sus palabras con un gesto desinteresado de su mano.

Thad suspiró, cansado de la actitud de la chica, podía ser muy atractiva, pero su carácter fuerte ponía a prueba su paciencia. Divisó en el camino la señal de tránsito que indicaba su parada a un kilómetro de distancia, se desvió hábilmente y deslizó el auto hacia la estación. El lugar estaba vacío aparentemente, y se encontraba ubicado en medio de la nada al extremo derecho de la carretera principal.

–No tardo. –Dijo Thad mientras bajaba del carro y lo rodeaba acercándose al surtidor. Tomó una de las manijas para abastecer los vehículos y la colocó en la abertura correspondiente, mientras con la otra mano digitaba la cantidad que necesitaba en el tablero electrónico para cargar de forma automática. –Rayos, necesito cambio. –Murmuró para sí mismo, mirando el dinero en efectivo que cargaba, ya que su tarjeta había sido rechazada. –Santana, iré al local… Eh… ¿Quieres algo? –Preguntó apareciendo en la ventana de la chica, quien se sobresaltó un poco, ya que se encontraba muy entretenida buscando una estación radial de su gusto.

– ¿Eh? Sí, una Coca-Cola dietética. Gracias. –Respondió esbozando su típica sonrisa de falsa amabilidad. Thad asintió y se dirigió hacia la tienda que se encontraba a unos cuantos metros, no sin antes regresar a la parte trasera del auto para sacar la manguera y ponerla en su lugar. Seguramente el encargado del establecimiento se encontraba dentro y le ayudaría.

Santana observó cómo él ingresó al local dejándola sola por completo y supo que su oportunidad había llegado.

Las llaves seguían pegadas en el centro de mando y la radio sonaba tan bajo que parecía ser música de fondo. Un rock que le inyectaba algo más de adrenalina a su plan y en su rostro se dibujó una malvada sonrisa. –Es hora de hacer lo que Santana sabe mejor: venganza. –Dijo para sí misma mientras ponía el auto en primera y pisó el acelerador a fondo.

El rugido del motor llamó la atención de Thad, quien compraba un par de bebidas. Abandonó la transacción y salió a prisa de la tienda temiendo que no fuera lo que se imaginaba, pero así era. Vio atónito cómo el automóvil regresaba a la carretera principal dejando una cortina de polvo tras éste.

– ¡Hija de perra! –Exclamó enfurecido a la vez que arrojaba una de las latas al suelo. No podía creer lo que había sucedido. Santana le había traicionado dejándolo sin un vehículo en medio de la nada y el sol ya se estaba poniendo en el oeste.

–Como quitarle un dulce a un bebé. –Se regocijaba la latina mientras soltaba su melena oscura por encima de sus hombros y que se revolvía a causa del viento que ingresaba por las ventanas del carro. Era consciente de que se había aprovechado de la bondad del joven Warbler, pero sus amigos le había jugado también una mala pasada y ella los debía hacer pagar de alguna forma. Se trató de convencer a sí misma de ello, y enterrar su sentimiento de compasión por el chico que había dejado atrás.

Solo, con la corbata aflojada, y el blazer colgado en un hombro con una mano, Thad caminaba por el borde de la carretera maldiciendo por lo bajo. Pocos autos transitaban a esa hora y no perdía la esperanza de que alguno le diera un aventón, por lo que constantemente extendía su pulgar hacia ellos, sin embargo, ninguno se detenía. Empezaba a sentir el cansancio en sus pies, ya habría avanzado un par de kilómetros y los zapatos de cuero no eran precisamente cómodos para recorrer largas distancias en el asfalto. Igualmente, alzaba su brazo izquierdo con el celular en la mano, buscando alcanzar recepción y hacer una llamada de auxilio a alguno de sus amigos, quizá Nick o Trent, el regordete de los Warblers era un alma caritativa y de seguro le ayudaría, pero Harwood no contaba con suerte… o eso creía, hasta que unas luces formaron una sombra delante de él, era un autobús de servicio público. Gracias a su corta visita en la tienda de la gasolinera, había logrado cambiar algo de efectivo y ahora su oportunidad de regresar a casa o por lo menos lo más cerca que pudiera, se hacía presente.

–¿Hacia dónde te diriges muchacho? –Preguntó un hombre de unos 45 años al bajar la ventana de la cabina, lucía un quepis de un azul oscuro, corbata a juego y una prominente barriga abultaba su camisa blanca.

–Hacia Westerville, una loca se llevó mi auto… ¿Puede llevarme? –Consultó el Warbler levantando las cejas en un acto de inocencia y amabilidad, mientras se acercaba a la ventana. Tuvo que levantar su rostro para estar a la altura del conductor.

–Este bus va hasta Columbus, si te sirve, puedes subirte. –Dijo el hombre con un gesto de su cabeza hacia atrás.

–Sí, perfecto. Gracias. –Sonrió aliviado y subió por la escalerilla de los pasajeros, pagó el pasaje y buscó con la mirada un asiento vacío junto a la ventana. El autobús no iba muy lleno, de hecho consiguió ubicarse en dos lugares disponibles, prefería viajar sin compañía alguna, así podía descansar a gusto y pensar en la forma llegar a Westerville una vez estuviera en la ciudad capital de Ohio.

Los árboles afuera pasaban uno tras otro, el paisaje era agradable, no podía negarlo. Al horizonte el sol se ocultaba entre las montañas y destellaba un débil rayo de luz. La hora del crepúsculo se acercaba y las sombras de los árboles en el naciente bosque se extendían hacia la carretera. Thad, llevaba su cabeza recargada sobre la ventana del bus mirando hacia el camino, pensando en que posiblemente tendría que ir al McKinley High School al día siguiente para buscar a Santana con el fin de devolver el auto y también reclamarle por haberlo abandonado ¿Cómo pudo confiar en ella?, ¿qué le diría cuando volviera a tenerla frente a él?, ¿dónde se encontraría en esos momentos?.. No tuvo que esperar mucho para saber la respuesta.

Se irguió en su asiento para ver mejor el auto estacionado metros más adelante y al pasar cerca de éste, el autobús redujo su velocidad, así que pudo observar mejor la escena. Al parecer Santana se había fugado sin abastecer el carro y estaba varada por falta de gasolina. Era el karma. Entonces, Thad se levantó de su asiento y se acercó a la cabina rápidamente, ya que el vehículo se detuvo.

–…Así que ¿Puede llevarme, por favor? –Decía la chica al conductor en un tono muy amable, llegando a la coquetería.

–No puede dejarla subir. Esa mujer fue la que me robó el auto. –Intervino Thad apuntando a la cheerio, y ella se quedó sin palabras cuando vio al Warbler dentro, poniéndola al descubierto.

–Tú te lo buscaste, imbécil. –Replicó sin ningún atisbo de arrepentimiento. De brazos cruzados, desvió su fría mirada hacia el conductor para dedicarle una inocente mirada. –Señor, ese chico que lleva ahí, intentó secuestrarme, me engañó y me trajo a esta desolada carretera… Hice lo que cualquier chica haría en mi lugar. –Parecía realmente afligida, y Thad simplemente no podía dar crédito a lo que ella decía.

–¡Eso es mentira! Yo nunca intenté nada, eso es… ridículo… ¡No puede creerle! –Protestó ante la mirada curiosa del conductor.

–¿Niegas haberme puesto una cita falsa en complicidad con tus amigos? –Repuso ella usando lo sucedido a su favor y el chico tan sólo titubeaba desconcertado.

–N-no… P-pero, yo no estaba secuestrándola; por el contrario, quería llevarla a casa. Está usando sus artimañas para convencerlo. Arranque. –Le ordenó al conductor.

–Lo siento, chico; no puedo dejar a la señorita abandonada… –Repuso el hombre abriendo la puerta del autobús.

–¿Qué? ¡No! No voy a dejar que subas Santana, si tanto querías el auto, quédate con él. –Replicó el Warbler bloqueando el paso en la puerta de la escalerilla.

–Déjate de payasadas y apártate. –Dijo la latina intentando subir, pero Thad empezó forcejear con ella.

–¡Claro que no! Primero me robas el auto que alquilé para llevarte a casa y ahora lo quieres dejar abandonado ¡Eres una loca!

–¿Crees que aguantaría tu patética galantería todo el camino? ¡Quítate de ahí, Harwood!

–¡Hey, ustedes dos! –Intervino el conductor, estaba perdiendo tiempo y los demás pasajeros se empezaban a incomodar. –Yo lo único que veo es a un par de tórtolos en una discusión de pareja, así que, o arreglan su pleito y suben los dos o se quedan ambos.

–¿Cómo que tórtolos? ¿Acaso está drogado? –Replicó Santana, molesta por la insinuación del hombre, y resopló dándose por vencida. –¿Sabe qué? No necesito, ni quiero viajar en el mismo vehículo que éste idiota.

–Genial, entonces arranque, señor. –Dijo Thad cruzándose de brazos aún en la puerta, y esperó a que el bus se moviera.

–Como sea... –Murmuró el hombre sin darle mayor importancia al asunto, no iba a meterse más en peleas de adolescentes, su problema era hacer su trabajo y esos chicos lo estaban retrasando.

Mientras los chicos se fulminaban uno al otro con la mirada, el motor del autobús se encendió de nuevo y éste empezó a moverse. Entonces, varias cosas sucedieron en cuestión de segundos: Santana rápidamente haló a Thad del blazer que sostenía con una de sus manos e intentó tomar su lugar cuando el muchacho salió volando del vehículo, el joven reaccionó por instinto y ágilmente se giró para evitar que la cheerio se saliera con la suya, la alcanzó de su brazo para llevarla con él. Ambos cayeron al suelo, Santana quedó sobre Thad y sus rostros a escasos centímetros. Cuando el conductor se percató del incidente, sólo se tomó un par de segundos para asegurarse de que los chicos estaban bien y aceleró. –Adolescentes. –Se quejó negando con la cabeza.

El ruido del autobús alejándose, llamó la atención de los jóvenes y se pusieron en pie protestando, pero por más que gritaron, corrieron y maldijeron, el vehículo no se detuvo.

–¿Estás contenta? Todo esto es tu culpa. Nunca debí preocuparme por ti, Sebastian tenía razón, ¡no eres más que una loca oportunista! –Espetó Thad y lanzó su chaqueta al suelo. Lo que más le molestaba era haberse permitido sentir algo por la chica que tan sólo buscaba fastidiarlo.

–No te vengas hacer la víctima conmigo, ni hacerte el niño bueno, porque-

–¡Ya cállate! –Gritó el Warbler, furioso y recogió su blazer para regresar al carro. Santana por su parte, cerró la boca y le miró con el mentón sutilmente elevado, también estaba enfadada y el orgullo no le permitió replicar más por unos momentos.

Thad, lanzó la chaqueta de paño al asiento del piloto, junto con la corbata; se sacó la camisa y la remangó en sus brazos mientras se posicionaba detrás del automóvil para empezar a empujarlo. Miraba a través de los vidrios del coche la figura de Santana varios metros delante, parecía no haberse movido y, aunque en otras circunstancias habría admirado su cuerpo, ahora sólo deseaba echarle el carro encima. Quizá ese era su motivación para empujar más fuerte, aunque sabía que no lograría lastimarla, y en el fondo tampoco quería hacerlo. Finalmente, ella se dio vuelta y se acercó, aún con recelo.

–¿Qué estás haciendo? –Inquirió conservando su postura, pero él pareció ignorarla por unos momentos.

–¿Qué te parece que hago? –Replicó Thad de forma retórica sin detenerse, ni mirarla.

–¿Piensas arrastrar ese trasto hasta Lima?

–Hasta Lima, no. Hasta Westerville, o con suerte hasta que encuentre un taller u otra gasolinera.

–¿Y qué hay de mí?

–Es tu problema ahora, yo voy a mi casa, déjame en paz.

–¿Ah sí? Déjame decirte que tengo malas noticias para ti: aunque no me guste, no tengo otro remedio más que seguirte por ahora, no pienso quedarme en medio de la carretera sola. Prefiero torturarte todo el camino.

–Haz lo que quieras.

–Bien.

–¡Bien! –Concluyó Thad y suspiró fastidiado.

Continuaron en silencio. Harwood empujando el automóvil por el borde de la carretera, mientras que Santana le seguía a paso lento, pedía aventón a los pocos vehículos que pasaban por ahí, pero sin suerte. Su vista se fijó en el chico que tenía delante, quien se no aparentaba estar muy cansado, aunque sospechaba que sí lo estaba por los sonoros quejidos que soltaba con cada remolque, era fuerte sin duda. Contempló el cuerpo del Warbler por un rato, el sudor en su espalda hacía que la camisa se ciñera marcando sus músculos y las luces naranjas de la iluminación pública en la vía, le daba un efecto agradable a la escena. "Tiene buen trasero…" pensó y decidió que el chico era sexy, y que quizá había sido muy dura con él. Después de todo, el muchacho tuvo la intención de ayudarla en un principio.

La noche había caído por completo y los chicos, aunque no lo desearan, debían pasar la noche juntos. Pero esa sería su oportunidad para limar las asperezas y, compartir un lecho juntos tendría sus efectos…