Y aquí está el primer capítulo! Me temo que esta vez nuestro querido Link todavía no aparecerá! En este cap Daira viaja a Hyrule y comienza a tener sueños extraños. Espero que le guste y porfa no olviden dejar sus que The Legend Of Zelda no me pertenece, pero algunos personajes de este fic sí.
Muchas gracias y por favor disfrútenlo!
…
The Legend of Zelda: Hypnea Necklace
Episodio 1
El Collar de Hypnea
Aun así, no podía encontrar tal poder sino con la ayuda de una preciosa joya…
―Estoy del todo segura que fue en el capítulo trece― protestó Daira, con los brazos cruzados.
―No, Daira. Recuerda, fue en el catorce― respondió Zack―. En el trece a princesa le dice al héroe que la cura está en la Arboleda Sagrada, y es cuando se sacrifica para salvar a la princesa del Crepúsculo. En el catorce es cuando él, al final del capítulo, consigue la Espada Maestra y vuelve a su figura humana.
―No, no, eso fue en el trece― continuó, convencida―. Esa serie me la vi tres veces.
―Es mi serie favorita, ¿te la sabes mejor que yo?
Hacía bastante rato estaban discutiendo sobre una serie que recientemente había salido. Se trataba de un héroe, que al entrar en un extraño dominio de sombras su figura se transformaba en una bestia. La trama estaba realmente buena, aunque algo ficticia, basada en otra de las muchas leyendas sobre la historia de Hyrule. Ciertamente era la serie favorita de Zack, así que era poco probable que estuviera equivocado, pero Daira estaba completamente segura de que eso había sucedido en el capítulo trece.
―Zack, en el capítulo catorce el héroe va a la tasca de Telma y luego, en el quince, se encuentra con el hombre ese del Desierto Gerudo. ¿Cómo se llamaba? Creo que empezaba con P. ¿Patroclo? ¿Pirámides?
Zack se quedó unos segundos en silencio.
―Vale. Está bien. Tienes razón. Y es Perícleo― aceptó Zack, por fin―. Solo porque llevo tiempo sin verla, ¿quedó claro?
―Claro, claro― respondió Daira, ignorante, y con una sonrisa victoriosa pintada en su rostro.
Se encontraban en una cafetería, una de las pocas que se podían visitar en Bloom, ya que la mayoría tenían mal ambiente. Ésta no era la gran cosa, pero el batido era rico. Estaban sentados en unas de las mesas que daban vista a la calle, justo al lado de la pared de vidrio.
Bloom era un lugar acogedor, una ciudad como cualquier otra. Quizá no pasaba de dos mil metros de territorio, aunque si se contaba la flora, podía pasar a ser un lugar bastante grande. No había edificios gigantescos ni rascacielos como en la capital de Hyrule, que incluso eran más altos que el mismo castillo, pero con eso era suficiente. No eran quisquillosos. Ella nunca había salido de Farone, en cambio, Zack lo hacía constantemente. Él había visitado casi todos los lugares de Hyrule, puesto que su padre era un importante miembro del ministerio de la sociedad.
Aún con el paso de los tiempos, a lo que se debería llamar presidente, aún se le sigue llamando rey. Hasta que termine su letargo, pasa de legítimo a legítimo el trono de la familia real, y viven en el castillo. Actualmente la realeza, según pensaba Daira, estaba realmente jodida. ¿A quién le pasarían el trono? Todos los hijos del rey y la reina son mujeres. Aunque no era muy importante, eran Cristal, la mayor, Marilyn, y Zelda, la menor. Lo único era casar a una de las hermanas, para que el prometido se convierta en rey.
Daira se tomó otro sorbo de su delicioso batido.
―Zack, ¿cómo es Hyrule? ― preguntó, sin mirarlo, observando las personas ir y venir en la calle, a través del vidrio.
―Es muy diferente a Bloom― respondió el chico―. Estoy seguro de que te encantará. El ambiente es muy diferente. Las personas son amables y siempre están contentas; las calles siempre están limpias y el comercio es impresionante.
― ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?
―Sí, somos amigos.
― ¿Por qué no vives con tu papá en la capital? Ahí las oportunidades son inmensas para formar el grupo musical que quieres. Tienes todas las posibilidades de irte a vivir en la capital, en una hermosa mansión, pero no lo haces. ¿Puedo saber por qué?
Zack la miró unos segundos sin responder.
―Mis padres no pueden verse ni en pintura― respondió él―. Con el dinero que Carla gana en su trabajo no es suficiente. Me quedo aquí para ayudarla. Con el dinero que envía Charles para mi manutención es bastante para cuidarla.
―Se nota que la quieres mucho― comentó ella, mirándolo directamente a los ojos.
Zack simplemente asintió.
Daira dedicó una mirada a todo el local, mientras le daba otro sorbo a su batido, y sintió que alguien la observaba fríamente. No se trataba nada más y nada menos que el dependiente del bar, tras la barra, que limpiaba unos platos con su pañuelo. Era un hombre mayor, quizá de unos treinta y tantos tirando a cuarenta, no sabía por qué la miraba así; pensó que podría tratarse de un simple pervertido, pero no es que ella fuese la muchacha de mejor cuerpo del local, bien que podría estar mirando a la morena camarera. Ahora que se fijaba, no era alguien que había visto mucho, de hecho, podía asegurar que era la primera vez que lo veía, y era extraño, puesto que Bloom no era un lugar que abarcaba más de cuatrocientas personas.
Comenzó a dolerle un poco la cabeza, decidió no preocuparse más por el hombre, pero el dolor aumentaba a cada rato.
― ¿Ocurre algo? ― preguntó Zack al darse cuenta.
―No es nada― respondió ella, sonriendo, intentando que no se preocupase―. Solo es un poco de dolor. Al parecer el batido me subió a la cabeza.
―Si quieres podemos regresar.
―No, estoy bien. En serio.
Zack la miró unos segundos, encogió sus hombros y luego los volvió a colocar en su sitio.
―Tú misma― dijo él.
Daira comenzó a frotarse las sienes con los dedos, para intentar calmar un poco el dolor. Aprovechó que la camarera estaba pasando para pedir un poco de agua. Inconscientemente volvió a dirigir la mirada al dependiente del bar. Ya no le prestaba atención y estaba sirviendo algo de café a uno de los clientes.
Estaba muy mareada. No importaba cuánto quería permanecer un rato ahí, de repente se estaba sintiendo muy mal.
― ¡Daira! ― escuchó la muchacha. Sacudió su cabeza y lo miró directamente― ¿Me has estado escuchando?
―Perdón, Zack. Estoy un poco mareada― dijo.
― ¿Te encuentras bien?
Daira entonó sus cinco sentidos para estar del todo segura. El dolor de cabeza había desaparecido y desde que Zack le gritó. ¿Podría haberse tratado del batido o era la emoción por el viaje a la capital?
―Sí, no tienes que preocuparte. ¿Podemos ir a otro lugar?
Zack miró al vidrio y luego la volvió a mirar, y asintió un par de veces en modo de aceptación. La camarera justamente entonces le trajo el vaso con agua a Daira, cual rápidamente se lo tomó. Zack le pidió el precio de todo, y luego lo pagó. No en más de pocos segundos ya se encontraban fuera del local. Zack y Daira se dirigieron al Gran Árbol Deku, que como era domingo, resultaba muy fácil despistar a los guardias. Aunque alejados un poco del árbol, se sentaron, recostados en una de las grandes rocas alrededor de él.
― ¿Crees que me decepcione de Hyrule? ― preguntó Daira.
―Era mucho más hermoso antes, ya sabes, como aparece en los libros. Sin rascacielos o edificios se veía mucho más natural, pero sigue siendo un lugar espectacular― respondió.
―Como un hogar― susurró ella.
Zack la miró sin entender.
― ¿Dijiste algo? ― preguntó el chico.
―Te reirías si te lo dijera― respondió.
―Claro que lo haré. Somos amigos. Dime.
Daira miró al suelo antes de responder y luego volvió a mirar a Zack.
―A veces siento que pertenezco a otro lugar, no aquí― respondió ella. Inesperadamente, Zack no se rió. Era extraño que no lo hiciera, viniendo de un comentario tan poco común y raro―. Siento que pertenezco a otro lugar, quizá mucho más lejos que Hyrule, un lugar más difícil de alcanzar.
― ¿Cómo el Pico Nevado? ― preguntó sonriente, un poco en broma.
―No es nada de eso― comentó―. No me refiero a lugares que puedas conocer. Bueno, quizá sí, pero en un momento diferente. ¿No te pasa eso? Cuando era pequeña tenía sueños que se repetían muchas veces, una mujer muy bonita que cantaba una melodía a un bebé; un terreno muy similar a Hyrule, aunque algo diferente; y además una joya. Una hermosa joya. Eran sueños que se me repetían mucho, ¿no te ha ocurrido?
Zack puso un rostro pensativo.
―No― respondió, negando con la cabeza―. Seguramente solo eran ilusiones de niña. No tienes por qué preocuparte. Tú naciste aquí. Era muy pequeño, así que no recuerdo, pero los demás lo hacen. Clare siempre ha vivido aquí.
―Tienes razón. Era solo un comentario.
―Y sobre Hyrule, créeme, es fantástico. Realmente tengo muchas ganas de llevarte.
―Sí, yo también quiero que me lleves, claro― comentó sonriente Daira, sacándole otra sonrisa a Zack―, es la capital. Pero ya sabes, tengo miedo que cuando llegue no sea como me lo imaginé, y me desencante.
―Ya deja de preocuparte por eso. Si no te gusta, está bien. Dejas ese sueño y vas en busca de otro. ¿Te gustan las praderas de Eldin? Es un lugar un poco seco, pero muy acogedor. Aunque si Lanayru te interesa, puedes hasta dirigirte al reino Zora.
― ¿Has llegado tan lejos? El reino Zora no le pertenece a la familia real. ¿Permiten entrar a los humanos? ― preguntó ella.
―Los zoras están de tregua con nosotros, al igual que los goron, aunque un poco más peleones y orgullosos, pero somos reinos unidos. Además, ya debes saber que el reino Zora y los dominios goron dependen de nosotros. Como tal, todos formamos Hyrule.
―A excepción de las gitanas, recuerda― dijo ella, empujando la cabeza de él con un dedo, para hacerle recordar―. Te quitaron como quince puntos en un examen por olvidarte eso. Las gerudo no forman parte de Hyrule, y aunque aparezca en el mapa, ellas viven en un sistema completamente diferente al nuestro.
El reino Zora era un reino, mucho más pequeño que Hyrule, donde yacía una raza humana muy diferente, ya que tenían la posibilidad de respirar bajo el agua y hacer unas maniobras impresionantes en ellas. Un reino unido, de una belleza natural extraordinaria. Además, los habitantes, los zoras, solían ser muy amigables y de gran elegancia. Aunque tenían sus propios reyes, dependían en gran medida del rey de Hyrule.
Por otra parte estaban los goron, de la raza Goron. Éstos se reconocían por su gran orgullo, también era una raza amable, aunque una poco más apartada de los humanos. Su figura corpulenta y su espalda de piedra les permitían vivir bajo las más altas temperaturas. Poseían una gran fuerza mental y sobre todo física.
En cambio, las gerudo, gitanas que vivían en el Desierto Gerudo, estaban completamente independizadas de Hyrule, además de que, a pesar de ser humanas, no permitían la entrada de habitantes de Hyrule, o como eran para ellas, "intrusos". Aunque sin intenciones de formar una guerra, las gerudo prefieren mantenerse a raya, y querían que ningún habitante de Hyrule se acercara a ellas. Desde hacía unos años que nadie ha tenido noticia de las gerudo, puesto que nunca salen de su desierto. Lo único que se conoce de ellas es que toda la población es mujer y que cada cien años nace un varón, que es el que tiene que gobernar el desierto.
―Te es fácil decirlo porque tú terminas con un notable excelente en todos los exámenes― comentó Zack y Daira se echó a reír.
―Eso te pasa por bruto― dijo ella.
―Hay una gran diferencia entre ser bruto y no querer estudiar. ¿Sabes lo que es leer un libro de mil quinientas páginas? De solo mirarlo se me quitan las ganas.
―No es tan difícil. La técnica es leerse las primeras veinte páginas, luego las veinte del medio, y las veinte del final. No creo que vayan a ser un examen de lo demás. Siempre es así.
― ¿Y me lo dices ahora? Eres cruel.
Daira se rió por su comentario. Al cabo de un rato ya habría atardecido, así que no tardaron mucho para regresar a casa. Como todo un caballero, Zack no permitía nunca que Daira se dirigiera sola a su casa. Ella odiaba esa parte de él, aunque la veía a veces tierna, no soportaba que la sobreestimaran o que la vieran como una débil mujer. La acompañó hasta la entrada del edificio, donde se despidió y la observó hasta que subió las escaleras para llegar a su piso.
Aunque se encontraba muy feliz, Daira quería mantenerse calmada: faltaban tan solo unas horas para poder hacer realidad su sueño de visitar la capital. Al entrar en su departamento, tras abrir la puerta con sus llaves, avisó a sus padres que ya había llegado y automáticamente después, se dirigió a su habitación para hacer las maletas; no necesitaba demasiadas cosas porque solo se pasarían unos cuantos días o un poco más de una semana. Era suficiente con tres blusas, dos chaquetas, dos abrigos, tres pantalones, una saya, y dos vestidos elegantes. Por supuesto, sin contar la ropa interior, insertó tres pares de zapatos: dos de ellos eran de salir y combinaban a la perfección con los vestidos, y el otro, era un par de tenis, muy prácticos.
También, obviamente, se dedicó a mirar en su armario qué era lo que podía llevar puesto al viaje. No quería lucirse demasiado, pero quería verse bien ya que era el lugar de sus sueños. Seleccionó entonces unos botines sin tacón, de color beige oscuro, dos manos por debajo de la rodilla y apretados; una saya color piel por la rodilla, que llegaba hasta su cintura, junto con un cinto en la cadera de color carmelita; y una blusa "bombillo", más o menos, la blusa realmente no lo era, pero podía conseguir que se viera como una si se colocaba la saya sobre ésta y sacaba parte de la blusa para hacerla parecer bombillo, de un color un poco más claro que la saya. Tras esto, pensaba ponerse un sombrero de lo más chulo.
Tras haberlo preparado todo, se decidió en darse una buena ducha para despejar su mente. Necesitaba tranquilizarse. Tardó una hora y medio, ya que se lavó hasta el cabello, y se afeitó las piernas y los brazos que solía hacerlo cada dos días. Además, para tener una piel radiante, se masajeó las piernas y los brazos, además de su abdomen y su pecho, con una crema de lo más productiva. No era la mejor, aunque era buena, por lo que solamente la utilizaba en momentos especiales.
Luego de bañarse volvió a dirigirse a su habitación, con una toalla blanca enredada en su cabello, y su cuerpo cubierto por otra más, para secárselo. Después de asearse completamente se tomó un tiempo para escribir en su diario; lo tenía desde que era una niña, era un diario desgastado, viejo, y muy ancho y debido a esto, unas páginas sobresalían del resto. Aunque estuviera de aquella forma, Daira no quería conseguirse uno nuevo; en él estaban todos los recuerdos de su infancia, las cosas buenas y las malas, sus sueños y sus pesadillas. Además, era tan ancho y ella solía escribir tan poco para no gastar las páginas, que aún con el tiempo que había pasado, apenas e iba por la mitad de su diario. Tenía su propio lapicero, o más bien pluma, porque era del año de la corneta; que iba sujetado al diario por una tirita rosada.
Tras anotar en su diario, lo guardó en su escondite secreto para que nadie lo viera: dentro de un peluche; sí, dentro del estómago de un osito; y después se acostó a dormir, apagando la luz de su lámpara de la mesita de noche.
―Daira― escuchó débilmente―. Daira, por favor escúchame.
― ¿Quién eres? ― preguntó Daira, sin poder observar nada a su alrededor. Todo estaba oscuro, y lo único que podía ver era ella misma. No veía el suelo, las paredes ni el cielo. Era un vacío infinito.
―Daira, necesito que escuches atentamente.
La voz era cálida, de una mujer, tranquilizante, aunque difícil de escucharla.
― ¿Dónde estás? ― preguntó nuevamente Daira, mirando de un lado para el otro. Comenzó a correr para buscar a la persona que le hablaba, pero no la encontraba. Se detuvo por el cansancio pero continuó buscando con la vista.
―El Collar, Daira― escuchó nuevamente―. ¿Por qué tienes el Collar de Hypnea?
― ¿De qué me estás hablando?
―El Collar de Hypnea, el que llevas en tu cuello, Daira.
―Yo no llevo…― miró su pecho, y se encontró con un hermoso zafiro en forma de lágrima, adornado por cruces de plata, que tenían incrustados en él algunos diamantes blancos, sujetados por una cadena sencilla aunque brillante. Era la gema que había soñado cuando era pequeña, pero hacía mucho tiempo que no la había vuelto a ver. ¿Por qué la estaba viendo justo en aquel momento y qué significaba? Agarró la gema entre manos para acercarla a su rostro y verla mejor. El interior de la lágrima tenía una tenue luz de color blanca― ¿Qué es esto?
―Es un poderoso collar, Daira. Él te podrá guiar al Reino Sagrado. Aunque si deseas quedártelo, tendrás que enfrentarte a muchas aventuras donde pondrás en riesgo tu vida.
― ¿Esta cosa? ― preguntó Daira, enarcando una ceja― Pero si no lo necesito…
― ¿No lo quieres?
―No. No quiero algo que puede matarme.
―Entonces, dámelo, Daira. Dame el Collar.
― ¿Pero demonios, dónde estás? ― Daira sintió unos pasos atrás de sí, se volteó pensando que se trataba de ella, pero no estaba ahí― ¿Y para qué lo requieres?
―Solamente tienes que dármelo― repitió.
La voz seguía cálida, lo cual no ponía nerviosa a Daira; pero no podía encontrar a la mujer. Su voz hacía eco en todas partes por lo que no podía deducir de dónde provenía. Tras seguir sintiendo los misteriosos pasos que desaparecían y volvían su recorrido a los pocos segundos, comenzó a asustarse, por lo que corrió. No tanto para huir, sino para buscar a la mujer.
―Dámelo, Daira― volvió a oír, bastante insistente.
― ¡Maldición! ¡Dime dónde estás!
―Estoy aquí― escuchó a su derecha, pero al mirar no había nada― Dame el Collar de Hypnea― escuchó al otro lado, pero como pensó, no había nada― ¡Dámelo!
Se giró automáticamente hacia atrás para encontrarse con la aterradora imagen de una mujer con el rostro algo desfigurado, los ojos como una serpiente y las manos con garras. Sus dientes eran como colmillos, probablemente nunca lavados en toda la vida. Vestía de manera elegante, si bien el vestido estaba algo desgastado y antiguo. En la parte inferior, sobre la saya, colgaba un rectángulo de color morado, aunque sucio, con el símbolo de la Trifuerza en dorado. Ante el susto Daira cerró los ojos, esperando que aquel bicho raro la atacara, pero no fue así. Es más, el frío había desaparecido, tornándose en algo cálido, y comenzó a oír el sonido de unos tranquilizantes pajaritos cantar. Abrió los ojos de par en par, lentamente.
El entorno había cambiado completamente, ya no se encontraba en aquel lugar oscuro y tenebroso, sino, rodeado de varios árboles que juraría que se habían extinguido hacía siglos, aunque era una habitación; un fragmento del techo estaba totalmente destrozado, dejando entrar unos cálidos rayos de luz que alumbraba uno de los árboles. Las paredes eran de color beige claro, un muy bonito color similar al de la piel, y tanto en el techo como en el suelo, de mármol, estaban tallados el símbolo de la Trifuerza. El suelo tenía unas cuántas enredaderas, que sin explicación, no tocaban el círculo que envolvía los tres triángulos, lo mismo que en el techo.
Sin mirar mucho más los alrededores, Daira se percató que no estaba sola en la habitación. Justo frente de sí había una persona con unos extraños ropajes verdes, y un gorro, aunque no cubría el mechoncito de cabello que se recogía atrás, de color rubio. Además, llevaba un escudo con el símbolo de la familia real y una espada. Estaba de espaldas a ella, pero unos segundos más tarde, se volteó, mostrando a un joven de dotada belleza, de piel blanca, cabellos rubios cubriéndole parte de la frente, y ojos azules claros e intensos. Le sonrió tiernamente, ¿alguna vez Daira había visto una sonrisa tan sincera? Ni en sus mejores sueños.
Aquel hermoso muchacho Daira podía asegurar que lo había visto en alguna parte; ¿sería algún famoso? No, no era eso. No era precisamente a él, sino a una representación de él. ¿En un libro? Sí, lo más probable; pero vio esos ropajes, aquella lujosa espada morada, su cabello, sus ojos, y el símbolo de la Trifuerza que tenía en el dorso de la mano; entonces recordó. ¿El Héroe de la leyenda? ¿Qué hacía ella soñando con el "Héroe del Tiempo"?
El molesto ruido del despertador acabó con el sueño de Daira. Abrió los ojos de par en par y apagando la alarma de su celular se colocó una mano en la cabeza y comenzó a frotársela. Olvidándose del sueño, abrió la ventanilla de su habitación y observó la ciudad, y sonrió.
―Adiós, Bloom. Estaremos unos días sin vernos. No voy a extrañarte― dijo Daira.
―Cariño― llamó la mamá, tras abrir la puerta―. ¿Puedo pasar?
―Claro.
Clare entró en la habitación y se sentó en la cama de Daira. En su mano llevaba una cajita negra. Dio unas palmadas en la cama en señal de que ella también se sentara, y lo hizo.
―Escucha, antes de que te vayas, quiero darte algo― comenzó a decir la mamá―. Es algo muy preciado, muy valioso, y quiero que lo lleves contigo. Es muy especial, y ya eres toda una mujer. Ya es hora de que te lo pongas.
―Mamá, ya basta, solo dime qué es.
―Aquí tienes― le dio la cajita, y Daira lo abrió. Sus ojos no podían creer lo que veían―. Es una reliquia. Tienes que cuidarlo mucho. Ah, y durante el viaje, pase lo que pase, recuerda que nosotros te queremos mucho. Debes cuidar este collar como si se tratara de tu propia vida. No lo puedes perder.
Oh, Dios.
―Mamá, esto ya lo he visto antes…― dijo Daira.
Clare pareció asustada.
― ¿Ah sí? ¿Dónde?
―Bueno, he soñado varias veces con esto― comentó mientras acariciaba la gema con su dedo índice―. Al principio eran sueños que solo se repetían, pero ayer soñé que alguien quería arrebatármelo.
Clare comenzó a reírse nerviosamente de manera inesperada.
― ¡Bueno, bueno! ¡Deja de decir tonterías! ¡Es solo un collar bonito! ― dijo entre risas. Unos segundos después se detuvo para poder respirar―Quiero que lo cuides porque es un regalo de madre a hija. Ve a todos los lugares con él. Además, no es ninguna ñoñería, que es de plata de verdad, y el diamante es tallado en él.
…
―Éste es el baño, hay champú, acondicionador, gel de baño y gel íntimo― decía el hombre vestido de uniforme, que estaba explicándole a Zack y a Daira cómo eran las habitaciones del hotel, y además, también les llevó las maletas―. Esta es el salón, hay un televisor, tiene todos los canales y su mando se encuentra en la gaveta debajo de él. El siguiente salón es la habitación. Una cama, lámpara de noche, calefacción, aire acondicionado y un refrigerador. Ah, un balcón.
―Éste lugar es el paraíso― dijo Daira a Zack y él le mostró una sonrisa.
―Bueno, si proseguimos, dejo las maletas de la señorita y le muestro la habitación al joven― dijo el hombre, y Zack asintió.
―Daira, dentro de un rato vendré. Te dejaré un rato para que te asientes y arregles tus cosas― comentó Zack.
Zack y el hombre se largaron de la habitación, dejando a solas a Daira. Nada más que salieron, lo primero que hizo fue salir al balcón y sentir la brisa del viento de Hyrule. Era un hotel de ciento cincuenta plantas, así que se podía observar casi todo el reino. Tanto la Ciudadela, como las praderas y arboledas alrededor de ella. Estiró sus brazos y cerró los ojos, además, una amplia sonrisa de oreja a oreja.
Oh, Dios.
Estaba en la Ciudadela de Hyrule.
¡Su sueño hecho realidad!
―Ven, Daira.
Daira giró su rostro repentinamente al escuchar esa extraña voz. Debía ser su imaginación. Sí. Estaba demasiado nerviosa y escuchaba cosas, tenía que ser eso.
La muchacha de cabellos rubios se dirigió a su habitación para comenzar a arreglar las cosas y guardar la ropa. No tardó menos de treinta minutos. Puso a cargar su celular y se metió en la ducha. El agua estaba tibia y los productos que allí había eran de buenísima calidad. ¿Cómo es que Zack puede pagar un hotel así?
A veces ella se sentía mal por ello. Lo más probable es que Zack pensase que ella era una interesada o algún tipo de "caza fortunas"; en cambio, ella apreciaba mucho la amistad de él. Muchas ocasiones ella quería pagar los costos, pero él nunca se lo permitió. Era algo que odiaba de él.
Terminó de ducharse, con cabello incluido, y tras secarse, se envolvió el cabello con una toalla blanca, al igual que el cuerpo. Salió del baño, estaba lista para echarse una de esas cremas que venían incluidas con el precio del hotel; sin embargo…
― ¡Zack! ¡Maldición, me asustaste! ― gritó Daira al verlo sentado en su cama, jugando con su celular.
―Ah, perdón, te estaba esperando― comentó.
―Podrías haberme dicho que habías entrado.
―Lo siento.
Tras unos segundos, Zack pasó una libidinosa mirada a Daira. Al notarlo, las mejillas de Daira se enrojecieron y no evitó golpear a Zack.
― ¡Pervertido! ― protestó ella.
―Soy un hombre…― dijo él, totalmente derrotado y tumbado en la cama.
― ¡Largo, déjame vestirme! ― dijo.
―Sí, sí…― comentó sin ánimo, levantándose de la cama y saliendo de la habitación, dejando la puerta cerrada.
Daira estaba enojada con Zack. Aunque fuera un hombre no debería pasarle esos tipos de miradas pervertidas a su mejor amiga. ¡Imperdonable! A regañadientes se vistió. Se puso unos pantalones apretados de color blanco, junto con un cinto beige, unos botines beige, y además una blusa escotada de color negra. No tenía mucho que mostrar, pero se lucía bien. De accesorios llevaba un bolso pequeño, largo, de color carmelita, casi beige, el collar que le regaló su mamá y un reloj. Así estaba bien.
Se recogió el cabello con una coleta. Su cabello era lacio, y por su carita tierna, se parecía a Barbie. Pero mucho más bonita. Lo único que no la convertía en ella era que no le gustaba el color rosa y que su cuerpo estaba lleno de tiernos lunares que parecían pequitas regadas por todas partes. Eso era por no salir mucho en los días soleados.
Antes de salir de su habitación agarró su celular que ya había alcanzado un 67% de batería, lo guardó en su bolso y además también guardó cosas como desodorante, perfume y gas noqueador de pervertidos (es un spray súper efectivo que hizo Clare, la mamá de Daira).
Al salir Zack elogió el aspecto de Daira y luego salieron juntos del hotel.
― ¿A dónde vamos? ― preguntó Daira mientras Zack levantaba la mano para pedir un taxi.
― ¿Qué tal si vamos al Templo del Tiempo?
Daira sintió una punzada repentina en su corazón.
―Dame el Collar de Hypnea, Daira― escuchó Daira de Zack.
Ella le dirigió una mirada confusa.
― ¿Qué dijiste? ― preguntó ella.
Zack levantó una ceja.
―Dije: ¿Qué tal si vamos al Templo del Tiempo?
―No, no. Lo otro, lo siguiente que dijiste.
―No he dicho nada después de eso. Daira, ¿te encuentras bien? ― Zack colocó su mano en la frente de ella― No estás caliente. ¿Cómo te sientes?
―Estoy bien― respondió, apartándolo un poco―, solo estoy un poco nerviosa. Ya sabes. Por lo del viaje y todo eso.
Mientras Zack no la observaba, Daira le pasó una mirada a su collar. ¿Por qué escuchaba esas cosas? ¿Acaso se estaba volviendo loca?
―Vamos, sube― dijo Zack, ya dentro del taxi.
Daira se metió al coche, al lado de Zack y pegada a la puerta. Era súper bonito. Y tenía aire acondicionado.
― ¿Cuánto es hasta el Templo del Tiempo?― dijo Zack al taxista.
―Son cincuenta y un hermoso collar de plata.
Daira miró fugazmente el rostro del taxista a través del retrovisor, que apenas podía mirarse la zona de los ojos. Completamente negros, tanto la córnea como la pupila, un sádico brillo rojo en ellos, y algunas venas en su rostro se mostraban azules a la perfección; provocaron que le entrara un ataque de nervios a Daira.
―Oh, mi…―
Dios
… pero su poseedora no quería entregarlo a merced de la oscuridad…
…
Wow, ¿estuvo interesante el final de este cap? Como les había dicho, en este cap Link tampoco hizo aparición, sin embargo, lo más probable es que aparezca en el próximo. YUPIII! xD
¿Qué relación tiene Daira con el collar?
¿Por qué tiene extraños sueños sobre él y por qué alucina cosas?
¿Estará Zack enamorado de Daira?
¿A Daira le gustará Zack?
¿Cómo hará aparición Link?
¿Qué tiene que ver todo esto con el Templo del Tiempo?
¿Por qué decidí desarrollar la historia en una época moderna?
¿Cómo se llama el gato de Link?
Jijiji pronto lo sabremos ^w^
Por favor no olviden dejar sus review y muchas gracias por leer este fic! Please dejen sus comentarios y díganme qué piensan que ocurrirá en el cap siguiente!
Prometo subir pronto otro capítulo. Por favor díganme si creen que hice el capítulo un poco largo o si así está bien.
Algo que se me había olvidado mencionar es que esta historia no tendría sentido sin mi amiga Sarah! Ella fue quien dio la idea principal de la historia y como tal ella es la que me ayuda a desarrollar la historia. Si no fuera por ella esta historia no existiera, así que si quieren felicitar a alguien es a ella. ^_^
En serio muchas gracias por leer espero que les haya gustado, muchos besos y abrazos!
