Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Antes de partir
Capítulo 2
Visiblemente cansado terminaba su extenuante turno en la sala de urgencias. Casi de inmediato debía partir hacia el recinto de enfermos terminales pediátrico. Era voluntario en ese lugar hacía un año… antes de eso jamás se hubiera atrevido a convivir diariamente con la muerte de los niños. Intentaba ayudar a esas pequeñas almas a irse en paz, pero también trataba de sanar su propio dolor.
Caminaba por los pasillos del hospital cuando divisó a Pandora al final del corredor, esperándolo. Deseó volver sobre sus pasos para no encontrarse con ella, pero intuyendo sus intenciones, ella se le adelantó, cruzándose en su camino.
—Disculpa… creo que ayer no supe expresarme —dijo con la cabeza inclinada —No era mi intención asustarte.
—Ya no importa. Lo único que te pedí fue que te alejaras de mí y mi familia. No sé qué haces aquí ahora —Shun no estaba de humor para encontrarse con ella. Ya era mucho su sufrimiento, para más encima tener que estar soportando que lo acecharan. Continuó caminando por el pasillo, esperando que ella desistiera de seguirlo.
—Pero, el mensaje que debo darte en verdad es importante —ella no se iba a dar por vencida —Es necesario que lo sepas antes de que sea demasiado tarde —prácticamente le suplicó.
Ante sus palabras y actitud, Shun se quedó mirándola un segundo y pudo notar que, de alguna forma, su mirada era sincera, ¿realmente tenía algo tan importante que decirle que hasta le suplicaba? Sólo se limitó a hacerle un gesto con la mano para que lo siguiera hasta donde tenía que ir.
—En este momento estoy trabajando y no puedo detenerme a platicar contigo —le explicó. Él era muy responsable con sus labores y eso lo hacía mostrarse serio —Puedes esperarme en la oficina que usamos los voluntarios de esta área —le señaló una puerta al fondo del pasillo.
—¿Te sientes mejor hoy? —se atrevió a preguntarle Pandora.
—Igual que siempre —contestó sin ningún entusiasmo.
La joven caminó lentamente por el pasillo mirando por las ventanas que permitían ver a los pacientes en su interior. Todos eran niños pequeños, la mayoría se notaban que eran enfermos de cáncer debido a sus calvas cabecitas. Shun volteó a verla en ese instante, sentía que algo no calzaba y eso le preocupaba. Vio como ella se detuvo en un cuarto en especial, acercando sus manos al vidrio que la separaba del pequeño enfermo. Divisó que sus labios murmuraban algo y unas lágrimas caían por sus mejillas. Sorprendido y curioso por su actitud, caminó hacia ella.
—¿Te ocurre algo? —preguntó con suavidad para no asustarla.
—Ella va a morir —dijo susurrando.
—Sí, le queda un mes, máximo dos, de acuerdo al último diagnóstico —contestó Shun con tristeza.
—No era una pregunta… ella va a morir… ahora… —levantó la mirada para ver directamente al joven.
Shun, al principio se sintió confundido, luego alterado. Nuevamente no podía entender el propósito de su visita ni el de sus palabras. Pero, justo en ese momento, los aparatos médicos que controlaban constantemente los signos vitales de la niña comenzaron a sonar erráticos, atrayendo la llegada de médicos y enfermeras que entraron corriendo al cuarto. Shun volvió a mirar a Pandora, ahora aterrado por lo que estaba sucediendo. Sin decirle nada, entró al cuarto a hacer su parte. Salió después de unos minutos, cabizbajo y con lágrimas en su rostro. Aún no se acostumbraba a la muerte de un niño. Luego, buscó a Pandora que se encontraba unos metros más allá y con disgusto se dirigió hacia ella.
—¡Sígueme! —dijo, mientras la tomaba del brazo con brusquedad.
Caminaron hasta la oficina, cerrando la puerta. Daba vueltas por la sala intentando comprender qué era lo que estaba sucediendo. ¿Qué significaba todo eso? ¿Por qué ella había dicho eso? No sabía cómo o qué preguntar, su mente estaba completamente en blanco.
—Tranquilízate Shun… por favor —se atrevió a hablar la joven.
—¡¿Cómo quieres que me tranquilice?! —preguntó fuera de sí —¿Acaso no viste lo que acaba de suceder?
—Te dije que iba a morir —habló con serenidad.
—Eso… eso es precisamente lo que no me deja tranquilo —al fin se atrevió a levantar el rostro y enfocar su mirada en la de ella —¿Cómo lo supiste? ¿Qué es lo que quieres de mí?
—Ya te dije que tengo un mensaje importante que darte —seguía insistiendo con tranquilidad.
—¿Vas a seguir repitiendo eso? ¡Dime de una vez por todas cuál es ese mensaje! —ella le estaba haciendo perder la paciencia. Y eso era raro en él.
—Entiendo tu actitud. Pero lo que sucedió recién era necesario para que me creyeras —mencionó la joven con calma.
—¿Necesario? ¿Acaso tú… la mataste? —preguntó asustado.
—¡No!... yo no haría algo como eso —respondió con rapidez —Yo solo sabía que iba a ocurrir.
—¿Saber? ¿Cómo podrías saberlo? Yo mismo te dije que los resultados de sus exámenes decían que aún le quedaba al menos un mes. Es imposible que supieras que hoy iba a morir —Shun se esforzaba por entender qué estaba sucediendo.
—Esto es algo que va allá de la razón, Shun. En este mundo hay personas que tienen ciertos dones, habilidades… y el mío es… poder saber el momento de la muerte de alguien —dijo mirándolo a los ojos.
Shun se quedó en silencio un momento, tratando procesar lo que acababa de escuchar. Sus conocimientos médicos le impedían entender lo que Pandora decía, aunque su anterior vida como caballero le dejaba claro que cosas imposibles podían suceder. Algo le decía que era importante escucharla, pero también una parte de él quería salir arrancando de la sala. Y esa parte ganó. Se dirigió a la puerta, abriéndola. Solo dejó escapar unas últimas palabras para ella.
—Lo siento, pero no puedo creerte. Aún no sé qué quieres de mí, pero a estas alturas ya no me interesa. Sólo voy a repetirte que te mantengas alejada de mi familia, por favor —su voz volvió a ser calmada como siempre.
Al parecer Pandora entendió sus palabras, pues ya no lo siguió. Pasó por fuera de la habitación donde recién había fallecido la pequeña y vio a sus padres desconsolados llorando su pérdida. Aun cuando sabes que alguien va a partir, no existe tiempo suficiente para prepararse para ese momento. Verlos así volvió a remover fibras dolorosas dentro de su ser. Necesitaba aire antes de que las famosas arritmias se apoderaran de su corazón.
Salió al patio del hospital, con una botella de agua en la mano, que sacó de un expendedor minutos antes. Se sentó en una banca viendo como caminaban las personas yendo y viniendo del lugar. Muchas salían contentas, otras tristes, algunas derrumbadas. Ese era el diario movimiento y las contradictorias emociones que convivían ahí. Entre tantas personas, logró divisar una delgada figura de largos cabellos rubios tan similares a los de ella… ella que aún vivía en su mente y en su corazón.
Sentado en una reposera leyendo relajado, veía a su esposa caminar con los pies en el agua del lago, mientras cargaba en sus brazos a su bebé. Llevaba puesto un delicado vestido blanco que se mecía con la brisa junto con su cabello. La sonrisa que le dedicaba a su pequeño iluminaba su rostro transmitiéndole una felicidad que llenaba su corazón. Sin poder resistirlo, se levantó, acercándose a ella. La abrazó por la espalda, envolviéndola con sus brazos junto a su bebé. Besó su cuello, provocando la risa de ella… esa risa que le encantaba. Acarició los bracitos de su hijo, hablándole con ternura, haciendo que el pequeño esbozara una encantadora sonrisa. Otro momento mágico en el que hubiese vivido eternamente. Otro momento que ahora solo era un recuerdo…
La vibración de su celular fue lo que lo sacó de su ensoñación. Otra emergencia que atender en la sala de enfermos terminales, otro niño a punto de morir… ¿Cuántos más tendría que ver para aceptar su realidad?
Terminado finalmente su trabajo del día, se encaminó hacia su departamento. Todos los días recorría esas veredas que ya conocía de memoria. Saludaba a las personas con amabilidad, las que le respondían con un dejo de tristeza. Los rumores corren rápido y muchos ya conocían su historia, por lo que no podían dejar de sentir lástima de aquel abnegado doctor.
Se detuvo de repente. Comenzó a sentir las palpitaciones de su corazón acelerado. Una taquicardia. Ahí de nuevo, sin razón aparente, su corazón volvía a fallar. Intentaba controlar su respiración para calmarse y así sus latidos volvieran a la normalidad. El sudor llenó su frente. Sus piernas y manos empezaron a temblar. No entendía por qué razón aquellas crisis se habían hecho más frecuentes. Se apoyó en la pared y ya no fue capaz de sostenerse, por lo que se deslizó hasta quedar sentado en el suelo. Ahí, con la respiración acelerada y sus latidos fuera de control, recordó las palabras de Pandora. Ella podía saber el momento de la muerte de alguien… ¿acaso él… iba a morir?
Continuará…
Notas de la autora:
Muchas gracias por leer mi nueva historia y por sus animadores mensajes.
Espero que les haya gustado este capítulo. Como dije, este fic será breve, unos dos o tres capítulos más.
Saludos, Selitte :)
PD: Me inspiré en una película para escribir esta historia. Revelaré su título cuando termine el fic para que la vean, si quieren ;)
